La inflación mundial de alimentos podría acelerarse durante los próximos meses y prolongarse hasta 2027. Conflictos que interrumpen los embarques, sequías asociadas con El Niño y mayores costos de transporte y fertilizantes están presionando los precios de cereales y productos básicos, con efectos más duros para los hogares de bajos ingresos.
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- El índice de precios de alimentos de la FAO promedió 136 puntos en septiembre, su nivel más alto desde noviembre de 2022.
- Los ataques en el mar Negro, la inseguridad en el mar Rojo y la guerra en Irán elevan costos y dificultan los envíos.
- La FAO advierte que los colchones de existencias y cosechas previas comienzan a estar bajo presión.
🌾🚢 La inflación de alimentos podría extenderse hasta 2027
El índice de la FAO llegó a 136 puntos en septiembre, su nivel más alto desde noviembre de 2022.
Conflictos, sequías y mayores costos de transporte y fertilizantes presionan los precios. Los hogares de bajos ingresos… pic.twitter.com/D7btfJwNCd
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 19, 2026
La inflación mundial de alimentos podría intensificarse durante los próximos meses y persistir hasta bien entrado 2027, a medida que confluyen interrupciones en el transporte marítimo, sequías vinculadas con El Niño y mayores costos de producción. Un análisis de Reuters publicado el 19 de octubre de 2026 describe cómo esos shocks están encareciendo cereales y productos básicos, mientras los consumidores de menores ingresos destinan una parte mayor de sus recursos a la comida.
El costo de la canasta básica aprieta a los hogares
En el centro de Yakarta, Muhamad Yasin, un acomodador de coches de 63 años y padre de cuatro hijos, dice que ha reducido sus comidas porque algunos alimentos básicos quedaron fuera de su presupuesto. Antes pagaba entre IDR 7.000 y 8.000 por arroz, tempeh y tofu, pero ahora el mismo conjunto cuesta IDR 15.000; Yasin gana entre IDR 200.000 y 300.000 por semana, además de vigilar motocicletas estacionadas cerca de un minimercado.
La presión no se limita a Indonesia: el precio del arroz en el país alcanzó un máximo histórico en medio de pronósticos de lluvias tardías, mientras el pan no subsidiado en Egipto subió alrededor de 25% desde julio. En India, los precios del azúcar llegaron a un récord después de que un monzón más débil que cualquier otro en más de una década redujera la producción, un panorama que deja a los hogares expuestos tanto a la escasez local como a las cotizaciones internacionales.
Los datos del Banco Mundial reflejan la amplitud del problema: en el trimestre terminado en septiembre, los precios de los alimentos superaron la inflación general en 22% de los 150 países analizados, frente a 14% en el trimestre anterior. La carga resulta especialmente severa en países de ingresos bajos y medios de Oriente Medio, el norte de África y Asia, donde la alimentación representa una proporción mayor del gasto doméstico.
El índice de precios de alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, que sigue los cambios mensuales de una canasta de materias primas comercializadas internacionalmente, promedió 136 puntos en septiembre, 1,5% por encima de agosto. Fue su lectura más alta desde noviembre de 2022, según la FAO. El economista jefe del organismo, Máximo Torero, dijo que el sistema enfrenta una presión considerable, con efectos que podrían sentirse hacia finales de 2026, a comienzos de 2027 y potencialmente durante el año próximo.
Conflictos y clima alteran la oferta y elevan los costos
Los ataques contra infraestructura de cereales en el mar Negro han interrumpido embarques de trigo y empujado a grandes importadores, entre ellos Egipto e Indonesia, a buscar proveedores alternativos. A la vez, la inseguridad en el mar Rojo desvía buques hacia rutas más largas alrededor de África, lo que aumenta el tiempo y el costo de transportar alimentos entre regiones.
La guerra de Estados Unidos e Israel en Irán ha encarecido el combustible y alterado exportaciones de fertilizantes que pasan por el estrecho de Ormuz, elevando los costos agrícolas justo cuando El Niño trae condiciones secas a India y el sudeste asiático. Reuters informó el 15 de octubre que las interrupciones del transporte por Ormuz ya comenzaban a afectar las cosechas, según una agencia de la ONU, en su nota “Hormuz shipping disruption is starting to hit harvests, UN agency says”. Según la información citada por Reuters, el trigo subió más de 30% en 2026 y el arroz en los principales países exportadores asiáticos avanzó entre 10% y 13%, pese a que esos mercados cuentan con grandes existencias.
Los fertilizantes cotizan por debajo de los máximos alcanzados durante la guerra en Irán, pero siguen caros, mientras que las tarifas de flete aumentaron cerca de 50% en algunas rutas globales clave, incluida la conexión entre el mar Negro y el sudeste asiático. El encarecimiento del petróleo y las primas de guerra contribuyen a esa factura logística, que se suma al costo de materias primas, energía y producción agrícola.
Manish Tiwary, presidente y director general de Nestlé India, describió el aumento de la inflación, en particular la de alimentos, como una realidad y señaló que la empresa afronta un entorno desafiante por el mayor costo de las materias primas. El efecto ya aparece en productos concretos: en Emiratos Árabes Unidos, el aceite de cocina aumentó aproximadamente 40%, mientras que el aceite vegetal en Indonesia subió 7% durante el año, aunque el país sea el mayor productor mundial de aceite de palma.
El encarecimiento llega a panaderías y procesadores
En Egipto, una barra grande de pan no subsidiado cuesta cerca de EGP 5, frente a EGP 4 en julio, pero los panaderos también enfrentan aumentos en gastos distintos de la harina. Sayed Abdel Hamid Mohamed, que trabaja en una panadería del centro de El Cairo, mencionó el costo de contratar trabajadores calificados y el alza de la electricidad, el agua, la levadura y otros materiales necesarios para producir el pan.
Tarek Azab, cliente de esa panadería, afirmó que los precios han subido de forma continua y repetida durante los últimos años. Su experiencia ilustra cómo las alzas de materias primas pueden combinarse con costos de servicios e insumos locales, haciendo que el precio final no dependa únicamente de la cotización internacional del trigo o de la harina.
Las empresas procesadoras también afrontan mayores costos al renovar contratos de compra de materias primas que suelen cubrir periodos de tres a seis meses. En Indonesia, la depreciación de la moneda local amplifica el impacto de los fletes y de los productos importados; Franciscus Welirang, director de PT Indofood, dijo que el costo del transporte aumenta al convertirse a rupias y que el debilitamiento de la moneda intensifica la factura.
La dificultad no es solo pagar más, sino asegurar el suministro. Un alto ejecutivo de una empresa molinera de harina en Yakarta, que pidió no ser identificado porque no estaba autorizado a hablar con los medios, indicó que varias instalaciones indonesias operan por debajo de su capacidad debido a la reducción de las llegadas de carga vinculada con la guerra entre Rusia y Ucrania; los arribos de trigo cayeron 41% interanual en septiembre, hasta 491.000 toneladas métricas, según datos de Kpler.
La demanda de importación podría presionar más los mercados
La subida de precios comenzó a finales de 2025, pero la disminución de los suministros locales y el traslado de mayores costos de materias primas a los consumidores podrían acelerar la inflación. Algunos grandes importadores de Oriente Medio y África habían pausado sus compras después de obtener buenas cosechas locales, aunque ahora deben volver al mercado internacional y podrían elevar la demanda justo cuando varios corredores comerciales afrontan interrupciones.
Alexander Karavaytsev, economista sénior del Consejo Internacional de Cereales, con sede en Londres, anticipó que en cuestión de meses podría surgir una nueva ola significativa de compras si esos importadores regresan al mercado. La posibilidad importa porque un aumento de demanda concentrado en poco tiempo puede intensificar la competencia por los cargamentos disponibles, en especial si los problemas de transporte y producción persisten.
Las existencias mundiales récord de cereales y las buenas cosechas de temporadas anteriores han funcionado como un amortiguador, pero Torero advirtió que esa protección empieza a debilitarse. Si las reservas pierden margen mientras se mantienen las interrupciones de oferta, los aumentos de los precios de las materias primas podrían ser más pronunciados, con una transmisión posterior a procesadores, comercios y consumidores.
Por ahora, los suministros de soja y maíz son abundantes, aunque las perspectivas futuras dependen de la producción en Estados Unidos y América del Sur. Los precios más altos del petróleo también han respaldado a ambos cultivos por su creciente uso en biocombustibles, lo que conecta los mercados agrícolas con la evolución de la energía y puede modificar el equilibrio entre alimentos y otros usos de las cosechas.
Las próximas cosechas y las decisiones públicas serán claves
Se esperan cosechas favorables de trigo en el hemisferio sur, pero cualquier deterioro de la producción en exportadores como Australia y Argentina podría añadir presión alcista, según Karavaytsev. El economista señaló que existe un riesgo significativo de que los precios suban, una advertencia que depende de cómo evolucionen las cosechas, los flujos comerciales y la demanda de los países importadores.
El aumento de los alimentos también eleva el riesgo de disturbios sociales, sobre todo cuando los hogares deben recortar comidas o afrontar alzas repetidas en productos esenciales. Además, existe la posibilidad de que gobiernos de países proveedores clave impongan prohibiciones de exportación para proteger sus mercados internos; si varios adoptaran esa medida, la reducción de la oferta disponible podría agravar aún más la escasez internacional.
La combinación de sequía, guerra, fertilizantes caros y rutas marítimas más costosas significa que la inflación alimentaria no depende de un único producto ni de un solo país. Los casos de Indonesia, Egipto, India y Emiratos Árabes Unidos muestran distintas formas en que el problema alcanza a consumidores y empresas, desde el arroz y el azúcar hasta el pan, el aceite y los costos de procesamiento.
El rumbo de los precios durante 2027 dependerá de cuánto duren las interrupciones logísticas, de si las cosechas del hemisferio sur cumplen las expectativas y de la rapidez con que regresen los importadores a los mercados mundiales. Mientras tanto, las cifras de la FAO, el Banco Mundial y Kpler apuntan a una oferta sometida a tensión y a hogares vulnerables con menos margen para absorber nuevos incrementos.
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