Matthew Prince, CEO de Cloudflare, advirtió que el internet enfrentará pronto un giro estructural: los agentes de IA consumirán más tráfico que los humanos y el viejo modelo de anuncios y suscripciones ya no bastará para sostener a medios, creadores y editores. Aunque ve a las stablecoins y los micropagos como parte de la respuesta, sostiene que la infraestructura cripto aún no escala al nivel que exigiría la web de la IA.
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- Cloudflare estima que el tráfico de bots y agentes de IA superará al tráfico humano en la primera mitad de 2027.
- Matthew Prince sostiene que el problema central ya no es técnico, sino económico: los agentes no hacen clic en anuncios y erosionan el modelo de ingresos de la web.
- Aunque ve potencial en stablecoins y micropagos vía el código 402, asegura que ninguna blockchain actual soporta aún el volumen que requeriría Cloudflare.
Matthew Prince, cofundador y CEO de Cloudflare, afirmó que las criptomonedas todavía no están preparadas para sostener el “internet de la IA”, un entorno donde agentes autónomos y bots consumirán más tráfico que los propios humanos. En conversación en el programa Cloudflare CEO: Crypto Isn’t Ready for the AI Internet, del canal Bankless, el ejecutivo planteó que el mayor desafío ya no es solo escalar redes y servidores, sino rediseñar el modelo económico de internet.
Prince aseguró que Cloudflare ha adelantado su previsión sobre el momento en que el tráfico de IA superará al tráfico humano. Antes la empresa apuntaba a 2027, pero ahora estima que el cruce llegará en la primera mitad de ese año. Según explicó, el crecimiento del tráfico “agentic”, es decir, generado por agentes que navegan, investigan y ejecutan tareas, ha sido extraordinario en los últimos meses.
La tesis central del ejecutivo es que la web sí puede absorber una nueva oleada de tráfico desde el punto de vista técnico, pero no está lista para financiarla. Si durante tres décadas el internet se sostuvo sobre anuncios y suscripciones, el auge de los agentes cambia la ecuación. Los bots no hacen clic en anuncios, y una sola suscripción usada para extraer contenido y resumirlo para millones de usuarios deja sin compensación a quienes crean ese contenido.
El planteamiento toca de lleno a medios, plataformas, empresas de IA y al ecosistema cripto. Para Prince, el futuro exige micropagos nativos para máquinas, probablemente apoyados en stablecoins, pero la infraestructura disponible hoy no puede manejar la escala que requeriría una compañía como Cloudflare.
Una nueva ola de internet impulsada por IA
Prince describió una escena que considera paradójica. Durante años, la creación de nuevos sitios web y dominios se había estancado, con una meseta visible desde 2011 o 2012. Sin embargo, eso empezó a cambiar recientemente gracias a herramientas que permiten a más personas convertirse en creadores, programadores y desarrolladores.
Según el directivo, por primera vez en unos 15 años el número de sitios y proyectos en línea vuelve a crecer a ritmos comparables con los de principios de los años 2000. Desde su perspectiva, ese repunte es una señal optimista porque sugiere que internet vuelve a ensancharse, con más actores produciendo contenido y servicios.
En ese contexto, Cloudflare ocupa una posición singular. Prince recordó que la empresa está delante de más del 20% de los sitios web del mundo y que cualquier mes, cerca de 6.000 millones de personas pasan por su red en algún momento. También dijo que alrededor del 80% de los grandes laboratorios y compañías de IA son clientes de Cloudflare, y que casi el 100% del sector cripto usa hoy sus servicios.
Esa visión privilegiada le permite detectar dos tendencias al mismo tiempo. La primera es que los agentes de IA multiplican la profundidad de las consultas. Una persona quizá visite dos o cinco páginas para comparar una cámara digital, mientras un agente puede revisar una cantidad de fuentes muy superior. La segunda es que esa nueva demanda, aunque útil para el usuario, impone costos crecientes a la infraestructura y presiona un sistema de monetización ya debilitado.
El problema no es solo el tráfico, sino quién paga
Prince sostuvo que el internet ya ha sobrevivido a picos extremos de demanda, como ocurrió al inicio de la pandemia de COVID-19, cuando el tráfico llegó a duplicarse en apenas dos semanas. En su opinión, la red podrá escalar otra vez. El problema real es que la economía de la web fue diseñada para usuarios humanos que ven anuncios o pagan suscripciones, no para agentes que extraen respuestas y evitan la visita al sitio original.
Para explicar el cambio, distinguió entre el viejo motor de búsqueda y la nueva “máquina de respuestas”. Antes, un usuario escribía una consulta y recibía enlaces azules que debía abrir para hallar la información. Ahora, Google, OpenAI, Anthropic, xAI y otros sistemas entregan una respuesta directa tras rastrear la web, resumir el contenido y devolverlo sin enviar al lector al origen.
Eso beneficia la experiencia del usuario, pero perjudica a quienes producen la información. Si el lector ya no entra al portal, no ve anuncios. Y si el portal no puede monetizar, periodistas, académicos y creadores pierden el incentivo económico para seguir produciendo. Prince resumió ese proceso con una imagen dura: los sistemas de IA están “strip mining the web”, una suerte de minería extractiva del contenido abierto.
El ejecutivo también dijo que este deterioro no comenzó con la IA, aunque sí se aceleró con ella. Recordó que el negocio de la publicidad en línea ya estaba presionado por bloqueadores de anuncios y restricciones de privacidad. Pero en los últimos dos años, impulsados sobre todo por OpenAI, los ingresos por impresión publicitaria, o CPM, habrían sufrido una caída de tipo “step function”, es decir, un descenso abrupto y no gradual.
La crítica al modelo de Google y la crisis del contenido
Prince atribuyó buena parte del problema al hecho de que la web fue optimizada para maximizar tráfico, no valor. En su lectura, Google hizo posible un acceso masivo al conocimiento y merece crédito por ello, pero también consolidó un sistema donde el objetivo pasó a ser atraer tantos clics como fuera posible, porque cada visita podía transformarse en dinero publicitario.
Para él, el tráfico siempre fue un mal sustituto del valor real. Puso como ejemplo el morbo que produce un accidente de tránsito que genera embotellamiento. Hay tráfico, sí, pero no hay algo valioso en ese aumento. A su juicio, esa lógica terminó empujando aparte del ecosistema mediático hacia titulares incendiarios, pruebas A/B de indignación y contenidos diseñados para desatar rabia más que conocimiento.
Prince relató incluso una conversación con la fundadora de una firma mediática muy conocida, quien, según contó, presumía de producir artículos al menor costo posible y probar titulares para detectar cuáles generaban más furia y clics. Desde su punto de vista, ese mecanismo contribuyó al clima de polarización, populismo y fragmentación social que se vive hoy.
Por eso insiste en que el siguiente modelo debe recompensar mejor la creación de conocimiento. No se trata solo de pagar por páginas vistas, sino de apoyar a quienes investigan, reportan o llenan vacíos de información. En su visión, la IA podría abrir incluso una “edad dorada” del contenido si los incentivos se alinean de forma correcta.
Micropagos, stablecoins y el límite actual de blockchain
Cuando la conversación giró hacia criptomonedas, Prince fue claro. Dijo que para implementar pagos diminutos entre agentes y sitios web no sirven los rieles tradicionales de Visa, porque sus costos fijos por transacción vuelven inviable cualquier cobro de fracciones de centavo. A su juicio, esa clase de pagos tendrá que apoyarse en algún tipo de solución con stablecoins.
El ejecutivo mencionó el código 402, una respuesta definida hace tiempo para indicar “pago requerido”, y señaló que Cloudflare trabaja con Coinbase y otros actores para construir la base de un sistema en el que una web pueda cobrar automáticamente cuando un agente quiera acceder a cierto contenido. El objetivo es que un bot pague, consuma y continúe, sin fricción para el usuario humano.
Sin embargo, afirmó que la industria cripto todavía no ofrece una infraestructura capaz de manejar la escala necesaria. Según Prince, Cloudflare procesa hoy unas 500 millones de solicitudes por segundo. De ese total, entre 1% y 10% podría monetizarse, lo que implicaría entre 5 millones y 50 millones de transacciones por segundo. Aseguró que la mayor capacidad que ha visto en blockchain ronda 2 millones de transacciones por segundo, una cifra que considera insuficiente.
Prince dijo que esa diferencia explica por qué Cloudflare sigue buscando socios y tecnología. Reconoció que la empresa exploró la idea de construir una stablecoin de capa 2 sobre varias cadenas de capa 1, pero el volumen de internet excede lo que la mayoría del ecosistema visualiza hoy. En sus palabras, si alguien está construyendo una red capaz de soportar 100 millones de transacciones por segundo, debería hablar con Cloudflare.
Control del contenido y negociación con la IA
Prince defendió que los creadores deben tener control sobre quién accede a su contenido y bajo qué términos. Recordó que Cloudflare lanzó herramientas para que cualquier sitio, incluso en la versión gratuita del servicio, pueda facilitar o bloquear el acceso de rastreadores de IA según su modelo de negocio.
Aclaró que no todos los editores quieren cerrar la puerta. Algunas organizaciones, incluida la propia Cloudflare con su documentación técnica, desean que los modelos de IA absorban ese contenido porque eso impulsa el uso de sus productos. En cambio, negocios sostenidos por anuncios prefieren restringir el acceso si no existe una compensación justa.
Prince cree que esa escasez controlada es necesaria para que exista un verdadero mercado. A su juicio, las empresas de IA sí tienen demanda suficiente y, de hecho, necesitan contenido original para diferenciarse. También señaló que varios actores del sector le han expresado disposición a pagar, siempre que el esquema sea amplio y no deje a un competidor obteniendo el mismo contenido gratis.
Parte de esa negociación, explicó, pasa por reducir la ventaja histórica de Google. Según sus cifras, por cada página que ve OpenAI, Google ve cuatro. Frente a Microsoft la proporción sería de cinco a uno, frente a Anthropic de seis a uno y frente a xAI de 22 a uno. Esa superioridad no solo proviene de la escala, sino de décadas de acuerdos, rastreo y acceso acumulado a rincones específicos de la web.
Un futuro tipo Spotify, pero para conocimiento
Prince sugirió que el modelo que podría emerger se parece más a Spotify o Netflix que al internet basado en banners. En lugar de depender de clics, una parte de la suscripción pagada al asistente de IA se repartiría entre quienes producen el contenido que alimenta las respuestas. Para él, esa lógica sería más honesta y más saludable que la economía de la atención.
Usó el ejemplo de Spotify para ilustrar cómo una plataforma puede incluso detectar búsquedas insatisfechas y enviarlas a creadores, quienes luego producen obras ajustadas a esa demanda. A partir de esa idea, imaginó un futuro en que las empresas de IA identifiquen vacíos en el conocimiento humano y compensen a investigadores, periodistas o académicos por llenarlos.
Incluso describió a los grandes modelos como una representación matemática del total del conocimiento humano, comparándolos con un bloque de queso suizo lleno de huecos. En ese esquema, el premio económico ideal no sería para quien consiga más clics, sino para quien rellene mejor esos huecos con información original y útil.
No obstante, admitió dos riesgos importantes. El primero es que un modelo centrado en suscripciones amplíe la brecha entre quienes pueden pagar por asistentes confiables y quienes no. El segundo es que un mercado mal diseñado permita a gigantes como Google, Meta, Apple, Microsoft o Amazon bloquear a nuevos entrantes si el acceso al contenido se resuelve solo mediante pujas monetarias.
Lo local, lo único y el futuro de los medios
Prince también compartió su experiencia con The Park Record, un periódico local de Park City, Utah, que compró junto a su esposa. Aseguró que la meta no era financiera, sino cívica. El indicador clave que siguieron fue la participación electoral: pasó de 23% antes de la compra a 63% en la última elección no presidencial, según relató, tras mejorar la cobertura política y comunitaria.
Lo interesante, dijo, es que este año el periódico podría obtener más ingresos por acuerdos de licenciamiento con empresas de IA que por publicidad digital. En su opinión, la noticia local y específica tiene un valor enorme para los modelos porque permite responder preguntas que no pueden resolverse con contenido genérico.
Prince contrastó ese potencial con el de publicaciones generalistas. Afirmó que, si un modelo no tiene acceso al contenido de un diario como The New York Times, puede aproximarse usando otras cabeceras similares. En cambio, si no tiene acceso a un foro como Reddit o a un periódico local con información exclusiva, esa pérdida es mucho más difícil de sustituir.
Su conclusión es que el futuro de los medios podría premiar lo verdaderamente original, local y distintivo. Y eso no solo sería valioso para los sistemas de IA, sino también para las audiencias humanas, cansadas de versiones repetidas de la misma historia vistas a través de diferentes sesgos.
La meta de Cloudflare: no cinco, sino 500.000 compañías de IA
Más allá de los pagos, Prince cerró con una preocupación mayor: la concentración de poder. Dijo que el estado natural del mercado podría derivar en muy pocas compañías de IA, muy pocos grandes productores de contenido y grandes corporaciones optimizadas para atender agentes, mientras pequeñas empresas y editores quedan desplazados.
Como contraparte, planteó el escenario que quisiera ayudar a construir. Uno con 500.000 compañías de IA, no cinco. Uno donde cualquiera pueda crear contenido valioso y ser remunerado por ello. Y otro donde negocios grandes y pequeños sigan compitiendo en condiciones razonablemente justas dentro de la economía de los agentes.
Para lograrlo, insistió, el debate no puede quedarse en el laboratorio técnico. Hay que decidir qué internet se quiere antes de definir las reglas, los estándares y la infraestructura. En ese punto, Cloudflare se ve a sí misma como catalizador de coordinación entre editores, laboratorios de IA y proveedores de pagos, no necesariamente como dueño exclusivo de la solución.
El mensaje final para creadores fue directo. Si su modelo depende de publicidad o suscripciones, deben empezar por recuperar control sobre su contenido y decidir quién puede usarlo. Y para la industria cripto, el reto no es menor: si aspira a convertirse en la capa de pagos del internet de la IA, tendrá que demostrar que puede operar a una escala que hoy, según Prince, todavía no alcanza.
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