Por Canuto  

El inversionista Chamath Palihapitiya puso en duda que Bitcoin llegue a ser un activo de reserva estructural para bancos centrales, al señalar que su trazabilidad en una cadena pública afecta la privacidad y la fungibilidad. 

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  • Chamath Palihapitiya afirmó que Bitcoin carece de privacidad y fungibilidad para funcionar como reserva de bancos centrales.
  • El inversionista sostuvo que el oro sigue cumpliendo mejor esos criterios y dudó de un nuevo “10x” impulsado por demanda soberana.
  • En otro podcast, Erik Voorhees defendió la acumulación de BTC de Strategy, mientras Jason Calacanis criticó estructuras y métricas difíciles de explicar.

 


La idea de que bitcoin pueda convertirse en un activo de reserva para bancos centrales ha ganado atención en los últimos años, en parte por su narrativa como “oro digital” y por su oferta limitada. En términos simples, una reserva busca preservar valor y aportar resiliencia ante crisis, sanciones o volatilidad en mercados tradicionales. Para las instituciones soberanas, además, importan factores operativos: cómo se custodia, cómo se liquida y qué riesgos políticos y reputacionales arrastra.

En ese contexto, el inversionista multimillonario Chamath Palihapitiya, capitalista de riesgo y ex ejecutivo de Facebook, planteó que Bitcoin tendría una “deficiencia estructural” que le impediría alcanzar adopción soberana amplia. El comentario lo hizo durante el podcast People by WTF, en el marco de la Cumbre Mundial de Gobierno. Su tesis se centró en dos atributos que, a su juicio, definen si un activo puede sostenerse como reserva de banco central.

Palihapitiya argumentó que, para que un activo digital sea aceptado a nivel soberano, debe ofrecer privacidad y fungibilidad. Estos criterios, según su planteamiento, no son detalles técnicos menores. Funcionan como condiciones que protegen a la institución que compra, mantiene y eventualmente mueve grandes cantidades. También reducen fricciones al momento de aceptar el activo sin cuestionamientos externos sobre su historia.

La discusión aparece en un momento en el que, según lo dicho en esa conversación, solo un banco central ha revelado públicamente la compra de bitcoin: el Banco Nacional Checo. Ese dato subraya lo temprano del fenómeno, al menos en términos de anuncios oficiales. Aun así, la sola posibilidad de compras soberanas suele influir en expectativas de largo plazo entre inversionistas de criptomonedas.

Privacidad y fungibilidad: la crítica de Palihapitiya

La fungibilidad implica que cada unidad de un activo es intercambiable por otra, sin que una “valga menos” por su historial. En efectivo físico, por ejemplo, dos billetes de igual denominación suelen aceptarse como equivalentes en la práctica cotidiana. En el oro, una porción estandarizada también se percibe como intercambiable si cumple especificaciones básicas. Esa propiedad reduce el riesgo de que una institución sea penalizada por el “pasado” de la unidad que posee.

Bitcoin, en cambio, opera sobre una cadena de bloques transparente, donde las transacciones quedan registradas de forma permanente. Para Palihapitiya, esta transparencia abre un problema: las monedas pueden rastrearse a través de movimientos previos, y algunas unidades podrían quedar asociadas a actividades ilícitas. En consecuencia, ciertas monedas podrían ser tratadas de manera distinta a otras, debilitando la fungibilidad.

Ese punto conecta privacidad con reputación. En un entorno donde se puede seguir el rastro de un activo, una entidad soberana podría temer que terceros cuestionen el origen de los BTC que recibe o posee. La privacidad, en este sentido, no solo se refiere al secreto por conveniencia política. También puede entenderse como una capa de protección operativa frente a sanciones, presiones, listas negras o restricciones de contraparte.

Palihapitiya concluyó que esa trazabilidad reduce la idoneidad de bitcoin como activo de reserva para bancos centrales. Desde su perspectiva, el oro sigue cumpliendo mejor los requisitos de privacidad y fungibilidad, lo que explicaría por qué los bancos centrales continúan manteniendo grandes reservas de oro. La comparación no implica que bitcoin carezca de utilidad, pero sí que, para su caso de uso “soberano”, tendría un límite estructural.

¿Se frena el “10x” por demanda soberana? El guiño a nuevas alternativas

Una consecuencia directa de la tesis de Palihapitiya fue su escepticismo respecto a un gran salto adicional en la capitalización de mercado de bitcoin impulsado por bancos centrales. En la conversación, sugirió que el activo podría tener dificultades para lograr otro aumento de diez veces sustentado en ese tipo de demanda. La idea contrasta con narrativas muy extendidas en el sector, donde se asume que la compra de BTC por instituciones soberanas sería un catalizador de magnitud.

Sin embargo, su postura no fue de rechazo a la innovación financiera. Palihapitiya dijo mantenerse optimista sobre la evolución de las finanzas digitales, con énfasis en las stablecoins, criptomonedas diseñadas para mantener valor estable mediante vinculación a activos como el dólar estadounidense o materias primas. En su visión, estas herramientas podrían reducir fricciones en pagos y liquidaciones, un objetivo que también interesa a grandes instituciones.

Dentro de ese marco, mencionó el potencial de stablecoins respaldadas por oro como ejemplo de innovación. El razonamiento sugiere una síntesis: combinar un activo considerado “reservable” por su aceptación histórica, como el oro, con la eficiencia de un instrumento digital que facilite transferencias. No presentó cifras ni proyectos específicos, pero sí dejó claro el tipo de diseño que, para él, podría resolver parte de las limitaciones que atribuye a bitcoin.

Además, insinuó que otros proyectos de criptomonedas o tokens más pequeños podrían, con el tiempo, abordar estas limitaciones. El comentario no equivale a una recomendación de inversión. Más bien apunta a que la arquitectura técnica y las propiedades de un activo importan tanto como su marca o adopción temprana. En mercados cripto, ese debate suele dividir a quienes priorizan descentralización y transparencia, y a quienes exigen mayor privacidad por diseño.

Strategy, tesorerías corporativas y el choque de estilos

En paralelo, otro intercambio público volvió a poner sobre la mesa el rol de bitcoin, pero desde el mundo corporativo. Jason Calacanis, inversionista de riesgo y coanfitrión del podcast All In, conversó con el empresario cripto Erik Voorhees en el podcast This Week in Startups. El tema fue Strategy (MSTR), antes MicroStrategy, la empresa pública conocida por tener el mayor tesoro corporativo de bitcoin.

Voorhees, fundador del exchange de criptomonedas ShapeShift y defensor de bitcoin desde hace mucho tiempo, sostuvo que la estrategia de acumular la mayor cantidad posible de BTC resulta coherente si la empresa cree firmemente en el valor de largo plazo de bitcoin. La idea, planteada de forma simple, es que si BTC se aprecia con el tiempo, mantenerlo como activo central de tesorería puede convertirse en una ventaja competitiva, aunque implique asumir volatilidad.

Calacanis se mostró más escéptico. Señaló que, cuando las estructuras financieras se vuelven difíciles de explicar o empiezan a depender de nuevas métricas, eso le genera dudas como inversionista. Puso como ejemplo el “EBITDA comunitario”, una formulación que, en su opinión, aumenta la complejidad y puede afectar la transparencia percibida. Su crítica no fue contra bitcoin en abstracto, sino contra la forma de presentar y sostener ciertas estrategias corporativas.

La tensión entre ambas posturas refleja un punto de fondo: bitcoin puede ser visto como activo monetario, como cobertura, o como herramienta de estrategia corporativa, pero cada enfoque exige distintos estándares de claridad y gestión de riesgos. Para un inversionista institucional tradicional, la explicación del apalancamiento, el gobierno corporativo y la contabilidad puede pesar tanto como la tesis sobre el precio de BTC. Para un bitcoiner convencido, la acumulación puede ser el mensaje principal.

Oro, “solo hay uno” y el trasfondo de la discusión

El debate también se cruza con la narrativa histórica del oro como activo de reserva. En la nota se menciona que el multimillonario gestor de fondos de cobertura Ray Dalio comentó recientemente que “solo hay un oro”. Esa frase suele interpretarse como una defensa de la singularidad del metal como reserva universal, frente a la proliferación de activos que buscan ocupar un rol similar. En criptomonedas, el paralelo habitual sería que “solo hay un bitcoin”, pero Palihapitiya invierte el foco hacia las propiedades prácticas.

Para lectores nuevos, vale un marco básico: un banco central no solo compra activos por potencial de retorno. También lo hace por liquidez, aceptación internacional, facilidad para movilizar reservas y riesgos geopolíticos. En ese mapa, la transparencia de bitcoin es una virtud para auditoría pública, pero puede convertirse en una desventaja si el rastreo habilita discriminación entre unidades. Ahí aparece el concepto de monedas “marcadas”, que complica la noción de intercambiabilidad perfecta.

Nada de esto resuelve el debate de forma definitiva. La adopción soberana de bitcoin sigue siendo limitada en anuncios públicos, según el caso citado del Banco Nacional Checo. A la vez, el mundo corporativo sí ha ensayado estrategias más agresivas, como la de Strategy, lo que genera discusiones sobre métricas, contabilidad y comunicación a inversionistas. Son dos planos distintos, pero se alimentan del mismo interrogante: qué tan “reservable” es Bitcoin.

En conjunto, las declaraciones de Palihapitiya y la discusión entre Voorhees y Calacanis retratan un mercado que madura a golpes de preguntas incómodas. La privacidad, la fungibilidad y la transparencia no son solo debates filosóficos. Son variables que pueden decidir si bitcoin se consolida como activo de reserva para grandes instituciones, o si ese rol termina compartido con alternativas como stablecoins respaldadas por activos tradicionales, tal como sugirió el propio Palihapitiya.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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