Por Canuto  

Groq intenta abrir un nuevo capítulo tras el acuerdo que permitió a Nvidia licenciar su tecnología y contratar aparte clave de su cúpula. La startup confirmó una nueva ronda de USD $650 millones, reforzó su plantilla ejecutiva y ahora apuesta por escalar su negocio de nube de inferencia en uno de los segmentos más competidos y codiciados de la IA.
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  • Groq confirmó una ronda de financiación por USD $650 millones, unos seis meses después de su acuerdo de licencia no exclusiva con Nvidia.
  • La startup perdió a su fundador Jonathan Ross, a su presidente Sunny Madra y a otros empleados, pero mantuvo a Doug Wightman, ahora CEO.
  • La empresa pivota hacia su negocio neocloud, con 13 centros de datos y más de 5 millones de desarrolladores atendidos, según afirma la compañía.

 

La startup tecnológica Groq confirmó una nueva ronda de financiación por USD $650 millones, en un movimiento que llega cerca de seis meses después del acuerdo que firmó con Nvidia en diciembre. La operación valida reportes previos y marca el siguiente paso de la empresa tras una de las maniobras corporativas más peculiares del actual auge de la inteligencia artificial.

El contexto es relevante porque no se trató de una adquisición tradicional. Nvidia firmó una licencia no exclusiva para la tecnología de Groq y, al mismo tiempo, incorporó a su fundador y CEO Jonathan Ross, a su presidente Sunny Madra y a otros empleados clave.

Ese tipo de operación suele describirse como una “no adquisición”, porque evita comprar formalmente a la compañía completa, pero puede alterar su destino de forma drástica. En este caso, además de retribuir a los inversionistas, el acuerdo dejó a Groq ante la tarea de redefinir su negocio, su liderazgo y su propuesta competitiva.

La empresa no reveló cuál es su nueva valoración tras esta ronda. Su referencia previa era una valoración de USD $6.900 millones, alcanzada luego de una recaudación de USD $750 millones en septiembre.

Según informó TechCrunch, los inversionistas habrían obtenido fuertes retornos con el pacto cerrado con Nvidia en diciembre. Ese dato ayuda a explicar por qué Groq aún pudo atraer capital adicional, pese al golpe que significó perder parte de su cúpula y compartir la propiedad intelectual central de su tecnología.

Del diseño de chips a la nube de inferencia

Jonathan Ross era una figura reconocida en el sector de chips para IA desde antes de fundar Groq. Proveniente de Google, se le atribuye haber ayudado a crear la Tensor Processing Unit, uno de los desarrollos más emblemáticos de la infraestructura de IA moderna.

Ross fundó Groq hace una década junto con otro ingeniero también procedente de Google, Doug Wightman. Tras la salida de Ross en el acuerdo con Nvidia, Wightman permaneció en la compañía y asumió el cargo de CEO.

Groq desarrolló un chip propio al que llamó unidad de procesamiento de lenguaje, o LPU. Esa arquitectura estaba orientada a inferencia, es decir, a la fase en la que un modelo ya entrenado responde consultas, genera texto o procesa solicitudes de usuarios y empresas.

La compañía comercializaba esa tecnología como parte de un servicio en la nube o mediante clústeres de hardware instalados en las dependencias de sus clientes. Esa combinación le permitía competir tanto por rendimiento como por flexibilidad de despliegue en un mercado cada vez más exigente.

Sin embargo, el panorama cambió cuando Nvidia obtuvo acceso a la propiedad intelectual de las LPUs mediante la licencia no exclusiva. En marzo, durante su evento GTC, el gigante de las GPU presentó su propio clúster de hardware de inferencia llamado Nvidia Groq 3 LPX.

Ese lanzamiento subraya el problema estratégico de fondo para Groq. Si su socio y rival puede explotar la misma base tecnológica, la ventaja de diferenciarse por hardware se reduce y obliga a la startup a encontrar otro eje de crecimiento.

La apuesta por la neonube y la reconstrucción del equipo

La respuesta de Groq ha sido pivotar hacia su negocio neocloud, según explicó la empresa. Se trata de una reorientación hacia el servicio de infraestructura y capacidad de inferencia como plataforma, más que hacia la venta del chip como corazón exclusivo de su narrativa comercial.

Ese negocio había sido liderado por Sunny Madra, antes de su salida, luego de que Groq comprara su startup de analítica de datos con IA, Definitive Intelligence, en 2024. La adquisición ya anticipaba un interés por ampliar capacidades más allá del silicio puro.

De acuerdo con la empresa, su red ya alcanza 13 centros de datos distribuidos entre América del Norte, Europa, Oriente Medio y APAC. Groq asegura además que atiende a más de 5 millones de desarrolladores y a miles de empresas de IA.

La compañía también afirma que esa infraestructura procesa trillones de tokens cada semana. Aunque no ofreció en esta actualización un desglose más fino sobre ingresos, ocupación o márgenes, el dato busca mostrar escala en un mercado donde la capacidad efectiva suele pesar tanto como la innovación técnica.

En paralelo, Groq ha rearmado su cúpula ejecutiva para cubrir los vacíos dejados por el acuerdo con Nvidia. La empresa incorporó a Alan Rice como COO, después de pasos previos por xAI y Meta, y de una carrera en la Marina de Estados Unidos.

También sumó a Sinclair Schuller como CTO y a Rakesh Malhotra como CPO. Ambos ya habían trabajado juntos en Apprenda, una firma de software en la nube empresarial fundada por Schuller, y luego cofundaron Nuvalence, una empresa de ingeniería de software adquirida por EY en 2024.

Malhotra, además, pasó cerca de una década en productos de nube de Microsoft. Ese detalle no es menor, porque su experiencia sugiere que Groq quiere reforzar capacidades de plataforma, producto y operación empresarial en una fase donde la ejecución comercial puede ser tan decisiva como el rendimiento del hardware.

Un mercado de inferencia en expansión, pero con presión competitiva

La gran incógnita es si Groq puede sostener una posición competitiva sólida en inferencia ahora que la propiedad intelectual clave de su hardware ya no es una ventaja exclusiva frente a Nvidia. Esa duda atraviesa toda la historia de la empresa desde diciembre.

Aun así, la oportunidad existe y es considerable. La inferencia se ha convertido en una de las áreas más calientes de la IA, porque cada despliegue real de modelos exige capacidad para responder a millones de consultas con rapidez, costo contenido y alta disponibilidad.

Por eso, además de atraer capital de riesgo, el segmento está convocando nuevas arquitecturas, proveedores de nube especializados y competidores con propuestas diversas. La demanda crece con fuerza, pero también lo hace la velocidad de innovación y la dificultad para conservar ventajas duraderas.

En ese entorno, Groq intenta cambiar la conversación desde el chip hacia el servicio. Si logra que clientes y desarrolladores valoren más su red, su software, su latencia o su capacidad global que la exclusividad de su diseño, podría encontrar una vía de supervivencia e incluso expansión.

La noticia también resulta interesante para audiencias de mercados y tecnología porque ilustra una tendencia más amplia. En la carrera por la IA, no siempre gana quien compra toda la empresa, sino quien asegura talento, licencias estratégicas y acceso rápido a componentes críticos del ecosistema.

La lógica financiera detrás de las “no adquisiciones”

El caso de Groq encaja en una estructura que empieza a repetirse en la industria. En lugar de ejecutar una compra total, una gran corporación puede pagar por licencias de propiedad intelectual y atraer a los líderes técnicos de la startup, dejando a la entidad original con caja, pero sin parte de sus principales activos humanos.

Para los inversionistas, ese tipo de acuerdo puede traducirse en retornos significativos sin necesidad de una venta convencional o de una salida a bolsa. Para la empresa remanente, en cambio, el reto es demostrar que todavía existe una tesis operativa independiente y una ruta real hacia la creación de valor.

Groq parece estar intentando exactamente eso. La nueva financiación, la contratación de nuevos ejecutivos y el énfasis en la neonube sugieren que la startup quiere presentarse como un operador de infraestructura de IA con alcance global, no solo como el laboratorio que diseñó una arquitectura llamativa.

La viabilidad de esa apuesta dependerá de varios factores que la empresa aún deberá probar con resultados. Entre ellos destacan la retención de clientes, la capacidad de monetizar su base de desarrolladores y la fortaleza de su oferta frente a rivales mejor capitalizados o más integrados verticalmente.

TechCrunch señaló que otros han logrado sobrevivir a acuerdos de este tipo. El medio citó al CEO de Scale AI, Jason Droege, quien dijo a Forbes que su negocio se recuperó tras la “no adquisición” de USD $14.300 millones realizada por Meta hace aproximadamente un año, y que la empresa va camino a alcanzar USD $1.000 millones en ingresos.

Esa comparación no garantiza un desenlace similar para Groq, pero sí muestra que el manual corporativo de la IA está cambiando. En un mercado donde circulan cifras enormes, talento escaso y propiedad intelectual estratégica, incluso una empresa golpeada por la salida de sus líderes todavía puede volver a financiarse y tratar de reinventarse.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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