Ejecutivos financieros ofrecieron en una cumbre en Hong Kong pronósticos opuestos sobre el auge de la IA: unos temen que el gasto y las valoraciones excedan los retornos, mientras otros destacan la demanda de computación y su posible efecto económico.
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- Emmanuel Roman, de Pimco, estimó que la financiación de la IA podría acercarse a USD $10 billones en cinco años y advirtió sobre una eventual desaceleración.
- Ted Pick, de Morgan Stanley, calculó que desarrollar la IA podría requerir entre USD $10 y USD $15 billones durante la próxima década.
- Los ejecutivos también debatieron si el valor a largo plazo quedará en la infraestructura o pasará a las empresas que desarrollen aplicaciones de IA.
⚠️ Wall Street debate el costo de la IA
Pimco estima hasta USD 10 billones en financiación en cinco años y advierte de una posible desaceleración.
Morgan Stanley calcula inversiones de USD 10 a 15 billones en una década.
La demanda de computación supera la oferta, pero… pic.twitter.com/IM5TFAiuDO
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) November 3, 2026
Wall Street se divide sobre el costo y los retornos de la inteligencia artificial
La inversión en inteligencia artificial (IA) se convirtió en motivo de debate entre algunos de los principales nombres de Wall Street durante una cumbre financiera en Hong Kong. Mientras varios ejecutivos alertaron que el gasto y las valoraciones podrían adelantarse a los retornos, otros defendieron la solidez de la demanda y el potencial económico de la tecnología.
Las declaraciones se produjeron en la Cumbre de Inversión de Líderes Financieros Globales, organizada por la Autoridad Monetaria de Hong Kong (HKMA). Bloomberg informó sobre las distintas perspectivas expuestas en el encuentro, donde los participantes no cuestionaron la magnitud del cambio tecnológico, sino la forma de financiarlo y el tiempo que podría tomar recuperar las inversiones.
Advertencias sobre costos, valoraciones y posibles frenos
Emmanuel Roman, de Pimco, estimó que la financiación vinculada con la IA podría alcanzar cerca de USD $10 billones en cinco años. A su juicio, ese volumen terminaría siendo excesivo, una advertencia que pone el foco en la distancia entre la velocidad de construcción de infraestructura y la capacidad de las empresas para convertirla en ingresos sostenibles.
Roman también señaló que una desaceleración podría desencadenarse por distintos factores macroeconómicos y geopolíticos, entre ellos un aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, una guerra en Oriente Medio o una crisis en la Eurozona. Según CNBC TV18, resumió el riesgo diciendo que en algún momento llegará una desaceleración y entonces algunas cosas se romperán; la frase plantea un escenario de fragilidad, no una fecha ni una predicción segura.
John Connaughton, chair de Bain Capital, sostuvo que algunos activos relacionados con la IA ya alcanzan valoraciones muy altas. La cuestión central, según su planteamiento, es si quienes invierten en ellos podrán obtener retornos que estén a la altura de esos precios, una incógnita especialmente relevante cuando las expectativas de crecimiento elevan el valor de una empresa antes de que sus resultados demuestren todo su potencial.
Jenny Johnson, de Franklin Templeton, añadió otra dimensión a la discusión: las mayores empresas de servicios en la nube están pasando de modelos que requieren poco capital a negocios que demandan inversiones intensivas. Ese cambio puede alterar la manera de evaluar sus necesidades financieras, porque expandir capacidad y sostener nuevos servicios exige más recursos, mientras los inversionistas siguen buscando señales de que el gasto se traduzca en retornos.
Los bancos ven oportunidades en la escala de la inversión
Ted Pick, de Morgan Stanley, calculó que desarrollar la IA podría requerir entre USD $10 y USD $15 billones durante la próxima década, una cifra que refleja la escala de capital que, a su entender, podría movilizar la expansión de esta tecnología.
Pick también sostuvo que ese gasto podría sumar entre 0,5 y 0,7 puntos porcentuales al crecimiento del PIB real, de acuerdo con The Standard. La estimación vincula la construcción de capacidades de IA con una posible contribución al crecimiento económico, aunque no elimina la incertidumbre sobre qué proyectos serán rentables ni sobre cómo se distribuirían los beneficios entre empresas y sectores.
Pick reconoció que algunos proyectos con finanzas débiles no sobrevivirán. Sin embargo, describió las correcciones habituales del mercado como saludables, una postura que distingue entre el riesgo de que ciertos emprendimientos fracasen y la posibilidad de que una revisión de precios permita separar inversiones con fundamentos más sólidos de aquellas que dependen de expectativas difíciles de cumplir.
David Solomon, de Goldman Sachs, destacó que la demanda de potencia informática todavía supera la oferta. Al mismo tiempo, consideró probable que el valor de largo plazo termine trasladándose hacia las compañías que desarrollen aplicaciones de IA, en lugar de permanecer concentrado únicamente en la infraestructura necesaria para entrenar o ejecutar sistemas.
La infraestructura no garantiza quién capturará el valor
La diferencia entre construir capacidad de computación y crear aplicaciones rentables atraviesa buena parte del debate. La demanda de potencia informática puede respaldar inversiones en centros y servicios de nube, pero por sí sola no demuestra qué empresas podrán convertir esa capacidad en productos con uso sostenido y retornos suficientes.
La advertencia de Johnson sobre el paso a negocios intensivos en capital ayuda a entender por qué la expansión de la nube puede ser a la vez una oportunidad y un riesgo financiero. Si las empresas deben comprometer más recursos para atender la demanda, los inversionistas tendrán que observar no solo el crecimiento del uso, sino también la relación entre el costo de ampliar la infraestructura y los ingresos que finalmente genere.
La lectura de Solomon apunta a una posible segunda etapa del auge: que las aplicaciones capturen una parte mayor del valor económico creado por la IA. Esa posibilidad no significa que la infraestructura vaya a perder importancia, sino que el debate sobre retornos puede depender de quién consiga ofrecer usos capaces de justificar las grandes inversiones realizadas aguas arriba.
Jon Gray, de Blackstone, dijo que cierto escepticismo resulta saludable y añadió que la IA impulsará más inversión y una mayor demanda de capital. Su comentario coincide parcialmente con las advertencias de los ejecutivos más cautelosos: ambos lados anticipan una movilización importante de recursos, aunque difieren sobre cuánto riesgo implican las valoraciones y qué tan rápidamente llegarán los beneficios.
El mercado examina el gasto tras las caídas tecnológicas
La cobertura de la cumbre situó el debate después de una fuerte caída de las acciones tecnológicas en octubre. Los resultados trimestrales de empresas como Alphabet renovaron las dudas sobre si el alto gasto asociado con la IA producirá los frutos esperados.
Ese contexto ayuda a explicar por qué la discusión no se limita a pronosticar cuánto dinero atraerá la IA. Cuando las expectativas sobre el crecimiento y la rentabilidad son elevadas, los resultados empresariales pueden poner a prueba la confianza de los inversionistas y reabrir preguntas sobre el ritmo de las inversiones, las valoraciones y el tiempo necesario para obtener retornos.
Las declaraciones de Roman, Connaughton y Johnson subrayan distintos puntos vulnerables: una eventual desaceleración, activos que ya cotizan a precios altos y empresas de nube que necesitan más capital. Las de Pick, Solomon y Gray, en cambio, destacan la posibilidad de que el gasto acompañe una demanda vigorosa, contribuya al crecimiento y abra oportunidades más allá de la infraestructura.
La cumbre no resolvió cuál de esas lecturas prevalecerá. La tensión central sigue siendo cómo equilibrar la demanda de computación con el costo de expandirla y qué señales permitirán distinguir las inversiones capaces de generar retornos de aquellas que podrían quedar expuestas si cambian las condiciones financieras o económicas.
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