Una hoja de cálculo voluntaria de empleados de Microsoft registra gastos de IA con una mediana cercana a USD $300 en los últimos 28 días, pero los datos no muestran que ese consumo se traduzca en mejores bonos, aumentos o ascensos.
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- La hoja reúne aproximadamente 350 entradas y registra un gasto máximo individual de USD $28.000.
- CoreAI presentó la mediana más alta, con USD $975, mientras Clientes y socios registró USD $134.
- Los datos son anónimos y voluntarios, y plantean interrogantes laborales en Europa sobre el monitoreo del desempeño.
Los empleados de Microsoft comenzaron a comparar sus facturas mensuales de inteligencia artificial dentro de una hoja de cálculo interna que ya utilizaban para compartir, de manera voluntaria, información sobre aumentos, bonos y premios en acciones. El documento incorporó una columna dedicada al gasto en IA durante los últimos 28 días y, entre aproximadamente 350 registros, mostró una mediana cercana a USD $300. La cifra contrasta con el precio de una licencia de Microsoft 365 Copilot, que parte de unos USD $30 por usuario al mes, según el plan contratado.
El registro no representa a toda la plantilla de Microsoft, que según cifras citadas en informes sobre la compañía supera los 220.000 empleados, sino a un grupo reducido que decidió participar de forma anónima. Aun con esa limitación, los datos ofrecen una mirada inusual sobre cuánto dinero destinan algunos trabajadores a herramientas de IA, especialmente en una compañía que desarrolla y comercializa productos vinculados con esta tecnología.
Un gasto muy desigual entre equipos
La mediana oculta diferencias importantes entre las organizaciones internas de Microsoft. CoreAI reportó el nivel más elevado, con USD $975, seguida por Seguridad, con USD $526, y Microsoft AI, con USD $490, según la información recogida en la hoja compartida por los empleados.
En el extremo contrario, la organización de Clientes y socios registró una mediana de USD $134. Ese mismo grupo también incluyó el mayor valor individual de la muestra, un gasto de USD $28.000 durante el periodo observado, una cifra atípica frente al resto de los registros y que la información disponible no explica en detalle.
La comparación con Copilot permite dimensionar la magnitud del gasto declarado. El empleado mediano de la muestra habría desembolsado alrededor de diez veces el precio mensual de una licencia de Microsoft 365 Copilot, aunque la hoja no precisa qué servicios utilizó cada persona ni si todos los pagos correspondían a productos de Microsoft.
La referencia también debe manejarse con cautela porque el gasto puede incluir suscripciones, consumo asociado a modelos, herramientas externas o proyectos específicos de cada equipo. Sin un desglose individual de los servicios, la cifra muestra el tamaño de la inversión personal o laboral en IA, pero no permite determinar por sí sola qué aplicaciones generaron ese costo.
Más IA no significó mejores recompensas
El dato más relevante no está únicamente en el monto de las facturas, sino en lo que la hoja no encontró. Business Insider informó que no existe una correlación significativa entre la cantidad de IA utilizada por una persona y su calificación de bono, su aumento por mérito o su probabilidad de recibir un ascenso.
La ausencia de una relación estadística clara separa dos afirmaciones que suelen aparecer juntas en el debate empresarial. Trabajar en áreas vinculadas con la IA puede coincidir con mejores compensaciones, pero utilizar intensivamente esas herramientas no parece garantizar, dentro de esta muestra, un reconocimiento salarial o profesional equivalente.
La información salarial revisada previamente por The Next Web había señalado una división de Microsoft en dos poblaciones de compensación. La nueva columna añade una dimensión distinta: el hecho de que ciertos empleados gasten más en IA no demuestra que reciban mejores recompensas por hacerlo ni que la empresa valore ese consumo como una métrica directa de desempeño.
El resultado tampoco prueba que la IA no mejore la productividad de ningún trabajador. Solo indica que, con los datos voluntarios disponibles, el gasto declarado no mostró una asociación significativa con bonos, aumentos o ascensos, por lo que cualquier conclusión más amplia requeriría información completa, comparable y controlada.
Datos voluntarios y riesgos de monitoreo
La hoja de cálculo tiene varias advertencias metodológicas. Sus registros son autodeclarados, voluntarios y anónimos, cubren aproximadamente a 350 personas de una plantilla de más de 220.000 y proceden de una herramienta de seguimiento que Microsoft describe como todavía situada en una fase temprana de pruebas.
Ese carácter parcial puede producir sesgos de participación, ya que quienes gastan más, usan más herramientas o tienen una opinión definida sobre la IA podrían estar más inclinados a registrar sus cifras. Además, la mediana por equipo no permite comparar automáticamente productividad, funciones, presupuestos, acceso corporativo o necesidades técnicas entre trabajadores.
El seguimiento adquiere una dimensión adicional en Europa, donde las normas laborales pueden limitar la instalación de herramientas capaces de observar el comportamiento o el rendimiento de los empleados. En Alemania, los consejos de empresa tienen derechos de codeterminación sobre dispositivos técnicos que puedan realizar ese tipo de monitoreo.
El umbral legal puede ser más bajo de lo que aparenta. El Tribunal Laboral Federal alemán ha sostenido que un sistema de registro del tiempo debe establecerse y aplicarse de manera adecuada y con un registro completo de las horas trabajadas. Esto refuerza la relevancia de analizar cómo se diseñan y utilizan las herramientas laborales, aunque no demuestra por sí solo que la hoja de Microsoft constituya un mecanismo de vigilancia ilegal.
La presión por medir el trabajo con IA
La discusión sobre la hoja de Microsoft forma parte de una tendencia más amplia: las empresas buscan cuantificar cómo trabajan las personas y qué herramientas utilizan. En ese contexto, The Next Web también señaló que las horas ahorradas mediante IA suelen desperdiciarse en lugar de acumularse o redirigirse sistemáticamente hacia nuevas tareas.
Medir el uso puede ayudar a una organización a entender qué aplicaciones tienen demanda y cuánto cuestan, pero también puede transformar una herramienta de productividad en un mecanismo de vigilancia. El riesgo aumenta cuando los datos de consumo se combinan con evaluaciones salariales, promociones o decisiones sobre permanencia laboral, aunque la información de Microsoft no demuestre que esa combinación haya producido resultados en este caso.
El apetito empresarial por observar el trabajo tampoco se limita a Microsoft. Skan AI anunció el 12 de agosto de 2026 una ronda Serie C de USD $63 millones para desarrollar una capa de contexto sobre el trabajo empresarial y facilitar que agentes de IA comprendan e imiten procesos laborales. La operación ilustra hacia dónde puede avanzar la medición automatizada de tareas, aunque no establece una relación directa con la hoja de cálculo de Microsoft.
La paradoja que deja la hoja es clara: dentro de Microsoft, trabajar en IA parece estar asociado con mejores pagos, mientras que consumir mucha IA no muestra una relación significativa con bonos, aumentos o ascensos. Esa diferencia importa porque convierte una factura tecnológica en un punto de partida para discutir costos, productividad, incentivos y privacidad, no en una prueba de que gastar más produzca una carrera profesional más rápida.
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