La nueva administración británica canceló el controvertido esquema de identificación digital después de una petición parlamentaria que reunió cerca de 3 millones de firmas. Los ahorros previstos serán destinados a una rebaja fiscal para reducir las facturas de electricidad.
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- El primer ministro Andy Burnham confirmó la cancelación del plan de tarjetas de identificación digitales impulsado por Keir Starmer.
- La iniciativa habría costado £ 1.800 millones en tres años, aunque nunca se habría asignado dinero para financiarla.
- La oposición ciudadana se concentró en los riesgos de vigilancia y privacidad, con una petición cercana a 3 millones de firmas.
🇬🇧🔴 El Reino Unido cancela su esquema de identificación digital tras 3 millones de firmas en contra.
El primer ministro Andy Burnham confirmó la decisión.
Los ahorros se destinarán a una rebaja fiscal para aliviar las facturas de electricidad.
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— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) July 21, 2026
El nuevo gobierno del Reino Unido canceló un controvertido esquema de tarjetas de identificación digitales después de una fuerte oposición ciudadana. La decisión fue confirmada por el primer ministro Andy Burnham, quien asumió formalmente el cargo el lunes.
La administración indicó que los ahorros del programa financiarán una reducción de impuestos. El objetivo consiste en recortar las facturas de electricidad de los hogares durante un periodo marcado por el aumento del costo de vida.
El gobierno británico abandona el plan digital
El proyecto de tarjetas de identidad digitales fue anunciado por el anterior primer ministro, Keir Starmer. Su propuesta contemplaba identificaciones emitidas por el Estado para combatir el trabajo ilegal de migrantes y modernizar el acceso a los servicios gubernamentales.
La nueva administración decidió retirar el esquema tras la oposición de millones de británicos. La medida representa un cambio político relevante en torno a la relación entre los servicios públicos digitales, la identificación ciudadana y la privacidad.
Las identificaciones digitales suelen presentarse como herramientas para facilitar trámites y verificar la identidad de una persona. Sin embargo, el debate también incluye preocupaciones sobre la vigilancia, el almacenamiento de datos y el alcance que podría tener el Estado sobre la vida cotidiana.
En este caso, los críticos sostuvieron que la introducción de tarjetas obligatorias permitiría una mayor vigilancia. Esa preocupación impulsó una respuesta ciudadana que terminó convirtiéndose en uno de los principales factores de presión contra el proyecto.
La cancelación también ocurre en un momento de transición política. Starmer había anunciado su intención de renunciar como primer ministro el 22 de junio y Burnham lo reemplazó formalmente el lunes, antes de confirmar el abandono del programa.
Costos, privacidad y presión ciudadana
El sistema nacional de tarjetas de identificación habría costado al gobierno £ 1.800 millones, equivalentes a USD $ 2.400 millones, durante tres años. No obstante, esa estimación fue cuestionada porque supuestamente nunca se asignó dinero para financiar el esquema.
La discusión sobre el costo adquirió importancia porque el nuevo gobierno vinculó la cancelación con una rebaja fiscal. El ministro de finanzas, John Healy, afirmó que los cambios buscan ofrecer un “respiro en las facturas y proporcionar tranquilidad este invierno”.
La oposición pública alcanzó una dimensión extraordinaria mediante una petición parlamentaria. El documento reunió cerca de 3 millones de firmas y se convirtió en la segunda mayor petición pública parlamentaria registrada.
La magnitud de la petición mostró que el rechazo no se limitaba a grupos especializados en privacidad. También reflejó una inquietud más amplia sobre la obligatoriedad del sistema y sobre la posibilidad de que una credencial digital se convirtiera en un requisito para acceder a servicios.
TechCrunch informó que los detractores compararon el plan con un programa similar impulsado durante la década de 2000 bajo el gobierno de Tony Blair. Aquella iniciativa fue cancelada en 2011, poco después de que un nuevo gobierno de coalición liderado por la oposición asumiera el poder tras una elección nacional.
Una decisión con implicaciones para la identidad digital
El caso británico ilustra la tensión entre la digitalización del Estado y la protección de la privacidad. Para sus defensores, una identidad digital puede simplificar procesos, mientras que sus opositores temen que concentre demasiada información en manos de las autoridades.
El plan de Starmer se presentó como una herramienta para modernizar el acceso a los servicios gubernamentales. También se vinculó con la lucha contra el trabajo ilegal de migrantes, un argumento que situó la propuesta dentro de un debate político más amplio sobre control laboral y migración.
La respuesta ciudadana cambió el rumbo de la iniciativa antes de que el proyecto se consolidara. La petición cercana a 3 millones de firmas proporcionó una señal política difícil de ignorar para la nueva administración.
El episodio también recuerda que la tecnología no elimina las preguntas sobre confianza institucional. Cuando un sistema digital tiene carácter obligatorio, los ciudadanos suelen exigir claridad sobre sus objetivos, costos, controles y posibles consecuencias.
Por ahora, el gobierno de Burnham decidió priorizar el alivio económico de los hogares. Los ahorros asociados con el programa cancelado se dirigirán a una reducción de impuestos destinada a disminuir las facturas de electricidad, según explicó la administración.
El antecedente de las tarjetas de identificación
El Reino Unido ya había enfrentado un debate similar durante la década de 2000. El programa promovido bajo el gobierno de Tony Blair generó cuestionamientos sobre la conveniencia de establecer tarjetas de identificación nacionales.
La iniciativa anterior terminó cancelada en 2011. La decisión llegó poco después de que una coalición liderada por la oposición asumiera el gobierno tras una elección nacional.
Ese antecedente se convirtió en un punto de comparación para quienes criticaron el nuevo esquema digital. La similitud entre ambos episodios reforzó la percepción de que la identificación nacional sigue siendo un asunto políticamente sensible en el Reino Unido.
La diferencia principal del proyecto reciente estaba en su componente digital. La propuesta pretendía utilizar una credencial emitida por el Estado para actualizar la interacción de los ciudadanos con los servicios públicos.
La decisión anunciada por Burnham deja sin efecto esa dirección política. También muestra que una iniciativa tecnológica de gran escala puede enfrentar límites cuando la población percibe riesgos para la privacidad o considera insuficiente la justificación pública.
TechCrunch señaló que la noticia fue publicada el 21 de julio de 2026, a las 7:13 a. m., hora del Pacífico. La información atribuyó la confirmación de la cancelación al gobierno británico y detalló sus planes de utilizar los ahorros en una rebaja fiscal.
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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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