BYD afirma que un Yangwang U7 recorrió 30.000 kilómetros y recibió más de 350 sesiones de ultracarga en poco más de ocho días, mientras su batería conservó 98,7% de capacidad. El resultado refuerza la apuesta por la carga rápida, aunque todavía no responde al desafío decisivo: demostrar resistencia durante años bajo las nuevas reglas de Europa.
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- BYD sometió un Yangwang U7 a más de 350 sesiones de ultracarga durante una prueba de 30.000 kilómetros completada en poco más de ocho días.
- La empresa informó que la batería retuvo 98,7% de su capacidad tras circular a 240 km/h y recibir cargas de alta potencia.
- Euro 7 exigirá conservar 80% de capacidad a cinco años y 72% a ocho años, una condición que no puede validarse en una prueba de nueve días.
BYD aseguró que llevó un Yangwang U7 a una prueba extrema de resistencia para examinar uno de los mayores temores alrededor de los vehículos eléctricos: el desgaste provocado por la ultracarga rápida. El automóvil recorrió 30.000 kilómetros en 8 días, 19 horas y 58 minutos, y realizó más de 350 sesiones de carga. Al término del ensayo, la compañía reportó que la batería conservaba 98,7% de su capacidad original.
El ensayo combinó varios factores que suelen acelerar la degradación de una batería, entre ellos el calor, la velocidad elevada y el suministro intensivo de energía. Según los reportes sobre la prueba, el vehículo circuló a una velocidad de crucero de 240 km/h en un circuito de pruebas de Nanning. La información disponible también describe el uso repetido de sesiones de carga de alta potencia.
Una prueba diseñada para castigar la batería
La lógica del experimento es directa: si la carga rápida y las altas temperaturas representan dos de las principales amenazas para una batería, someterla a ambas condiciones de manera repetida permite observar su comportamiento en un escenario especialmente exigente. En poco más de ocho días, el Yangwang U7 acumuló una distancia que normalmente requeriría mucho más tiempo de uso cotidiano, además de encadenar cientos de sesiones de ultracarga.
BYD sostuvo que el automóvil no recibió una preparación especial para la demostración. La empresa afirmó que seleccionó al azar un Yangwang U7 que salió directamente de una sala de exposición, una afirmación relevante porque busca presentar el resultado como representativo de un vehículo comercial y no como el desempeño de una unidad modificada para laboratorio.
Sin embargo, esa condición también constituye el punto que un evaluador independiente tendría mayor interés en verificar. La noticia no aporta detalles sobre un protocolo externo de medición, los instrumentos empleados para calcular la capacidad restante ni el procedimiento utilizado para comparar el estado de la batería antes y después de la prueba, por lo que el dato de 98,7% depende del reporte de la compañía.
El resultado es llamativo porque la degradación suele ser más pronunciada al comienzo de la vida útil de una batería, mientras que el calor y las cargas de alta potencia pueden someter sus componentes a un estrés adicional. Aun así, el experimento mide principalmente el efecto de un uso intensivo concentrado en pocos días y no permite extraer conclusiones completas sobre el envejecimiento que ocurre durante años.
La diferencia entre ciclos de carga y paso del tiempo
Una batería no envejece únicamente cuando el vehículo circula o recibe energía. El llamado envejecimiento de calendario ocurre incluso cuando el automóvil permanece estacionado, de modo que una secuencia de kilómetros y recargas realizada en un circuito no puede comprimir automáticamente cinco u ocho años de deterioro en un periodo de poco más de ocho días.
Esta distinción es central para interpretar el anuncio de BYD sin convertir una demostración de resistencia en una garantía de largo plazo. El Yangwang U7 parece haber soportado más de 350 sesiones de ultracarga con una pérdida limitada de capacidad, pero la prueba no revela cómo responderá la misma batería después de permanecer durante años bajo diferentes niveles de temperatura, carga y almacenamiento.
La exigencia regulatoria europea se enfoca precisamente en ese horizonte más amplio. Euro 7 establecerá que los nuevos tipos de vehículos eléctricos conserven 80% de su capacidad original después de cinco años o 100.000 kilómetros, mientras que el umbral descenderá a 72% después de ocho años o 160.000 kilómetros.
Los nuevos tipos de automóvil deberán cumplir esas condiciones a partir del 29 de noviembre de este año, y la obligación se extenderá a todos los vehículos nuevos vendidos desde la misma fecha de 2027. Por eso, una prueba de marketing de poco más de ocho días puede responder preguntas sobre la tolerancia a la ultracarga, pero no sustituye los modelos de envejecimiento acelerado y las verificaciones que exigirán las autoridades.
BYD se prepara para el mercado europeo
La presión regulatoria llega mientras BYD amplía su presencia industrial y comercial en Europa. La compañía está fabricando vehículos en Hungría y ha rechazado las acusaciones de que su planta de Szeged incumplió normas medioambientales, un asunto que se suma al escrutinio sobre la expansión de los fabricantes chinos en el continente.
La estrategia de la empresa también contempla desplegar una red de carga de megavatios en Europa. Al mismo tiempo, BYD trasladó parte de su producción masiva hacia Turquía, una decisión que encaja con sus planes de acercar operaciones y capacidades de suministro al mercado europeo.
La velocidad nominal de los cargadores no es necesariamente el principal obstáculo para esa expansión. El desafío consiste en llevar suficiente energía hasta cada punto de carga, especialmente cuando una estación debe entregar potencias muy elevadas de manera simultánea y la infraestructura eléctrica local no fue diseñada para soportar esa demanda.
Por esa razón, algunas empresas están comercializando alternativas más económicas para instalar equipos de carga en edificios que ya cuentan con suministro eléctrico. La solución puede reducir los costos de conexión y facilitar el despliegue, pero no elimina la necesidad de demostrar que las baterías, los cargadores y las redes pueden operar con seguridad bajo un uso intensivo.
El desafío de probar una promesa para 2031
La regulación introduce una dificultad particular para los fabricantes: una homologación concedida en noviembre debe ofrecer a una autoridad suficiente confianza sobre la retención de capacidad que el modelo tendrá en 2031. Como no resulta viable esperar años para cada aprobación, el cumplimiento dependerá de métodos de envejecimiento acelerado y de modelos capaces de proyectar el comportamiento futuro.
Ese proceso deja abierta una pregunta sobre la forma exacta en que se comprobarán las cifras exigidas. La información disponible no explica cómo se validará la capacidad retenida, qué condiciones de uso se considerarán representativas ni cómo se resolverán las diferencias entre una prueba controlada, el manejo diario de un conductor y el clima de cada mercado europeo.
La demostración del Yangwang U7 puede fortalecer el argumento comercial de BYD en un momento en que las marcas chinas alcanzan cuotas récord de registros europeos. También puede servir para mostrar que la ultracarga rápida no necesariamente destruye una batería después de cientos de ciclos, una preocupación que durante años ha influido en la percepción pública de los vehículos eléctricos.
Pero el estándar europeo no pide 98,7% de capacidad después de poco más de ocho días, sino 72% después de ocho años o 160.000 kilómetros, además del umbral intermedio de 80% a los cinco años o 100.000 kilómetros. La prueba de BYD es, por tanto, una señal alentadora sobre la resistencia inmediata del modelo, mientras la verdadera disputa será demostrar por escrito que esa resistencia se mantiene durante toda la vida útil regulatoria.
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