Por Canuto  

Besxar quiere convertir los vuelos frecuentes de los propulsores Falcon 9 en una plataforma para fabricar materiales de semiconductores en órbita, aprovechando el vacío espacial para reducir la contaminación que encarece las fábricas terrestres.
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  • Besxar recaudó casi USD $14 millones y ya probó dos contenedores con obleas durante una misión de Starlink.
  • La startup busca fabricar precursores de semiconductores avanzados aprovechando el vacío del espacio.
  • El principal desafío será ampliar la producción y devolver cientos o miles de obleas a la Tierra a bajo costo.


Besxar quiere trasladar una parte crítica de la fabricación de semiconductores fuera de la Tierra mediante pequeños contenedores instalados en vuelos de los propulsores Falcon 9 de SpaceX. La startup fue fundada por la ex empleada de OpenAI Ashley Pilipiszyn, quien también se desempeña como su directora ejecutiva. La empresa sostiene que el vacío espacial puede ofrecer un entorno más limpio y menos costoso que las salas presurizadas necesarias en las fábricas terrestres. Su objetivo inicial no es producir chips completos, sino fabricar materiales y precursores utilizados en componentes avanzados.

La propuesta combina una plataforma de transporte que ya realiza vuelos frecuentes con una cadena de producción todavía experimental. TechCrunch informó que Besxar pretende prototipar una fábrica orbital a lo largo de aproximadamente una docena de vuelos, mientras evalúa cómo calentar obleas y depositar sobre ellas distintos materiales. La compañía ha recaudado casi USD $14 millones, incluida una ronda semilla de USD $9 millones liderada por Dauntless Ventures y Overture VC.

El vacío espacial como sala limpia

Las fábricas de semiconductores requieren un control extremo de partículas porque incluso una cantidad microscópica de polvo o contaminantes puede dañar una oblea durante su procesamiento. Esa exigencia obliga a construir salas limpias presurizadas, sistemas de filtrado y una infraestructura de alta complejidad que convierte a las plantas terrestres en proyectos intensivos en capital. Besxar plantea que el espacio podría resolver una parte de ese problema aprovechando condiciones físicas que no necesitan recrearse artificialmente.

“Estamos en un momento en el que en realidad es más rentable ir donde la física ya funciona”, dijo Pilipiszyn a TechCrunch, al explicar la lógica detrás del proyecto. La fundadora añadió que la alternativa consiste en evitar una batalla permanente contra las condiciones terrestres, donde la industria debe mantener ambientes controlados para impedir que las partículas interfieran con los procesos de fabricación.

El planteamiento no significa que cualquier proceso de fabricación pueda trasladarse de inmediato a la órbita. Besxar todavía debe demostrar que puede controlar el calentamiento, depositar materiales con precisión y repetir cada etapa con resultados consistentes, además de proteger las muestras durante el lanzamiento y el regreso. La empresa busca avanzar de una prueba básica de exposición al vacío hacia procesos sucesivos que permitan crear muestras aptas para evaluación industrial.

La apuesta se relaciona con una tendencia más amplia de startups que estudian si la microgravedad, el vacío y otros elementos del entorno espacial pueden producir materiales con propiedades difíciles de obtener en la Tierra. Sin embargo, el valor comercial dependerá de que las mejoras de calidad compensen el costo de lanzar, operar y recuperar cada carga útil. El espacio puede ofrecer un ambiente favorable, pero todavía no elimina la necesidad de transporte, control de procesos y validación por parte de fabricantes de chips.

Dos primeros contenedores en una misión de Starlink

Besxar envió sus dos primeras “fabships”, pequeños contenedores diseñados para transportar y probar materiales semiconductores, durante la misión Starlink 10-50 de SpaceX, realizada en julio de 2026. Las unidades fueron integradas en la primera etapa de un Falcon 9 y debían superar tres pruebas principales: sobrevivir al lanzamiento, proteger las obleas frente a la contaminación y exponer las muestras al vacío espacial. La misión representó el primer paso para comprobar si el concepto podía funcionar dentro de una plataforma de vuelo real.

La startup afirmó que alcanzó esos objetivos, aunque uno de los contenedores sufrió un mal funcionamiento en su sistema de datos de vuelo. Besxar investiga el incidente, por lo que el resultado combina una señal favorable sobre la protección física de las muestras con un problema pendiente en la telemetría y el seguimiento operativo. Esa experiencia también muestra por qué la empresa prefiere comenzar con cargas pequeñas antes de intentar desplegar una fábrica de mayor escala.

Pilipiszyn declaró que las muestras enviadas al espacio fueron las más limpias y presentaron la menor cantidad de material particulado frente a obleas terrestres no enviadas. Para Besxar, ese resultado es importante porque respalda la hipótesis de que el entorno espacial puede reducir una de las fuentes de contaminación que más complican la fabricación de semiconductores. Aun así, la observación corresponde a una etapa de demostración y no equivale todavía a una producción industrial validada.

Durante los próximos dos años, la compañía espera repetir e incrementar gradualmente la complejidad de sus experimentos. El siguiente paso consiste en calentar las obleas y depositar un material sobre ellas, para después avanzar hacia procesos con dos materiales y más etapas de fabricación. Solo cuando logre producir muestras de calificación podrá intentar convencer a fabricantes de chips de que sus obleas cumplen las especificaciones necesarias para aplicaciones comerciales.

El desafío de escalar y regresar el producto

Besxar pretende suministrar materiales para obleas utilizadas en chips avanzados que regulan la energía eléctrica en centros de datos, robots y vehículos eléctricos. La empresa recibe el nombre de “beskar”, el metal ficticio de Star Wars empleado para fabricar la armadura mandaloriana, una referencia que refleja la aspiración de producir materiales resistentes y de alto valor. Su mercado objetivo dependerá de que los fabricantes consideren suficientemente relevante la calidad obtenida en órbita.

El acceso frecuente al espacio es una pieza central del plan porque el propulsor de un Falcon 9 realiza viajes de ida y vuelta con una frecuencia muy superior a la de otras plataformas disponibles. La información publicada por TechCrunch indica que esos propulsores completaron 163 viajes de este tipo durante el año pasado y que ya habían volado más de 100 veces en el año en curso. Besxar busca aprovechar esa cadencia para iterar su tecnología sin esperar a disponer desde el comienzo de una nave dedicada.

La compañía no es la única que estudia la producción de semiconductores en el espacio, ya que United Semiconductors y Space Forge también trabajan en propuestas relacionadas. Todas enfrentan, sin embargo, una limitación estructural: regresar a la Tierra un volumen significativo de producto sigue siendo difícil. Fabricar cientos o miles de obleas por instalación solo tendría sentido si los lanzamientos y los viajes de retorno fueran lo bastante económicos para que el costo logístico no destruya el margen comercial.

Pilipiszyn espera que Besxar pase de cargas pequeñas a fábricas capaces de procesar cientos y después miles de obleas. La expansión dependerá de cohetes más baratos y de mayor capacidad, una condición que la startup vincula con la entrada en operación de Starship o con el desarrollo de vehículos de nueva generación por parte de empresas como Rocket Lab y Stoke Space. Por ahora, el uso de Falcon 9 permite reducir el riesgo tecnológico, pero no resuelve por sí solo la economía de una producción masiva.

De una carga experimental a una fábrica orbital

Pilipiszyn se acercó por primera vez a SpaceX hace tres años para conversar sobre la compra de vuelos en Starship. La empresa terminó optando por utilizar espacio para cargas útiles en la primera etapa de un Falcon 9 como una vía intermedia, con la intención de probar sus procesos antes de comprometerse con una infraestructura orbital mucho más grande. Esa decisión permite a Besxar concentrarse en el procesamiento de materiales mientras utiliza un sistema de lanzamiento ya operativo.

El plan final contempla fábricas más grandes instaladas en un vehículo como Starship, el cohete de próxima generación de SpaceX que todavía se encuentra en desarrollo. Una plataforma de ese tipo podría ofrecer más volumen y capacidad para mantener procesos durante periodos prolongados, aunque también exigiría resolver nuevos problemas de energía, automatización, comunicación y retorno. Besxar aún está en la etapa de demostrar que los contenedores pequeños pueden entregar resultados repetibles.

La estrategia de la startup separa dos capas de la operación espacial: el transporte y la fabricación. “Creemos que ahora existe una capa de transporte sólida, por lo que podemos centrarnos en la capa de aplicación”, explicó Pilipiszyn, quien espera que la empresa pueda enfocarse en fabricar sus productos y llevarlos al mercado con rapidez. Esa división será útil únicamente si los vuelos mantienen una frecuencia y un precio compatibles con una cadena de suministro de semiconductores.

El proyecto también ilustra cómo la reutilización de cohetes está ampliando el tipo de experimentos que las startups pueden intentar en órbita. Besxar no ha demostrado todavía una fábrica comercial ni una producción de chips terminados, pero sus primeras pruebas buscan establecer la base técnica para fabricar precursores y materiales con menos contaminación. El resultado de los próximos vuelos determinará si la idea puede pasar de una promesa llamativa a una alternativa concreta para la industria de semiconductores.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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