Reeve Collins, cofundador de Tether, aseguró que Bitcoin nunca podrá convertirse en una moneda de uso masivo debido a su volatilidad. En su visión, la verdadera utilidad de blockchain surgió cuando los dólares y otras divisas fiduciarias fueron adaptados a estas redes mediante stablecoins.
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- Reeve Collins dijo que Bitcoin no tiene sentido como moneda real porque seguirá siendo volátil.
- Según el cofundador de Tether, la creación de stablecoins permitió que blockchain pasara de la especulación a la utilidad.
- Collins afirmó con total certeza que para 2030 los consumidores usarán dólares digitales para compras cotidianas.
Reeve Collins, cofundador de Tether, volvió a poner sobre la mesa uno de los debates más persistentes del ecosistema cripto: si Bitcoin puede llegar a funcionar como dinero de uso cotidiano o si su destino está más ligado a la especulación y la reserva de valor.
En una entrevista reciente reseñada por TheStreet, Collins sostuvo una postura tajante. A su juicio, Bitcoin nunca llegará a consolidarse como una moneda real para transacciones diarias porque su volatilidad lo vuelve inadecuado para ese papel.
La declaración no es menor. Collins fue una de las figuras detrás de Tether, la stablecoin más conocida del mercado, y su visión conecta directamente con el origen del producto y con la evolución práctica que ha tenido la infraestructura blockchain durante la última década.
Para entender el punto, conviene recordar que Bitcoin fue presentado durante años no solo como un activo digital escaso, sino también como una posible alternativa al dinero tradicional. Sin embargo, en paralelo, el mercado fue desarrollando instrumentos pensados para estabilidad, pagos y liquidación, especialmente las stablecoins vinculadas a monedas fiat.
La crítica de Collins al sueño de Bitcoin como moneda
Según explicó Collins, cuando conoció la tecnología blockchain en 2013, identificó de inmediato una herramienta revolucionaria capaz de mover dinero de forma global e instantánea. Pero también observó un obstáculo central para su adopción masiva: el único activo que circulaba de forma nativa por esas redes era Bitcoin.
En su visión, allí estaba el problema estructural. Aunque la tecnología permitía transferencias eficientes, el activo usado para esas operaciones era demasiado inestable para cumplir funciones básicas del dinero, como servir de unidad de cuenta o medio de intercambio confiable.
Collins lo expresó sin rodeos al afirmar que ese siempre ha sido el desafío de Bitcoin. Recordó que, especialmente en los primeros años, muchos creían que podía convertirse en la nueva moneda que todos usarían, pero descartó esa posibilidad por completo debido a su comportamiento de precio.
“Nunca va a suceder porque es volátil”, dijo Collins. También agregó que “simplemente no tiene sentido como una moneda real”, reforzando la idea de que la fluctuación de Bitcoin impide que sea usado de forma consistente para compras cotidianas o para fijar precios de bienes y servicios.
Su argumento parte de una lógica financiera tradicional. Un sistema económico necesita cierta previsibilidad en la unidad utilizada para pagar, ahorrar o presupuestar. Si el valor puede variar de forma brusca en lapsos cortos, el incentivo a usarlo en operaciones comerciales se reduce notablemente.
En ese marco, Collins considera que Bitcoin opera más como un activo distinto al dinero convencional. Aunque no niega el valor de la tecnología o del mercado en general, sí establece una separación clara entre un instrumento volátil y una moneda pensada para la actividad económica diaria.
Cómo esa visión llevó a la creación de Tether
La conclusión a la que llegó Collins fue decisiva para el nacimiento de Tether. A su entender, blockchain era una invención potente, pero incompleta para los negocios mientras no existiera una unidad de valor estable que pudiera moverse dentro de la propia red.
De acuerdo con lo explicado por Collins, había una nueva forma de mover dinero, pero el único tipo de valor que se estaba transaccionando era Bitcoin. Eso, a su juicio, mantenía al ecosistema atrapado en dinámicas de especulación más que de utilidad económica concreta.
La solución fue trasladar a blockchain una representación digital de activos fiduciarios ampliamente aceptados. Collins describió ese proceso como una adaptación de dólares, euros y yenes para que funcionaran en una red blockchain. En sus palabras, ese mecanismo actuó como un puente.
“Adaptamos dólares, euros, yenes al principio para que funcionaran en una blockchain. Es el puente”, señaló. La idea detrás de esa frase es que la infraestructura blockchain necesitaba conectarse con algo que empresas, usuarios y mercados ya entendieran como estable y confiable.
Desde esa perspectiva, las stablecoins no serían una categoría separada o exótica, sino una extensión tecnológica del dinero fiat. Collins incluso insistió en que, al hablar de stablecoins, en realidad se está hablando de dólares o monedas fiduciarias adaptadas para funcionar dentro de una blockchain.
Esa lectura explica por qué Tether y otras monedas estables terminaron ocupando un lugar central en exchanges, pagos transfronterizos, arbitraje y operaciones de liquidez. Para muchos participantes del ecosistema, ofrecen una herramienta más apta para transferir valor sin exponerse a las oscilaciones propias de criptoactivos como BTC.
Volatilidad, negocios y uso cotidiano
Collins sostuvo que muy pocos sistemas financieros podrían sobrevivir usando un activo “súper volátil” como base para sus operaciones. Por eso, defendió que sin una stablecoin resulta difícil imaginar negocios reales y sostenibles dentro del entorno blockchain.
Su planteamiento apunta a una diferencia de uso. En muchos casos, dijo, las personas no quieren especular con una moneda o con una inversión, sino simplemente transaccionar, hacer negocios y completar pagos. Para esa función, considera indispensable una moneda estable.
La crítica también alcanza la posibilidad de usar Bitcoin para compras ordinarias. Incluso con un mercado más maduro que en los primeros años, Collins cree que las oscilaciones de precio siguen obstaculizando su uso para gastos diarios o para establecer referencias de valor en el comercio.
Cuando fue consultado sobre si los consumidores usarán stablecoins digitales para diligencias rutinarias como hacer la compra hacia 2030, su respuesta fue inequívoca. “Al 100%”, afirmó, mostrando plena convicción sobre la dirección que tomará el sector.
Esa afirmación resume su tesis central. Para Collins, el futuro del uso masivo de blockchain no está en reemplazar el dinero fiat por Bitcoin, sino en hacer que las monedas ya conocidas funcionen sobre nuevas infraestructuras digitales más rápidas y globales.
El punto es relevante porque refleja una de las grandes divisiones del mercado. Mientras una parte de la industria sigue viendo a Bitcoin como dinero soberano y alternativa al sistema tradicional, otra considera que la utilidad inmediata está en stablecoins, pagos y liquidación sobre redes blockchain.
La infraestructura como verdadera innovación
En el cierre de sus comentarios, Collins sostuvo que la verdadera innovación no era tanto la moneda asociada inicialmente con blockchain, sino la propia infraestructura. En su lectura, el avance decisivo ocurrió cuando esa tecnología se combinó con dinero estable y confiable.
“La blockchain era una tecnología muy novedosa”, concluyó. A partir de allí, explicó que adaptar dólares para que funcionaran en esa infraestructura fue lo que permitió abrir su verdadero potencial, desplazando el foco desde la especulación hacia aplicaciones prácticas.
Ese argumento encaja con la trayectoria reciente del mercado digital. Durante años, gran parte del volumen y de la actividad en plataformas de intercambio, protocolos y pagos ha dependido de stablecoins, precisamente porque ofrecen una referencia de valor menos cambiante para usuarios e instituciones.
También ayuda a entender por qué el debate sobre Bitcoin como moneda sigue abierto. Para algunos actores, su valor reside en ser un activo descentralizado y escaso. Para otros, como Collins, su volatilidad limita de forma estructural cualquier aspiración de convertirse en un medio de pago cotidiano ampliamente aceptado.
En cualquier caso, sus declaraciones reafirman que la discusión sobre el futuro del dinero digital no solo enfrenta a cripto frente a fiat. También contrapone dos modelos dentro del propio ecosistema: el de un activo nativo y volátil como Bitcoin frente al de monedas fiduciarias tokenizadas que buscan utilidad inmediata en blockchain.
Por ahora, la advertencia del cofundador de Tether es clara. Desde su perspectiva, Bitcoin no será la moneda que use el mundo en la vida diaria, y el espacio para esa función será ocupado por stablecoins que actúan como versiones digitales de dólares, euros o yenes sobre redes blockchain.
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