Un nuevo repaso divulgativo de Ben Azadi sostiene que muchas personas mayores de 40 años estarían tomando creatina de forma ineficiente. El enfoque no se limita al rendimiento físico: conecta la absorción del suplemento con energía celular, composición corporal, función cognitiva y envejecimiento.
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- Ben Azadi afirma que la creatina depende de sodio, hidratación e insulina para entrar mejor a la célula.
- El autor cita estudios y metaanálisis que vinculan la creatina con más masa muscular, mejor control glucémico y menor grasa corporal.
- La propuesta práctica es simple: 5 g diarios, con comida, buena hidratación y electrolitos, especialmente después de los 40.
La creatina ha sido asociada durante décadas con el gimnasio y el aumento de masa muscular, pero una revisión divulgativa reciente plantea un panorama mucho más amplio. En el contenido You’re Taking Creatine WRONG… This Shrinks Fat Cells by 30%, Ben Azadi sostiene que buena parte de los adultos mayores de 40 años la estaría usando mal, lo que limitaría su absorción y, con ello, sus posibles beneficios metabólicos y cognitivos.
La tesis central es que el problema no estaría en la creatina como compuesto, sino en el contexto fisiológico en que se consume. Azadi argumenta que muchas personas la toman en ayunas, con agua sola y en un estado de baja hidratación o escasez de electrolitos. Según su explicación, eso reduciría la entrada del suplemento a la célula y favorecería que una fracción importante termine siendo eliminada.
El planteamiento va más allá del rendimiento deportivo. El autor describe la creatina como un compuesto de energía celular ligado al ATP, la molécula que utilizan músculos, cerebro, corazón, sistema inmune y tejido adiposo para sostener funciones básicas. Bajo esa lectura, una baja disponibilidad intracelular de creatina no solo afectaría el entrenamiento, sino también la recuperación, la claridad mental y el metabolismo después de los 40 años.
Azadi subraya que la creatina es uno de los compuestos más estudiados en nutrición deportiva y longevidad, con más de 700 ensayos en humanos mencionados en su exposición. Asegura además que nuevas líneas de investigación la colocan como una herramienta subutilizada para el eje músculo cerebro en adultos que envejecen, en un momento en que la sarcopenia, la fatiga y la menor producción de energía celular empiezan a ganar relevancia.
La explicación celular detrás de la absorción
Una de las ideas centrales del video es que la creatina no entra libremente a la célula muscular. Para lograrlo, necesita un transportador específico dependiente de sodio. En términos simples, Azadi dice que ese “portal” funciona mejor cuando el organismo tiene suficiente sodio y un entorno metabólico favorable.
Ese punto es importante porque contradice la rutina común de tomar creatina apenas al despertar, muchas veces tras horas de ayuno y deshidratación nocturna. En ese escenario, el autor asegura que el cuerpo tendría niveles bajos de fluidos y electrolitos, lo que limitaría la eficiencia del transporte celular. También menciona el café matutino, el entrenamiento intenso y el sauna como factores que pueden agravar ese cuadro si no se corrigen primero con hidratación.
Para respaldar la idea, Azadi cita un estudio de 1996 publicado en Acta Physiologica Scandinavica. En ese ensayo, 24 hombres sanos recibieron 5 g de creatina durante 5 días. Un grupo la tomó con agua sola y otro la combinó con carbohidratos. Según el autor, el grupo con carbohidratos absorbió cerca de un 60% más creatina en el músculo que el grupo con agua sola.
La explicación que ofrece es que la respuesta de insulina y el impulso sobre el manejo de sodio facilitarían el trabajo del transportador. Añade que hallazgos similares fueron replicados en estudios de seguimiento de 1998 y 2000. El mensaje práctico es que no bastaría con la dosis o la marca. También importaría el estado de hidratación y la presencia de alimentos o electrolitos al momento de consumirla.
Azadi llega a afirmar que algunas personas podrían estar perdiendo entre un 30% y un 60% de la dosis diaria si la consumen en ayunas y con agua sola. Aunque ese rango forma parte de su interpretación divulgativa, sirve para ilustrar el punto central del contenido: el suplemento podría ser útil, pero su efecto dependería en buena medida de cómo se administra.
Creatina, grasa corporal y metabolismo
Otro de los ejes del análisis es la relación entre creatina y pérdida de grasa. Azadi aclara que no la presenta como un “quemador” de grasa en el sentido clásico, ya que no eleva la frecuencia cardiaca ni provoca sudoración como la cafeína. Sin embargo, sostiene que la evidencia disponible sugiere efectos indirectos sobre la composición corporal.
Como primer respaldo, menciona un metaanálisis de 2020 publicado en Nutrients sobre adultos de 50 años o más que realizaban entrenamiento de fuerza. De acuerdo con su resumen, quienes usaron creatina perdieron más masa grasa que quienes recibieron placebo, pese a mantener rutinas de ejercicio y alimentación comparables.
También cita un metaanálisis de 2024 en el Journal of Strength and Conditioning Research con 12 ensayos aleatorizados en adultos menores de 50 años. Según Azadi, el grupo con creatina perdió en promedio alrededor de 0,7 kilogramos más de grasa y redujo su porcentaje graso en casi un punto porcentual frente al grupo que entrenó sin suplementación.
Su explicación combina tres mecanismos. El primero es el aumento de disponibilidad de ATP, que ayudaría a sostener un metabolismo más eficiente. Bajo esa lógica, células con más energía tenderían a utilizar mejor los combustibles y a sostener un gasto energético basal más robusto.
El segundo mecanismo proviene de un trabajo de 2015 publicado en Cell por un grupo de Harvard. Azadi alude al llamado “futile creatine cycle” en grasa beige y marrón, un proceso en el que la creatina contribuiría a que la mitocondria disipe más energía en forma de calor. Según su descripción, cuando se bloqueó la creatina en células grasas de ratones, estos ganaron peso y desarrollaron resistencia a la insulina.
El tercer mecanismo tiene que ver con el manejo de glucosa. El autor menciona un estudio en la revista Diabetes donde voluntarios fueron inmovilizados con un yeso en la pierna durante dos semanas. En la extremidad inmovilizada, la proteína GLUT4 cayó cerca de un 20%. Luego, en rehabilitación, el grupo con creatina alcanzó niveles de GLUT4 alrededor de un 40% por encima de la línea basal, mientras el grupo placebo solo regresó a niveles normales.
En la práctica, ese dato apuntaría a una mejor capacidad del músculo para captar glucosa. Azadi traduce ese resultado en una posible mejora de la sensibilidad a la insulina, menos caídas de energía en la tarde y un entorno metabólico más favorable para oxidar grasa. Insiste, sin embargo, en que ninguno de esos beneficios se materializaría si la creatina no logra entrar de forma suficiente a la célula.
Qué cambia después de los 40 años
Gran parte del mensaje está dirigido a adultos de mediana edad y mayores. Azadi, de 41 años, plantea que a partir de los 40 comienzan a bajar las reservas naturales de creatina, se acelera la pérdida de músculo asociada con la edad y se vuelve más lenta la producción de ATP en la mitocondria. En su lectura, eso ayuda a explicar por qué algunas personas notan más grasa abdominal, peor recuperación y más niebla mental pese a mantener hábitos similares a los de años previos.
Dentro de esa narrativa, la creatina no aparece como un atajo estético, sino como una herramienta para mantener energía celular. El autor menciona una revisión narrativa de 2024 en la literatura de longevidad que describió a la creatina como uno de los compuestos más infrautilizados para el eje músculo cerebro en adultos mayores. Añade que una universidad canadiense estaría realizando un ensayo de 26 semanas en adultos mayores con deterioro cognitivo leve.
También incorpora un estudio de 2024 en Scientific Reports, donde una dosis alta única de creatina habría restaurado de forma medible la energía cerebral y el rendimiento cognitivo durante una noche sin dormir. Azadi usa ese hallazgo para ilustrar que el compuesto no solo interesa al músculo, sino también al cerebro en contextos de fatiga, viajes o privación de sueño.
El trasfondo de su argumento es que varios sistemas críticos del organismo dependen de ATP: la quema de grasa, la contracción muscular, la recuperación tras el ejercicio, la regulación de la glucosa y la función cognitiva. Si esa maquinaria pierde eficiencia con la edad, su propuesta es que la creatina podría ayudar a compensar parte del deterioro, siempre que se use correctamente y junto con entrenamiento y comida real.
Errores frecuentes y protocolo sugerido
Azadi enumera varios errores comunes. El primero es ingerir creatina al despertar, en ayunas y solo con agua. El segundo es hacerlo justo después de un entrenamiento muy intenso o después del sauna, cuando el cuerpo ya ha perdido fluidos y sodio. El tercero es apostar por productos baratos y mal micronizados, que en su opinión tendrían peor disolución, más molestias digestivas y mayor riesgo de impurezas.
En ese punto, el autor también hace referencias comerciales a una marca específica, Myioscience Micronized Creatine Monohydrate, que presenta como el producto que usa personalmente y recomienda a su familia. Sostiene que es micronizada y cuenta con pruebas de terceros, además de haber sido concebida para integrarse con electrolitos. Como se trata de una mención promocional dentro del propio contenido, conviene distinguirla de la evidencia científica citada a lo largo del análisis.
Más allá de la recomendación de marca, su protocolo es concreto. Propone 5 g diarios como mínimo, todos los días y sin ciclos. Sugiere tomarla con comida, idealmente junto con proteína y algo de carbohidratos, en lugar de combinarla con bebidas azucaradas. Como ejemplos menciona huevos y aguacate, yogur griego con arándanos, o pollo con vegetales.
Además, aconseja hidratarse antes de la dosis, con entre 12 y 16 onzas de agua de manantial, aproximadamente 30 minutos antes. También recomienda añadir electrolitos o al menos sal de buena calidad en la alimentación, junto con potasio y, si aplica, magnesio por la noche. Si hubo entrenamiento fuerte o sauna, sugiere rehidratar primero y tomar la creatina después.
El mensaje final es sobrio: la creatina no sería una solución mágica para la grasa corporal ni reemplazaría el ejercicio y la nutrición. Pero, según Azadi, sí podría representar una pieza útil en la salud metabólica, la prevención de sarcopenia y el mantenimiento de la función cerebral en personas mayores de 40 años. Su insistencia, en todo caso, está en el detalle operativo: dosis diaria, constancia, comida, hidratación y electrolitos.
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