Un grupo de ex OpenAI puso en marcha Zero Shot, un nuevo fondo de capital de riesgo que ya realizó un primer cierre y comenzó a invertir, mientras busca alcanzar una meta de USD $100 millones con una tesis centrada en IA aplicada y robótica.
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- Zero Shot realizó un primer cierre tras captar USD $20 millones y apunta a un fondo inicial de USD $100 millones.
- El equipo fundador reúne a ex OpenAI, una inversionista de growth y ejecutivos con experiencia en tecnología y medios.
- El fondo ya invirtió en Worktrace AI, Foundry Robotics y una tercera startup que sigue en modo stealth.
🚀 Nuevo fondo de capital de riesgo en IA: Zero Shot
Exintegrantes de OpenAI lanzan un fondo de USD $100 millones.
Ya aseguraron USD $20 millones en su primer cierre.
Invertirán en startups de IA y robótica con enfoque en problemas reales.
Entre sus primeras apuestas están… pic.twitter.com/c0lm4ATQDe
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) April 7, 2026
Un nuevo fondo de capital de riesgo con fuertes vínculos con OpenAI comenzó a operar en silencio mientras avanza hacia una meta de USD $100 millones. La firma se llama Zero Shot y, según reportó TechCrunch, ya realizó un primer cierre, emitió algunos cheques y definió una tesis de inversión enfocada en áreas donde sus fundadores creen tener una lectura más precisa del rumbo que tomará la IA.
La aparición del fondo resulta relevante en un momento en que la inteligencia artificial (IA) atrae grandes flujos de capital, pero también una proliferación de proyectos cuya viabilidad es difícil de evaluar. Vale señalar que un fondo de capital de riesgo reúne dinero de inversionistas institucionales y patrimonios privados para apostarlo por startups de alto crecimiento, con la expectativa de retornos futuros elevados.
En este caso, Zero Shot busca diferenciarse por el perfil de sus socios. Tres de los cinco cofundadores trabajaron en OpenAI, en distintas funciones técnicas y de producto, antes de moverse hacia la creación de empresas, la consultoría o el capital de riesgo. Esa experiencia compartida, según explicó el propio equipo, fue una de las bases para lanzar el vehículo de inversión.
El nombre Zero Shot alude a un término habitual en el entrenamiento y uso de sistemas de IA. En ese contexto, la expresión suele referirse a la capacidad de un modelo para responder o actuar sin haber sido entrenado explícitamente para un caso concreto. El fondo adopta esa referencia como marca en una señal clara de su foco sectorial.
Quiénes están detrás de Zero Shot
Entre los fundadores aparece Evan Morikawa, exjefe de ingeniería aplicada en OpenAI durante el lanzamiento de DALL·E y ChatGPT a través de Codex. En la actualidad, Morikawa trabaja en la startup de robótica Generalist. Su presencia aporta una combinación de experiencia en modelos de IA y aplicaciones físicas en automatización.
También figura Andrew Mayne, descrito como el ingeniero de prompts original de OpenAI y conocido además como presentador de The OpenAI podcast. Mayne fundó Interdimensional, una consultora centrada en despliegue de IA, una actividad que según su relato lo acercó de forma constante a emprendedores y a inversionistas interesados en entender tecnologías emergentes.
El tercer ex OpenAI dentro del grupo es Shawn Jain, ingeniero y exinvestigador de la organización, que luego pasó a capital de riesgo y además fundó su propia startup de IA generativa, Synthefy. A ellos se suma Kelly Kovacs, anteriormente socia fundadora en 01A, la firma de growth venture fundada por Dick Costolo y Adam Bain.
El quinto miembro fundador es Brett Rounsaville, antes vinculado a Twitter y Disney, y hoy CEO de Interdimensional, la empresa creada por Mayne. En conjunto, el equipo mezcla bagaje técnico, cercanía con el ecosistema de OpenAI, experiencia operativa y trayectoria en inversión, algo que buscan convertir en ventaja al seleccionar compañías en etapas tempranas.
Cómo nació la idea del fondo
Mayne dijo que los exalumnos de OpenAI habían sido amigos durante años. Según su relato, trabajaron juntos desde antes del lanzamiento de ChatGPT y también durante los años de expansión más intensa de la empresa. Tras salir de la organización, todos comenzaron a recibir pedidos de asesoría de fondos y de fundadores que buscaban orientación sobre IA.
Esa dinámica, añadió, fue una de las razones para iniciar su firma de consultoría. De acuerdo con Mayne, varios conocidos estaban dejando OpenAI con interés en crear nuevas compañías. Ese flujo de talento hizo más evidente para el grupo que existía una oportunidad no solo para aconsejar, sino también para respaldar financieramente a los equipos que consideraban más sólidos.
Mayne afirmó que los socios detectaron una brecha entre muchas de las startups de IA que estaban logrando financiamiento y aquello que el mercado realmente necesitaba. A partir de esa percepción, concluyeron que podían lanzar su propio fondo porque creían entender con bastante claridad hacia dónde se dirige la tecnología y porque mantenían acceso a constructores que consideran excepcionales.
Después de conversar con instituciones y family offices, los socios cerraron los primeros USD $20 millones y establecieron una meta de USD $100 millones para su vehículo inicial. Ese primer cierre les permitió comenzar a desplegar capital aun antes de completar el tamaño deseado del fondo, una práctica común en capital de riesgo cuando el equipo quiere moverse rápido en sectores competitivos.
Las primeras inversiones del fondo
Zero Shot ya respaldó a Angela Jiang, exgerente de producto de OpenAI, y a su startup Worktrace AI. La empresa desarrolla una plataforma de software de gestión impulsada por IA que busca ayudar a otras compañías a automatizar tareas, pero partiendo de una pregunta previa: identificar primero qué procesos conviene automatizar.
Worktrace AI recaudó una ronda semilla de USD $10 millones con apoyo de nombres destacados como Mira Murati y el fondo de OpenAI, según estimaciones de PitchBook citadas en la historia original. La inversión de Zero Shot en esa compañía sugiere una preferencia por herramientas empresariales con foco en eficiencia operacional y utilidad concreta, más que por productos construidos solo alrededor del entusiasmo del momento.
El fondo también invirtió en Foundry Robotics, una startup que trabaja en robótica de fábrica de próxima generación potenciada con IA. Esa empresa levantó recientemente una ronda semilla de USD $13,5 millones, liderada por Khosla Ventures. La presencia de Zero Shot en la operación refuerza la idea de que el fondo ve valor en la convergencia entre software inteligente y automatización industrial.
Además, el equipo ya puso dinero en una tercera startup que sigue en stealth. En el lenguaje del sector, eso significa que la empresa aún no revela públicamente muchos detalles sobre su producto, su estrategia o incluso parte de su equipo. Aunque no se conocen más datos, el hecho de que la inversión ya esté hecha muestra que Zero Shot está activo desde una etapa muy temprana.
Las áreas de IA que prefieren evitar
Más allá de las inversiones anunciadas, uno de los rasgos más llamativos de Zero Shot es la lista de segmentos que sus fundadores prefieren no tocar. El grupo sostiene que su experiencia directa en OpenAI les permite no solo detectar oportunidades, sino también distinguir apuestas cuyo atractivo podría desaparecer rápido a medida que mejoren los modelos base.
Mayne se declaró bajista respecto de la mayoría de las iteraciones de vibe coding. Su argumento es que los propios creadores de modelos, gracias a su experiencia en programación, pueden volver innecesarias las suscripciones a muchas plataformas de ese tipo en poco tiempo. En otras palabras, teme que varias propuestas de capa superior queden absorbidas por avances nativos de los modelos más grandes.
Morikawa, por su parte, dijo no ser partidario de muchas de las llamadas empresas de datos de video ergo-céntricos en robótica. Se refiere a startups centradas en datos de entrenamiento de embodiment para robótica. Según explicó, hoy existe mucha esperanza de que alguien logre cerrar la brecha de embodiment desde la investigación, pero a su juicio esa posibilidad todavía no está cerca de volverse realidad.
Mayne también expresó escepticismo sobre la mayoría de las startups dedicadas a gemelos digitales. Señaló que hizo procesos de due diligence sobre algunas de ellas, incluso construyendo un modelo de razonamiento para probarlas, y concluyó que un modelo LLM convencional ofrecía resultados igual de buenos. Para el fondo, por tanto, no todo lo que suena sofisticado representa una oportunidad de negocio defendible.
Morikawa resumió esa visión con una idea central: existe una habilidad real en saber predecir hacia dónde irán los modelos después, porque el avance no es lineal y resulta extremadamente poco obvio. Ese punto es importante para cualquier inversionista en IA, ya que el valor de una startup puede cambiar rápido si una mejora en los modelos base elimina su ventaja competitiva.
Asesores y contexto del mercado
Además de los socios fundadores, Zero Shot incorporó a varios asesores reconocidos que recibirán una parte del carried interest que genere el fondo. Entre ellos se encuentran Diane Yoon, exjefa de personas de OpenAI; Steve Dowling, exjefe de comunicaciones de OpenAI y Apple; y Luke Miller, exlíder de producto en OpenAI.
Ese respaldo asesor sugiere que el fondo no solo quiere acceso a talento técnico, sino también a redes de reclutamiento, comunicación y producto. En el venture capital especializado en IA, contar con operadores que hayan visto de cerca el crecimiento de una empresa como OpenAI puede ser tan valioso como la disponibilidad de capital, especialmente al apoyar startups en fases muy tempranas.
La noticia también refleja una tendencia más amplia: exintegrantes de laboratorios de IA de primer nivel están empezando a influir en el mercado no solo como fundadores de nuevas compañías, sino como asignadores de capital. Ese cambio puede alterar qué tipos de proyectos reciben financiamiento en los próximos años y qué narrativas del sector pierden fuerza frente a criterios más técnicos.
Por ahora, Zero Shot sigue en fase de construcción y aún debe recorrer el camino entre los USD $20 millones ya cerrados y su meta de USD $100 millones. Sin embargo, el fondo ya dejó clara una posición: quiere apostar por startups de IA y robótica que resuelvan problemas reales, mientras evita segmentos donde considera que el entusiasmo del mercado podría estar adelantándose a la madurez de la tecnología.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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