Alibaba y Tencent están llevando agentes de inteligencia artificial al ecosistema de las gafas inteligentes, una evolución que deja atrás las reglas centradas únicamente en cámaras y luces indicadoras.
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- Alibaba lanzó el 2 de septiembre una edición para gafas de su agente de programación Qoder, con una integración inicial con Tongyi Qianwen y dispositivos Rokid.
- Tencent abrió el 2 de septiembre su plataforma WorkBuddy a terceros; Rokid figura entre sus socios para dispositivos inteligentes de marca compartida.
- El auge comercial contrasta con restricciones en instalaciones militares y distintos recintos, que ven en estos dispositivos una superficie potencial de exfiltración de datos.
👓🤖 China acelera las gafas con agentes de IA
Alibaba lanzó Qoder para gafas Rokid y Tencent abrió WorkBuddy a terceros.
La escucha continua plantea dudas sobre privacidad y consentimiento.
El ejército chino ya prohíbe estos dispositivos en sus instalaciones. pic.twitter.com/FuYoa56esD
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 9, 2026
China acelera las gafas con agentes de IA
Alibaba y Tencent están llevando agentes de inteligencia artificial al ecosistema de las gafas inteligentes, con una apuesta que transforma estos dispositivos de accesorios audiovisuales en asistentes capaces de ejecutar tareas. Alibaba lanzó el 2 de septiembre una edición para gafas de su plataforma de programación agéntica Qoder, mientras Tencent presentó ese mismo día una plataforma abierta para WorkBuddy en la que Rokid figura como socio de dispositivos inteligentes de marca compartida.
La edición de Qoder se conecta inicialmente con el modelo Tongyi Qianwen y con gafas Rokid, y permite que un desarrollador envíe una tarea de codificación mediante instrucciones habladas. El usuario puede hacerlo sin abrir un teléfono ni tocar una pantalla, una experiencia que acerca la programación conversacional a un entorno de manos libres y modifica la manera tradicional de interactuar con un asistente digital.
WorkBuddy funciona con una lógica similar, aunque orientada al trabajo de oficina y a los servicios en la nube. La apertura de su plataforma a fabricantes de hardware y desarrolladores permite incorporar sus capacidades a dispositivos de terceros. En el caso de Rokid, la alianza contempla dispositivos inteligentes de marca compartida, aunque la información disponible no precisa todas las funciones concretas de esa integración.
Alibaba diseñó su versión alrededor de una interacción de voz full-duplex, por lo que el usuario puede interrumpir al agente, preguntar por el avance y añadir requisitos mientras la tarea sigue en curso. Qoder para gafas permanece en pruebas por invitación, aunque Alibaba prometió un lanzamiento más amplio durante su conferencia Yunqi, lo que indica que la compañía todavía evalúa su alcance comercial y técnico.
Una regulación centrada en la cámara
El conflicto nace de una diferencia entre la tecnología que las empresas están enviando y las reglas creadas para supervisarla. Una convención voluntaria de autorregulación publicada en junio por un instituto de investigación dependiente del Ministerio de Industria y Tecnología de la Información, junto con una alianza industrial, pide señales claras cuando una cámara o un micrófono está grabando.
El código también solicita que los fabricantes estandaricen las luces de grabación, reduzcan la recolección de datos y obtengan consentimiento antes de filmar. Estas disposiciones responden a un acto identificable de captura, normalmente acompañado por una señal luminosa, pero no resuelven con la misma claridad el comportamiento de un agente que escucha continuamente para recibir interrupciones o nuevas instrucciones.
En ese modelo, el usuario no necesariamente pulsa un botón ni inicia una grabación convencional, porque la escucha permanente forma parte del diseño del asistente. La diferencia puede parecer técnica, pero tiene consecuencias jurídicas y laborales: un sistema capaz de procesar conversaciones, imágenes y órdenes durante toda la jornada plantea preguntas que una luz indicadora por sí sola no responde.
La convención tampoco es obligatoria, aunque China dispone de instrumentos vinculantes cuando decide utilizarlos. Sus reglas sobre servicios de inteligencia artificial humanizados, por ejemplo, llevaron a ByteDance y Alibaba a retirar por completo los compañeros personalizados, una intervención que muestra que el gobierno puede pasar de la orientación sectorial a exigencias directas cuando considera que existe un riesgo relevante.
Rokid y el dilema de la adopción empresarial
Rokid aparece en los dos anuncios y ocupa una posición estratégica dentro de esta expansión. La empresa figura entre los dispositivos inicialmente compatibles con la edición para gafas de Qoder y es socio de Tencent para dispositivos inteligentes de marca compartida, mientras prepara una salida a bolsa que le ofrece un incentivo comercial para presentarse como un fabricante responsable y alineado con las normas del sector.
La compañía también quedó asociada a la reacción pública que impulsó la creación de la convención sobre gafas inteligentes. Esa coincidencia coloca a Rokid en una situación compleja: debe aprovechar el crecimiento de los asistentes audiovisuales y, al mismo tiempo, convencer a usuarios, empresas y autoridades de que sus productos no convertirán los espacios privados en fuentes permanentes de datos.
El mercado chino ya muestra señales de una adopción acelerada. Los compradores adquirieron alrededor de 2,5 millones de gafas inteligentes en 2025, cerca de un sexto de los envíos globales, mientras un mercado de alquiler ofrece dispositivos por aproximadamente USD $6 al día para traducción, navegación y hasta trampas en exámenes, según datos citados en la información de origen.
Las gafas inteligentes también forman parte del programa nacional chino de subsidios al consumo, por lo que el Estado está ayudando a reducir el precio de los dispositivos mientras pide a la industria que vigile su comportamiento. Ambas palancas no son equivalentes: una impulsa la adopción masiva y la otra intenta contener los riesgos de privacidad, seguridad y uso indebido que pueden aumentar a medida que más personas las llevan en público y en el trabajo.
Privacidad, seguridad y límites internacionales
Las propias instituciones chinas ya han trazado algunos límites más estrictos que los previstos por el mercado. El ejército prohibió las gafas inteligentes y los dispositivos portátiles conectados dentro de sus instalaciones, una decisión que refleja la preocupación por la exfiltración de datos desde una cámara ubicada en primera persona y conectada a un agente capaz de interpretar el entorno.
Ese razonamiento coincide con el de algunos empleadores occidentales, que consideran que la amenaza no depende únicamente de si una luz está encendida. Una gafa puede observar una pantalla, escuchar una conversación o transmitir información contextual a un servicio externo, de modo que el problema de seguridad persiste incluso cuando el dispositivo cumple formalmente una regla diseñada para avisar que está grabando.
En Estados Unidos, cines, escuelas y agencias federales han prohibido las gafas de Meta, mientras analistas las describen como un punto ciego de la legislación de privacidad. Meta ha confiado en gran medida en el indicador luminoso y llegó a desactivar las cámaras de miles de unidades cuyos LED habían sido cubiertos o perforados, una medida permanente cuando la luz fue retirada físicamente.
Los informes sobre próximos prototipos de Meta sugieren que la empresa podría no encender el LED durante una captura ambiental siempre activa, bajo el argumento de que se trata de una función de inteligencia artificial y no de una grabación convencional. The Next Web señaló que no verificó esos informes y que Meta tampoco los confirmó, por lo que esa posibilidad debe tratarse como una versión no corroborada y no como una característica anunciada.
Europa enfrenta la pregunta laboral
Europa se encuentra ante un problema parecido, aunque el eje regulatorio puede ser más laboral que tecnológico. Distintos recintos europeos han comenzado a prohibir las gafas mientras los reguladores analizan su alcance, y las normas de la Unión Europea ya limitan la manera en que los empleadores pueden monitorear a su personal.
Un agente que observa una pantalla desde la línea de visión del trabajador podría vigilar simultáneamente al empleado y los datos de la empresa. Todavía no existe una respuesta definitiva sobre si la sensorización ambiental continua debe considerarse un procesamiento que necesita su propia base legal, pero esa determinación puede resultar más importante que la existencia de una luz de grabación.
El punto central no es únicamente descubrir si una cámara capturó una imagen, sino establecer qué información analiza el sistema, durante cuánto tiempo la conserva y quién puede utilizar sus resultados. Un asistente que escucha para comportarse como un colega disponible introduce una relación permanente con el entorno, incluso si solo responde después de una palabra de activación o de una interrupción verbal.
La siguiente señal será observar si la convención china se reescribe alrededor de los agentes y no solo de las cámaras. También será decisivo saber qué empresas implementan internamente estas herramientas, porque ofrecer una base de código accesible desde unas gafas no constituye solamente una mejora de productividad: representa una decisión de seguridad con efectos sobre empleados, clientes, secretos comerciales y datos personales.
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