Por Canuto  

Un ejecutivo de Citigroup encendió las alertas sobre el rumbo de la tokenización bancaria: si el dinero digital emitido por los bancos permanece encerrado en redes aisladas, la industria corre el riesgo de reconstruir las mismas ineficiencias que prometía eliminar con blockchain.
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  • Ryan Rugg, de Citi, dijo que los clientes corporativos no quieren soluciones de un solo banco, sino sistemas que funcionen entre múltiples instituciones.
  • El directivo señaló que las empresas globales priorizan pagos en tiempo real, siempre activos, para mover fondos entre nómina, proveedores e inversiones.
  • Citi sostiene que el futuro de las finanzas tokenizadas depende de infraestructura compartida en toda la industria y de regulación clara.

 


El dinero tokenizado podría quedarse muy por debajo de su promesa si continúa operando dentro de sistemas cerrados de cada banco. Esa fue la advertencia planteada por Ryan Rugg, jefe de Activos Digitales para Treasury and Trade Solutions en Citigroup, durante su participación en Consensus, celebrado en Miami Beach, Florida.

El ejecutivo sostuvo que el problema no es la idea de tokenizar depósitos o pagos, sino hacerlo en plataformas que no se comuniquen entre sí. A su juicio, si cada institución construye su propio entorno aislado, el sector terminará replicando muchas de las fricciones históricas que han marcado a la banca tradicional.

La advertencia apunta a uno de los debates centrales dentro de la adopción institucional de blockchain. Aunque cada vez más bancos, fintechs y proyectos cripto desarrollan soluciones para pagos digitales y dinero tokenizado, muchas de esas herramientas funcionan dentro de redes cerradas, con estándares distintos y poca interoperabilidad real.

Para Rugg, ese enfoque es insuficiente para los grandes clientes corporativos. Según explicó, las compañías globales que trabajan con Citi no están buscando un producto que dependa de un solo banco, sino una infraestructura capaz de mover valor con fluidez entre múltiples actores del sistema financiero.

Los clientes quieren un sistema multibanco y siempre activo

Durante su intervención, Rugg resumió esa demanda con una frase directa: “Nadie quiere solo un token de Citi”. Luego añadió: “Quieren ese aspecto multibanco”. Con ello, dejó claro que la utilidad del dinero tokenizado no depende solo de su existencia, sino de su capacidad para circular entre distintas instituciones sin generar nuevos cuellos de botella.

La lógica detrás de esa postura responde a la realidad operativa de las grandes empresas. Rugg indicó que muchos clientes de Citi administran “cientos, si no miles, de cuentas bancarias en múltiples bancos a nivel global”, un esquema que vuelve compleja la gestión de liquidez y el movimiento de fondos para distintas obligaciones.

En ese entorno, los pagos no se limitan a una sola función. Las compañías deben transferir dinero para nómina, proveedores e inversiones, a menudo en diferentes jurisdicciones, husos horarios y sistemas bancarios. Por eso, la demanda se ha orientado con fuerza hacia mecanismos que funcionen en tiempo real y sin interrupciones.

Rugg afirmó que esa necesidad no es nueva. Recordó que en una encuesta realizada por Citi hace varios años, la respuesta de los clientes fue “básicamente unánime” al señalar que los pagos más rápidos y siempre activos estaban entre sus principales prioridades. En otras palabras, el mercado corporativo ya venía presionando por esta transformación desde antes del auge reciente de la tokenización.

Blockchain ofrece una vía, pero no basta con mejoras internas

Desde la perspectiva de Citi, la tecnología blockchain sí puede servir como base para resolver parte de estas fricciones. Sin embargo, Rugg insistió en que ese potencial solo se materializa si los sistemas pueden conectarse entre sí y operar más allá de las fronteras de una sola plataforma bancaria.

Citi ya ha desarrollado su propia plataforma tokenizada. Además, la entidad la ha conectado a su red bancaria más amplia, incluida una infraestructura de compensación en dólares estadounidenses disponible 24/7 con más de 300 bancos. Ese punto sugiere que la institución no habla solo desde la teoría, sino desde una experiencia práctica en la construcción de herramientas de pago digital.

Aun así, el directivo remarcó que las mejoras dentro de una entidad, por sí solas, no resuelven el problema estructural. “Esta es otra herramienta en la caja de herramientas”, dijo, al subrayar que los bancos también deben modernizar la infraestructura tradicional y enlazarla con los nuevos sistemas digitales en lugar de tratarlos como mundos separados.

Esa visión encaja con una realidad más amplia del sector financiero. La transición hacia dinero tokenizado no implica necesariamente reemplazar toda la banca existente de un golpe. En muchos casos, el desafío consiste en conectar procesos heredados, redes bancarias tradicionales y nuevas capas de liquidación digital de una forma que sea útil para empresas con operaciones globales.

El riesgo de reconstruir la misma fragmentación

Uno de los puntos más relevantes de la intervención de Rugg fue su crítica a la creciente fragmentación del ecosistema. En la actualidad, un número cada vez mayor de bancos, empresas fintech y proyectos cripto desarrolla sus propias redes, con arquitecturas y estándares que no siempre son compatibles entre sí.

Ese patrón, según su argumento, amenaza con reproducir exactamente las ineficiencias que blockchain prometía resolver. Si el dinero tokenizado solo puede moverse dentro de una red privada o requiere múltiples capas de conversión para cruzar hacia otra, la experiencia final para las empresas puede terminar siendo tan compleja como la del sistema actual.

En términos prácticos, la interoperabilidad se vuelve un requisito más importante que la simple digitalización del activo. No basta con emitir depósitos tokenizados o habilitar pagos sobre rieles blockchain si esos instrumentos siguen atrapados en silos operativos que obligan a depender de intermediarios, horarios o procesos de reconciliación lentos.

Por eso, Rugg defendió la idea de una infraestructura compartida, diseñada “para la industria, por la industria”. Como referencia, mencionó modelos como la red global de mensajería de Swift, que durante décadas ha servido como estándar común de comunicación entre instituciones financieras de distintos países.

Regulación y escala global, las otras piezas del rompecabezas

La interoperabilidad no es el único obstáculo. Rugg también dejó claro que la regulación sigue actuando como una limitación importante para la expansión de las finanzas tokenizadas dentro de la gran banca. Para instituciones del tamaño de Citi, lanzar nuevos productos sin marcos legales plenamente definidos no es una opción viable.

Su postura quedó resumida en otra frase contundente: “A menos que sea 100% permisible, no vamos a hacer eso”. La declaración refleja el nivel de cautela con el que operan los grandes bancos cuando se trata de introducir innovaciones sobre dinero, pagos y activos digitales en mercados regulados.

Ese factor ayuda a explicar por qué el desarrollo del dinero tokenizado avanza de forma desigual. La tecnología puede estar disponible, e incluso existir interés comercial por parte de clientes corporativos, pero la adopción a gran escala depende de que las reglas sean claras sobre emisión, liquidación, cumplimiento y responsabilidades legales entre participantes.

Según la información reportada por CoinDesk, Rugg vinculó el futuro de estas finanzas tokenizadas a dos condiciones simultáneas: una infraestructura compartida en toda la industria y reglas suficientemente claras como para sostener flujos monetarios de alcance global. Sin ambos elementos, la tokenización corre el riesgo de quedarse en pilotos útiles, pero limitados.

La reflexión de Citi llega en un momento en que el sector financiero explora activamente depósitos tokenizados, stablecoins bancarias y sistemas de liquidación continua. Pero el mensaje del banco es que la innovación no debe medirse solo por cuántas plataformas nuevas se lanzan, sino por la capacidad de esas plataformas para integrarse en una red funcional a escala internacional.

Visto así, el desafío no es únicamente tecnológico. También es institucional. El dinero tokenizado podría acelerar pagos y reducir fricciones, pero solo si bancos, reguladores y proveedores de infraestructura evitan caer en la tentación de construir soluciones aisladas que compitan entre sí sin un lenguaje común.

En ese sentido, la advertencia de Rugg funciona como una llamada de atención para la industria. Si la banca tokenizada quiere diferenciarse de los sistemas heredados, necesitará demostrar que puede ofrecer algo más que versiones digitales de viejos silos financieros. El verdadero salto, según su planteamiento, será lograr una red interoperable, continua y apta para las exigencias de las grandes empresas globales.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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