Por Canuto  

El lanzamiento de ChatGPT golpeó de lleno a una industria que durante años conectó a miles de trabajadores kenianos con estudiantes extranjeros. La caída de pedidos y tarifas en Nairobi expone cómo la automatización puede deshacer rápidamente modelos laborales enteros, mientras nuevos trabajadores intentan sobrevivir reescribiendo textos generados por IA.
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  • Al menos 40.000 personas llegaron a trabajar en Nairobi redactando ensayos y trabajos de investigación para estudiantes de Estados Unidos y Reino Unido.
  • Tras el lanzamiento de ChatGPT en 2022, los pedidos y los precios se desplomaron, según la información citada en el reporte.
  • La transcripción, la anotación de datos y la moderación de contenido también perdieron oportunidades, mientras crece el trabajo de humanización de textos.


ChatGPT desploma la industria de trabajos académicos en Nairobi

El avance de ChatGPT golpeó en Nairobi a una industria que durante años convirtió la redacción académica para estudiantes extranjeros en una fuente de ingresos para miles de personas. En su punto máximo a comienzos de esta década, al menos 40.000 trabajadores kenianos participaban en ese mercado, elaborando ensayos y trabajos de investigación para alumnos de universidades de Estados Unidos y Reino Unido.

La historia muestra una de las formas más directas en que la inteligencia artificial puede alterar un mercado laboral: no mediante una transformación gradual, sino al reducir con rapidez los pedidos y las tarifas de un servicio completo. El caso también plantea una pregunta incómoda para los países que promovieron el trabajo autónomo digital como una vía de empleo, especialmente cuando una parte considerable de sus trabajadores depende de actividades informales y vulnerables a la automatización.

Un negocio digital construido alrededor de la demanda extranjera

Los redactores kenianos atendían encargos de estudiantes matriculados en instituciones universitarias de Estados Unidos y Reino Unido, con trabajos relacionados con medicina, informática, ingeniería y otras áreas de alta exigencia académica. En algunos casos, los trabajadores utilizaban las credenciales universitarias de sus clientes para acceder a plataformas, materiales o sistemas necesarios para completar los documentos solicitados.

Según el reporte citado por el medio de origen, Teresios Bundi, de 34 años, escribió más de 2.500 trabajos durante un periodo de doce años. Con el tiempo, Bundi llegó a cobrar entre USD $40 y USD $70 por texto, una tarifa que reflejaba la especialización, la urgencia y el tipo de encargo que recibía de sus clientes extranjeros.

La actividad no representaba únicamente una suma de trabajos individuales realizados desde computadoras personales. También formaba parte de un ecosistema laboral más amplio, conectado con plataformas digitales, intermediarios y estudiantes que buscaban completar ensayos o investigaciones bajo presión de tiempo, aunque la práctica planteaba evidentes problemas de integridad académica y responsabilidad universitaria.

El volumen alcanzado en Nairobi convirtió la redacción académica en un ejemplo de cómo internet puede exportar tareas intelectuales hacia mercados con menores costos laborales. Sin embargo, esa misma dependencia de encargos internacionales dejó a los trabajadores expuestos a una herramienta capaz de producir borradores en segundos y modificar de inmediato la relación entre precio, velocidad y demanda.

El impacto de ChatGPT sobre los pedidos y las tarifas

El lanzamiento de ChatGPT en 2022 coincidió con un rápido deterioro de las condiciones del negocio. Según la información recopilada en el reporte, después de la llegada del chatbot comenzaron a caer los precios y los pedidos, mientras la actividad de redacción académica prácticamente se agotó en un periodo de aproximadamente dos años.

(a) Catalizador confirmado: el reporte vincula temporalmente la contracción de la industria con la llegada de las herramientas de IA generativa. (b) Explicación plausible: los estudiantes pudieron obtener textos generados por inteligencia artificial sin contratar necesariamente a un redactor humano para cada encargo. La evidencia disponible no permite atribuir cada pérdida de trabajo exclusivamente a ChatGPT ni descartar otros factores del mercado.

Para trabajadores como Bundi, el cambio significó mucho más que una presión competitiva sobre sus ingresos. La herramienta redujo la cantidad de solicitudes disponibles y debilitó un modelo basado en vender tiempo, investigación y capacidad de escritura a clientes ubicados en países con mayores tarifas, de modo que la ventaja del trabajo remoto perdió parte de su valor.

La automatización tampoco eliminó por completo la intervención humana, pero cambió el tipo de tarea que algunos clientes estaban dispuestos a pagar. El mercado que quedó, según el reporte, incluye a los llamados humanizadores, personas que reescriben textos producidos por sistemas de IA para hacerlos parecer más naturales y tratar de evitar los detectores de plagio.

Ese desplazamiento crea una paradoja laboral: los mismos trabajadores que antes redactaban documentos desde cero pueden terminar ofreciendo una versión más barata y menos valorada de su experiencia, dedicada a corregir o disfrazar material generado automáticamente. La demanda no desaparece de manera uniforme, pero sí cambia hacia actividades con menor reconocimiento y una competencia más intensa.

Una presión que alcanza a otros trabajos digitales

La redacción académica no fue el único sector afectado en Kenia. El reporte también señala una caída de oportunidades en áreas como la transcripción y la anotación de datos, dos actividades que durante años sirvieron para conectar a trabajadores locales con empresas tecnológicas y proveedores internacionales.

La moderación de contenido para Meta aparece igualmente entre los trabajos que perdieron actividad. La empresa Sama, contratista de Meta, abandonó el negocio de la moderación de contenidos en Kenia, en un contexto marcado además por disputas laborales y despidos de trabajadores. Estas tareas exigían revisar, clasificar o etiquetar grandes volúmenes de información, funciones que las empresas pueden reorganizar cuando cuentan con sistemas de inteligencia artificial más capaces o cuando reducen el número de personas necesarias para procesar cada unidad de trabajo.

El fenómeno resulta especialmente relevante porque Kenia había impulsado deliberadamente el trabajo autónomo en línea desde 2016. La estrategia buscaba ampliar el acceso a ingresos digitales y aprovechar la conexión del país con compañías extranjeras, mientras empresas como Sama contribuían a etiquetar datos utilizados en el desarrollo de sistemas de IA.

El problema es que la misma cadena de valor que abrió oportunidades para los trabajadores digitales también aceleró la creación de herramientas capaces de sustituir parte de sus tareas. En una economía donde alrededor del 80% de los empleos son informales, la desaparición de encargos puede traducirse rápidamente en pérdida de ingresos, sin la protección o la transición laboral que suelen acompañar a los empleos formales.

La advertencia sobre una transformación más amplia

El profesor de Oxford Mark Graham espera que se produzcan convulsiones similares en otras partes del mundo. Su advertencia apunta a que el caso de Nairobi no debe interpretarse como una anomalía limitada a la redacción académica, sino como una señal sobre la vulnerabilidad de múltiples ocupaciones que venden conocimientos, análisis o producción de documentos a través de plataformas digitales.

La diferencia entre sectores puede estar en la velocidad del impacto y no necesariamente en su dirección. Cuando un sistema automatizado ofrece una alternativa suficientemente rápida y barata, los clientes pueden reducir sus encargos a trabajadores humanos incluso si la calidad final requiere revisiones o correcciones posteriores.

Bundi resumió esa preocupación con una advertencia que va mucho más allá de su propia experiencia: “La IA va por los banqueros, por los contables, va por los ingenieros, y la IA irá por los arquitectos. Va por todos”. La frase expresa el temor de que la automatización alcance progresivamente profesiones que durante mucho tiempo parecían protegidas por sus credenciales, su complejidad o su componente creativo.

El caso de Nairobi no permite concluir que todos esos empleos desaparecerán de la misma manera ni al mismo tiempo. Sí muestra, sin embargo, que una industria puede contraerse con rapidez cuando su principal ventaja consiste en realizar tareas repetibles para clientes que encuentran una alternativa tecnológica accesible.

El desafío para los trabajadores y los gobiernos

La experiencia keniana deja abierta la discusión sobre qué políticas pueden ayudar a los trabajadores cuando la innovación destruye una fuente de ingresos antes de que aparezca otra. Promover el trabajo autónomo en línea puede ampliar las oportunidades durante una etapa, pero también puede trasladar casi todo el riesgo a personas que dependen de plataformas, clientes extranjeros y mercados que cambian sin previo aviso.

La transición tampoco se resuelve simplemente con pedir a los trabajadores que aprendan a utilizar herramientas de IA. En el caso de los redactores académicos, la nueva oportunidad de humanizar textos puede ser más limitada que la actividad anterior y estar vinculada a una carrera permanente contra detectores, precios bajos y sistemas que continúan mejorando.

Para las universidades, el avance de estos sistemas también complica la defensa de la integridad académica. La existencia de redactores humanos ya había creado dificultades para determinar quién elaboraba realmente un trabajo, pero la disponibilidad de texto generado por IA añade nuevas capas de incertidumbre y obliga a revisar la forma en que se evalúan los conocimientos de los estudiantes.

La historia de Nairobi concentra así varias tensiones de la economía digital: un país que promovió el trabajo remoto, empresas que ayudaron a construir la infraestructura de datos para la IA y trabajadores que luego vieron cómo esas mismas tecnologías reducían sus oportunidades. El resultado es una advertencia concreta sobre el costo social de la automatización cuando los beneficios se distribuyen más rápido que las alternativas laborales.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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