Por Canuto  

Una nueva modalidad criminal en Corea del Sur combina pagos con USDT, mensajería cifrada y robo de datos personales para coordinar ataques de venganza por encargo. Las autoridades ya detuvieron a varios ejecutores, pero todavía buscan a quienes ordenaron los hechos.
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  • Bandas surcoreanas habrían exigido pagos anticipados en USDT para ejecutar actos de represalia por encargo.
  • La policía investiga al menos seis ataques este año y reconoce dificultades para identificar a los autores intelectuales.
  • Uno de los casos incluyó la infiltración de una empresa vinculada a una app de reparto para robar más de 1.000 registros personales.

 

El uso de criptomonedas en actividades ilícitas vuelve a quedar bajo escrutinio tras la aparición de informes sobre bandas de venganza por encargo en Corea del Sur. En este caso, los pagos no se habrían solicitado en efectivo ni mediante transferencias bancarias, sino en USDT, la stablecoin vinculada al dólar estadounidense, combinada con canales de comunicación cifrados.

Según reportó DL News, grupos criminales surcoreanos están ofreciendo ejecutar “cualquier forma de venganza” a cambio de pagos anticipados en USDT. La dinámica encaja con una tendencia más amplia en la que herramientas digitales asociadas al ecosistema Web3 también pueden ser aprovechadas para ocultar identidades y coordinar delitos.

El caso llama la atención porque no se limita a amenazas en línea o fraudes financieros. Las autoridades investigan ataques físicos y campañas de hostigamiento fuera de internet, organizados mediante intermediarios digitales y financiados con criptoactivos. Esto ha llevado a expertos locales a describir a estos actores como una nueva versión de los criminales por encargo de la era Web3.

Para lectores menos familiarizados con el tema, USDT es una stablecoin emitida para mantener paridad con el dólar. Su uso dentro del ecosistema cripto es muy extendido por la rapidez de las transferencias y su presencia en múltiples plataformas. Sin embargo, esa misma facilidad operativa puede volverla atractiva para redes que buscan mover fondos con menos fricción que en el sistema bancario tradicional.

Pagos en USDT y venganza a demanda

De acuerdo con el informe citado, plataformas de intermediación en línea que conectan a clientes con agresores ocasionales habrían exigido pagos por adelantado en USDT. El costo para acceder a estos servicios comenzaría en apenas USD $300 al mes, una cifra que sugiere una preocupante normalización y abaratamiento de este tipo de actividades.

La lógica de los delincuentes, según un experto consultado por el medio, es que la policía tiene dificultades para rastrear USDT. Aunque las transacciones en blockchain dejan registros públicos, identificar a los responsables detrás de direcciones y billeteras puede volverse complejo cuando se combinan intermediarios, mensajería cifrada y medidas para ocultar la identidad.

Oh Yoon-sung, profesor de administración policial en la Universidad Soonchunhyang, explicó que las tecnologías que brindan anonimato, como las criptomonedas y las aplicaciones de mensajería cifrada, ofrecen un conjunto ideal de herramientas para personas motivadas por resentimiento o deseos de represalia. En su lectura, el fenómeno responde tanto a la conveniencia tecnológica como a una demanda social específica.

El académico añadió que quienes buscan venganza no quieren involucrarse de forma directa en la agresión. Por eso recurren a terceros que ejecutan los ataques y que, a su vez, creen que no serán descubiertos si operan mediante Telegram y criptoactivos. La combinación entre distancia emocional, anonimato y pagos digitales reduce barreras para ordenar este tipo de hechos.

Investigaciones abiertas y ataques ya ejecutados

La policía de la provincia de Gyeonggi busca a los autores intelectuales de al menos seis ataques de venganza impulsados por criptomonedas realizados este año. Los agentes afirman haber arrestado a todas las personas que habrían ejecutado las agresiones, pero todavía no han logrado capturar a quienes las encargaron.

Los ataques reportados incluyen acciones de hostigamiento que, aunque no siempre suponen violencia letal, sí reflejan una clara intención de intimidar, humillar o dañar a las víctimas. Entre los métodos mencionados figuran untar entradas con heces humanas, lanzar residuos de comida en escaleras de apartamentos y repartir panfletos difamatorios en los vecindarios.

Estos episodios muestran que el uso de criptoactivos en el delito no se limita a ransomware, estafas o lavado de dinero. También puede facilitar formas de violencia delegada y acoso dirigido. En ese sentido, el caso surcoreano amplía la discusión sobre los riesgos de la infraestructura digital cuando se pone al servicio de conflictos personales.

La preocupación oficial crece porque la modalidad parece estar expandiéndose. El 30 de marzo, la policía informó que estos ataques de venganza ya se habían extendido a Seúl, lo que sugiere que no se trata de incidentes aislados, sino de una red con capacidad de replicarse en diferentes zonas urbanas.

Robo de datos desde una empresa vinculada a repartos

Uno de los episodios más delicados ocurrió en el distrito de Yangcheon, en Seúl, donde agentes arrestaron a varias personas sospechosas de arrojar residuos de comida frente a la puerta de una víctima cuya identidad no fue revelada. La investigación posterior permitió reconstruir cómo se habría facilitado el ataque.

Según los detectives, un miembro de la banda sospechoso de organizar el crimen consiguió trabajo en una empresa subcontratada que colaboraba con Baedal Minjok, la mayor aplicación de reparto de comida de Corea del Sur. Desde esa posición, habría accedido a información sensible útil para seleccionar y ubicar objetivos.

La policía señaló que el sospechoso robó más de 1.000 registros de datos personales de potenciales víctimas. Ese detalle agrava el caso, ya que combina dos vectores de riesgo muy conocidos en la economía digital: exposición de datos personales y monetización criminal a través de redes cifradas y criptoactivos.

Para el público general, este aspecto resulta clave. Cuando una organización criminal accede a bases de datos con direcciones, nombres u otra información privada, el daño potencial aumenta de forma significativa. No solo facilita ataques puntuales, sino también campañas prolongadas de intimidación o extorsión.

Telegram, canales persistentes y extorsión paralela

Las autoridades surcoreanas reconocen que enfrentan dificultades para contener esta dinámica. Aunque han logrado cerrar algunas salas de chat abiertas de Telegram centradas en la venganza, los investigadores afirman que siguen apareciendo “docenas de canales intermediarios” casi a diario.

Esa persistencia refleja un problema común en el entorno digital. El cierre de un canal no necesariamente elimina la red, porque los administradores pueden migrar rápidamente a nuevos espacios, cambiar de nombre o reclutar usuarios en otras plataformas. La velocidad de reaparición complica las tareas policiales y reduce el efecto disuasorio de las intervenciones.

El reporte también menciona publicaciones en coreano dentro de X que promovían estos servicios con mensajes directos como “La venganza puede ser tuya. Contáctanos hoy” y “Llevaremos a cabo cualquier forma de venganza que desees”. La publicidad abierta en redes sugiere que los organizadores no operan solo en círculos cerrados, sino que buscan captar demanda de manera activa.

En otro ejemplo citado, algunos delincuentes incluso ofrecían no ejecutar ataques ya contratados a cambio de pagos en criptomonedas. Es decir, el mismo ecosistema podía funcionar tanto para concretar represalias como para cobrar por evitarlas, una dinámica cercana a la extorsión y al chantaje digital.

El caso incluyó capturas de pantalla de una conversación en una sala de chat abierta de Telegram con víctimas de fraude de inversión. Allí, un usuario aseguró que había recibido el encargo de forzar el cierre del grupo llenándolo con videos pornográficos y spam para luego denunciarlo ante Telegram. Después exigió un pago para “evitar el cierre”.

La suma de estos elementos muestra un fenómeno híbrido, en el que criptoactivos, filtraciones de datos, plataformas sociales y aplicaciones cifradas forman parte de un mismo circuito operativo. Más allá del debate sobre la trazabilidad técnica de USDT, el desafío para las autoridades parece estar en desarticular las redes humanas que convierten esas herramientas en mecanismos de violencia por encargo.

El episodio en Corea del Sur también reabre una discusión más amplia para la industria cripto. La mayoría de los usos de stablecoins responde a trading, pagos y liquidez, pero los casos delictivos tienden a ganar visibilidad pública y presionan a reguladores, emisores y plataformas para reforzar controles, monitoreo y cooperación con las fuerzas de seguridad.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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