Por Canuto  

Mientras acciones como IonQ, Rigetti Computing y D-Wave Quantum llegaron a registrar alzas de hasta 6.200% en 12 meses, varios inversionistas multimillonarios parecen haber optado por una vía menos especulativa para exponerse al auge de la computación cuántica: Alphabet. El contraste entre la euforia bursátil y la cautela del gran capital vuelve a poner sobre la mesa un viejo debate de Wall Street sobre burbujas, valoraciones y adopción tecnológica.
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  • Las acciones de IonQ, Rigetti Computing y D-Wave Quantum llegaron a subir hasta 6.200% en 12 meses a mediados de octubre de 2025.
  • El análisis sostiene que Alphabet se ha convertido en la acción de computación cuántica preferida por multimillonarios como Warren Buffett, Chase Coleman y Bill Ackman.
  • Frente a valoraciones precio/ventas de entre 94 y 735 en firmas puras del sector, Alphabet combina negocio rentable, flujo de caja y desarrollo propio de hardware cuántico.


La computación cuántica ha ganado espacio en la conversación financiera de Wall Street como una de las tecnologías con mayor potencial transformador de largo plazo. Aunque la inteligencia artificial ha concentrado buena parte del entusiasmo reciente, algunos analistas creen que el avance cuántico podría terminar creando hasta USD $850.000 millones en valor económico global para 2040.

Ese potencial ha disparado el interés por varias compañías especializadas. A mediados de octubre de 2025, las acciones de IonQ, Rigetti Computing y D-Wave Quantum habían acumulado subidas de hasta 6.200% en los 12 meses previos, un desempeño excepcional incluso dentro de un mercado acostumbrado a los ciclos de euforia tecnológica.

Sin embargo, detrás de esos retornos extraordinarios también aparecen señales de cautela. Según el artículo “Billionaires Have Chosen Their Favorite Quantum Computing Stock, and It’s Not IonQ, Rigetti Computing, or D-Wave Quantum”, publicado por The Motley Fool, la preferencia de varios inversionistas multimillonarios no se ha inclinado por esas firmas puras del sector, sino por Alphabet, la matriz de Google.

La tesis parte de un contraste clave. Mientras las empresas centradas exclusivamente en computación cuántica ofrecen una exposición directa al tema, también concentran riesgos elevados vinculados a adopción comercial, sostenibilidad financiera y valoraciones que el mercado podría estar llevando a niveles difíciles de justificar.

El rally cuántico y el riesgo de una nueva burbuja

Uno de los argumentos más relevantes del análisis es histórico. Desde la expansión de internet hace más de tres décadas, prácticamente toda tecnología revolucionaria ha atravesado una fase temprana de burbuja. En esos ciclos, los inversionistas tienden a sobreestimar la rapidez con la que una innovación será adoptada o monetizada a gran escala.

La computación cuántica, pese a su promesa, todavía luce lejos de una utilidad masiva y generalizada. El desarrollo del hardware, la corrección de errores, la escalabilidad y la transición desde pruebas experimentales hasta aplicaciones comerciales sostenibles siguen siendo desafíos abiertos para la industria.

Desde esa perspectiva, el repunte meteórico de algunas acciones cuánticas podría reflejar más expectativa que resultados concretos. La advertencia no implica negar el potencial de la tecnología, sino recordar que el mercado suele adelantar escenarios optimistas muchos años antes de que aparezcan ventas o ganancias consistentes.

El artículo también subraya que estas compañías presentan valoraciones muy exigentes. De acuerdo con esa revisión, las relaciones precio/ventas de IonQ, Rigetti Computing y D-Wave Quantum cerraron la semana previa en un rango de 94 a 735, muy por encima de lo que históricamente ha sido sostenible para empresas asociadas a la próxima gran tendencia del mercado.

Esa cifra resulta especialmente llamativa porque, según el mismo texto, los múltiplos precio/ventas superiores a 30 rara vez se sostienen durante períodos prolongados. En otras palabras, incluso si el sector cuántico termina creciendo con fuerza, el precio pagado hoy por algunas acciones podría ya incorporar una parte muy amplia de ese futuro.

A esto se suma otro punto: la barrera de entrada en computación cuántica es presentada como relativamente baja en comparación con otras industrias intensivas en ventajas de red o posiciones monopólicas duraderas. Ese factor podría aumentar la competencia y reducir la probabilidad de que las firmas puras del sector consoliden un dominio claro en el tiempo.

Por qué Alphabet aparece como la favorita

En ese contexto, Alphabet surge como una alternativa distinta. La empresa no depende de que la computación cuántica se convierta pronto en un negocio maduro, porque ya opera varias unidades altamente rentables con ventajas competitivas consolidadas a escala global.

Google, su negocio de búsqueda, mantiene cerca de 90% del tráfico mundial de búsquedas en internet, según el análisis citado. A ello se suma YouTube, identificado como el segundo sitio más visitado del mundo, solo detrás de Google. Esa posición le otorga a Alphabet un poder excepcional en fijación de precios publicitarios.

La empresa también controla Google Cloud, la tercera mayor plataforma de servicios de infraestructura en la nube por gasto total. El texto señala que la incorporación de capacidades de inteligencia artificial generativa y modelos de lenguaje de gran tamaño ayudó a acelerar nuevamente el crecimiento de ingresos del segmento hasta 48% en el cuarto trimestre.

La importancia de este punto para los inversionistas es clara. Alphabet puede financiar proyectos de largo aliento en computación cuántica sin depender exclusivamente del apetito especulativo del mercado. Sus negocios centrales generan flujo de caja suficiente para sostener investigación, infraestructura y adquisición de talento en tecnologías emergentes.

Eso reduce uno de los grandes riesgos presentes en las compañías más pequeñas del sector. Mientras una firma pura necesita demostrar avances tecnológicos y, además, sobrevivir financieramente hasta que llegue la demanda comercial, Alphabet puede permitirse plazos más largos sin comprometer su estabilidad general.

Para inversionistas institucionales o multimillonarios, esa combinación de resiliencia financiera y exposición opcional a una tecnología de alto potencial suele ser más atractiva que una apuesta de todo o nada. En vez de perseguir solo el mayor rendimiento posible, muchos prefieren un balance entre crecimiento, escala y capacidad de ejecución.

El avance cuántico de Google

Alphabet no solo ofrece una vía indirecta al sector. También desarrolla su propio hardware cuántico. El artículo recuerda que la compañía presentó Willow en diciembre de 2024 y que, en octubre, probó un algoritmo cuántico sobre su propia infraestructura.

Según lo informado, la empresa indicó que esos cálculos fueron 13.000 veces más rápidos que los realizados por el superordenador más veloz. Aunque ese tipo de hitos técnicos no equivale todavía a una adopción comercial masiva, sí refuerza la idea de que Alphabet busca posicionarse como actor relevante dentro de la carrera cuántica.

En la práctica, esto significa que la empresa ofrece a los inversionistas dos capas de exposición. Por un lado, mantiene negocios maduros y generadores de efectivo. Por otro, participa en una de las áreas tecnológicas más prometedoras y experimentales del mercado global.

Ese equilibrio parece haber pesado entre grandes gestores y multimillonarios. El seguimiento de carteras reportado en el artículo muestra que Berkshire Hathaway, el conglomerado del ya retirado jefe multimillonario Warren Buffett, compró más de 17,8 millones de acciones Clase A de Alphabet durante el trimestre finalizado en septiembre.

Además, Alphabet figuraba como la mayor posición de Tiger Global Management, el fondo de Chase Coleman, al 31 de diciembre. También aparecía como la tercera mayor posición, considerando ambas clases de acciones, dentro de Pershing Square Capital Management, la firma liderada por Bill Ackman.

La conclusión del análisis es directa: seguir el dinero de algunos de los inversionistas más influyentes dentro del tema cuántico lleva a Alphabet, no a IonQ, Rigetti Computing ni D-Wave Quantum.

Qué dice esto sobre el mercado y el apetito por riesgo

La lectura de fondo no es que las compañías puras del sector estén condenadas al fracaso. Más bien, sugiere que el capital más sofisticado podría estar separando el entusiasmo tecnológico de la disciplina en valoración. Esa diferencia importa, sobre todo en fases iniciales donde las narrativas suelen moverse más rápido que los resultados.

También deja una señal útil para quienes siguen mercados vinculados a inteligencia artificial, blockchain o activos de alto crecimiento. No siempre la vía más obvia hacia una tecnología emergente es la que atrae al dinero más paciente. A veces, la apuesta preferida es una empresa dominante que puede absorber riesgo experimental dentro de una estructura de negocio rentable.

El propio artículo, no obstante, introduce un matiz importante. Antes de comprar acciones de Alphabet, recuerda que el equipo de analistas de Motley Fool Stock Advisor identificó otras 10 acciones que, a su juicio, serían mejores compras en este momento, y Alphabet no apareció en esa selección.

Para reforzar ese punto, el texto menciona antiguos casos exitosos de recomendaciones del servicio, incluyendo Netflix y Nvidia, junto con cifras históricas de rendimiento. También afirma que el retorno promedio total de Stock Advisor alcanzó 991%, frente a 201% del S&P 500, con datos al 29 de abril de 2026.

En cualquier caso, el mensaje central permanece intacto. En plena fiebre por la computación cuántica, marcada por repuntes extremos y valoraciones exigentes, varios multimillonarios parecen haber optado por una estrategia menos vulnerable a una posible corrección. Esa estrategia pasa por Alphabet, una compañía que combina escala, efectivo y una participación activa en la frontera cuántica.

Para los observadores del mercado, el episodio funciona como recordatorio de una lección recurrente en tecnología. Las mayores ganancias teóricas suelen atraer titulares, pero el capital más influyente a menudo prefiere plataformas sólidas con capacidad de capturar el futuro sin poner en juego su presente.


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