Sberbank, el mayor banco de Rusia, quiere apoyarse en chips fabricados en China para impulsar GigaChat, su modelo insignia de inteligencia artificial, en un momento en que las sanciones occidentales siguen limitando el acceso del país a hardware avanzado.
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- German Gref, CEO de Sberbank, dijo que esperan usar microchips chinos para impulsar GigaChat.
- La búsqueda de chips ocurre mientras firmas como ByteDance, Tencent y Alibaba también compiten por procesadores de IA de Huawei.
- Rusia sigue rezagada frente a Estados Unidos y China en inteligencia artificial y depende de importaciones electrónicas en sectores sensibles.
🚨 Sberbank busca chips chinos para impulsar GigaChat
El mayor banco de Rusia enfrenta sanciones que limitan su acceso a hardware avanzado.
German Gref, CEO de Sberbank, anunció la estrategia en medio de la competencia feroz con empresas chinas.
Rusia lucha por avanzar en… pic.twitter.com/vRP37QmdOq
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) May 20, 2026
Sberbank, el mayor prestamista de Rusia, busca apoyarse en chips fabricados en China para fortalecer GigaChat, su modelo insignia de inteligencia artificial. La decisión refleja la presión que siguen ejerciendo las sanciones occidentales sobre el acceso ruso a hardware avanzado, un insumo considerado clave para competir en la nueva carrera global por la IA.
Durante la visita del presidente Vladimir Putin a China, el director ejecutivo de Sberbank, German Gref, dijo al canal estatal Canal Uno que la entidad espera poder usar microchips chinos para GigaChat. La declaración ofrece una señal clara sobre la dirección que podría tomar la estrategia tecnológica rusa en los próximos meses.
GigaChat fue desarrollado por Sberbank, institución que se ha convertido en uno de los pilares de la apuesta de Rusia por la inteligencia artificial. En un contexto de restricciones comerciales y financieras, el banco no solo impulsa software de IA, sino que también intenta asegurar la infraestructura física necesaria para entrenar y operar modelos avanzados.
La búsqueda de chips en China, sin embargo, no ocurre en un mercado despejado. Sberbank enfrenta una competencia intensa por parte de algunas de las mayores empresas de internet chinas, entre ellas ByteDance, Tencent y Alibaba, que también se apresuran a encargar procesadores de IA Ascend 950 desarrollados por Huawei.
Una carrera por hardware cada vez más cerrada
La relevancia de los chips en esta historia no es menor. En inteligencia artificial, el desempeño de los modelos depende en gran medida de la capacidad de cómputo disponible, y esa capacidad está determinada por procesadores especializados. Cuanto más avanzados son esos chips, mayor suele ser la eficiencia para entrenar sistemas complejos y ejecutar tareas a gran escala.
De acuerdo con la información reportada por Reuters, el Ascend 950 de Huawei es el chip chino más avanzado, aunque todavía se ubica por detrás del modelo H200 de Nvidia, empresa estadounidense. Esa brecha tecnológica ayuda a entender por qué el acceso a hardware de punta se ha vuelto un factor geopolítico, industrial y estratégico.
German Gref no precisó qué chips intentaba comprar Sberbank. Esa omisión deja abierta la posibilidad de que la entidad evalúe varias opciones dentro de la oferta china, o que prefiera mantener en reserva detalles sensibles sobre adquisiciones tecnológicas en medio del actual entorno de sanciones y rivalidad internacional.
En cualquier caso, el mensaje de fondo es claro. Rusia necesita alternativas para sostener su desarrollo en IA, y China aparece como el socio natural para cubrir parte de ese déficit. El problema es que la demanda también crece dentro del propio mercado chino, lo que podría limitar la disponibilidad de suministros para compradores extranjeros.
Rusia sigue detrás de Estados Unidos y China en IA
El propio contexto descrito en la noticia subraya que Rusia sigue a la zaga de los dos líderes mundiales en inteligencia artificial, Estados Unidos y China. Esa distancia no solo se mide en software o talento, sino también en acceso a semiconductores, infraestructura de centros de datos y cadenas de suministro capaces de sostener proyectos de gran escala.
Además, Rusia depende en gran medida de electrónica importada en sectores sensibles, incluida la defensa. China es hoy su principal proveedor en ese terreno, lo que refuerza la interdependencia entre ambos países en un momento en que Moscú busca reducir su vulnerabilidad frente al aislamiento tecnológico impuesto por Occidente.
Para lectores menos familiarizados con este tema, el punto clave es que la IA moderna no puede desarrollarse solo con algoritmos. También requiere grandes volúmenes de procesamiento, almacenamiento y redes especializadas. Por eso, cuando un país pierde acceso a chips de alto nivel, su capacidad de competir en IA se resiente de forma directa.
En este escenario, la estrategia rusa parece combinar dos vías. Por un lado, buscar proveedores alternativos en China. Por otro, fortalecer capacidades propias de manufactura y electrónica para reducir la dependencia futura. Ambas rutas exigen tiempo, capital y coordinación estatal, y ninguna ofrece resultados inmediatos.
Sberbank amplía su papel en la industria tecnológica rusa
La dependencia rusa de importaciones podría cambiar parcialmente, según plantea la información, porque Sberbank ha emergido también como un fabricante importante de electrónica. Ese giro tomó forma después de que la entidad comprara una participación en Element, descrita como el principal productor del sector.
Ese movimiento es relevante porque muestra que Sberbank ya no actúa solo como banco o desarrollador de software. También empieza a ocupar un espacio industrial más amplio dentro del ecosistema tecnológico ruso. En otras palabras, intenta participar tanto en la creación de modelos de IA como en la base material que esos modelos necesitan.
La operación con Element puede leerse como una respuesta estratégica a largo plazo. Si Rusia no puede acceder de forma estable al mejor hardware extranjero, fortalecer la producción local se vuelve una prioridad. Aun así, fabricar electrónica avanzada no es un proceso simple, y menos en un contexto de restricciones internacionales.
Por eso, la opción china sigue siendo crucial en el corto plazo. Aunque Rusia busque desarrollar una cadena propia, los chips necesarios para sostener iniciativas como GigaChat todavía parecen depender de alianzas externas, especialmente con empresas y proveedores asentados en China.
Putin y Xi elevan la cooperación en inteligencia artificial
La dimensión política del anuncio quedó reforzada por una declaración conjunta emitida tras las conversaciones entre Vladimir Putin y el presidente chino Xi Jinping en Pekín. El texto señaló que la inteligencia artificial se ha vuelto un elemento clave para la reforma económica.
La declaración también instó a una cooperación bilateral más estrecha, incluyendo áreas como defensa y software de código abierto. Ese lenguaje sugiere que la IA no está siendo tratada solo como un asunto comercial o científico, sino como un componente de política industrial y seguridad nacional.
Además, ambos países respaldaron la propuesta china de crear un organismo mundial de inteligencia artificial. También advirtieron contra el uso de la IA como herramienta geopolítica. Ese punto resulta llamativo porque aparece en medio de una competencia internacional cada vez más visible por el control del hardware, los modelos y los estándares regulatorios.
En la práctica, la búsqueda de chips chinos para GigaChat encaja con esa visión de cooperación más estrecha entre Moscú y Pekín. También confirma que el mapa global de la IA se está reorganizando alrededor de alianzas, sanciones, cuellos de botella industriales y acceso privilegiado a semiconductores avanzados.
Para Rusia, el reto es doble. Necesita acelerar su capacidad tecnológica sin quedar excluida de los insumos esenciales. Para China, el desafío pasa por responder a una demanda interna muy fuerte y, al mismo tiempo, consolidar su papel como proveedor de tecnología estratégica para socios clave.
La evolución de GigaChat será un indicador útil para medir hasta qué punto esa cooperación puede traducirse en resultados concretos. Por ahora, lo que queda claro es que la carrera por la inteligencia artificial ya no depende solo de mejores modelos, sino también de quién logra asegurar primero los chips que los hacen posibles.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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