Por Canuto  

La administración de Donald Trump analiza acuerdos petroleros y otras formas de cooperación económica con Rusia como parte de sus esfuerzos por reactivar las negociaciones sobre Ucrania. La posibilidad de que empresas estadounidenses regresen al mercado ruso, sin embargo, depende de que Moscú acepte poner fin a la guerra y de que esas compañías quieran asumir el riesgo.
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  • Las conversaciones abarcarían reactivar una empresa conjunta ruso-estadounidense en Sajalín y reanudar ventas de crudo ruso a Europa por el oleoducto Druzhba.
  • Washington también habría considerado cooperación en titanio y el restablecimiento de vuelos por el espacio aéreo ruso, mientras ExxonMobil no ha confirmado un posible regreso a Sajalín.
  • La iniciativa podría tensar aún más la relación con Kyiv, en medio de desacuerdos sobre ataques a refinerías, sanciones y apoyo estadounidense a Ucrania.


Una vía económica para destrabar las conversaciones

La administración de Donald Trump estaría explorando grandes acuerdos petroleros con Rusia como parte de los esfuerzos para poner fin a la guerra en Ucrania. Según personas familiarizadas con las conversaciones citadas por el Financial Times, la Casa Blanca y el Kremlin han hablado de permitir que empresas estadounidenses regresen al mercado ruso una vez que concluya el conflicto, una posibilidad que Washington vincula con un marco de paz más amplio.

La iniciativa representa un nuevo intento de Estados Unidos por atraer al presidente ruso, Vladímir Putin, a negociaciones capaces de romper el estancamiento, mientras la guerra se acerca a su quinto aniversario. Los funcionarios estadounidenses, de acuerdo con la información publicada, sostienen que los acuerdos comerciales solo se pondrían en marcha después del fin de las hostilidades; por ahora, las conversaciones describen opciones y no un pacto ya acordado.

Entre las propuestas discutidas figuran la reactivación de una empresa conjunta ruso-estadounidense frente a las costas de Sajalín, en el Lejano Oriente ruso, y la reanudación de las ventas de petróleo ruso a Europa mediante el oleoducto Druzhba. Son iniciativas distintas, pero ambas conectarían la eventual normalización económica con sectores energéticos que han estado en el centro de las tensiones entre Moscú y Occidente desde la invasión rusa de Ucrania en 2022.

El enviado especial de Trump, Steve Witkoff, habría abordado posibles acuerdos comerciales durante una reunión con Putin a principios de septiembre. Witkoff, antiguo desarrollador inmobiliario, ha recibido críticas de demócratas y republicanos que lo consideran demasiado conciliador con el mandatario ruso; la noticia no detalla qué propuestas concretas se discutieron en ese encuentro ni establece que alguna haya sido aceptada.

El petróleo y los límites de un posible regreso

La eventual vuelta de compañías estadounidenses dependería de dos condiciones que siguen sin resolverse: que Rusia esté dispuesta a terminar la guerra y que las empresas acepten exponerse de nuevo al mercado ruso. Esa última incógnita es relevante para el proyecto de Sajalín, donde ExxonMobil es la única empresa estadounidense involucrada, pero la compañía no ha confirmado que vaya a reanudar sus operaciones.

El director ejecutivo de ExxonMobil ha dicho que la compañía no tiene planes de volver a trabajar en Rusia, según informó el Financial Times. Por tanto, la exploración diplomática no equivale a un compromiso empresarial. La diferencia entre discutir una posible apertura y conseguir que una compañía participe es central: el planteamiento de Washington aún depende de decisiones privadas y de un cambio político que, según la información disponible, no se ha concretado.

Las conversaciones también incluirían la posibilidad de que empresas estadounidenses cooperen con Rusia en la producción de titanio, un material clave para la fabricación de aeronaves. Otra opción reportada sería restablecer el acceso de vuelos al espacio aéreo ruso, lo que reduciría costos de combustible; la noticia no identifica compañías participantes ni especifica plazos para estas propuestas.

Moscú ha impulsado una mayor cooperación económica con Estados Unidos desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, después de años de aislamiento económico derivados de la invasión de Ucrania en 2022. Ese objetivo ruso va más allá del petróleo: los proyectos mencionados abarcan energía, materiales industriales y aviación, aunque la fuente no afirma que exista un acuerdo definitivo en ninguno de esos ámbitos.

Las medidas de Washington aumentan la tensión con Kyiv

A principios de este mes, Trump anunció un entendimiento para que Rusia suministre diésel a Estados Unidos y a otros mercados. Según Reuters, el mandatario dijo que el volumen superaría las 300.000 toneladas métricas, equivalentes a unos 2,25 millones de barriles. El primer cargamento bajo el acuerdo zarpó rumbo a Estados Unidos el 23 de octubre, según The Morning Call. La iniciativa indignó a Kyiv y preocupó a aliados europeos y a legisladores en el Capitolio.

La administración Trump también suspendió un nuevo paquete de sanciones dirigido a las exportaciones energéticas rusas y aumentó la presión sobre Kyiv para que detenga sus ataques contra refinerías de petróleo de Rusia. En conjunto, esas decisiones marcan un contraste con la continuidad de la guerra y podrían alimentar el malestar ucraniano ante la posibilidad de que se alivien restricciones económicas antes de que se alcance una solución política.

La negativa de Ucrania a detener sus ataques con drones de largo alcance ha profundizado las fricciones con la Casa Blanca. La relación entre Volodímir Zelenski y Trump atraviesa uno de sus puntos más bajos, en un contexto que también incluye reportes de interrupciones en el intercambio de inteligencia estadounidense y en el acceso ucraniano a Starlink, según la información suministrada.

Por eso, la noticia de nuevas conversaciones comerciales podría elevar todavía más la tensión entre Kyiv y Washington. Para Ucrania, la discusión de incentivos económicos a Rusia coincide con presiones estadounidenses sobre sus operaciones contra refinerías y con la suspensión de sanciones; no obstante, la fuente presenta esos elementos como parte del contexto de la negociación, no como prueba de que ya exista un acuerdo de paz.

Diplomacia europea y tregua local en Oleshky

En paralelo, los líderes de Finlandia y Noruega hablaron directamente con Putin el martes para instarlo a poner fin a la guerra, rompiendo con una práctica de larga data entre dirigentes de Europa occidental de evitar el contacto directo con el Kremlin. El presidente finlandés Alexander Stubb y el primer ministro noruego Jonas Gahr Store dijeron que la conversación, de 90 minutos, sirvió para recalcar la importancia de la desescalada y expresar un fuerte apoyo a Ucrania.

El Kremlin ofreció una lectura distinta de esa conversación y afirmó que Putin responsabilizó a los aliados de Kyiv por una política confrontacional que, a su juicio, prolonga la guerra. La diferencia entre los mensajes deja ver que el contacto directo no eliminó el desacuerdo sobre las causas del conflicto ni sobre el papel de los países que respaldan a Ucrania.

Mientras continúa la diplomacia, parecía mantenerse un alto al fuego local alrededor de la ciudad ucraniana de Oleshky, negociado por Melania Trump. La tregua busca permitir la entrada de ayuda a una localidad golpeada por la guerra y facilitar la salida de civiles que necesitan comida, agua y medicinas; su alcance descrito es local y no se presenta como un cese general de las hostilidades.

Rusia y Ucrania dijeron que estaban respetando esa tregua, que entró en vigor temprano el martes y se esperaba que durara hasta el domingo. El desarrollo de Oleshky transcurre en paralelo a las conversaciones económicas y a los contactos diplomáticos, pero la información no indica que la pausa local forme parte de un acuerdo más amplio ni que altere las condiciones para los posibles negocios con Rusia.

Qué falta para que las propuestas se concreten

Washington espera avances en las conversaciones de paz previstas en Abu Dabi para el próximo mes, con participación de funcionarios rusos, ucranianos y estadounidenses. Según las fuentes citadas por el Financial Times, serían los primeros encuentros de ese tipo desde febrero; la noticia no ofrece una fecha específica ni detalla el temario, más allá del objetivo general de reactivar el proceso y buscar una salida al conflicto.

La posibilidad de que los acuerdos comerciales ayuden a desbloquear la negociación sigue condicionada por decisiones políticas y empresariales. Rusia tendría que mostrar disposición a poner fin a la guerra, mientras que compañías como ExxonMobil deberían evaluar si regresan a operaciones que la empresa no tiene planes de reanudar, según las declaraciones de su director ejecutivo recogidas por el Financial Times; ninguno de esos pasos aparece confirmado en la información publicada.

La estrategia también enfrenta resistencias por el impacto que tendría en la relación de Estados Unidos con Ucrania y con sus aliados europeos. El acuerdo para suministrar diésel ruso ya generó preocupación, y las conversaciones sobre petróleo, sanciones y posibles negocios abren nuevas preguntas sobre cómo Washington equilibrará sus incentivos económicos con las demandas de Kyiv para mantener la presión sobre Moscú.

Por ahora, el panorama reúne propuestas en discusión, desacuerdos diplomáticos y una tregua limitada en Oleshky, no un arreglo definitivo para terminar la guerra. Las reuniones previstas en Abu Dabi serán una instancia clave para medir si la oferta de cooperación económica contribuye a reabrir las negociaciones, pero la información disponible no permite anticipar que Rusia, Ucrania o las empresas estadounidenses acepten las condiciones planteadas.


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