Martín Jofré, cofundador y Chief Risk Officier de Notbank.com, comparte algunas precisiones sobre la oportunidad que se presenta a América Latina en torno a las regulaciones aplicables para los neo-bancos.
Durante años, la conversación regulatoria en torno a los neo-bancos y las plataformas fintech en América Latina estuvo dominada por el miedo: miedo al riesgo sistémico, al lavado de activos, a la pérdida de control monetario. Ese miedo, comprensible en su origen, generó marcos normativos tardíos, fragmentados y en algunos casos directamente disuasivos para la innovación. Hoy, sin embargo, algo está cambiando. Y en notbank.com lo vemos como la apertura de una ventana histórica.
El problema real no es la regulación: es la ausencia de ella. La paradoja de los mercados financieros latinoamericanos es que la desregulación no ha producido libertad, sino informalidad. Millones de personas operan fuera del sistema bancario tradicional no porque quieran, sino porque ese sistema los excluyó durante décadas. Los neo-bancos llegaron a llenar ese vacío, pero en muchos casos lo hicieron en un limbo jurídico que les impedía operar con la seguridad y la escala que los usuarios merecen.
Un marco regulatorio claro no es el enemigo de la innovación: es su condición de posibilidad. Las empresas que apuestan por la transparencia y el cumplimiento normativo no lo hacen por obligación, sino porque entienden que la confianza del usuario es el activo más escaso del ecosistema digital.
¿Qué debe priorizar una regulación inteligente? Una regulación eficaz para los neo-bancos en 2025 debería operar sobre tres ejes fundamentales, a saber: Primero, proporcionalidad. No tiene sentido aplicar las mismas exigencias de capital o reporte a una startup que atiende a 50.000 usuarios en un mercado emergente que a un banco sistémico con décadas de historia. Los umbrales regulatorios deben escalar con el volumen, el riesgo y el impacto real de cada actor.
Segundo, interoperabilidad. El mayor cuello de botella del ecosistema latinoamericano no es la falta de regulación, sino la ausencia de infraestructura compartida. Las APIs abiertas, los sistemas de identidad digital y los rieles de pago en tiempo real son la base sobre la que cualquier neo-banco puede construir propuestas de valor reales. Los reguladores que impulsan esta agenda están cosechando los beneficios en términos de inclusión y competencia.
Tercero, claridad sobre activos digitales. La ambigüedad regulatoria alrededor de las criptomonedas y los stablecoins es uno de los principales frenos al desarrollo del sector. No se trata de una demanda de laissez-faire, sino de reglas del juego claras: qué se puede custodiar, cómo se reporta, qué protecciones tiene el usuario.
En notbank.com creemos que los activos digitales son una extensión natural de los servicios financieros del futuro, y que la regulación debe acompañar esa realidad, no negarla.
Los países que retrasen esta agenda no estarán protegiéndose: estarán perdiendo terreno. El capital, el talento y los usuarios migran hacia los entornos donde las reglas son predecibles. La experiencia de mercados como Perú, Bolivia, Argentina, Brasil, Colombia o Chile muestra que cuando los reguladores trabajan en diálogo con la industria – en lugar de legislar contra ella – el resultado es un ecosistema más robusto, más competitivo y, sobre todo, más inclusivo.
América Latina tiene una oportunidad única: construir desde cero los sistemas financieros que Europa y Estados Unidos están tratando de reformar a posteriori.
Descargo de responsabilidad: El contenido de esta nota fue producido por el equipo de Notbank, por lo que DiarioBitcoin no respalda ni promueve las ofertas, productos o servicios comerciales citados a lo largo del texto.
Texto e imagen por Notbank
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