El alza de los precios de la memoria DRAM está alterando el negocio global de los teléfonos inteligentes, sobre todo en la gama de entrada. Analistas advierten que los móviles de menos de USD $400 ya operan con márgenes tan estrechos que muchos fabricantes no podrán evitar trasladar costos, recortar especificaciones o ceder terreno al mercado de segunda mano.
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- Omdia estima que la memoria representó casi el 60% del costo total de materiales en smartphones de menos de USD $400 durante el primer trimestre de 2026.
- TrendForce proyectó el mes pasado que los precios de la DRAM subirán otro 50% o más en 2026, agravando la presión sobre fabricantes y consumidores.
- Se espera que los envíos de teléfonos de menos de USD $400 caigan 22% interanual en 2026, mientras el mercado de usados crecería 12%.
El aumento sostenido en los precios de la memoria DRAM está golpeando con fuerza al segmento más sensible del mercado de teléfonos inteligentes. La presión es particularmente severa en los equipos de menos de USD $400, donde cada componente cuenta y cualquier alza altera por completo la ecuación comercial.
Para entender el impacto, conviene recordar que la DRAM es una pieza esencial en cualquier smartphone moderno. Sin ella, el equipo no puede ejecutar aplicaciones con fluidez ni sostener varias tareas al mismo tiempo, por lo que reducir demasiado este componente también afecta la experiencia del usuario.
Según estimaciones de Omdia, los costos de memoria representaron casi el 60% del costo total de materiales en teléfonos inteligentes de menos de USD $400 durante el primer trimestre de 2026. Ese peso relativo convierte a la memoria en el principal factor de presión para los fabricantes de gama económica.
El problema no parece transitorio. El mes pasado, TrendForce proyectó que la industria tecnológica verá un aumento adicional de 50% o más en los precios de la DRAM durante 2026, lo que endurece aún más el panorama para marcas que operan con márgenes muy ajustados.
En la práctica, esto empuja a los consumidores a una decisión incómoda. Muchos deberán retrasar la renovación de sus equipos, pagar más por modelos superiores o mirar con mayor interés al mercado de segunda mano.
La memoria se come el margen de la gama baja
En los teléfonos de entrada, el problema no es solo que la DRAM suba de precio, sino que ocupa una proporción cada vez mayor del costo total. Cuando un solo rubro domina la estructura de materiales, la capacidad de compensar por otras vías se vuelve muy limitada.
Los fabricantes han intentado amortiguar el golpe usando paneles de visualización más baratos, sensores menos costosos o módulos de radiofrecuencia con menor precio. Sin embargo, el segmento económico ya trabaja sobre una base tan recortada que queda poco espacio para seguir bajando costos sin deteriorar el producto.
Esto crea un dilema clásico de hardware: si la empresa absorbe el aumento, pierde rentabilidad; si lo traslada al cliente, arriesga ventas. En la gama baja, donde el comprador compara cada dólar, esa tensión se siente más que en cualquier otro segmento.
La situación recuerda a lo que ha ocurrido con las computadoras personales de entrada. Allí también se ha visto que el costo de componentes críticos impide ofrecer precios finales que resulten atractivos para consumidores especialmente conscientes del presupuesto.
El resultado ya se refleja en las proyecciones de mercado. Omdia espera que los envíos de smartphones de menos de USD $400 caigan 22% interanual en 2026, una señal clara de que el modelo comercial del teléfono barato está bajo presión.
El mercado premium resiste mejor el shock
No todos los segmentos enfrentan la misma fragilidad. En los dispositivos más caros, la memoria sigue siendo relevante, pero pesa menos dentro del costo total de materiales porque otros componentes también absorben una porción considerable del presupuesto.
En teléfonos con precios superiores a USD $600, los chips de sistema de mayor rendimiento, las pantallas y las cámaras ocupan una parte más amplia de la estructura de costos. Eso da margen para ajustar otras partidas y absorber parte del alza de la memoria.
Por esa razón, Omdia cree que, aunque el mercado global de smartphones caerá 12% en 2026, los segmentos por encima de USD $400 serán más resistentes. De hecho, la firma proyecta que los envíos en esos rangos crecerán 5,7%.
La lectura para los fabricantes es bastante directa. Si la gama baja castiga márgenes y la gama media alta resiste mejor, la producción tenderá a desplazarse hacia equipos con precios mayores y con más espacio para maniobrar en costos.
Ese giro también cambia el equilibrio competitivo del sector. Las marcas que antes dependían del volumen en segmentos económicos ahora tienen incentivos para priorizar terminales de mejor precio, incluso si eso reduce su presencia entre compradores de menor poder adquisitivo.
Los recortes ya afectan las especificaciones
La consecuencia más visible para el consumidor será una degradación de especificaciones al mismo precio. En otras palabras, quien compre un teléfono este año podría llevarse un equipo menos capaz que el que habría obtenido antes por la misma cantidad de dinero.
Entre las medidas detectadas por Omdia figura el regreso de algunos fabricantes chinos a paneles LTPS en modelos que habían sido actualizados a tecnología LTPO. Esa reversión permite ahorrar entre USD $3 y USD $5 por dispositivo.
La decisión no es menor, porque las pantallas LTPO suelen reservarse para modelos más avanzados por sus ventajas técnicas y de eficiencia. Al retirarlas de ciertos equipos, las marcas preservan costos, pero también reducen el atractivo del producto fuera del segmento premium.
Otras concesiones incluyen bajar el número de cámaras o utilizar sensores de imagen más pequeños. También aparece la opción de recurrir a sistemas en chip de generaciones anteriores, una estrategia que puede reducir costos en alrededor de 30% a 40%.
Estos ajustes muestran que la industria no está encontrando una salida elegante al encarecimiento de la memoria. En vez de innovación accesible, la respuesta inmediata pasa por recortar prestaciones para defender rentabilidad en medio de una cadena de suministro tensionada.
La fiebre de IA y el auge del mercado usado
El trasfondo de esta presión sobre la DRAM está ligado a una demanda más amplia por chips de memoria. La expansión de la inteligencia artificial ha intensificado la competencia por estos componentes y ha contribuido a una burbuja de precios que termina golpeando a mercados adyacentes como el de los smartphones.
Ese efecto colateral revela una conexión cada vez más visible entre la infraestructura para IA y la electrónica de consumo. Cuando la memoria se vuelve estratégica para centros de datos y cargas de trabajo avanzadas, los dispositivos masivos también sienten el impacto en sus costos.
En este contexto, no sorprende que fabricantes de memoria como Samsung estén acumulando efectivo, mientras los consumidores enfrentan equipos más caros o con peores especificaciones. El desequilibrio beneficia a los proveedores del insumo crítico y castiga al comprador final.
Tampoco sorprende que los usuarios estén alargando la vida útil de sus teléfonos. El promedio actual es de 4,2 años y se espera que avance hasta 4,7 años antes de que termine la década, lo que refleja una menor disposición a reemplazar el dispositivo con frecuencia.
Al mismo tiempo, el mercado de segunda mano gana fuerza como válvula de escape. Para 2026 se prevé un crecimiento de 12% en ese comercio, a medida que muchos consumidores intentan conseguir un equipo más premium a un precio más bajo.
Una presión tecnológica con implicaciones económicas más amplias
Más allá del mercado móvil, este episodio sirve como recordatorio de cómo un cuello de botella en semiconductores puede alterar hábitos de consumo y estrategias empresariales. Un componente específico, cuando se encarece demasiado, puede redefinir categorías enteras de producto.
En el caso de los smartphones, la tensión llega en un momento en que la industria ya buscaba convencer al usuario de actualizarse con menos frecuencia de la deseada. Si el nuevo equipo además cuesta más o ofrece menos, el incentivo para renovar se debilita aún más.
También hay una lectura financiera relevante. Los segmentos premium suelen sostener mejor los márgenes, mientras la gama baja depende del volumen, por lo que el encarecimiento de la DRAM favorece una concentración en productos de mayor precio.
Para América Latina y otros mercados muy sensibles al costo final, este cambio podría ser especialmente visible. Aunque la fuente no detalla regiones concretas, el patrón sugiere que los consumidores con menor poder adquisitivo sentirán antes el deterioro entre precio y especificaciones.
De acuerdo con lo reportado por The Register a partir de datos de Omdia y proyecciones de TrendForce, la industria enfrenta un año en el que la memoria dejó de ser un detalle técnico para convertirse en el factor central del negocio. En 2026, la DRAM no solo encarece teléfonos: también está rediseñando quién puede comprarlos y qué clase de dispositivo recibirá a cambio.
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