Por Canuto  

Un buque de investigación chino habría ignorado las exigencias de retirada de Filipinas y realizado maniobras evasivas cerca de un cable submarino. El episodio se suma a la preocupación regional por la vigilancia de infraestructura digital, aunque no hay confirmación de que el barco haya dañado la línea.
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  • La Guardia Costera filipina respondió a la presencia del buque chino Jia Hai Ke 7, que, según los reportes, no contestó por radio y transmitió una ubicación falsa.
  • El barco fue avistado a unos 37 millas náuticas al noroeste de Itbayat, en la provincia de Batanes. Filipinas desplegó su embarcación más grande y aeronaves.
  • Un informe del CSIS halló que buques de investigación chinos pasan una proporción inusualmente alta de tiempo cerca de infraestructura submarina en alta mar; esto no demuestra que el buque de Batanes intentara sabotear un cable.


Buque chino merodea cerca de un cable submarino y desoye a Filipinas

Un encuentro cerca de una infraestructura crítica

Un buque de investigación chino habría ignorado las solicitudes de retirada de Filipinas mientras operaba cerca de un cable submarino, de acuerdo con reportes sobre el episodio. La embarcación, identificada como Jia Hai Ke 7, no habría respondido a las comunicaciones por radio y habría transmitido una ubicación falsa antes de maniobrar para evitar que la interceptaran. Estos hechos despertaron inquietud sobre las operaciones de buques chinos en el Pacífico, pero no prueban que la nave intentara dañar el cable.

El buque fue avistado a unos 37 millas náuticas al noroeste de Itbayat, en la provincia filipina de Batanes. Filipinas desplegó su embarcación más grande y aeronaves para responder a su presencia, según informó Reuters. Un guardacostas chino también intervino en la situación, según la información citada en los reportes del incidente.

Pekín se quejó de que su barco había sufrido acoso, según informó el South China Morning Post en su cobertura sobre el Jia Hai Ke 7, que llevaba varios días operando en aguas cercanas a las islas. La respuesta de China muestra que ambas partes presentaron versiones distintas del encuentro; por sí sola, no confirma la intención del buque. El episodio pone en primer plano la dificultad de vigilar actividades marítimas cerca de infraestructura submarina sensible.

La preocupación también se relaciona con la actividad de cartografía del fondo marino atribuida a buques de investigación chinos. El conocimiento detallado del lecho marino y de las rutas de los cables podría ayudar a identificar puntos vulnerables, aunque el propósito de cada operación no está claro. En este caso, no hay confirmación de que el cable cercano haya sido cortado o afectado: la proximidad de un barco no equivale a una prueba de sabotaje.

Vigilancia submarina y riesgos para las redes de datos

Los cables submarinos transportan comunicaciones y datos entre países, por lo que una interrupción puede afectar conexiones digitales más allá del lugar donde ocurre. Un análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS), titulado “China’s Weaponization of Dual-Use Research Vessels for Undersea Data Dominance”, examinó 223 buques y concluyó que los barcos de investigación chinos pasan una proporción inusualmente alta de tiempo cerca de infraestructura submarina en alta mar, en comparación con embarcaciones de otros países. El análisis describe un patrón de actividad, pero no determina el objetivo de cada buque ni vincula ese hallazgo con un intento de cortar el cable cerca de Batanes.

La discusión no se limita a la posibilidad de un daño inmediato: también abarca el valor estratégico de conocer dónde están tendidas estas líneas y cómo se distribuye la infraestructura bajo el mar. Esa información podría ser relevante en una crisis, pero la mera proximidad de un barco no demuestra que esté ejecutando una operación contra un cable. Distinguir entre actividad que despierta sospechas y una acción confirmada es esencial para evaluar el episodio sin convertir una preocupación de seguridad en una acusación no probada.

Un informe de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China, publicado en 2025, examinó las capacidades de China para amenazar infraestructura de comunicaciones submarina. Según detalles del documento recogidos por Tom’s Hardware, China desarrolla tecnologías para cortar cables; entre ellas, un dispositivo que podría seccionar cables blindados a más de 13.000 pies de profundidad, unos 4.000 metros. La existencia de una capacidad potencial no demuestra que se haya usado contra las líneas mencionadas ni que el Jia Hai Ke 7 llevara a cabo un corte.

Ryan Claffey, asistente de investigación del Center for a New American Security, sostuvo que hace falta una respuesta coordinada para proteger la infraestructura regional. En el informe citado, describió los cables submarinos como “líneas de vida digitales” y argumentó que Estados Unidos y sus aliados deben protegerlos en tiempos de paz para mantenerse conectados durante una crisis. Su planteamiento vincula la seguridad física de las redes con la continuidad de las comunicaciones, sin afirmar que el episodio filipino haya causado una interrupción.

Disputas regionales y alcance de la preocupación

La presencia del buque se produjo en una región marcada por desacuerdos territoriales y marítimos. China mantiene su reclamación sobre Taiwán, que considera una provincia rebelde, y tiene disputas con Filipinas, Vietnam, Malasia y Brunéi en el Mar del Sur de China, además de un conflicto de reclamaciones con Japón en el Mar de China Oriental. Ese panorama da relevancia estratégica a las operaciones navales y de investigación, aunque cada incidente requiere verificarse por separado. Batanes, donde se registró la presencia del buque, es una provincia filipina; no debe confundirse con las zonas disputadas del Mar del Sur de China.

Los riesgos para la infraestructura submarina tampoco se limitan al Pacífico. La información recogida por Tom’s Hardware señala que Rusia ha utilizado barcos pesqueros de arrastre durante casi cinco años para merodear cerca de cables de comunicaciones en Europa. También recoge amenazas de Irán contra cables submarinos en el estrecho de Ormuz, presentados por ese país como objetivos legítimos en caso de que Estados Unidos vuelva a atacarlo.

La comparación entre esos escenarios muestra que la preocupación por las líneas submarinas atraviesa distintas regiones y rivalidades, pero no significa que todas las operaciones tengan el mismo propósito ni que hayan producido daños. En el caso filipino, los elementos reportados son la presencia del Jia Hai Ke 7, la falta de respuesta por radio, la transmisión de una ubicación presuntamente falsa y las maniobras evasivas, junto con el despliegue de embarcaciones y aeronaves. No hay confirmación de que el cable cercano haya sido cortado o afectado.

Por ahora, el episodio alimenta el debate sobre cómo proteger cables centrales para las comunicaciones, sin que la información pública permita determinar la intención del buque chino. La propuesta de Claffey pone el énfasis en la coordinación entre Estados Unidos y sus aliados, mientras que los reportes sobre vigilancia y tecnología de corte explican por qué los gobiernos observan estas actividades con inquietud. La cuestión inmediata es distinguir entre indicios de reconocimiento y pruebas de una acción contra la infraestructura.


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