El crédito digital se convirtió en un salvavidas para miles de argentinos, pero las tasas de tres dígitos y una morosidad récord amenazan con atrapar a los hogares en un ciclo de deuda cada vez más difícil de romper.
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- La morosidad de los hogares argentinos alcanzó 12,8% en junio, frente a 2,8% cuando Javier Milei asumió la presidencia, según el informe citado.
- PedidosYa ofrece préstamos a repartidores con una tasa anual de 131%, mientras Personal Pay cobra alrededor de 170%.
- Casi 6 millones de personas acumulan más de 90 días de atraso en sus pagos, según estimaciones de la Cámara Fintech.
🚨 Argentina: la morosidad de los hogares alcanzó 12,8% en junio, frente al 2,8% al asumir Milei.
Casi 6 millones acumulan más de 90 días de atraso.
PedidosYa ofrece créditos al 131% anual y Personal Pay, cerca del 170%. pic.twitter.com/uh7l0xHmbP
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 4, 2026
El crédito digital como último recurso
Cuando las autoridades de tránsito confiscan la motocicleta de un repartidor en Buenos Aires, recuperar el vehículo puede convertirse en una condición para volver a trabajar. Albert Quintero, un mensajero de 41 años, calcula que gana en promedio 70.000 pesos diarios, equivalentes a unos USD $46, pero las multas y tasas para recuperar una moto incautada pueden rondar los 140.000 pesos, cerca de USD $90. Para muchos trabajadores de aplicaciones, esa diferencia obliga a solicitar un préstamo antes de poder generar nuevamente ingresos.
El problema no termina con la aprobación del crédito, porque los préstamos digitales que utilizan estos trabajadores suelen tener costos muy elevados. PedidosYa ofrece financiamiento a sus repartidores con una tasa anual de 131%, mientras que la billetera digital Personal Pay cobra alrededor de 170%, según la información recopilada por Reuters. Quintero explicó que muchas personas simplemente no cuentan con el dinero necesario y terminan endeudándose para resolver una emergencia que afecta directamente su capacidad de trabajar.
La expansión de estas herramientas muestra cómo las aplicaciones fintech ocupan un espacio que durante años permaneció limitado en Argentina: el del crédito rápido para personas sin ingresos estables o empleo formal. Mariano Biocca, director ejecutivo de la Cámara Argentino Fintech, afirmó que las empresas del sector han extendido préstamos a clientes que los bancos tradicionales suelen excluir por sus requisitos. En ese contexto, una aplicación de reparto o una billetera digital puede funcionar simultáneamente como plataforma de trabajo, medio de pago y prestamista.
El crecimiento también refleja la presión que soportan los presupuestos familiares durante la reforma económica del presidente Javier Milei. Aunque la inflación se ha desacelerado y la estabilidad económica mejoró en algunos aspectos, los recortes a subsidios y otras medidas de austeridad comprimieron el ingreso disponible de los hogares. Para quienes no logran que sus ingresos acompañen el costo de vida, el crédito dejó de ser una herramienta excepcional y comenzó a utilizarse para cubrir necesidades cotidianas.
Una expansión con morosidad récord
El sector fintech argentino de préstamos pasó de registrar unos 500.000 créditos individuales hace seis o siete años a alcanzar aproximadamente 10 millones, de acuerdo con la Cámara Argentino Fintech. Ese aumento de 20 veces ocurre después de un largo período en el que la inflación descontrolada, las recesiones recurrentes y las crisis de deuda soberana desalentaron la oferta de financiamiento. Con una economía que ahora ofrece mayor previsibilidad, bancos y plataformas digitales volvieron a prestar, pero la demanda creció al mismo tiempo que se redujo el margen de maniobra de las familias.
La dificultad aparece con claridad en los datos de pago: casi 6 millones de personas acumulan más de 90 días de atraso, lo que representa cerca de un tercio de todos los prestatarios, según estimaciones compiladas por la Cámara Fintech. De acuerdo con el informe citado, la proporción de préstamos incobrables entre los hogares subió a 12,8% en junio, el nivel más alto desde que existen registros, iniciados en 2010. Cuando Milei asumió el cargo a finales de 2023, ese indicador se ubicaba en 2,8%.
Analistas consultados atribuyen parte del cambio a una transformación en la relación de los argentinos con sus deudas. Durante los períodos de inflación elevada, el valor real de las obligaciones podía erosionarse con rapidez, lo que reducía su peso relativo para algunos prestatarios; ahora, las tasas de interés reales marcadamente positivas, a menudo de tres dígitos, encarecen el repago. El resultado es que un préstamo contratado para cubrir una urgencia puede convertirse rápidamente en un compromiso que absorbe una porción creciente de los ingresos.
Los jóvenes aparecen entre los grupos más afectados por la deuda incobrable, según un informe de la consultora Analytica. Enrique Tobani, quien participó en una protesta realizada en agosto frente al Ministerio de Economía en Buenos Aires, sostuvo que muchas personas obtienen dinero con facilidad a través de las billeteras digitales sin comprender plenamente el interés que pagan. A su juicio, el problema se repite entre vecinos, familiares y trabajadores, una señal de que la morosidad no se concentra únicamente en un grupo aislado.
El costo político y los reclamos de alivio
El gobierno de Milei ha rechazado hasta ahora los pedidos de sindicatos, clientes y organizaciones de defensa para crear un alivio de deudas respaldado por el Estado. Los funcionarios describen los impagos como una consecuencia temporal del intento de ampliar el mercado privado de crédito, que equivale a 12% del producto interno bruto argentino y permanece muy por debajo del aproximadamente 80% registrado en Brasil. La posición oficial deja la negociación principalmente entre prestamistas y deudores, incluso cuando los hogares enfrentan dificultades para sostener gastos básicos.
El debate argentino tiene un paralelo regional, ya que responsables de política económica de Brasil expresaron recientemente preocupaciones por el aumento del endeudamiento familiar. Allí, el deterioro también se relaciona con productos de crédito costosos y estándares de otorgamiento considerados débiles, aunque la dimensión de ambos mercados no es comparable. Para Argentina, la discusión combina la necesidad de ampliar la inclusión financiera con el riesgo de que el acceso rápido se apoye en tasas que los trabajadores no pueden sostener.
Las encuestas citadas en el reporte muestran que las preocupaciones por el empleo ya superan a la inflación entre las prioridades de la opinión pública argentina. Mariano Machado, de la consultora de riesgos Verisk Maplecroft, advirtió que una posición externa más sólida no garantizará el éxito de Milei en la campaña de 2027 si la deuda familiar, el consumo débil y el empleo precario continúan definiendo la vida diaria. El endeudamiento personal, por tanto, podría transformarse en un problema político además de financiero.
Los testimonios de los repartidores ilustran por qué la discusión sobre requisitos y tasas tiene consecuencias inmediatas. Marcelo De Mattei, de 44 años, dijo que los bancos tradicionales exigen condiciones demasiado difíciles y señaló que obtiene alrededor de USD $13 diarios mediante los repartos para complementar sus ingresos. Mientras tanto, las asociaciones bancarias y las empresas fintech piden menores impuestos sobre los préstamos, con el argumento de que una carga tributaria menor reduciría los costos de endeudamiento.
Regulación, supervivencia y próximos riesgos
La Asociación de Bancos Públicos y Privados de la República Argentina, conocida como ABAPPRA, propuso el 28 de agosto modificar normas del banco central. El planteamiento otorgaría a los prestamistas mayor flexibilidad para clasificar a los clientes en mora y contabilizar los créditos vencidos, un cambio que podría alterar la forma en que se mide el deterioro de las carteras. Sin embargo, una clasificación más flexible no resolvería por sí misma la falta de ingresos que impide a numerosas familias pagar sus obligaciones.
Para los trabajadores de la economía gig, la deuda suele estar vinculada a la continuidad del ingreso y no a una compra discrecional. Una motocicleta retenida por las autoridades puede impedir que un repartidor acepte pedidos, y esa interrupción reduce precisamente los recursos disponibles para cubrir multas, tasas e intereses. El mecanismo crea un círculo en el que la aplicación facilita el préstamo, el préstamo permite volver a trabajar y el trabajo debe sostener una deuda contratada para conservar la fuente de ingresos.
Oriana Fernández, integrante del grupo de defensa Deudores Organizados, afirmó durante la protesta en Buenos Aires que los préstamos se están convirtiendo cada vez más en una forma de subsistencia. Según su descripción, las personas se endeudan para pagar necesidades básicas y gastos diarios, una dinámica distinta a la del crédito destinado a inversiones o consumo planificado. La diferencia importa porque, cuando el dinero prestado cubre alimentación, transporte o una herramienta de trabajo, queda menos capacidad para generar un retorno que compense el costo financiero.
La expansión del crédito privado seguirá enfrentando una tensión difícil de resolver: Argentina necesita ampliar el financiamiento disponible, pero también debe evitar que la inclusión se reduzca a entregar préstamos caros a hogares vulnerables. Las cifras de morosidad, los testimonios de repartidores y los reclamos de las organizaciones de deudores muestran que el acceso no equivale necesariamente a bienestar financiero. Sin medidas que alivien la presión sobre los ingresos o mejoren la transparencia de las tasas, las aplicaciones podrían seguir siendo al mismo tiempo una puerta de entrada al crédito y el ancla de un ciclo de deuda.
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