Goldman Sachs sostiene que la economía mundial se ha mantenido firme pese a casi cuatro meses de guerra en Irán y al cierre del estrecho de Ormuz. Sin embargo, la entidad advierte que el escenario sigue siendo frágil, con riesgos concentrados en el petróleo, la inflación, el consumo y el empleo en Estados Unidos.
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- Jan Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs, afirmó que la economía global se está “doblando, no rompiéndose” en medio del conflicto.
- El banco atribuye la resiliencia a un petróleo menos tensionado de lo esperado, ajustes regionales en la demanda y al impulso bursátil de la IA y la política fiscal.
- Aun así, Goldman Sachs advierte riesgos asimétricamente negativos, con presión sobre el consumo, inflación persistente y posibles daños económicos mayores.
La economía global no se ha descarrilado pese a que la guerra en Irán se acerca a su cuarto mes y al prolongado cierre del estrecho de Ormuz. Esa es la lectura de Jan Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs, quien resumió la situación con una frase que refleja cautela más que alivio: el sistema está “doblándose, no rompiéndose”.
La evaluación llega en un momento en que buena parte de la conversación de mercado sigue dominada por temores geopolíticos, inflación persistente y valoraciones exigentes en renta variable. Aun así, las bolsas estadounidenses han seguido escalando, apoyadas por una combinación de fundamentos resilientes, resultados corporativos sólidos y expectativas ligadas al auge de la inteligencia artificial.
De acuerdo con una nota a clientes citada por Yahoo Finance, Hatzius señaló que la mayoría de los temas recurrentes entre participantes del mercado son negativos. Por eso, planteó una pregunta central para los inversores: si el entorno luce tan desafiante y las acciones están lejos de verse baratas, ¿por qué han rendido tan bien?
La respuesta de Goldman Sachs se apoya en tres factores. El primero es que el petróleo no ha subido tanto como muchos anticipaban al inicio del conflicto. El mercado energético global, según el banco, llegó a la guerra respaldado por inventarios inusualmente altos, lo que ayudó a amortiguar el golpe de oferta que muchos temían tras la interrupción en Ormuz.
El segundo factor tiene que ver con los ajustes en la demanda. Hatzius destacó que la escasez regional de productos, como el combustible para aviones, se ha gestionado por vías “relativamente indoloras”. Entre ellas mencionó la reducción de horarios en rutas aéreas menos valiosas y menos críticas, lo que ha permitido absorber parte del shock sin trasladar un daño mayor a la actividad global.
El tercer elemento es más estructural y conecta con una de las grandes narrativas del mercado en 2026. El auge de la inteligencia artificial, junto con una política fiscal favorable, ha contribuido a sostener el repunte bursátil incluso después de un inicio de año más lento. Esa combinación ha fortalecido las expectativas de ganancias futuras y ha mantenido el apetito por riesgo entre los inversores.
Por qué los mercados han resistido mejor de lo esperado
La lectura de Goldman Sachs resulta relevante porque el cierre del estrecho de Ormuz suele considerarse uno de los eventos con mayor potencial de desestabilización para la economía mundial. Ese corredor marítimo es clave para el comercio energético, por lo que cualquier interrupción prolongada normalmente se asocia con alzas abruptas del crudo, mayores costos de transporte y presión inflacionaria en cadena.
Sin embargo, el escenario observado hasta ahora ha sido menos severo de lo que muchos modelos de riesgo sugerían. Para el banco, la disponibilidad previa de inventarios ayudó a evitar una espiral inmediata en los precios del petróleo. Eso no significa que la amenaza haya desaparecido, sino que el impacto inicial fue amortiguado por condiciones de oferta más holgadas de lo previsto.
En paralelo, la destrucción de demanda no ha tomado una forma caótica ni generalizada. La reducción selectiva de servicios, como algunas rutas aéreas de menor prioridad, permitió administrar la escasez sin afectar de forma drástica a sectores más críticos. Ese tipo de ajuste importa porque reduce el riesgo de que un shock energético termine transformándose en una contracción económica más profunda.
Los mercados accionarios, además, han encontrado soporte en una narrativa que va más allá del conflicto. La promesa de ganancias de productividad por la IA y un entorno fiscal aún favorable han servido como contrapeso frente al pesimismo geopolítico. Esto ayuda a explicar por qué el S&P 500 y el Nasdaq Composite han marcado máximos históricos repetidos a pesar de un entorno externo cargado de incertidumbre.
El riesgo no ha desaparecido: petróleo, consumo e inflación siguen bajo presión
Aunque el diagnóstico base es constructivo, Hatzius dejó claro que eso no equivale a un escenario libre de amenazas. Goldman Sachs mantiene su perspectiva de recesión a 12 meses en un nivel 5% superior al que tenía antes de la guerra. Es decir, el conflicto aún ha elevado la fragilidad del panorama, incluso si no ha provocado una ruptura inmediata del crecimiento global.
El banco también ve señales de una posible desaceleración del gasto del consumidor en el horizonte. Entre los factores que podrían debilitar la demanda aparecen el agotamiento del flujo de caja derivado de reembolsos fiscales, el encarecimiento sostenido de la gasolina y una moderación en el crecimiento salarial. Para la economía de Estados Unidos, ese frente es clave porque el consumo sigue siendo uno de sus principales motores.
Al mismo tiempo, la probabilidad de una recesión en Estados Unidos en los próximos 12 meses bajó de 30% a 25%, según la investigación de Goldman Sachs. La mejora refleja que, pese a la presión geopolítica y a un crecimiento general del PIB del primer trimestre por debajo de las expectativas, varias métricas domésticas han mostrado una resistencia mayor a la esperada.
Entre esas señales, Hatzius destacó la fortaleza de las ventas privadas nacionales. También subrayó que en abril se crearon 115.000 empleos y que las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo descendieron. Estos datos sugieren que el mercado laboral aún conserva tracción, un punto crucial para evitar que la cautela del consumidor se transforme en una caída más pronunciada de la actividad.
IA, productividad y un nuevo dilema para los inversores
La inteligencia artificial aparece en el análisis como una fuerza doble. Por un lado, alimenta el optimismo bursátil al elevar las expectativas de productividad y eficiencia empresarial. Por otro, también introduce tensiones que podrían complicar el equilibrio macroeconómico en los próximos trimestres.
Hatzius advirtió que, aunque el auge de la IA casi con certeza hará a las empresas más eficientes, cada mejora de productividad también implica menos empleos nuevos por cada aumento dado del PIB. Esa observación es relevante para quienes siguen de cerca la relación entre automatización, mercado laboral y crecimiento agregado, ya que sugiere una expansión potencialmente más eficiente, pero menos intensiva en contratación.
Además, algunos efectos de segundo orden asociados a la IA podrían añadir presión a una inflación que ya se ha mostrado persistente. Entre ellos mencionó precios más altos de productos electrónicos y la ampliación de funciones de software. En otras palabras, una tecnología que mejora márgenes y productividad también puede generar nuevos focos de presión sobre los precios en sectores concretos.
Para los inversores, esto dibuja un panorama complejo. La base del escenario sigue siendo positiva, pero los riesgos están inclinados de forma desigual hacia resultados peores. Entre esos desenlaces más adversos, Goldman Sachs menciona la posibilidad de precios del petróleo más altos y un daño económico más amplio si el conflicto empeora o si los amortiguadores actuales dejan de funcionar.
La lectura final es menos triunfalista de lo que sugieren los máximos bursátiles. La economía global ha resistido mejor de lo esperado, pero no ha salido ilesa. El conflicto en Irán, el comportamiento del crudo, la persistencia de la inflación y la forma en que la IA reconfigure empleo y precios serán variables decisivas para determinar si esta fase de resiliencia puede sostenerse.
En lo inmediato, los mercados tendrán nuevas pistas a partir de la próxima tanda de datos económicos en Estados Unidos. Los inversores esperan la publicación de la inflación al consumidor prevista para el martes y de la inflación mayorista prevista para el miércoles. Esos informes podrían redefinir el tono del mercado y poner a prueba la tesis de que, por ahora, la economía solo se está doblando.
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