Por Canuto  

Andrew Yang sostiene que la próxima gran oportunidad para las startups no está en extraer más valor del consumidor, sino en devolverle dinero. Su tesis parte del avance de la inteligencia artificial, la presión sobre salarios y el aumento persistente del costo de vida en rubros esenciales como vivienda, comida, transporte y telefonía.

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  • Andrew Yang dijo que la próxima gran oportunidad empresarial podría estar en reducir el costo de vida de las personas.
  • El ex candidato presidencial puso como ejemplo a Nobile Mobile, su operador móvil virtual que reembolsa a usuarios si consumen menos datos.
  • Según su tesis, la inteligencia artificial absorberá valor y empleo, por lo que surgirán negocios centrados en abaratar necesidades básicas.

 


El empresario y ex candidato presidencial Andrew Yang cree que la próxima ola de startups relevantes podría surgir de una idea poco habitual en Silicon Valley: devolver margen al cliente en vez de maximizar cuánto se le extrae. En su visión, el encarecimiento de la vida y el avance de la inteligencia artificial (IA) están abriendo una nueva categoría de negocios.

La premisa conecta con una inquietud más amplia sobre el futuro del empleo y de los ingresos. Si la IA concentra valor en menos manos y presiona los salarios, Yang considera que las empresas capaces de reducir gastos esenciales tendrán un mercado cada vez más amplio.

En una conversación reseñada por TechCrunch, Yang explicó que se inspiró en Mark Cuban, no por su fortuna o celebridad, sino por Cost Plus Drugs. Esa empresa vende medicamentos al costo y le sirvió como punto de partida para pensar en otros sectores donde la lógica podría replicarse.

A partir de ahí, Yang hizo una lista de áreas donde la gente gasta de forma recurrente: vivienda, educación, comida, combustible, transporte, medios y telefonía móvil. Su conclusión fue que allí podría estar una veta fértil para fundadores que quieran construir compañías valiosas con una propuesta social clara.

Entre esas categorías eligió la telefonía móvil. En septiembre pasado, lanzó Nobile Mobile, un operador móvil virtual que promete servicio celular por una fracción de lo que cobran los operadores tradicionales y además reembolsa a los clientes si usan menos datos.

Una tesis de negocios nacida del costo de vida

Yang planteó el problema en términos muy simples: la mayoría de los fundadores busca nuevas maneras de capturar valor, pero pocos se preguntan si el modelo puede consistir en devolver dinero. Ese cambio de enfoque, según su tesis, puede transformarse en una oportunidad comercial importante.

Su argumento no parte solo de una preocupación social, sino también de una lectura económica. Si millones de personas ven erosionado su poder adquisitivo, los productos que recorten gastos mensuales podrían ganar atractivo incluso en sectores de márgenes reducidos.

Para ilustrarlo, Yang mencionó varios ejemplos tempranos de esta categoría emergente. Además de Cost Plus Drugs y Nobile Mobile, citó a fabricantes de teléfonos simples como Light Phone y a la tienda de comestibles en línea Misfits Markets.

Lo que une a esos proyectos, desde su perspectiva, es que la propuesta de valor no se limita a vender un producto. También consiste en compartir con el usuario una parte del margen que, en modelos tradicionales, quedaría dentro de la empresa.

Yang sostuvo que, a medida que la IA amenace con reducir salarios y desplazar trabajadores, crecerá la necesidad de cubrir necesidades básicas de manera más barata. Por eso afirmó que satisfacer a las personas “de manera más económica” representa “una vena de oportunidades muy rica”.

Ese diagnóstico tiene resonancia más allá del ecosistema startup. También toca debates sobre desigualdad, automatización y la sostenibilidad del consumo, un punto clave para industrias tecnológicas que dependen de que el público mantenga capacidad de compra.

De la renta básica universal a una respuesta de mercado

La preocupación de Yang por el desplazamiento laboral ligado a la IA no es nueva. Ganó notoriedad nacional durante su campaña presidencial de 2020, cuando defendió la renta básica universal como respuesta a la automatización y a la concentración de la riqueza.

Aunque aquella campaña no prosperó, Yang cree que la tesis ha ganado relevancia con el paso del tiempo. La aceleración reciente de la inteligencia artificial ha reforzado el debate sobre quién captura el valor generado por estas herramientas y cómo se redistribuye.

Yang sigue respaldando la idea de una renta básica universal. Su postura es que la riqueza creada por las empresas de IA debería volver, de alguna forma, a manos del estadounidense promedio.

Sin embargo, también expresó dudas sobre si el gobierno será el vehículo adecuado para esa redistribución. Según dijo, no está seguro de que el Estado transfiera esos recursos de manera directa, ya que podría optar por “tapar un agujero y hacer algo no muy productivo”.

Desde esa mirada, el mercado aparece como una vía complementaria o sustitutiva. Yang afirmó que existe espacio para una conexión directa entre el dinero y la gente, una idea que busca materializar mediante empresas que reduzcan costos para el usuario final.

En ese marco, Nobile Mobile funciona como una prueba de concepto. No es solo una compañía de telefonía, sino también un intento de demostrar que una firma rentable puede compartir beneficios con sus suscriptores y usar ese gesto como motor de lealtad y crecimiento.

Nobile Mobile como experimento empresarial

Yang aseguró que, desde su lanzamiento en septiembre pasado, Nobile Mobile ha crecido hasta alcanzar “miles y miles” de clientes. También indicó que el negocio ya está generando millones en ingresos.

El dato más relevante de su explicación fue la rentabilidad por cliente. Según Yang, la empresa es rentable en cada usuario, pero comparte las ganancias con los suscriptores con la expectativa de que eso aumente la satisfacción y reduzca la rotación.

La lógica, en sus palabras, es simple. Si un consumidor percibe un beneficio tangible todos los meses, es más probable que permanezca en el servicio y que además lo recomiende a amigos y familiares.

Yang puso un ejemplo concreto para darle escala a la propuesta. Dijo que un ahorro mensual promedio de USD $50, invertido y capitalizado a lo largo de 40 años, podría convertirse en USD $24.000.

Presentó esa cifra como un monto suficiente para un pago inicial de jubilación. En un contexto económico de presión sobre los hogares, el argumento apunta a que incluso pequeños ahorros recurrentes pueden tener efectos acumulativos importantes en las finanzas personales.

La apuesta, sin embargo, no deja de ser contracultural dentro del capitalismo de riesgo. Los negocios orientados al consumidor, con márgenes bajos y una misión social explícita, suelen ser más difíciles de vender a inversionistas que buscan escalabilidad agresiva y retornos extraordinarios.

El choque con el entusiasmo inversor por la IA

Yang reconoció que convencer al capital no es sencillo en el entorno actual. Señaló que, aunque la oportunidad pueda ser real, hoy gran parte de la atención de los inversionistas está concentrada casi por completo en la inteligencia artificial.

Esa concentración de interés crea una paradoja. Precisamente cuando la IA amenaza con comprimir ingresos laborales y elevar la ansiedad económica, el financiamiento se vuelca hacia las plataformas que capturan ese valor y no necesariamente hacia las que lo redistribuyen.

Yang relató una anécdota que resume esa tensión. Dijo que al menos un inversionista le comentó sobre Noble Mobile: “Te quiero, Andrew, quiero trabajar contigo, si pudieras simplemente convertir esto en una empresa de IA, invertiríamos”.

La frase expone el sesgo dominante del mercado. Para muchas firmas, la etiqueta de IA funciona hoy como un atajo de validación, incluso cuando el problema que una startup intenta resolver pertenece a la economía cotidiana de los consumidores.

Yang cree, no obstante, que la marea podría cambiar. Su razonamiento es que incluso las compañías más ricas y extractivas necesitan una economía funcional en la que los consumidores conserven suficiente poder adquisitivo para seguir comprando productos y servicios.

Desde esa óptica, la concentración extrema del valor no sería solo un problema moral o político. También sería un riesgo sistémico para el propio capitalismo tecnológico, porque reduce la base de demanda que sostiene a las grandes empresas.

Una advertencia sobre concentración de riqueza y estabilidad social

Yang fue directo al describir ese riesgo. Dijo que el valor concentrado en manos de un puñado de personas y empresas “simplemente es malo para todos”.

Su comentario sugiere que el debate no gira únicamente en torno a justicia distributiva. También aborda estabilidad social, gobernabilidad y el costo creciente de operar en una sociedad donde la desigualdad alimenta descontento y fracturas.

De hecho, Yang afirmó conocer personas en Silicon Valley que están abiertas a esa discusión por varias razones. Entre ellas, mencionó una especialmente gráfica: que no quieren tener que contratar seguridad privada.

La observación encierra una lectura pragmática del clima social. Si la riqueza derivada de la IA se concentra demasiado y los hogares sienten que ya no pueden cubrir lo básico, la reacción política y social puede alcanzar incluso a los ganadores del ciclo tecnológico.

En ese sentido, su tesis empresarial también funciona como advertencia para el ecosistema de innovación. Construir compañías que alivien el costo de vida no sería solo un nicho comercial, sino una forma de responder a tensiones económicas que podrían agravarse.

Para lectores vinculados con tecnología, mercados y cripto, el punto resulta familiar. En distintos momentos, el sector blockchain también ha defendido sistemas más directos de transferencia de valor, aunque los modelos y las herramientas sean diferentes a los que plantea Yang.

La invitación a pensar fuera del consenso de Silicon Valley

Al final, Yang animó a fundadores e inversionistas a trabajar en problemas que realmente les importen. Su consejo fue pensar en grande y de manera más amplia sobre cómo abordar esos desafíos.

También pidió no suscribirse demasiado al pensamiento grupal. La referencia apunta al clima de manada que a menudo domina los ciclos tecnológicos, donde el capital se concentra en una narrativa dominante y deja de lado oportunidades menos glamorosas, pero potencialmente muy sólidas.

Su planteamiento no niega el peso de la IA, sino que intenta correr el foco hacia sus efectos de segunda vuelta. Si la inteligencia artificial reduce costos para las empresas, pero no mejora la vida material del consumidor, el desequilibrio puede volverse políticamente explosivo.

En ese marco, startups centradas en abaratar vivienda, educación, alimentos, combustible, transporte, medios o conectividad podrían adquirir una relevancia creciente. Yang eligió empezar por la telefonía móvil, pero su lista sugiere un mapa mucho más amplio de oportunidades.

La discusión también deja una pregunta abierta para el capital de riesgo. Si el próximo gran negocio no consiste en otra capa de infraestructura de IA, sino en modelos que devuelvan parte del valor al usuario, los criterios tradicionales de inversión podrían verse desafiados.

Por ahora, Yang está apostando a que el deterioro del poder adquisitivo y la automatización crearán demanda para ese tipo de empresas. Su hipótesis es sencilla de formular, pero exigente de ejecutar: en una economía cada vez más cara, ganar podría significar cobrar menos y compartir más.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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