Los agentes de inteligencia artificial prometen multiplicar la productividad de las startups, permitiendo que pequeños equipos ejecuten en horas tareas que anteriormente habrían requerido días o semanas. Sin embargo, algunos fundadores están descubriendo una inesperada consecuencia: como sus nuevos “empleados” digitales nunca duermen y constantemente necesitan instrucciones, contexto o autorizaciones, ellos tampoco quieren desconectarse.
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- Fundadores de startups describen trabajar con agentes de IA como algo “intoxicante” e incluso comparable con una droga.
- Algunas compañías aseguran estar operando decenas de veces más rápido gracias a agentes capaces de programar, investigar, analizar datos y supervisar campañas.
- Esa productividad también genera más trabajo humano: más código significa más decisiones, más clientes implican más solicitudes y los agentes frecuentemente necesitan autorizaciones para continuar.
- Algunos emprendedores están controlando sus agentes desde teléfonos e incluso relojes inteligentes para evitar que permanezcan bloqueados mientras ellos duermen o hacen otras actividades.
- La nueva dinámica está generando preocupación por jornadas extremas, falta de sueño, agotamiento y una particular forma de FOMO: sentir que cada hora desconectado representa días de productividad desaprovechada.
🤖💼 La IA promete liberar tiempo, pero algunos fundadores de startups están trabajando más que nunca.
Agentes de IA realizan tareas en horas que antes tomaban semanas.
Sin embargo, su necesidad constante de autorización mantiene a los emprendedores conectados día y noche.
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— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) August 23, 2026
La gran promesa de los agentes de inteligencia artificial parece sencilla: si el software puede trabajar autónomamente mientras los humanos descansan, deberíamos trabajar menos.
Para algunos fundadores de Silicon Valley está ocurriendo exactamente lo contrario, según lo reseña un extenso reportaje publicado por WSJ.
Aditya Sharma, cofundador de la startup de software para TI Keel, terminó recientemente una jornada de trabajo a las seis de la mañana después de pasar toda la noche supervisando a su particular equipo de trabajadores: agentes generativos de IA capaces de investigar, programar, desarrollar funcionalidades y monitorear campañas de marketing.
El problema es que los agentes pueden trabajar permanentemente, pero todavía encuentran obstáculos. Pueden necesitar información adicional, autorización para realizar determinada acción o una decisión humana antes de continuar. Y para un fundador obsesionado con avanzar rápidamente, dejar un agente bloqueado durante las ocho horas que debería estar durmiendo comienza a sentirse como un desperdicio intolerable de capacidad productiva.
“Pueden terminar su trabajo en cualquier momento, en mitad de la noche”, explicó Sharma, de 27 años.
La consecuencia es una extraña inversión de la promesa de automatización: las máquinas trabajan 24 horas y los humanos empiezan a sentir que también deberían hacerlo.
“Es como una droga”
Peter Pezaris conoce bien las consecuencias de trabajar demasiado. Tras más de tres décadas en tecnología y cuatro salidas exitosas de startups, había prometido a su esposa retirarse este año.
Durante su juventud ya había sido hospitalizado dos veces debido a jornadas extremas. En una ocasión, asegura haber dormido apenas una hora diaria durante aproximadamente un mes antes de colapsar en la oficina.
Pero llegó la revolución de los agentes de IA.
Pezaris, de 56 años, terminó abandonando sus planes de jubilación y hace cuatro meses fundó Proxon, una startup dedicada precisamente a software para administrar fuerzas laborales de inteligencia artificial.
“Es como una droga”, aseguró al describir la experiencia de trabajar con agentes. “Nunca he consumido drogas, pero imagino que así es como se siente”.
Actualmente trabaja aproximadamente desde las 7:30 de la mañana hasta las 2:00 de la madrugada. Su empresa cuenta con apenas seis desarrolladores humanos, pero Pezaris estima que gracias a la IA opera unas 30 veces más rápido de lo que podría hacerlo sin agentes.
El problema es que aumentar la velocidad de producción no necesariamente elimina trabajo: crea más trabajo aguas abajo.
Si los agentes permiten desarrollar nuevas funciones más rápidamente, aparecen más productos que revisar. Si permiten incorporar clientes más deprisa, aumentan las solicitudes de esos clientes. Si producen código permanentemente, alguien tiene que decidir qué código debe implementarse.
El FOMO de la productividad infinita
A esto se suma un fenómeno psicológico particularmente poderoso.
Cuando un fundador piensa que una hora utilizando agentes equivale potencialmente a varios días de trabajo tradicional, descansar deja de sentirse simplemente como descansar. Puede empezar a percibirse como una oportunidad perdida.
“Cada minuto que no estoy trabajando, estoy perdiendo la posibilidad de hacer el equivalente a una semana de trabajo”, explica Pezaris.
Abby Grills, cofundadora de la plataforma de recopilación de datos mediante IA Riveter, enfrenta una versión similar del dilema. La empresa está formada únicamente por ella y su cofundador, Cody Watters.
Ambos consideran periódicamente contratar más empleados. Sin embargo, cada vez que surge una nueva necesidad descubren que algún agente puede encargarse también de ella.
“Creemos que podemos hacerlo solo nosotros dos”, asegura.
La productividad extrema está reforzando así otra tendencia emergente entre startups de IA: equipos humanos diminutos capaces de operar negocios que anteriormente habrían requerido decenas de trabajadores.
Pero Grills reconoce el límite evidente de ese modelo. Trabaja aproximadamente 10 horas diarias y reserva un día del fin de semana para descansar. “Estoy agotada todo el tiempo”, admite.
Tus empleados ahora viven en tu muñeca
La situación puede intensificarse a medida que los agentes abandonan la computadora y comienzan a acompañar permanentemente a sus propietarios.
Ajay Kalia, fundador de la startup Alt y antiguo integrante del equipo de IA de Spotify, comienza normalmente su jornada entre las 5:30 y las 6:00 de la mañana y termina alrededor de las 9:00 o 10:00 de la noche.
Recientemente comenzó a administrar sus agentes desde su Apple Watch.
Ahora su reloj puede vibrar cada diez minutos solicitándole alguna decisión.
Eso significa que incluso salir a correr ya no implica necesariamente desconectarse del trabajo. Kalia puede encontrarse en medio del ejercicio mirando su muñeca para autorizar que un agente continúe con determinada operación.
“No sé si es saludable estar corriendo, mirando mi reloj para darle permiso a mi agente de hacer algo”, reconoce.
La gran ironía de la automatización
Existe además otra fuerza detrás de estas jornadas: muchos emprendedores creen estar viviendo un momento tecnológico extraordinariamente raro, comparable con los primeros años de Internet.
Los modelos mejoran tan rápidamente que las posibilidades disponibles para una startup pueden cambiar cada pocos meses. Una tarea imposible a comienzos del año puede convertirse repentinamente en algo trivial después de la aparición de un modelo más avanzado.
Esto provoca que los fundadores recalibren continuamente sus ambiciones.
Kalia resume la paradoja: los nuevos modelos permiten construir proyectos “más grandes y salvajemente ambiciosos”, algo extraordinariamente atractivo para cualquier emprendedor.
“Excepto que nunca terminas”, añade.
Y quizás allí se encuentra el aspecto más interesante de esta nueva cultura laboral. Durante décadas, la automatización fue presentada como una tecnología destinada a liberar tiempo humano. Los agentes de IA llevan esa promesa mucho más lejos porque pueden asumir partes completas del trabajo intelectual.
Pero multiplicar la capacidad de hacer cosas también multiplica la cantidad de cosas que parece posible hacer.
Para algunos fundadores, el cuello de botella ya no es cuántas horas puede trabajar el software. Es cuántas horas puede mantenerse despierto el humano encargado de dirigirlo.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
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