ClickUp despidió al 22% de su plantilla, pero su CEO insiste en que no se trata de un simple recorte de costos, sino de una apuesta agresiva por la inteligencia artificial. La decisión reaviva una pregunta incómoda para startups e inversionistas: si la IA puede multiplicar la productividad, ¿qué pasará con quienes no logren adaptarse a tiempo?
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- ClickUp recortó el 22% de su personal y vinculó la medida a una reorganización centrada en inteligencia artificial.
- Su CEO, Zeb Evans, aseguró que parte de los ahorros se destinarán a empleados de alto impacto, con bandas salariales de hasta USD $1.000.000.
- La empresa ya opera con unos 3.000 agentes internos de IA, en medio de crecientes dudas sobre si estos recortes realmente mejoran los resultados financieros.
ClickUp, una startup de software de colaboración que en 2021 fue valorada en USD $4.000 millones, despidió al 22% de su plantilla en una decisión que su director ejecutivo, Zeb Evans, presentó como parte de una transformación profunda impulsada por inteligencia artificial.
Lejos de describir la medida como un recorte defensivo, Evans sostuvo que la empresa está entrando en una nueva etapa productiva. Su argumento es que la IA no solo automatiza tareas, sino que redefine el papel de los empleados que permanezcan dentro de la organización.
La lectura resulta relevante para el ecosistema tecnológico porque sintetiza una tensión creciente. Durante años, los defensores de la IA han prometido ganancias extraordinarias de eficiencia, pero cada vez hay más señales de que esas mejoras también pueden traducirse en menos puestos de trabajo.
Según explicó TechCrunch, Evans comunicó que “la mayor parte de los ahorros de este cambio volverán directamente a las personas que se queden”. También adelantó la introducción de bandas salariales de hasta USD $1.000.000 para quienes generen un impacto desproporcionado usando IA.
Ese mensaje dibuja un modelo laboral más extremo que el habitual en las startups. En él, una parte más reducida de la plantilla conserva su lugar, pero con expectativas mucho más altas de apalancar automatización, coordinar agentes inteligentes y supervisar resultados de manera continua.
La lógica detrás de la estrategia es simple, aunque polémica. Si una persona asistida por IA puede producir varias veces más que antes, la empresa necesitaría menos trabajadores para sostener o ampliar su operación. El premio, en teoría, sería una compensación superior para el talento que logre adaptarse.
De empleados operativos a supervisores de agentes
La transformación en ClickUp no es abstracta. De acuerdo con un reporte citado de Fortune, la compañía introdujo cerca de 3.000 agentes internos de IA para ocuparse de una amplia variedad de tareas complejas en nombre de sus empleados.
Eso implica un cambio importante en la naturaleza del trabajo diario. En lugar de ejecutar ellos mismos muchas funciones, ahora se espera que los trabajadores den instrucciones a esos agentes, coordinen procesos y revisen la calidad del resultado final para verificar que cumpla con los estándares de la empresa.
En otras palabras, parte del trabajo deja de consistir en producir directamente y pasa a centrarse en orquestar sistemas automatizados. Es una dinámica que varias firmas tecnológicas vienen explorando, especialmente desde la popularización de modelos generativos y herramientas autónomas para programación, soporte y análisis.
Evans ha llevado esa idea al extremo al afirmar que la meta es convertir a ClickUp en una “organización 100x”. La frase sugiere una compañía capaz de multiplicar su rendimiento sin expandir en la misma proporción su base de empleados.
Para lectores menos familiarizados con esta tendencia, conviene recordar que los llamados agentes de IA son sistemas diseñados para ejecutar tareas con cierto grado de autonomía. Pueden resumir información, redactar documentos, analizar datos, proponer acciones y enlazar distintos flujos de trabajo, aunque todavía dependen de supervisión humana.
El punto crítico está en esa supervisión. Si la empresa considera que una sola persona puede dirigir varios agentes al mismo tiempo, entonces la productividad individual aumenta. Pero también crece el riesgo de que muchos roles tradicionales pierdan sentido económico dentro de la estructura corporativa.
Productividad, tokens y dudas sobre el retorno
ClickUp asegura que su apuesta ya está generando resultados. En un correo enviado al medio citado, Evans afirmó que la startup sí está observando ganancias de productividad derivadas del uso de estos agentes internos.
Además, señaló que la empresa no solo mide internamente esas eficiencias, sino que también se estaría preparando para incorporarlas en un próximo producto orientado a clientes. Según su descripción, la compañía busca “gamificar” el valor creado y el tiempo ahorrado, en vez de centrarse solamente en el costo de los tokens consumidos.
Ese detalle es importante porque en meses recientes varias compañías comenzaron a seguir de cerca el gasto de tokens de sus empleados como una métrica para determinar qué tan intensamente usan herramientas de IA. En ciertos círculos del sector, esta práctica ha sido bautizada como “tokenmaxxing”.
Los críticos cuestionan ese enfoque porque, a su juicio, una mayor cantidad de tokens no equivale necesariamente a mejores resultados. El uso intensivo de IA puede elevar costos con rapidez, sin garantizar que el negocio obtenga más ingresos, mejores márgenes o mayor satisfacción del cliente.
Una encuesta reciente de Gartner refuerza esa preocupación. Según ese estudio, cerca del 80% de las empresas que utilizan tecnología autónoma han recortado empleos. Sin embargo, la investigación concluyó que esas reducciones de plantilla no necesariamente se están traduciendo en retornos financieros significativos.
Ese contraste abre una discusión más amplia sobre el momento actual del mercado. Algunas firmas pueden estar usando la narrativa de la IA como justificación para adelgazar estructuras, incluso cuando el rendimiento económico de esa automatización todavía no está plenamente probado.
Un nuevo contrato laboral en la industria tecnológica
Evans sostiene una tesis contundente: las personas que automaticen sus trabajos con IA siempre tendrán trabajo. La frase resume una visión del futuro laboral donde la seguridad profesional dependerá menos del cargo formal y más de la capacidad de multiplicar el rendimiento mediante software inteligente.
Pero esa visión también tiene una cara menos optimista. Si la IA asume más tareas con el tiempo, la empresa podría necesitar cada vez menos personas. En ese escenario, quienes no logren automatizar eficazmente sus funciones quedarían en mayor riesgo de ser desplazados.
El caso de ClickUp no aparece aislado. En el ecosistema startup existe desde hace tiempo la hipótesis de compañías muy valiosas operando con equipos mínimos gracias a la automatización. Lo que antes parecía una proyección lejana empieza ahora a mostrar ejemplos concretos.
Uno de los más llamativos es Polsia, una startup de un año que dice encargarse de todas las operaciones de software para emprendedores en solitario. La compañía está dirigida por una sola persona, su fundador y CEO, Ben Broca.
Esa eficiencia, al menos desde la óptica del mercado privado, parece haber captado atención. Polsia acaba de recaudar USD $30 millones con una valoración de USD $250 millones, un dato que sugiere que algunos inversionistas están dispuestos a respaldar estructuras corporativas mucho más delgadas si la IA permite escalar con rapidez.
Para el mundo de las startups, esto podría marcar un cambio profundo. Durante años, crecer significaba contratar más. Ahora, en ciertos segmentos, la narrativa empieza a invertirse: crecer podría significar contratar menos, automatizar más y pagar mucho mejor a un núcleo reducido de trabajadores capaces de dirigir sistemas complejos.
El movimiento de ClickUp resume ese giro con nitidez. La empresa promete mayores recompensas para quienes dominen la IA, pero al mismo tiempo muestra que esa transición puede venir acompañada de despidos relevantes, presión por resultados y una redefinición del valor humano dentro de la organización.
En última instancia, el debate no pasa solo por si la inteligencia artificial puede elevar la productividad. La pregunta más delicada es cómo se repartirán esos beneficios entre empresas, inversionistas y trabajadores, y cuántos empleos desaparecerán antes de que ese nuevo equilibrio encuentre una forma sostenible.
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