Por Canuto  

Una encuesta de Accenture a 150 empresas encontró que el 10% había integrado IA generativa en varias funciones de negocio. La resistencia al cambio y la infraestructura digital anticuada figuran entre los obstáculos señalados para ampliar su adopción.
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  • El 10% de las empresas de Hong Kong encuestadas por Accenture había integrado IA generativa en varias funciones de negocio.
  • La resistencia organizacional y la infraestructura digital anticuada aparecen entre las barreras señaladas.
  • Robert Hah destacó iniciativas gubernamentales, capacitación y mercados de capitales sólidos como condiciones favorables.


La adopción de IA generativa en varias funciones sigue siendo poco común en Hong Kong

La inteligencia artificial despierta interés entre las empresas de Hong Kong, pero pocas han extendido su uso a distintas áreas del negocio. Una encuesta de Accenture encontró que el 10% de las compañías consultadas había integrado IA generativa en varias funciones, según informó el South China Morning Post.

El dato se refiere a la integración de IA generativa en múltiples funciones empresariales; no significa que solo ese porcentaje use IA de alguna forma ni permite concluir que las demás compañías no la hayan probado o aplicado parcialmente. La medición apunta, más bien, a la dificultad de extender estas herramientas más allá de usos limitados.

La encuesta abarcó a 150 empresas. La información divulgada no precisa el método de selección de las compañías ni ofrece un desglose por tamaño, sector o nivel de adopción, de modo que el resultado describe a las firmas consultadas, pero no basta por sí solo para afirmar que representa a todas las empresas de Hong Kong.

Robert Hah, de Accenture, describió a la ciudad como un lugar con grandes ambiciones e interés por la IA, además de condiciones que considera favorables para avanzar. Sin embargo, señaló que pocas compañías han conseguido ampliar el uso de la tecnología a varias funciones, una distinción importante: probar herramientas o desplegarlas en un área no equivale a incorporarlas en distintos procesos de trabajo.

Entre las dificultades mencionadas figuran la resistencia al cambio organizacional y una infraestructura digital anticuada. Ambas barreras apuntan a desafíos distintos: la primera involucra la disposición de las personas y de las estructuras internas a modificar prácticas, mientras la segunda señala que los sistemas existentes pueden complicar la incorporación de nuevas herramientas.

La resistencia organizacional importa porque integrar IA no consiste solamente en adquirir una solución tecnológica. También requiere que los equipos y las áreas de una empresa acepten revisar cómo realizan sus tareas. La información publicada no especifica qué formas concretas adopta esa resistencia ni qué grupos de trabajadores o directivos la expresan con mayor frecuencia.

La antigüedad de la infraestructura digital representa otro freno señalado, pero el reporte no identifica sistemas específicos ni cuantifica el costo de modernizarlos. Por eso, el dato permite reconocer la existencia del problema sin atribuirle una causa técnica más precisa: no se informa si las empresas enfrentan dificultades de compatibilidad, falta de capacidad u otras limitaciones, ni se detallan inversiones previstas para resolverlas.

Hah también destacó factores que, a su juicio, podrían facilitar una mayor adopción empresarial. Mencionó iniciativas del gobierno para promover la industria de IA y mejorar las habilidades de la fuerza laboral, así como la solidez de los mercados de capitales de Hong Kong, elementos que presentó como condiciones favorables para que las compañías avancen.

Esas condiciones describen un entorno propicio, pero no significan que la integración ocurra de forma automática. La diferencia entre el interés señalado por Accenture y el porcentaje de empresas que ya incorporó IA generativa en varias funciones muestra que el apoyo público, la capacitación y los mercados de capitales sólidos no eliminan por sí mismos los obstáculos internos y tecnológicos.

El sondeo no ofrece un calendario para que las compañías superen esas barreras ni anticipa cuánto podría aumentar la adopción en el futuro. Tampoco permite medir el impacto de la IA sobre la productividad o los resultados financieros de las empresas consultadas, por lo que cualquier conclusión sobre beneficios concretos excedería la información difundida.

Por ahora, el hallazgo central es una brecha entre interés y despliegue: Hong Kong cuenta, según Hah, con ambición y factores favorables, pero solo el 10% de las empresas encuestadas había extendido la IA generativa a varias funciones de negocio. La resistencia al cambio y la infraestructura antigua aparecen como obstáculos, aunque la encuesta divulgada no determina qué combinación de medidas permitiría resolverlos ni cuánto tardaría ese proceso.


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