Por Canuto  

Starcloud cerró una ronda Serie A por USD $170 millones y alcanzó una valoración de USD $1.100 millones mientras impulsa una apuesta tan ambiciosa como riesgosa: construir centros de datos en órbita para IA, servicios cloud y hasta minería de Bitcoin. La propuesta promete aliviar límites energéticos y políticos en la Tierra, pero depende de avances técnicos complejos y del futuro despliegue comercial de Starship.
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  • Starcloud recaudó USD $170 millones en Serie A, elevando su financiación total a USD $200 millones y su valoración a USD $1.100 millones.
  • La startup ya lanzó un satélite con una GPU Nvidia H100 y prepara Starcloud 2 con múltiples GPU, una blade de servidor de AWS y una computadora de minería de Bitcoin.
  • Su visión de centros de datos orbitales competitivos en costos depende de que Starship logre lanzamientos comerciales frecuentes entre 2028 y 2029.

 

Starcloud, una startup enfocada en computación espacial, recaudó USD $170 millones en una ronda Serie A que valoró a la empresa en USD $1.100 millones. Con ese hito, la compañía se convierte en una de las startups más rápidas en alcanzar el estatus de unicornio tras graduarse de Y Combinator.

La ronda fue liderada por Benchmark y EQT Ventures, y llega en un momento en el que crece el interés por mover parte de la infraestructura de centros de datos hacia la órbita. La tesis detrás de esa apuesta es clara: en la Tierra, el despliegue de nueva capacidad enfrenta cuellos de botella energéticos, regulatorios y políticos.

Sin embargo, la oportunidad también está atravesada por riesgos evidentes. El modelo de negocio aún depende de tecnología no probada a gran escala y de inversiones de capital muy elevadas, en un sector donde la infraestructura física, el lanzamiento y la operación orbital siguen siendo costosos.

De acuerdo con TechCrunch, Starcloud ya ha recaudado un total de USD $200 millones. La empresa lanzó su primer satélite con una GPU Nvidia H100 en noviembre de 2025, un paso con el que busca demostrar que chips terrestres de alta gama pueden operar en el espacio.

Una apuesta orbital para IA, cloud y minería de Bitcoin

La siguiente fase del plan ya está en marcha. Más adelante este año, la compañía lanzará Starcloud 2, una versión más potente con múltiples GPU, entre ellas un chip Nvidia Blackwell, además de una blade de servidor de AWS y una computadora de minería de Bitcoin.

Ese detalle resulta especialmente llamativo para la industria cripto. Aunque el foco principal de la empresa parece estar en la computación para inteligencia artificial y servicios de procesamiento en órbita, la inclusión de hardware de minería sugiere un posible interés en explorar si ciertas tareas intensivas en cómputo pueden aprovechar mejor la energía solar disponible fuera de la atmósfera.

Para lectores menos familiarizados con este terreno, un centro de datos orbital sería, en esencia, una plataforma en el espacio capaz de ejecutar tareas de procesamiento, almacenamiento o análisis sin depender por completo de instalaciones en tierra. La propuesta combina infraestructura espacial, chips avanzados, energía solar y enlaces de comunicaciones.

El CEO y fundador Philip Johnston describió dos rutas de negocio. La primera consiste en vender potencia de procesamiento a otras naves espaciales en órbita. Como ejemplo, señaló que el primer satélite de Starcloud analiza datos recolectados por la nave espacial de radar de Capella Space.

La segunda ruta llegaría más adelante, si bajan de forma drástica los costos de lanzamiento. En ese escenario, centros de datos distribuidos en el espacio podrían absorber parte de las cargas de trabajo que hoy ejecutan las instalaciones terrestres, sobre todo en segmentos donde la escala y la energía sean factores decisivos.

Starcloud 3 y la dependencia crítica de Starship

En paralelo, la empresa comenzará a desarrollar una nave espacial de centro de datos diseñada para lanzarse desde Starship, el cohete pesado reutilizable que SpaceX sigue desarrollando. El proyecto se llama Starcloud 3 y representa un salto relevante en tamaño y potencia frente a las versiones previas.

Según Johnston, Starcloud 3 será una nave de 200 kilovatios y tres toneladas, diseñada para encajar en el sistema tipo “dispensador de Pez” que SpaceX creó para desplegar los satélites Starlink desde Starship. La ambición es que esa plataforma sea el primer centro de datos orbital con costos competitivos frente a los complejos terrestres.

El ejecutivo sostuvo que eso sería posible con costos energéticos del orden de USD $0,05 por kWh, siempre que los lanzamientos comerciales alcancen alrededor de USD $500 por kilogramo. En otras palabras, el modelo económico depende de una caída sustancial en el costo de acceso al espacio.

El problema es que Starship todavía no está operando de forma comercial. Johnston dijo que espera acceso comercial entre 2028 y 2029, una ventana que muestra hasta qué punto esta tesis depende de un calendario externo que aún no está asegurado.

Si ese cronograma se retrasa, Starcloud no planea detenerse. Johnston afirmó que la empresa seguiría lanzando versiones más pequeñas en Falcon 9, aunque reconoció que no podrá alcanzar competitividad real en costos energéticos hasta que Starship vuele con frecuencia.

Una industria naciente con enormes límites físicos

El caso de Starcloud también ilustra lo temprano que está este sector. Cuando Jensen Huang, CEO de Nvidia, presentó los módulos Vera Rubin Space-1 durante la conferencia anual GPU Technology Conference, no indicó que ninguno hubiera sido producido ni compartido con socios de desarrollo.

La escala actual de la computación espacial sigue siendo diminuta frente a la de los hyperscalers terrestres. En órbita, la cantidad de GPU avanzadas se cuenta por decenas, mientras que se estima que Nvidia vendió cerca de 4 millones de unidades a grandes operadores de centros de datos en 2025.

La diferencia también se observa en energía disponible. La red Starlink de SpaceX, la mayor constelación satelital en órbita con 10.000 naves espaciales, genera alrededor de 200 megavatios. En contraste, actualmente están en construcción centros de datos con más de 25 gigavatios de potencia en Estados Unidos, según cifras citadas por TechCrunch a partir de Cushman and Wakefield.

Eso implica que la visión de mover tareas pesadas de entrenamiento de IA al espacio todavía luce lejana. Las cargas más grandes exigen que cientos o miles de GPU trabajen de manera coordinada, algo que requerirá naves mucho más grandes o enlaces láser muy robustos entre plataformas que vuelen en formación.

Por esa razón, muchas empresas del sector esperan que primero despeguen tareas de inferencia más simples en órbita. Ese enfoque parece más cercano a la realidad actual, donde la latencia, la energía y la coordinación entre nodos aún son limitantes duros.

Los desafíos técnicos y la ventaja que busca construir

Johnston sostiene que Starcloud lleva ventaja frente a sus rivales porque logró desplegar la primera GPU terrestre en órbita. Según la empresa, ese hardware fue usado para entrenar un modelo de IA en el espacio, algo que considera inédito, además de ejecutar una versión de Gemini.

Más allá del valor de marketing, el ejecutivo remarcó que la experiencia ha servido para acumular datos sobre lo que realmente exige operar chips potentes en el entorno espacial. También admitió que una H100 probablemente no sea el mejor chip para el espacio, pero sostuvo que la decisión fue deliberada para probar hardware terrestre de vanguardia en condiciones extremas.

La curva de aprendizaje ha sido costosa. Otra GPU, una Nvidia A6000, falló durante el lanzamiento. Ese tipo de incidentes subraya el nivel de complejidad al que se enfrenta cualquier empresa que quiera convertir la órbita en una extensión funcional de la infraestructura digital global.

Entre los retos técnicos pendientes están la generación eficiente de energía y la refrigeración de chips que operan a altas temperaturas. Starcloud 2 tendrá, según la empresa, el radiador desplegable más grande jamás volado en un satélite privado, y Johnston espera que al menos dos versiones adicionales de esa nave lleguen a órbita.

Competencia creciente y la sombra de SpaceX

Starcloud no está sola en esta carrera. También trabajan en modelos de centros de datos espaciales Aetherflux, Project Suncatcher de Google y Aethero, esta última responsable del lanzamiento de la primera GPU Jetson de Nvidia basada en el espacio en 2025.

Pero el actor que más pesa en el panorama es SpaceX. La empresa de Elon Musk ha solicitado al gobierno de Estados Unidos permiso para construir y operar 1 millón de satélites dedicados a computación distribuida en el espacio.

Competir contra una firma con esa capacidad industrial sería intimidante para cualquier startup. Aun así, Johnston cree que existe espacio para coexistir, al argumentar que SpaceX está construyendo para un caso de uso algo distinto al de Starcloud.

Según su visión, SpaceX atendería principalmente cargas de trabajo ligadas a Grok y Tesla, y quizá en el futuro podría ofrecer servicios cloud a terceros. Sin embargo, Johnston sugirió que es menos probable que la compañía entre con el mismo enfoque de actor de energía e infraestructura que busca desarrollar Starcloud.

La conclusión, por ahora, es doble. Por un lado, la startup acaba de captar una suma notable para una idea que hace pocos años parecía ciencia ficción. Por otro, su éxito a largo plazo dependerá de resolver problemas de física, ingeniería y economía que todavía no tienen respuesta definitiva.

En ese cruce entre IA, infraestructura espacial y minería de Bitcoin, Starcloud intenta abrir una nueva frontera tecnológica. La promesa es enorme, pero también lo es la distancia entre un experimento orbital y una industria capaz de competir de verdad con la Tierra.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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