Por Canuto  

Taiwán evalúa destinar cerca de USD $930 millones a una flota de 1.320 embarcaciones no tripuladas, con la mira puesta en ampliar sus opciones defensivas frente a la presión marítima de China. El proyecto también podría dar impulso a una industria local que combinaría astilleros y electrónica taiwaneses con sistemas autónomos y software de empresas estadounidenses.
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  • La Marina de Taiwán considera adquirir alrededor de 1.320 drones navales, con un presupuesto estimado de NT$ 29.600 millones, equivalentes a USD $930 millones.
  • Astilleros y fabricantes taiwaneses están formando alianzas con compañías estadounidenses para integrar plataformas, autonomía, IA y sistemas de mando.
  • La capacidad de mantener comunicaciones seguras y coordinar múltiples embarcaciones en un entorno disputado sigue siendo uno de los principales desafíos.


Taiwán estudia una flota de drones navales por USD $930 millones ante la presión de China

El proyecto contempla cerca de 1.320 embarcaciones autónomas y podría impulsar una nueva industria de defensa, aunque su eficacia dependerá de comunicaciones resilientes y coordinación tecnológica.

Una flota para ampliar las opciones defensivas

La Marina de Taiwán analiza un programa para adquirir aproximadamente 1.320 pequeñas embarcaciones no tripuladas de ataque, con un gasto estimado en NT$ 29.600 millones, unos USD $930 millones. La iniciativa busca sumar plataformas más económicas y escalables mientras la isla considera cómo complicar un eventual bloqueo chino o un cruce del estrecho, según la información publicada por ZeroHedge, que recoge un reporte de Nikkei Asia.

La propuesta no equivale a una compra ya aprobada ni a una flota que esté lista para operar. La cifra describe una escala que la Marina está considerando, mientras la Guardia Costera también impulsa sus propios planes de embarcaciones no tripuladas y podría contribuir a crear un mercado nacional para estos sistemas marítimos.

El planteamiento estratégico consiste en no tratar de igualar a China barco por barco, sino recurrir a un número elevado de plataformas más pequeñas y menos costosas. De acuerdo con el reporte, las embarcaciones podrían emplearse en tareas de vigilancia, designación de objetivos, protección de infraestructura submarina y, en algunos casos, transporte de armas.

La lógica es dispersar capacidades y multiplicar los problemas que tendría que atender una fuerza convencionalmente superior. Sin embargo, el material disponible no especifica el diseño final de cada embarcación, sus características operativas ni un calendario de producción para el programa propuesto, por lo que esas posibilidades deben entenderse como funciones consideradas y no como capacidades confirmadas.

Astilleros locales y alianzas con empresas estadounidenses

Taiwán parte de una base industrial existente: cuenta con astilleros capaces de diseñar y producir embarcaciones, además de un ecosistema amplio de fabricación electrónica. El reto, según el reporte, es integrar los componentes que permitirían transformar una plataforma naval en un sistema militar autónomo, entre ellos comunicaciones seguras, navegación autónoma, sensores, inteligencia artificial y software de mando y control.

En esa combinación, las empresas estadounidenses aportan experiencia en autonomía, IA y redes de mando militar, mientras Taiwán puede contribuir con fabricación y producción local. CSBC, astillero respaldado por el gobierno taiwanés, se asoció con Havoc, con sede en Rhode Island, para desarrollar embarcaciones de superficie autónomas mediante manufactura taiwanesa y tecnología estadounidense de autonomía.

El director ejecutivo de Havoc, Paul Lwin, resumió el modelo como «software de autonomía estadounidense, plataformas construidas en Taiwán, mano de obra taiwanesa». La fórmula expresa una división de tareas entre el desarrollo de sistemas tecnológicos y la construcción física, aunque la información disponible no detalla qué proporción del software, los componentes o la producción correspondería a cada socio.

La colaboración no se limita a CSBC y Havoc. Saronic, Anduril, MARTAC, VATN Systems, Albacore, Shield AI y Auterion también han establecido relaciones con organizaciones taiwanesas, incluido el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Chung-Shan, de propiedad gubernamental, una señal del interés por vincular capacidades locales y estadounidenses en el desarrollo de sistemas marítimos no tripulados.

Una posible cadena de producción nacional

Las empresas taiwanesas también buscan posicionarse para una eventual ola de gasto en defensa marítima. CSBC desarrolló la embarcación no tripulada Endeavor Manta y afirma que puede fabricar alrededor de 40 unidades al año, una capacidad que muestra una base productiva en marcha, aunque no basta por sí sola para alcanzar el volumen de 1.320 considerado por la Marina.

Los astilleros establecidos Jong Shyn y Lungteh compiten por contratos, mientras Thunder Tiger y Myson Century, conocidas por su trabajo en drones y semiconductores, se están expandiendo hacia sistemas marítimos no tripulados. Esa participación amplía el grupo de compañías que podría aspirar a atender la demanda, pero el reporte no indica qué firmas obtendrían contratos ni cuáles serían sus montos.

Si la Marina avanza con el programa propuesto, un pedido de ese tamaño podría funcionar como cliente ancla para una industria de defensa todavía en formación. La demanda permitiría a fabricantes y proveedores desarrollar experiencia de producción en serie, aunque la eventual consolidación de esa industria dependería de decisiones de contratación y de que los sistemas cumplan los requisitos operativos.

La estrategia también refleja una apuesta por combinar fortalezas industriales distintas en lugar de depender de un único proveedor. Taiwán aportaría astilleros, manufactura electrónica y escala de producción, mientras las firmas estadounidenses contribuirían con parte de la autonomía y el software; el alcance exacto de esa cooperación aún no está establecido en la información publicada.

El desafío de operar bajo presión

Producir muchas embarcaciones, por sí solo, no resolvería el desafío militar. Los sistemas tendrían que comunicarse, navegar y coordinarse en un entorno disputado, donde satélites, infraestructura de comunicaciones y centros de mando podrían convertirse en objetivos, según advierte el reporte.

Cathy Fang, del Research Institute for Democracy, Society and Emerging Technology de Taiwán, identificó como brechas clave las «comunicaciones resistentes, la autonomía habilitada por IA y el C2, y la coordinación de múltiples embarcaciones». Su observación subraya que la utilidad de una flota depende tanto de sus componentes tecnológicos como de la capacidad de mantenerlos conectados y coordinados en condiciones difíciles.

La guerra en Ucrania ha ofrecido una demostración en el mundo real de cómo los sistemas no tripulados pueden imponer costos sustanciales a un ejército convencionalmente superior, según el texto de origen. Esa referencia ayuda a explicar el interés por las plataformas autónomas, pero no demuestra por sí sola que una estrategia similar vaya a producir los mismos resultados en el estrecho de Taiwán, donde las condiciones y necesidades pueden ser distintas.

Por ahora, la propuesta reúne una cifra de gasto considerable, una posible demanda de miles de plataformas y una red de alianzas industriales, pero también deja preguntas sobre producción, comunicaciones y mando. Si la Marina sigue adelante con las 1.320 embarcaciones consideradas, el programa podría convertirse en algo más que una adquisición: sería una prueba de si Taiwán puede establecer una industria de producción autónoma en la que el hardware local y la tecnología estadounidense funcionen como un sistema integrado.


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