Por Canuto  

Las criptomonedas se consolidan como una herramienta clave para evadir sanciones internacionales. Un informe citado por medios internacionales asegura que direcciones vinculadas a entidades sancionadas recibieron más de USD $100.000 millones el año pasado, con Rusia, Irán y Corea del Norte entre los actores más activos.

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  • Direcciones cripto vinculadas a entidades sancionadas recibieron más de USD $100.000 millones el año pasado, según Chainalysis.
  • Rusia, Irán y Corea del Norte habrían usado activos digitales para pagos petroleros, salarios y compras estratégicas.
  • Estados Unidos ha respondido con incautaciones y sanciones a exchanges, pero expertos dudan que eso desmantele toda la infraestructura.

 


Las criptomonedas están ganando peso como vía para sortear sanciones económicas internacionales, en especial entre países y actores que enfrentan restricciones severas por parte de Estados Unidos y sus aliados.

Según un informe de Chainalysis citado por The Wall Street Journal y recogido por Seoul Economic Daily, direcciones de criptomonedas vinculadas a entidades sancionadas recibieron más de USD $100.000 millones el año pasado.

La cifra representa un salto muy fuerte frente al año anterior. El mismo reporte indica que el volumen fue casi ocho veces superior al registrado en el período previo.

El dato vuelve a poner el foco sobre un problema que los reguladores llevan años intentando contener. A diferencia del sistema bancario tradicional, las redes blockchain permiten mover valor a escala global sin depender de bancos corresponsales ni del entramado financiero que suele servir de base a las sanciones occidentales.

Los analistas consultados en la cobertura sostienen que los países sancionados recurren con frecuencia a cripto porque resulta difícil verificar la identidad real de todas las partes involucradas en una transacción. Ese rasgo, combinado con la naturaleza transfronteriza de estos activos, abre espacios para la evasión.

Rusia, Irán y Corea del Norte entre los principales focos

Entre los países señalados aparecen Irán, Rusia y Corea del Norte, además de otros actores incluidos en listas negras de Washington. Cada uno emplearía mecanismos distintos, aunque con un objetivo común: reducir la dependencia del circuito financiero convencional.

En el caso de Irán, se sabe que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, conocido como IRGC por sus siglas en inglés, ha utilizado exchanges nacionales y extranjeros para recibir pagos por ventas de crudo a China. China figura como su mayor comprador de petróleo.

Ese detalle es relevante porque muestra un uso práctico y no meramente especulativo de los criptoactivos. En este contexto, las criptomonedas aparecen como una herramienta de liquidación comercial en operaciones energéticas sensibles.

Rusia también habría ampliado su uso de criptoactivos para esquivar restricciones, sobre todo después de ser excluida de la red financiera internacional tras la guerra en Ucrania. El aislamiento financiero aceleró la búsqueda de rieles alternativos para pagos transfronterizos.

De acuerdo con la información citada, Promsvyazbank, un banco estatal ruso sancionado, e Ilan Shor, un oligarca moldavo, emitieron el año pasado un token vinculado al rublo llamado A7A5. Ese activo habría sido utilizado para pagos en el extranjero.

La nota también indica que Rusia usa criptomonedas para pagar salarios a tripulaciones que transportan petróleo sancionado por distintas partes del mundo. Ese punto sugiere que los activos digitales no solo servirían para grandes transferencias, sino también para la logística operativa del comercio clandestino.

Corea del Norte, por su parte, sigue asociada al uso de fondos obtenidos mediante delitos cibernéticos. Autoridades occidentales creen que el país ha utilizado criptomonedas robadas a través de hackeos para comprar combustible y equipo militar.

Donaciones, hackeos y estructuras paralelas

El ecosistema de evasión no se limita a Estados sancionados. Hamas, el grupo militante palestino designado por Estados Unidos como organización terrorista, también fue identificado solicitando donaciones en criptomonedas.

Según la cobertura, Hamas publicó instrucciones para recibir donaciones en plataformas como Telegram. Además, la Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos, el FBI, confirmó mediante informantes métodos específicos utilizados para canalizar esos aportes.

La participación de grupos armados y organizaciones sancionadas añade otra capa al debate regulatorio. Para las autoridades, la preocupación no pasa solo por la evasión comercial o estatal, sino también por la financiación de actividades consideradas terroristas.

En paralelo, TRM Labs reportó recientemente que cerca de dos tercios de las pérdidas globales por hackeos de criptomonedas en la primera mitad de este año se atribuyen a grupos de hackers vinculados a Corea del Norte. Ese dato refuerza la conexión entre ciberdelito y financiación estatal.

Si ese patrón se mantiene, Corea del Norte seguiría siendo uno de los actores más influyentes en la economía ilícita del sector. Su presunta capacidad para robar, mover y reutilizar fondos digitales ha sido señalada repetidamente por firmas de análisis y agencias occidentales.

Para los lectores menos familiarizados con el tema, conviene recordar que blockchain no implica anonimato absoluto. Sin embargo, el uso de intermediarios, wallets encadenadas, servicios extraterritoriales y estructuras opacas puede dificultar el rastreo y la atribución final de los fondos.

La respuesta de Estados Unidos y sus límites

Frente a este panorama, Estados Unidos ha reforzado sus represalias en los últimos años. Entre las medidas aplicadas figuran la incautación de billeteras cripto vinculadas a países sancionados y organizaciones terroristas, además de sanciones dirigidas a exchanges.

El mes pasado, Washington sancionó a cuatro exchanges iraníes. Entre ellos se encontraba Nobitex, señalado como el mayor exchange de Irán.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó además que Estados Unidos incautó a Irán criptomonedas por un valor de USD $1.000 millones. Esa acción muestra que las autoridades sí han logrado intervenir fondos en ciertos casos de alto perfil.

Aun así, expertos citados en el reporte creen que bloquear por completo estas operaciones es una tarea mucho más compleja. El principal problema es que el ecosistema cripto cambia con rapidez y los niveles regulatorios difieren de un país a otro.

Esa asimetría regulatoria permite que algunas plataformas, proveedores o redes operen en jurisdicciones con controles débiles. Cuando una puerta se cierra, nuevos canales pueden abrirse con relativa rapidez.

Ari Redbord, jefe de políticas de TRM Labs, resumió esa limitación con una frase contundente. Dijo que las plataformas iraníes recientemente sancionadas por Estados Unidos son solo “los puestos más visibles”.

Redbord agregó que derribarlas no desmantela la estructura que existe por debajo. Su observación sugiere que la infraestructura de evasión no depende de un solo exchange ni de un único punto vulnerable.

Qué implica esto para el sector cripto

La noticia vuelve a colocar a la industria frente a uno de sus dilemas más persistentes. La misma tecnología que facilita pagos globales y reduce fricciones también puede ser aprovechada por actores sancionados, redes criminales y Estados aislados.

Eso no significa que todo el mercado funcione con fines ilícitos. Pero sí explica por qué los reguladores insisten en controles de cumplimiento, monitoreo on-chain y exigencias más duras para exchanges centralizados y proveedores de servicios.

También pone de relieve una tensión estructural entre privacidad, soberanía financiera y seguridad internacional. A medida que crece la adopción de activos digitales, esa discusión se vuelve más intensa y menos teórica.

Para inversionistas, empresas y usuarios del ecosistema, este tipo de reportes puede traducirse en mayor presión regulatoria. En muchos casos, las consecuencias no recaen solo sobre los actores ilícitos, sino también sobre plataformas legítimas que deben elevar costos de cumplimiento.

Por ahora, el mensaje central es claro. Pese a las sanciones de Estados Unidos, países como Rusia, Irán y Corea del Norte siguen encontrando en las criptomonedas una infraestructura útil para mover dinero, cobrar exportaciones, pagar operaciones y sostener redes difíciles de desmontar.

La magnitud del flujo reportado, superior a USD $100.000 millones en un solo año, muestra que el fenómeno ya no puede tratarse como marginal. Se trata de una dimensión geopolítica del mercado cripto que probablemente seguirá marcando la agenda regulatoria internacional.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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