Por Canuto  

Anthropic encendió el debate global sobre la inteligencia artificial al revelar que Claude ya escribe más del 80% del código que entra a su base tecnológica y, al mismo tiempo, pedir que el mundo tenga la capacidad de frenar temporalmente el desarrollo de IA de frontera. En paralelo, Javier Milei propuso convertir a Argentina en refugio legal para agentes autónomos y corporaciones no humanas, mientras Wall Street reaccionó con nerviosismo a un mercado laboral que sigue fuerte pese a los temores sobre automatización.
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  • Anthropic afirmó que más del 80% del código integrado en su base es escrito por Claude y advirtió sobre la necesidad de poder ralentizar la IA de frontera.
  • Javier Milei propuso una Argentina sin regulación para IA, con baja carga fiscal y una nueva figura legal para corporaciones operadas por agentes o robots.
  • Pese a los temores por desempleo tecnológico, el mercado laboral de EE. UU. mostró fortaleza, aunque las acciones cayeron por expectativas de tasas más altas.


La conversación sobre inteligencia artificial dio un giro más intenso esta semana tras una serie de señales que, puestas juntas, sugieren una aceleración sin precedentes. Por un lado, Anthropic expuso que su modelo Claude ya participa de forma dominante en el desarrollo de su propia infraestructura. Por otro, Argentina planteó una ruta abiertamente pro-IA con mínimos límites regulatorios. Y, en paralelo, Wall Street reaccionó con fuerza a un reporte laboral que no encaja del todo con las proyecciones más pesimistas sobre empleo.

El eje más delicado vino de la propia Anthropic. En el programa Emerging Situation: Anthropic’s Global Pause, Recursive Self-Improvement, and AI Personhood Arrives, de Peter H. Diamandis, se discutió un nuevo documento de la empresa titulado When AI builds itself, firmado por Marina Favaro y Jack Clark. Allí se plantea que la IA ya está acelerando el desarrollo de la propia IA, no como teoría, sino como práctica interna visible en la compañía.

La afirmación más impactante fue que más del 80% del código que se fusiona en la base de Anthropic es escrito por Claude. El dato se acompaña con otra cifra relevante: sus ingenieros estarían entregando ocho veces más código por trimestre que hace apenas un año. Además, se indicó que Claude Opus 4.6 ahora puede manejar tareas que a un humano calificado le tomarían 12 horas, frente a apenas cuatro minutos hace un año.

Si esa tendencia se mantiene, Anthropic prevé que hacia finales de 2027 Claude podría ejecutar tareas autónomas de una semana completa. A partir de esa trayectoria, la empresa sostiene que el mundo debería contar con la opción de desacelerar o pausar temporalmente el desarrollo de la IA de frontera, de modo que las estructuras sociales y la investigación en alineación puedan seguir el ritmo de la tecnología.

Anthropic y el debate sobre la auto-mejora recursiva

La discusión no se limitó a la idea de una pausa. Los participantes del análisis insistieron en que el documento de Anthropic no propone detenerlo todo de inmediato, sino construir una capacidad institucional para hacerlo si fuera necesario. En otras palabras, la empresa estaría pidiendo un mecanismo de coordinación global para actuar antes de un escenario extremo, no una frenada unilateral e instantánea.

Uno de los elementos más llamativos del debate fue la noción de auto-mejora recursiva. Según esa lectura, los modelos ya no solo asisten a los humanos, sino que empiezan a participar en el diseño de sus propios sucesores. Alex, uno de los panelistas, sostuvo que el fenómeno no parece exclusivo de Anthropic y que procesos similares estarían ocurriendo también en OpenAI y Google, al menos en distinta escala.

También se mencionaron testimonios internos atribuidos a empleados de Anthropic. Un ingeniero afirmó que llevaba cinco meses sin escribir código por sí mismo. Otro dijo que, en los días en que todo funciona bien, no puede evitar pensar que nada de lo que hace importa. Esas frases resumen el efecto psicológico que empieza a instalarse incluso dentro de las propias empresas que impulsan estas herramientas.

La discusión incluyó una diferencia importante entre una “explosión” abrupta y una aceleración continua pero acumulativa. Algunos panelistas creen que no habrá un salto instantáneo visible, sino una trayectoria que, vista en tiempo real, parecerá gradual, aunque en retrospectiva luzca como un quiebre histórico. En ese marco, la automatización del llamado “buen gusto de investigación” fue presentada como una frontera todavía humana, aunque no necesariamente por mucho tiempo.

Otro punto que surgió fue la posibilidad de una mayor coordinación estatal sobre los laboratorios de frontera. Se habló de escenarios en los que el gobierno de Estados Unidos adquiera participaciones especiales o “golden shares” en varias firmas líderes, como forma de coordinar el tramo final de esta carrera. No se expusieron cifras definitivas ni medidas concretas, pero sí la idea de que la gobernanza de la IA podría mezclarse con capital público, seguridad nacional y eventuales mecanismos de dividendo universal.

Argentina quiere atraer a la IA con una nueva figura legal

Mientras Anthropic pide capacidad de freno, el presidente Javier Milei se movió en la dirección contraria. Según se comentó en el mismo espacio, Milei publicó un artículo de opinión en Financial Times titulado Argentina invites AI to free itself, donde propone tres pilares para convertir al país en un polo de atracción para esta industria.

El primero es mantener a la IA completamente libre de regulación. El segundo es crear una nueva categoría legal llamada “corporación no humana”, pensada para entidades operadas enteramente por agentes de IA o robots. El tercero es ofrecer una tasa corporativa baja para compañías de este sector. La frase central atribuida a Milei fue que, así como la revolución industrial liberó a la humanidad de las limitaciones del músculo, la IA la liberará de las limitaciones del cerebro humano.

La relevancia de esta propuesta va más allá del gesto ideológico. En el panel se la interpretó como uno de los primeros intentos serios por crear un contenedor jurídico para inteligencias autónomas. Es decir, un marco legal que permita a agentes no humanos operar con responsabilidades, límites y capacidad económica propia, de forma comparable a lo que en su momento significó la aparición de la sociedad de responsabilidad limitada.

Los participantes también sugirieron que esta movida podría detonar una competencia entre jurisdicciones. Se mencionó la posibilidad de que países como El Salvador o Emiratos Árabes Unidos actúen como seguidores rápidos si perciben que Argentina logra captar talento, capital, centros de datos y experimentación regulatoria. Para varias de las voces del debate, quien se mueva primero en este terreno puede obtener una ventaja estructural enorme.

Además, se señaló que Argentina reúne atributos materiales poco comunes. Uno de los panelistas afirmó que solo tres países en el mundo serían completamente autosuficientes en los recursos naturales necesarios para levantar grandes infraestructuras de cómputo: Argentina, Estados Unidos y Francia. Esa observación fue usada para reforzar la idea de que el país sudamericano podría aspirar a mucho más que un simple nicho jurídico.

La propuesta argentina también fue conectada con una discusión mayor: si los hiperescaladores tecnológicos están adquiriendo rasgos de cuasi Estados, entonces los Estados podrían verse presionados a actuar como hiperescaladores. En esa lógica, energía y cómputo pasarían a ser variables geopolíticas centrales. El resultado sería una carrera por atraer infraestructura, talento y nuevos marcos legales antes de que el resto del mundo reaccione.

Empleo, mercados y el choque entre narrativa y datos

El tercer eje del análisis se concentró en la economía de Estados Unidos. El Bureau of Labor Statistics reportó que la economía estadounidense añadió 172.000 empleos en mayo, muy por encima de los 85.000 esperados por los economistas. Además, abril fue revisado al alza hasta 179.000 puestos, mientras el desempleo se mantuvo en 4,3%.

En condiciones normales, esos números habrían sido vistos como una señal saludable. Sin embargo, el mercado reaccionó al revés. El NASDAQ cayó 4,18% y el S&P 500 retrocedió 2,64%, con cerca de USD $2.000.000.000.000 borrados en valor bursátil. En la conversación se explicó que un mercado laboral más fuerte reduce las probabilidades de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal e incluso eleva el temor a nuevas alzas.

A eso se sumaron otros dos factores. Broadcom proyectó guía de ingresos por chips de IA de USD $16.000.000.000 para el tercer trimestre, frente a una expectativa de USD $17.200.000.000. Eso alimentó preguntas sobre si el gasto de capital en IA se está acercando a un techo. Además, se mencionó la presión de liquidez creada por grandes ofertas públicas en preparación, que obligaría a muchos fondos a vender activos existentes para participar.

Más allá de la volatilidad diaria, la conversación defendió una idea que choca con buena parte de la ansiedad pública. Según varios de los panelistas, la automatización no está destruyendo empleo neto por ahora, sino desplazando cuellos de botella y creando nuevas funciones. Se evocó la ley de Amdahl para explicar que, cuando una parte de un proceso se acelera de forma drástica, el trabajo humano se desplaza hacia el resto del sistema.

Desde esa perspectiva, el auge de la IA estaría generando más necesidad de supervisión, estrategia, integración y criterio, incluso si reduce tareas repetitivas. Se puso como ejemplo que las compañías ya no necesitan tantas personas para escribir código básico, pero sí más perfiles para definir visión, permisos, flujos y objetivos útiles. El argumento es que muchas funciones de “trabajo de oficina” tedioso podrían desaparecer, pero no necesariamente la demanda total de trabajo humano.

Una transición acelerada y sin consenso social

El tono general del análisis fue de asombro, pero también de alerta. Varios panelistas insistieron en que los cambios tecnológicos están avanzando más rápido que la capacidad humana para rediseñar instituciones como la regulación, la gobernanza, la propiedad intelectual o la estructura corporativa. En ese punto, la propuesta argentina fue leída como un intento de adelantarse a un vacío que otros sistemas políticos todavía no saben cómo llenar.

También apareció una preocupación social más amplia. Peter H. Diamandis advirtió que el mayor riesgo inmediato podría no ser técnico, sino emocional y político. Dijo estar inquieto por cómo estas noticias se reciben fuera de los círculos tecnológicos, sobre todo ante el potencial de miedo, rechazo o revuelta en sectores que perciben una amenaza directa a su futuro económico.

En el cierre, la postura dominante fue que este no es un momento para el pánico, sino para el aprendizaje acelerado. Sin embargo, esa exhortación convive con una paradoja evidente. Las mismas voces que celebran la capacidad transformadora de la IA reconocen que la sociedad aún no cuenta con consensos, instituciones ni reglas claras para procesar el impacto de sistemas que ya empiezan a escribir su propio código, influir en el mercado laboral y reclamar un lugar legal en el mundo.

Si algo dejó claro esta discusión es que la frontera tecnológica ya no se debate solo en laboratorios. Ahora también se disputa en bolsas de valores, en despachos presidenciales y en marcos legales que pueden definir quién captura la próxima ola de productividad. Anthropic pidió la opción de frenar. Argentina quiere acelerar. Y el resto del mundo parece seguir, por ahora, sin una hoja de ruta compartida.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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