Una cámara de vigilancia Flock robada habría conservado una clave de cifrado capaz de desbloquear miles de archivos multimedia, según un grupo de hackers citado por medios especializados. El hallazgo vuelve a poner bajo la lupa las promesas de privacidad de estos dispositivos y el uso de sus sistemas de reconocimiento en comunidades de Estados Unidos.
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- El grupo stegan0gram extrajo 27.321 clips y alrededor de 1,6 millones de imágenes de una cámara Flock.
- Los investigadores encontraron una clave de cifrado en una partición del dispositivo que permitía abrir el almacenamiento multimedia.
- El caso se suma a controversias por presunto abuso policial, errores de identificación y acciones contra estas cámaras.
🚨 Hackers extraen 1,6 millones de imágenes de una cámara Flock
El grupo stegan0gram accedió a 27.321 clips y halló una clave de cifrado en el equipo.
Los archivos se acumularon en 21 días e incluyeron datos de unos 50.200 vehículos. pic.twitter.com/Q3ji3SpyG6
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 17, 2026
Hackers extraen 1,6 millones de imágenes de una cámara Flock robada
Una cámara de vigilancia de Flock habría almacenado durante semanas una cantidad masiva de imágenes, videos y una clave de cifrado que permitía desbloquear parte de sus archivos, según una investigación difundida por 404 Media y reseñada por Tom’s Hardware. El dispositivo, colocado junto a una carretera, terminó en manos del grupo de hackers stegan0gram, que analizó su sistema después de retirarlo del lugar. El hallazgo contradice las garantías públicas de la empresa sobre la retención limitada de datos en el equipo.
El grupo no consiguió entrar a la información más sensible alojada en la cámara, pero sí accedió a su sistema operativo Android y encontró dos particiones de almacenamiento identificadas como “vendor” y “media”. Dentro de esta última apareció una clave de cifrado que permitía abrir otra partición con los archivos multimedia capturados por el dispositivo. La existencia de esa llave en el mismo hardware convirtió una barrera de seguridad que parecía central en un elemento recuperable mediante análisis físico.
Una cámara con más datos de los esperados
De acuerdo con la información divulgada, la cámara capturó alrededor de 1,6 millones de imágenes en un periodo de 21 días. En ese lapso, el dispositivo detectó aproximadamente 50.200 vehículos y registró 11 personas, cifras que muestran el volumen de información que puede generar una sola unidad instalada en una vía pública. El material no representaba únicamente eventos excepcionales, sino una observación constante del tránsito y de los elementos que aparecían frente al lente.
El almacenamiento también contenía 27.321 clips de video en formato MP4, con una resolución de 1.024 por 768 píxeles y una duración aproximada de uno o dos segundos. Aunque cada fragmento era breve, la acumulación de miles de archivos permitió reconstruir una muestra extensa de la actividad observada por la cámara. La combinación de imágenes individuales y clips plantea dudas sobre cuánto contenido puede permanecer localmente disponible antes de que la información llegue a los servidores de la compañía.
Flock sostiene que sus cámaras cuentan con cifrado en el dispositivo y que las imágenes solo permanecen durante un periodo breve antes de enviarse a la nube. La empresa también afirmó, después de que un investigador de seguridad señalara fallas en su sistema, que la explotación de esos problemas todavía requería acceso físico al equipo. El análisis de stegan0gram no elimina ese requisito, pero demuestra que el acceso físico puede revelar más información de la que las explicaciones públicas de la compañía sugerían.
El dispositivo conserva además ciertas capacidades de inteligencia artificial en el borde, es decir, procesamiento realizado directamente en la cámara antes de enviar resultados a servidores externos. Esas funciones pueden detectar personas, vehículos, bicicletas y formas parecidas a matrículas, para después recortar esos elementos y transmitirlos junto con las imágenes originales. Las tareas más avanzadas, como leer matrículas o describir el color, la marca y el modelo de un vehículo, se ejecutan en los servidores de Flock.
El papel de Android y del cifrado
La investigación también encontró que el software incluía capacidades de detección facial, aunque el análisis citado indicó que se trataba de funciones estándar integradas en el sistema operativo Android y que la cámara no las utilizaba. Esta distinción resulta relevante porque la presencia de una función en el código no demuestra, por sí sola, que la empresa la empleara para identificar rostros. Sin embargo, el acceso al sistema operativo amplía el mapa de componentes que un atacante puede examinar después de obtener físicamente el dispositivo.
El punto más delicado del hallazgo fue la ubicación de la clave de cifrado, no la existencia de archivos multimedia en sí misma. El cifrado busca impedir que una persona sin autorización lea los datos, pero almacenar la llave necesaria para descifrarlos dentro del mismo equipo puede reducir la protección cuando el hardware cae en manos ajenas. En este caso, los hackers no describieron un acceso remoto masivo a la red de Flock, sino una extracción local realizada sobre una cámara retirada de su instalación.
Flock había respondido a señalamientos anteriores destacando que el acceso físico seguía siendo indispensable, una condición que puede presentar como una defensa frente a ataques remotos. No obstante, para una red de dispositivos instalados en espacios públicos, el acceso físico no es necesariamente una hipótesis abstracta: una cámara puede ser robada, manipulada o recuperada por terceros. La diferencia entre una protección técnicamente vigente y una protección eficaz depende entonces de cómo se custodian los equipos y de qué datos conservan en su interior.
El caso no demuestra que todas las cámaras Flock almacenen exactamente la misma cantidad de información ni que cada unidad pueda ser desbloqueada de idéntica manera. La evidencia se refiere a un dispositivo específico y a las particiones que el grupo consiguió examinar, por lo que las conclusiones deben mantenerse acotadas a esa investigación. Aun así, el volumen de archivos encontrado ofrece un ejemplo concreto de la distancia que puede existir entre la política anunciada de retención y lo que permanece en un equipo desplegado en el terreno.
Una tecnología rodeada de controversias
Las cámaras Flock ya enfrentaban cuestionamientos relacionados con la privacidad y con el uso indebido de sus herramientas de vigilancia. La información citada incluye al menos un caso en el que un agente de policía fue arrestado por utilizar el sistema para rastrear a su expareja, un uso ajeno a la finalidad legítima de investigar delitos. Estos episodios alimentan el debate sobre los controles de acceso, la supervisión institucional y las consecuencias de concentrar grandes volúmenes de datos vehiculares en plataformas privadas.
Otro incidente ocurrió después de que una matrícula fuera introducida de manera incorrecta, lo que derivó en la innecesaria emboscada de un reseñador de autos. El episodio ilustra cómo un error de identificación puede producir consecuencias físicas cuando una alerta automatizada se transforma rápidamente en una intervención policial. Las cámaras no toman por sí solas todas las decisiones posteriores, pero sus registros pueden influir en la manera en que las autoridades seleccionan vehículos, personas o situaciones para investigar.
Como respuesta a las controversias, algunos pueblos y ciudades cancelaron sus contratos con la compañía, mientras otras personas intentaron actuar directamente contra los dispositivos para cegarlos. Esa oposición refleja una disputa más amplia sobre quién controla la vigilancia en el espacio público, cuánto tiempo se conservan los datos y qué mecanismos existen para impugnar una identificación equivocada. También abre una discusión legal y práctica sobre los riesgos de dañar equipos, incluso cuando la tecnología que representan genera rechazo ciudadano.
Noel Pichardo, exoficial de policía de Pawtucket, Rhode Island, cuestionó las acciones de sabotaje y advirtió que podrían fortalecer el argumento de las autoridades a favor de estos sistemas. “Creo que ese tipo de vigilancia justiciera solo cristalizará en la policía y en el Estado en general la creencia de que esta herramienta es necesaria”, dijo al medio citado. Pichardo añadió que, mientras el Estado ignore las quejas de los ciudadanos que se oponen a esta vigilancia, este tipo de acciones continuará ocurriendo.
Qué deja al descubierto el caso
El episodio plantea una pregunta que va más allá de la seguridad de una clave: qué información debe conservar una cámara instalada en una carretera y durante cuánto tiempo. Una política que promete enviar rápidamente las imágenes a la nube puede coexistir con una copia local extensa, especialmente si el dispositivo necesita almacenar archivos mientras procesa o transmite datos. Sin auditorías independientes y explicaciones técnicas verificables, los ciudadanos tienen dificultades para saber qué se captura, qué se envía y qué permanece disponible en el hardware.
También resulta importante separar las capacidades de inteligencia artificial que detectan objetos de las funciones que operan en la nube para interpretar vehículos o matrículas. El procesamiento en el borde puede reducir ciertas necesidades de conectividad, pero no elimina los riesgos derivados de conservar imágenes originales y recortes en el equipo. Por su parte, el análisis remoto concentra información y decisiones en los servidores de la empresa, lo que exige controles sobre el acceso institucional y sobre los usos secundarios de los datos.
Desde la perspectiva de seguridad, la lección principal es que el cifrado no debe evaluarse únicamente por la existencia de una clave o por la necesidad de abrir físicamente el dispositivo. También deben examinarse la ubicación de los secretos, la resistencia del sistema operativo, la separación entre particiones y el procedimiento para borrar datos cuando una cámara deja de estar bajo control. El material extraído por stegan0gram muestra por qué esas preguntas importan incluso cuando no existe evidencia de un ataque remoto contra toda la red.
La empresa no aparece acusada en esta información de haber usado las imágenes para fines distintos de los anunciados, y el hallazgo no prueba por sí solo una violación generalizada de todos sus sistemas. Sí revela, sin embargo, que una cámara concreta conservó una cantidad considerable de datos y que su clave de cifrado pudo localizarse en el propio dispositivo. Para las comunidades que evalúan contratar esta tecnología, el caso refuerza la necesidad de exigir transparencia, límites de retención y mecanismos claros de rendición de cuentas antes de aceptar una vigilancia permanente.
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