Por Canuto  

Europa corre el riesgo de quedar subordinada a la infraestructura orbital de Estados Unidos y China mientras ambas potencias convierten la computación espacial en una apuesta de miles de millones de dólares. Un informe del Instituto Europeo de Política Espacial pide una iniciativa insignia para 2028 antes de que el rezago tecnológico se vuelva estructural.

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  • Estados Unidos y China ya proyectan constelaciones orbitales de decenas de miles de satélites, mientras Europa permanece en la fase de demostración.
  • La computación en órbita podría comenzar con datos de observación terrestre y evolucionar hacia el entrenamiento de modelos avanzados de inteligencia artificial.
  • El Instituto Europeo de Política Espacial reclama coordinación entre la Unión Europea y la Agencia Espacial Europea, además de contratos tempranos con clientes.

 


Europa corre el riesgo de quedar rezagada en una competencia tecnológica que apenas comienza, pero que podría definir el futuro de la infraestructura para la inteligencia artificial (IA).

Un informe del Instituto Europeo de Política Espacial, publicado en agosto de 2026, advierte que Estados Unidos y China ya avanzan hacia centros de datos orbitales de gran escala, mientras los proyectos europeos continúan limitados a demostraciones pequeñas.

El documento sostiene que, sin una iniciativa insignia antes de 2028, el continente podría terminar dependiendo de sistemas extranjeros para procesar datos estratégicos.

Los centros de datos orbitales buscan trasladar parte de la capacidad informática desde instalaciones terrestres hacia satélites y plataformas ubicadas en órbita terrestre baja. En lugar de enviar todos los datos a estaciones en tierra, estos sistemas podrían procesarlos directamente en el espacio, reduciendo la necesidad de transmitir grandes volúmenes de información y creando redes distribuidas con aplicaciones para observación terrestre, comunicaciones e inteligencia artificial.

Una brecha de escala cada vez mayor

El contraste entre las potencias líderes y Europa aparece con claridad en el tamaño de sus planes. China desplegó en mayo de 2025 doce satélites como parte de la constelación Three-Body Constellation, concebida para procesar datos directamente en órbita en vez de trasladarlos a instalaciones terrestres. El despliegue representó un paso más allá de la etapa puramente conceptual y colocó a Beijing en una posición adelantada dentro de una tecnología todavía emergente.

El impulso chino también se refleja en el financiamiento y en la expansión prevista de sus redes. En abril de 2026, Beijing Orbital Twilight Technology obtuvo una línea de crédito de USD $8.400 millones para financiar el crecimiento de su infraestructura orbital, una cifra que muestra la magnitud del respaldo disponible para este sector. Posteriormente, en julio de 2026, Shanghai Xingshu Tiansuan lanzó los primeros satélites de una red que, según sus planes, alcanzaría 1.000 unidades.

Estados Unidos presenta una escala igualmente ambiciosa, impulsada en buena medida por empresas privadas con acceso a grandes cantidades de capital. Starcloud, anteriormente conocida como Lumen Orbit, presentó ante la Comisión Federal de Comunicaciones una propuesta para desplegar una constelación de 88.000 satélites, con una capacidad estimada cercana a 20 GW. Orbital, otra compañía estadounidense, solicitó autorización para operar hasta 100.000 satélites, con una capacidad aproximada de 10 GW.

Frente a esos proyectos, las contribuciones europeas más destacadas todavía tienen carácter experimental. La Agencia Espacial Europea lanzó en agosto de 2024 el satélite Φ-sat-2, una plataforma de demostración, mientras que el proyecto francés Alatyr se concentra en técnicas de ensamblaje robótico para construir satélites. Ambas iniciativas aportan conocimientos relevantes, aunque no alcanzan la escala industrial de las constelaciones que promueven China y Estados Unidos.

Por qué el espacio atrae a la inteligencia artificial

La utilidad inicial de los centros de datos orbitales probablemente estará vinculada con la observación de la Tierra. Los satélites generan grandes cantidades de imágenes y mediciones que deben analizarse con rapidez, por lo que procesar la información cerca de su punto de origen podría reducir demoras y aliviar la presión sobre las redes de comunicación terrestres. Esa capacidad también permitiría filtrar y priorizar los datos antes de enviarlos a estaciones ubicadas en el planeta.

Sin embargo, el informe identifica una oportunidad de mayor alcance en las infraestructuras destinadas al entrenamiento de modelos de inteligencia artificial. Los sistemas orbitales podrían convertirse en redes informáticas distribuidas capaces de operar sin depender directamente de la disponibilidad de suelo, agua y energía que exige la expansión de los centros de datos convencionales. Esas restricciones pesan cada vez más sobre los operadores terrestres, especialmente cuando buscan aumentar la capacidad de cómputo para modelos avanzados.

La propuesta no elimina los desafíos técnicos ni económicos asociados con llevar servidores al espacio. El hardware debe soportar lanzamiento, radiación, variaciones térmicas y mantenimiento complejo, mientras los operadores necesitan resolver la gestión energética, las comunicaciones y el reemplazo de equipos. Por esa razón, la visión de entrenar modelos de IA a gran escala en órbita no corresponde a un despliegue inmediato, sino a un proceso que exigiría inversión sostenida durante más de una década.

La propia evolución de la tecnología dependerá de demostrar que sus beneficios justifican esos costos. El procesamiento de observación terrestre puede funcionar como una primera aplicación comercial, porque conecta una necesidad ya existente con una infraestructura capaz de reducir transferencias de datos. A partir de esa base, las empresas y los gobiernos podrían evaluar si el entorno orbital ofrece ventajas suficientes para tareas informáticas más intensivas.

La respuesta que propone Europa

El Instituto Europeo de Política Espacial reclama una acción coordinada entre la Unión Europea y la Agencia Espacial Europea para evitar que los esfuerzos nacionales permanezcan fragmentados. Según el informe, los proyectos aislados no generarían la escala necesaria para competir con programas chinos respaldados por el Estado ni con compañías estadounidenses bien capitalizadas. La coordinación permitiría concentrar recursos, definir objetivos comunes y dar continuidad a una estrategia que necesita varios años para madurar.

La recomendación central consiste en integrar una iniciativa insignia de centros de datos orbitales dentro del programa de investigación de la Unión Europea correspondiente al periodo 2028-2034. Esa inclusión ofrecería un marco institucional y financiero para avanzar desde los demostradores actuales hacia sistemas con mayores capacidades. También enviaría una señal política a la industria sobre la intención europea de participar en una infraestructura que puede adquirir importancia estratégica.

El informe también recomienda firmar contratos tempranos con clientes, con el objetivo de crear una demanda garantizada para los servicios de informática orbital. Esos acuerdos podrían entregar a las empresas privadas la confianza necesaria para invertir en hardware, diseño de plataformas y operaciones espaciales antes de que exista un mercado plenamente desarrollado. Sin compradores iniciales, los proyectos enfrentarían mayores riesgos de financiamiento y podrían quedar atrapados en ciclos prolongados de pruebas sin transición comercial.

La propuesta europea, por tanto, combina política industrial, investigación y creación de mercado. No se trata únicamente de lanzar más satélites, sino de construir una cadena de capacidades que incluya hardware, procesamiento de datos, robótica, comunicaciones y clientes institucionales. La ausencia de una estrategia común aumentaría la posibilidad de que Europa mantenga conocimientos científicos relevantes, pero carezca de la infraestructura necesaria para controlar sus aplicaciones críticas.

El riesgo de una dependencia estratégica

El ESPI advierte que el problema no se limita a perder una oportunidad comercial frente a empresas extranjeras. Si Estados Unidos y China consolidan sus redes antes que Europa, el continente podría depender de infraestructura orbital externa para sus sistemas de inteligencia artificial, sus capacidades de observación terrestre y flujos esenciales de procesamiento de datos. Esa dependencia tendría implicaciones tecnológicas y estratégicas, porque el acceso a servidores y plataformas espaciales podría quedar sujeto a decisiones de gobiernos o compañías fuera de la jurisdicción europea.

La observación terrestre ilustra la sensibilidad de ese escenario. Los datos satelitales apoyan actividades científicas, ambientales, agrícolas y de seguridad, de modo que su procesamiento no es un asunto puramente comercial. Si una potencia extranjera controla una parte sustancial de la capacidad orbital, Europa podría enfrentar limitaciones para decidir dónde, cómo y bajo qué condiciones se procesan sus propios datos.

Algo similar podría ocurrir con el entrenamiento de inteligencia artificial, una actividad que requiere cada vez más capacidad informática y acceso continuo a infraestructura energética. Los centros de datos orbitales no sustituirán automáticamente a las instalaciones terrestres, pero podrían convertirse en un componente relevante de las redes globales de cómputo. Quedar fuera de esa arquitectura reduciría la autonomía europea justo cuando la IA se convierte en una herramienta central para empresas, gobiernos y servicios públicos.

El calendario propuesto por el informe busca evitar que Europa reaccione cuando la estructura del mercado ya esté definida. Estados Unidos y China han mostrado planes que combinan constelaciones masivas, financiamiento y objetivos de procesamiento directo en órbita, mientras Europa aún reúne demostraciones y proyectos especializados. La decisión sobre una iniciativa insignia para 2028 será, en consecuencia, una prueba de si el continente pretende competir en la próxima generación de infraestructura digital o aceptar un papel dependiente.

La carrera por los centros de datos orbitales todavía se encuentra en una fase temprana y sus resultados comerciales no están garantizados. No obstante, la diferencia entre experimentar con satélites individuales y planificar redes de decenas de miles de unidades revela una brecha de ambición que puede volverse difícil de cerrar. Para Europa, el desafío consiste en convertir sus capacidades científicas en un programa coordinado, financiado y conectado con clientes antes de que sus rivales ocupen el espacio tecnológico.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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