Por Canuto  

Estados Unidos llevará al G20 una propuesta que va más allá de rechazar determinadas reglas: busca impedir que el foro cree nuevas instituciones para gobernar la inteligencia artificial. La postura abre una disputa diplomática con Canadá y Europa, mientras aumentan las advertencias sobre riesgos cibernéticos y financieros vinculados con esta tecnología.
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  • Estados Unidos pedirá al G20 que no cree nuevas instituciones para gobernar la inteligencia artificial.
  • La propuesta se discute en una reunión de dos días, del 1 al 2 de septiembre, en Carolina del Norte, antes de la cumbre de líderes en Miami.
  • Canadá y Europa llegan con posiciones más favorables a la supervisión, mientras organismos multilaterales advierten sobre riesgos de la IA.

 


Estados Unidos pedirá al G20 que no cree ninguna institución nueva para gobernar la inteligencia artificial, en una ofensiva diplomática centrada en limitar la construcción de organismos con capacidad normativa. Un funcionario de la Casa Blanca expuso la posición antes de una reunión de dos días en Carolina del Norte, según informó Reuters, y planteó un debate que tendrá consecuencias para la forma en que los gobiernos abordan una tecnología de rápida expansión.

Washington quiere frenar la arquitectura regulatoria

La propuesta estadounidense no consiste, al menos en esta etapa, en presentar un conjunto alternativo de reglas para el desarrollo o el uso de la IA. Su objetivo es más procedimental: convencer a los miembros del G20 de que no establezcan nuevas instituciones capaces de escribir normas, coordinar supervisión o fijar estándares internacionales para los sistemas de inteligencia artificial, detalla The Next Web.

El secretario de Comercio, Howard Lutnick, y el director de la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, Michael Kratsios, son los anfitriones de la reunión. El G20 Innovation Ministerial se celebra del 1 al 2 de septiembre en el Carolina Inn de Chapel Hill, Carolina del Norte, y forma parte de las conversaciones que precederán a la cumbre de líderes prevista para diciembre en Miami.

La composición de los invitados también refleja el enfoque de la administración estadounidense. Sam Altman y Jensen Huang, junto con Elon Musk, figuran entre los participantes anunciados para el encuentro tecnológico. La presencia de ejecutivos de OpenAI, Nvidia y otras empresas muestra la importancia que Washington concede a la industria tecnológica en esta discusión.

Canadá ha indicado que defenderá un equilibrio entre la innovación y la confianza y seguridad públicas, una formulación que abre espacio para discutir controles sin plantearlos necesariamente como un freno absoluto al desarrollo tecnológico. La embajada de China, por su parte, no informó si asistiría, de acuerdo con la información disponible antes del encuentro.

El peso político de un foro sin poder coercitivo

El G20 no tiene autoridad para obligar a sus miembros a cumplir una regulación común, y esa limitación funciona en ambas direcciones. El grupo no puede crear por sí mismo un regulador global, pero el lenguaje que acuerda suele convertirse en una referencia para los gobiernos nacionales cuando justifican decisiones internas sobre tecnología, mercados y seguridad.

Por esa razón, la disputa no se reduce a saber si el G20 tendrá competencias formales para fiscalizar modelos de IA. Una frase en un comunicado conjunto puede influir en el margen político de los reguladores, mientras que la ausencia de una referencia a la supervisión internacional podría reforzar la idea de que cada país debe actuar por separado.

La administración estadounidense presentó un argumento similar en la cumbre de IA de París, donde el vicepresidente J.D. Vance advirtió contra el riesgo de paralizar la tecnología mediante regulaciones. En aquella ocasión, Estados Unidos también se negó a firmar una declaración internacional sobre el uso ético y abierto de la inteligencia artificial, una decisión que ahora adquiere nueva dimensión dentro de un proceso formal del G20.

Lo que cambió es el foro y, con ello, lo que está en juego. Un discurso pronunciado en una cumbre puede generar titulares y presión política, pero un proceso del G20 produce lenguaje diplomático que los reguladores nacionales pueden invocar; por eso, una referencia acordada sobre supervisión internacional resultaría más difícil de revertir.

Europa llega con reglas ya vigentes

Europa participa en este debate desde una posición distinta, porque ya ha construido una arquitectura regulatoria específica para la inteligencia artificial y los servicios digitales. Esa experiencia ofrece un contraste con la postura estadounidense, que cuestiona la creación de nuevas instituciones internacionales antes de que exista un consenso sobre su alcance y sus competencias.

Para los reguladores europeos, cualquier acuerdo alcanzado en Miami tendría límites concretos. Un consenso del G20 no modificaría automáticamente las obligaciones existentes en la Unión Europea, pero una declaración contraria a la supervisión internacional podría hacer que el modelo europeo pareciera una excepción en lugar de una referencia.

La diferencia entre ambos enfoques también revela una tensión sobre el ritmo de la regulación. Europa ha optado por establecer obligaciones antes de que la tecnología alcance una madurez completa, mientras Estados Unidos cuestiona que la comunidad internacional cree instituciones diseñadas para un panorama que puede cambiar antes de que esos organismos comiencen a operar.

El contraargumento estadounidense merece ser considerado más allá de la disputa geopolítica. Las instituciones creadas ahora podrían organizarse alrededor de una tecnología que todavía nadie comprende plenamente, depender de funcionarios designados para un entorno que ya habría cambiado y mostrar una lentitud difícil de corregir una vez consolidada su estructura.

Riesgos financieros y presión internacional

El momento de la reunión resulta especialmente incómodo para quienes defienden una política de mínima intervención internacional. Andrew Bailey, presidente del Consejo de Estabilidad Financiera y gobernador del Banco de Inglaterra, dijo esta semana a los ministros de Finanzas del G20 que el riesgo cibernético impulsado por la IA constituye la amenaza más inmediata para la estabilidad financiera, una advertencia transmitida precisamente a través de un organismo multilateral.

La advertencia conecta la gobernanza de la IA con preocupaciones que van más allá de la privacidad, la desinformación o la seguridad de los usuarios. Un ataque cibernético facilitado por sistemas de inteligencia artificial podría afectar entidades financieras, infraestructuras críticas y mercados, aunque la información de origen no cuantifica pérdidas ni atribuye un escenario específico.

La presión para coordinar respuestas internacionales surge así de riesgos concretos, aunque eso no determina por sí solo que el G20 deba crear una nueva institución. Los gobiernos todavía deben decidir si pueden abordar esas amenazas mediante organismos existentes, acuerdos voluntarios y normas nacionales, o si necesitan una estructura adicional.

Las economías en desarrollo enfrentan un dilema diferente y más silencioso. Los países que no construyen modelos ni pueden regularlos eficazmente serían, en principio, los principales beneficiarios de estándares internacionales, pero también son los que tienen menos capacidad para exigir que esos estándares se cumplan.

La negociación rumbo a Miami

La continuidad de la posición estadounidense dependerá de cuántos miembros del G20 estén dispuestos a convertir el tema en una confrontación diplomática. El grupo funciona por consenso, de modo que un comunicado que no mencione la gobernanza de la IA podría presentarse como una victoria para quienes sostienen que todavía no existe una estructura internacional que deba ser creada.

Ese resultado, sin embargo, no eliminaría los desacuerdos entre los países. Europa mantendría sus leyes, Canadá seguiría defendiendo el equilibrio entre innovación y seguridad, y otros gobiernos podrían desarrollar políticas nacionales sin contar con un marco común que facilite la coordinación frente a riesgos transfronterizos.

La reunión de Carolina del Norte representa, por tanto, el inicio de una negociación y no una decisión final del G20. Los participantes tendrán que discutir si la flexibilidad institucional es una ventaja para una tecnología cambiante o si, por el contrario, la falta de coordinación dejará desprotegidos a los países con menos recursos técnicos y regulatorios.

La cumbre de líderes se celebrará en Miami en diciembre, y hasta entonces los gobiernos deberán decidir cuánto capital diplomático quieren gastar en una frase que Estados Unidos ya adelantó que no aceptará con facilidad. El desenlace no determinará por sí solo el futuro de la regulación de la IA, pero sí puede influir en el lenguaje con el que los países justifiquen sus siguientes movimientos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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