La Casa Blanca estaría a punto de lanzar una orden ejecutiva que elevaría la supervisión sobre los modelos de IA más avanzados. El plan contempla un marco voluntario para que desarrolladores como OpenAI y Anthropic notifiquen al gobierno antes de grandes lanzamientos y, en ciertos casos, compartan acceso anticipado a sus sistemas.
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- La administración Trump habría informado a firmas líderes de IA sobre una orden ejecutiva centrada en ciberseguridad y modelos de frontera.
- El borrador contempla una revisión voluntaria de ciertos modelos avanzados hasta 90 días antes de su lanzamiento público.
- Agencias como la NSA, CISA, NIST y el Tesoro tendrían roles clave en la evaluación y protección de infraestructura crítica.
La Casa Blanca se prepara para dar un nuevo paso en la regulación de la inteligencia artificial (IA) avanzada en Estados Unidos.
De acuerdo con reportes divulgados esta semana, la administración del presidente Donald Trump informó a varias de las principales empresas del sector sobre una orden ejecutiva que podría fortalecer la revisión gubernamental de modelos de IA de frontera antes de su despliegue público.
La iniciativa se produce en un momento delicado para la industria. Los sistemas más potentes han ampliado sus capacidades en automatización, ciberseguridad y generación de contenidos, pero también han intensificado las preocupaciones por usos indebidos, vulnerabilidades críticas y escenarios de daño a gran escala.
Según Reuters, la Oficina del Director Nacional Cibernético de la Casa Blanca encabezó el martes una sesión informativa con compañías como OpenAI, Anthropic y Reflection AI. El medio indicó que la medida podría formalizarse tan pronto como este jueves mediante una orden ejecutiva presidencial.
La propuesta, según los detalles conocidos hasta ahora, establecería un marco voluntario bajo el cual los desarrolladores de modelos avanzados tendrían que notificar al gobierno estadounidense antes de lanzamientos importantes. Como parte de ese esquema, las empresas podrían compartir sus sistemas con agencias federales hasta 90 días antes de su publicación general.
Un marco voluntario con fuerte foco en seguridad nacional
La orden ejecutiva esperada no apunta, al menos en esta fase, a una prohibición directa ni a un régimen obligatorio de aprobación previa. Sin embargo, sí ampliaría de forma importante la participación del aparato federal en la supervisión de la IA más sofisticada, en especial aquella con potencial impacto en ciberseguridad, defensa e infraestructura crítica.
POLITICO reportó que una de las grandes preguntas en discusión ha sido si el texto exigiría una revisión federal antes del lanzamiento de ciertos modelos. Esa posibilidad había perdido fuerza a principios de mes, luego de que la administración pareciera alejarse de la idea. Aun así, el borrador más reciente volvería a contemplar un proceso de revisión, aunque bajo formato voluntario.
Ese esquema pediría a los desarrolladores someter ciertos sistemas a evaluación por parte de un grupo de agencias federales hasta 90 días antes de que sean puestos a disposición del público. El objetivo sería medir riesgos, capacidades sensibles y posibles vulnerabilidades antes de que los modelos lleguen al mercado abierto.
La esperada acción ejecutiva refleja el difícil equilibrio que enfrenta Washington. Por un lado, busca responder al temor de un daño catastrófico derivado de modelos cada vez más capaces. Por otro, intenta mantener una postura que siga siendo favorable a la innovación y a la competitividad tecnológica de Estados Unidos.
Qué agencias participarían y cómo funcionaría la revisión
De acuerdo con las personas citadas en los reportes, la orden incluiría al menos dos grandes secciones. La primera estaría enfocada en ciberseguridad y la segunda en los llamados “modelos de frontera cubiertos”, es decir, sistemas avanzados cuya potencia o perfil de riesgo justificaría una atención especial del gobierno.
En la parte de ciberseguridad, el Pentágono recibiría 30 días para asegurar sus redes, incluidos sistemas clave de telecomunicaciones e información. Además, la administración tendría 30 días para ordenar un uso más amplio de la IA dentro del gobierno y en organizaciones de infraestructura crítica, como bancos comunitarios, hospitales rurales y empresas de servicios públicos.
El borrador también encargaría al Departamento del Tesoro liderar, en un plazo de 30 días, un trabajo voluntario con funcionarios y actores de la industria para crear un centro de intercambio de información. Ese esfuerzo buscaría construir una asociación entre fabricantes de IA y operadores de infraestructura crítica para detectar y corregir vulnerabilidades.
En ese proceso también participarían la Oficina del Director Nacional de Ciberseguridad, la Agencia de Seguridad Nacional y la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructura, conocida como CISA. A la vez, la Oficina de Gestión de Personal debería reforzar la contratación dentro de la U.S. Tech Force, un programa anunciado por su director, Scott Kupor, a finales del año pasado para atraer talento de IA a distintas agencias federales.
La segunda parte de la orden daría a varias agencias, entre ellas el Tesoro, CISA y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, un plazo de 60 días para establecer un proceso clasificado de evaluación comparativa. La meta sería definir qué constituye exactamente un “modelo de frontera cubierto” bajo la futura directiva.
También participarían en ese proceso la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, el Director Nacional de Ciberseguridad, Sean Cairncross, y Michael Kratsios, quien dirige la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca. La NSA tendría la responsabilidad de tomar las determinaciones finales en consulta con otras agencias.
Qué se pediría a las empresas de IA
Las compañías que decidan adherirse al marco voluntario tendrían tres compromisos concretos. Primero, interactuar con el gobierno antes de lanzar modelos cubiertos por la orden. Segundo, conceder acceso a esos sistemas hasta 90 días antes de su estreno público. Tercero, compartir acceso a infraestructura crítica seleccionada antes del lanzamiento.
Si bien el esquema conserva la etiqueta de voluntario, su alcance político y operativo podría ser significativo. En la práctica, implicaría una relación más estrecha entre desarrolladores privados y agencias de seguridad nacional, en momentos en que la IA avanzada empieza a ser tratada no solo como producto comercial, sino como asunto estratégico de Estado.
Para empresas como OpenAI, Anthropic y Reflection AI, el cambio supone adaptarse a un entorno donde el tiempo de lanzamiento y la ventaja competitiva podrían convivir con nuevas expectativas de transparencia. Reuters señaló que OpenAI, Anthropic y Reflection AI no respondieron de inmediato a solicitudes de comentarios.
La discusión también se da en un contexto de creciente sensibilidad dentro del propio gobierno. Una fuente citada en los reportes resumió la volatilidad del proceso con una frase directa: “Todos están involucrados. Por eso ha estado sobre la mesa, fuera de la mesa, sobre la mesa y fuera”.
Tensiones políticas y el caso Anthropic
La iniciativa llega además en medio de un choque de políticas entre Anthropic y el Pentágono. El desencuentro gira en torno a los esfuerzos de la empresa por limitar ciertos usos militares de su tecnología, así como al posterior lanzamiento de su potente modelo Mythos a un grupo selecto de compañías e investigadores de seguridad.
Ese episodio ayudó a elevar la presión en Washington. Poco después de que Anthropic presentara Mythos a una audiencia limitada el mes pasado, la Casa Blanca comenzó a reunirse con actores de la industria tecnológica y del sector cibernético para discutir posibles componentes de la nueva directiva.
El trasfondo de esta discusión es amplio. A medida que los modelos avanzados incorporan funciones útiles para análisis ofensivo y defensivo en redes, automatización de tareas sensibles y apoyo a operaciones críticas, aumentan también las dudas sobre quién debe validarlos, bajo qué criterios y en qué momento del ciclo de lanzamiento.
Hasta ahora, la administración Trump había enviado señales mixtas sobre el rumbo de su política de IA. Eso generó confusión entre observadores y empresas, que veían a la Casa Blanca oscilar entre un enfoque flexible y otro más intervencionista. La futura orden ejecutiva podría aclarar parte de ese panorama, aunque todavía persisten incógnitas sobre su implementación real.
En términos más amplios, esta decisión confirma que la gobernanza de la IA está entrando en una fase más institucionalizada. Ya no se trata solo de recomendaciones éticas o compromisos voluntarios de seguridad anunciados por las compañías, sino de estructuras formales de coordinación entre laboratorios privados y agencias estatales.
Para los mercados tecnológicos, el mensaje es claro: los modelos de frontera serán evaluados cada vez más como activos de alto impacto geopolítico. Eso podría influir no solo en los calendarios de lanzamiento, sino también en costos de cumplimiento, alianzas estratégicas y ventajas competitivas en la carrera global por la inteligencia artificial.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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