Por Canuto  

Lisa Feldman Barrett y Earl Miller proponen un nuevo marco según el cual el cerebro no funciona como un archivador de recuerdos, sino como un sistema predictivo que categoriza el mundo según los sentidos, la memoria y las necesidades energéticas del cuerpo.
***

  • Lisa Feldman Barrett y Earl Miller presentaron un nuevo marco para entender la categorización cerebral.
  • La propuesta sostiene que el contexto y el estado fisiológico pueden cambiar la interpretación de una misma señal sensorial.
  • El modelo ubica la categorización como un proceso distribuido por todo el sistema nervioso, no en una sola región.


Cada instante de la vida humana está atravesado por señales: fotones que llegan a la retina, ondas de aire que alcanzan los oídos, moléculas que activan el olfato y el gusto, además de presión y temperatura sobre la piel. El cerebro puede desenvolverse en ese torrente porque comprime la información y la convierte en objetos, personas, conceptos y emociones útiles para actuar. Un artículo publicado por Quanta Magazine el 24 de agosto de 2026 presenta un nuevo marco de Lisa Feldman Barrett y Earl Miller que intenta explicar cómo ocurre ese proceso.

El cerebro como motor de predicciones

La explicación tradicional describe la categorización como una etapa final del procesamiento sensorial. Bajo ese modelo, el cerebro recibe detalles, identifica rasgos y los compara con plantillas guardadas en la memoria, como si consultara un archivador neuronal para decidir si algo es un gato, una manzana o una amenaza.

Barrett, neurocientífica de la emoción en Northeastern University, y Miller, investigador del comportamiento orientado a objetivos en el Massachusetts Institute of Technology, plantean una alternativa más flexible. Según su marco, el cerebro reconstruye sus categorías momento a momento con base en los sentidos, los recuerdos, el contexto y las necesidades fisiológicas inmediatas del organismo.

La codificación predictiva, una de las ideas centrales del trabajo de Miller, considera que la percepción surge principalmente de las predicciones cerebrales y no de una escena ensamblada de forma pasiva a partir de señales externas. En situaciones familiares, las señales de retroalimentación generadas internamente dominan buena parte de la información entrante; cuando aparece algo inesperado, la diferencia produce un error de predicción que puede llegar a la conciencia como sorpresa.

El sistema nervioso no puede procesar cada detalle del entorno con la misma intensidad, explicó Miller, por lo que busca sobre todo aquello que contradice sus expectativas. Esta estrategia permite filtrar la mayor parte de los estímulos y concentrar los recursos limitados en las señales que podrían exigir una modificación inmediata de la conducta.

El estado del cuerpo cambia la categoría

Barrett aplicó conceptos predictivos al estudio de las emociones mediante la noción de alostasis, entendida como la regulación anticipada del uso de energía. En lugar de considerar miedo, felicidad o ira como respuestas fijas almacenadas en circuitos específicos desde el nacimiento, su enfoque las describe como categorías construidas a partir de señales corporales y del contexto.

Un corazón acelerado, una respiración rápida y músculos tensos no significan por sí solos miedo, de acuerdo con este marco. Cuando esas señales aparecen mientras una persona es perseguida por un perro, el cerebro puede interpretarlas como una situación de amenaza y preparar acciones para huir o luchar, asignando recursos energéticos a una respuesta que favorezca la supervivencia.

La misma lógica explica por qué una sensación idéntica puede recibir interpretaciones radicalmente distintas. Un rasguño en la pierna, experimentado durante una caminata tranquila en un lugar conocido, probablemente se ignora; en cambio, ese contacto en medio de hierba alta, con el ritmo cardíaco elevado y un entorno desconocido, puede convertirse predictivamente en una posible picadura o incluso en una serpiente.

Las categorías también contienen instrucciones prácticas sobre cómo relacionarse con el mundo, no solo rasgos visuales. Una manzana puede reconocerse por su forma, color y textura, pero su significado depende de la situación: para alguien hambriento y agotado puede ser alimento valioso aunque esté magullada, mientras que para una persona satisfecha puede parecer una fruta demasiado madura que conviene dejar de lado.

Timothy Buschman, neurocientífico de Princeton, resumió esta función al señalar que la categorización respalda la tarea actual y depende del significado que algo tiene para quien lo observa. Esa idea amplía el concepto más allá de objetos simples como comida o amenaza, pues también permite construir categorías abstractas como justicia, verdad y belleza.

Una arquitectura distribuida en todo el sistema nervioso

Barrett y Miller sostienen que la categorización no ocurre en un único punto del cerebro, sino mediante interacciones extendidas por el sistema nervioso. Su propuesta se apoya en investigaciones anatómicas, electrofisiológicas y de imágenes cerebrales que muestran cómo las señales internas y externas viajan, se comprimen y se combinan para guiar la conducta.

Los autores citan evidencia de que la conectividad cerebral favorece las señales de retroalimentación generadas internamente frente a las señales sensoriales que avanzan desde los órganos. Dentro de la corteza visual, alrededor del 90% de las conexiones sinápticas facilitarían la señalización de retroalimentación, un dato que apunta a un cerebro estructurado para anticipar percepciones y comportamientos, no únicamente para reaccionar a estímulos.

En el flujo sensorial también aparece una compresión progresiva. Las señales comienzan en circuitos con muchas neuronas pequeñas y escasamente conectadas, pero avanzan hacia regiones con menos neuronas, más grandes y mejor conectadas, donde la información se vuelve más abstracta e integra datos provenientes de los sentidos, la memoria y el estado corporal.

El laboratorio de Miller aporta además observaciones sobre ondas viajeras de actividad neuronal que transportan información relacionada con metas, planes y condiciones energéticas. Esas ondas se encuentran con otras que llevan señales sensoriales, y su interacción podría explicar cómo un mismo conjunto de estímulos externos termina categorizado de manera diferente dependiendo de la situación.

El marco concede un papel relevante al núcleo límbico, un conjunto de estructuras profundas que integra información corporal, sensorial, mnémica y cognitiva. La red mantiene conexiones estrechas con el hipotálamo, región que monitorea funciones básicas como la temperatura, el ritmo cardíaco y el hambre, y que ayuda a informar a la corteza sobre el estado energético del organismo.

Barrett y Miller describen esta arquitectura como dos embudos que se encuentran en su punto más estrecho, donde convergen los resúmenes comprimidos de las señales internas y externas. La información visual se comprime al atravesar la corteza, mientras que las señales fisiológicas viajan desde el cuerpo por el nervio vago hacia el cerebro, hasta integrarse con los datos sensoriales.

Luiz Pessoa, neurocientífico de la Universidad de Maryland, calificó la propuesta como una perspectiva fresca y destacó la importancia de explorar cómo las restricciones energéticas de la vida estructuran las categorías. Sandra Reinert, del University College London, también subrayó que el estado interno puede ser tan importante como la entrada sensorial para modificar las reglas con las que un organismo clasifica lo que encuentra.

Los investigadores reconocen que señalar al núcleo límbico como punto de inicio es una decisión útil para organizar la discusión, pero no implica que allí exista una oficina central de la categorización. Barrett y Miller argumentan que el proceso ocurre en múltiples niveles y lugares, mediante flujos opuestos e interactuantes de señales de avance y retroalimentación.

La consecuencia principal de este enfoque es abandonar la imagen de las categorías como documentos almacenados en un archivador cerebral. Para los autores, categorizar es una herramienta predictiva continua que utiliza memoria, percepción y actividad corporal para preparar conductas capaces de conservar la energía y mantener vivo al organismo en un mundo saturado de información.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.

Suscríbete a nuestro boletín