Una encuesta de Deloitte UK revela que los trabajadores británicos destinan casi GBP 1.000 millones anuales de su bolsillo a herramientas de IA generativa, mientras una parte importante las usa sin informar a sus empleadores y recibe poca orientación para hacerlo de forma segura.
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- El 63% de los adultos trabajadores encuestados en el Reino Unido usa IA generativa de forma consciente en su empleo.
- El 17% de los usuarios paga personalmente al menos una herramienta, mientras el 31% oculta su uso al empleador.
- Casi la mitad no ha recibido formación formal y el 65% afirma que sus líderes ofrecen poca orientación.
🤖🇬🇧 Casi GBP 958 millones al año salen del bolsillo de trabajadores británicos para pagar IA
63% usa IA generativa en el trabajo. 31% oculta su uso al empleador.
17% paga al menos una herramienta. Casi la mitad no recibió formación formal y 65% recibe poca orientación. pic.twitter.com/jNcEagOhat
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 16, 2026
Los empleados financian la adopción
Una encuesta de Deloitte UK a 25.000 personas calcula que los trabajadores británicos gastan alrededor de GBP 958 millones cada año de su propio bolsillo en herramientas de inteligencia artificial generativa para el trabajo. Entre quienes utilizan estas aplicaciones, el 17% paga personalmente al menos una, una señal de que la adopción avanza incluso cuando las compañías no cubren todos los costos.
El estudio, realizado por Ipsos UK entre el 7 de mayo y el 10 de junio de 2026, consultó en línea a adultos trabajadores de entre 18 y 70 años. La investigación utilizó cuotas por edad, género, situación laboral, industria y región, y ajustó los resultados para que coincidieran con la población fuera de línea, de acuerdo con la información divulgada sobre la encuesta.
El uso consciente de IA generativa alcanza aproximadamente al 63% de los adultos trabajadores del Reino Unido, y casi una cuarta parte afirma recurrir a estas herramientas a diario. La distribución muestra una adopción todavía fragmentada: el 46% emplea servicios gratuitos, el 34% utiliza herramientas pagadas por su empleador y el 17% trabaja con soluciones internas de la organización.
Hayley McKelvey, directora de IA de Deloitte UK, sostuvo que los trabajadores «no quieren esperar permiso» y por eso recurren a versiones gratuitas o pagan planes premium. Según su lectura, el gasto personal no representa únicamente una preferencia tecnológica, sino también una respuesta práctica ante empresas que todavía no ofrecen acceso suficiente o procesos claros para incorporar estas herramientas.
La IA en la sombra preocupa a las empresas
Una parte relevante de ese consumo ocurre fuera de la supervisión corporativa. Casi un tercio, el 31% de los usuarios consultados, dijo que utiliza IA generativa sin que su empleador lo sepa, una práctica conocida como «IA en la sombra» que puede dificultar la gestión de datos, la evaluación de resultados y la definición de responsabilidades.
El temor no se limita a la privacidad o a la seguridad de la información, porque también existe un componente cultural dentro de las oficinas. Casi una cuarta parte de los encuestados, el 23%, siente que usar IA en el trabajo está rodeado de estigma, y esa percepción puede empujar a los empleados a esconder una actividad que ya forma parte de sus rutinas laborales.
Entre los usuarios semanales, el 64% teme que su gerente piense que la inteligencia artificial podría reemplazarlos. Esa preocupación ayuda a explicar por qué algunos trabajadores mantienen en secreto sus consultas y automatizaciones, incluso cuando las emplean para tareas sencillas y no para tomar decisiones de alto impacto.
McKelvey afirmó que quienes se sienten estigmatizados son más propensos a ocultar su uso, por lo que pidió a los líderes crear condiciones para una adopción responsable. En su opinión, las compañías deberían ayudar al personal a utilizar la IA con un objetivo claramente articulado y bien comprendido, en lugar de dejar que cada empleado determine por su cuenta qué está permitido.
Poca formación frente a beneficios modestos
La encuesta también expone una brecha entre el acceso a las herramientas y la preparación para utilizarlas. Aproximadamente la mitad de los trabajadores que emplean IA generativa no ha recibido formación formal sobre su uso seguro, mientras que el 65% afirma que el liderazgo le ha dado poca orientación sobre reglas, límites o mejores prácticas.
Paul Lee, director de visión sectorial de Deloitte UK, resumió el problema al señalar que la historia no es simplemente que los trabajadores estén usando IA generativa. A su juicio, la utilizan pese a la formación limitada, la orientación irregular y, en algunos casos, sin que su empleador lo sepa, una combinación que puede aumentar los riesgos operativos aunque las tareas parezcan rutinarias.
Las actividades más frecuentes muestran que la mayoría de los usuarios busca mejoras de productividad inmediatas, no transformaciones completas del puesto de trabajo. Buscar información y redactar correos electrónicos aparecen empatadas, con el 43% de las menciones cada una, mientras que resumir documentos ocupa el siguiente lugar, con el 31%.
Los usuarios estiman que estas herramientas les ahorran unos 70 minutos semanales en promedio, aunque la encuesta no midió directamente ese tiempo. Lee sostuvo que las empresas obtendrán más beneficios si hacen algo más que proporcionar acceso, y si enseñan a las personas a trabajar con reglas claras y un propósito definido.
Un gasto corporativo todavía limitado
El desembolso personal de los trabajadores contrasta con el gasto mediano de las empresas en otros mercados. Datos de la firma fintech Ramp citados en la información de origen indican que la empresa mediana en Estados Unidos destina alrededor de USD 11 mensuales por empleado a herramientas de inteligencia artificial.
Esa cifra no permite comparar directamente el gasto estadounidense con la estimación británica, porque corresponden a países, metodologías y unidades de medida distintas. Sin embargo, ayuda a ilustrar por qué algunos empleados pueden terminar pagando servicios por su cuenta cuando necesitan funciones premium, límites de uso más altos o mayor capacidad para procesar documentos y redactar contenidos.
El panorama plantea una decisión de gestión para las empresas que todavía observan la IA como un beneficio opcional o una aplicación aislada. Si los trabajadores ya la incorporan mediante cuentas gratuitas, suscripciones personales o sistemas internos, la ausencia de políticas no elimina la práctica, sino que reduce la visibilidad sobre cómo se utilizan los datos y cómo se verifican las respuestas.
La encuesta no midió directamente la productividad obtenida ni estableció que el uso de IA produzca reemplazos laborales. Sus resultados sí describen una adopción extendida, un nivel considerable de uso no declarado y una demanda de orientación que los empleadores deberán atender si quieren transformar el interés individual en una práctica organizada y responsable.
En ese contexto, la principal tensión no está entre quienes usan IA y quienes la rechazan, sino entre una adopción que ya ocurre y estructuras corporativas que avanzan con mayor lentitud. La advertencia de los investigadores es que abrir el acceso sin formación, reglas y objetivos compartidos deja a los trabajadores resolviendo solos problemas que las empresas deberían abordar de manera institucional.
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