Por Canuto  

El Tesoro de EE.UU. prepara una nueva fase de presión contra Irán con sanciones secundarias semanales, aunque la primera medida contra sucursales de Banque Misr en los Emiratos Árabes Unidos fue considerada limitada por analistas.
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  • Scott Bessent confirmó que el Tesoro de EE.UU. anunciará nuevas sanciones secundarias relacionadas con Irán cada semana.
  • La primera medida alcanzó a dos sucursales de Banque Misr en los Emiratos Árabes Unidos, pero no al banco egipcio en su conjunto.
  • Washington aún no aclara si apuntará contra entidades chinas, pese al papel de Pekín como respaldo económico de Irán.


El Departamento del Tesoro de Estados Unidos prepara una campaña de sanciones secundarias contra Irán con anuncios nuevos cada semana, según confirmó el secretario del Tesoro, Scott Bessent. La estrategia busca elevar el costo para bancos y empresas de terceros países que mantengan vínculos financieros con Teherán, después de que la primera ronda provocara críticas por su alcance limitado y por las excepciones incorporadas al proceso.

Bessent hizo la declaración el domingo 30 de agosto, antes de una reunión de los líderes financieros del Grupo de los 20 en Asheville, Carolina del Norte. En una conversación con periodistas, el funcionario sostuvo que habría muchas más medidas de este tipo cada semana, una señal de que Washington pretende convertir las sanciones secundarias en un mecanismo recurrente de presión y no en una acción aislada.

Una primera medida con alcance limitado

La primera ronda anunciada el viernes 28 de agosto se dirigió contra dos sucursales de Banque Misr ubicadas en los Emiratos Árabes Unidos. El Tesoro estadounidense alegó que esas operaciones mantenían vínculos financieros con Irán y participaban en actividades de lavado de dinero, por lo que quedarían excluidas del acceso al sistema financiero estadounidense para obtener dólares.

La decisión, sin embargo, no alcanzó directamente a Banque Misr, la segunda institución financiera más grande de Egipto. La medida se limitó a las operaciones del banco en los Emiratos Árabes Unidos y no se extendió a sus actividades en otros países, una precisión que redujo el alcance geográfico de la sanción y alimentó las dudas de analistas sobre la contundencia de la respuesta.

Incluso las sucursales señaladas parecen contar con un margen para corregir la situación antes de que la medida entre plenamente en vigor. El castigo propuesto contempla un plazo de 30 días, durante el cual se recibirán comentarios públicos y las entidades podrían tener la oportunidad de rectificar la conducta señalada por Washington.

Hasta ahora, ningún otro banco de los Emiratos Árabes Unidos ha recibido amenazas similares dentro de esta ronda. La ausencia de medidas más amplias deja a la administración del presidente Donald Trump intentando equilibrar dos objetivos difíciles: demostrar firmeza frente a Irán y evitar una perturbación demasiado grande en las redes bancarias internacionales.

La advertencia de una escalada financiera

Según la información citada por ZeroHedge, el Tesoro acusó a clientes de Banque Misr en los Emiratos de incluir empresas fachada utilizadas por el Ministerio de Defensa iraní y la Guardia Revolucionaria Islámica para evadir sanciones estadounidenses. La dependencia también los vinculó con operaciones de lavado de dinero realizadas en nombre del líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, aunque esas afirmaciones corresponden a los señalamientos oficiales y no a una determinación judicial independiente descrita en la noticia.

La administración estadounidense había presentado la nueva política como una especie de Día D económico, pero su aplicación inicial incluyó un período de corrección de 30 días. Bessent defendió ese diseño al explicar que Washington quería dar a los actores involucrados la posibilidad de abandonar su presunto mal comportamiento antes de ejecutar una medida capaz de afectar al sistema financiero global.

El funcionario también rechazó la idea de que la moderación inicial implicara falta de determinación. En una entrevista dominical con la Associated Press, Bessent afirmó que habría violencia financiera si fuera necesario y dijo que Estados Unidos estaba demostrando que conocía a los participantes de esas redes, mientras exigía que las operaciones cesaran.

Su mensaje ante los ministros de Finanzas y los gobernadores de bancos centrales del G20 seguirá la misma línea de confrontación. Bessent anticipó que insistirá en que no puede haber fugas y resumió la posición de Washington con una advertencia tajante: quienes operen con Irán no podrán pretender mantenerse al margen de la disputa.

El dilema de las redes internacionales

Las sanciones secundarias buscan presionar a entidades que no están bajo jurisdicción estadounidense, pero que necesitan acceder a dólares o al sistema financiero de Estados Unidos. Esa herramienta puede ampliar el alcance de la política exterior de Washington, aunque también genera riesgos para bancos de países aliados que deben escoger entre conservar determinadas relaciones comerciales o proteger su conexión con los mercados estadounidenses.

El caso de Banque Misr ilustra esa tensión porque la sanción se concentra en dos sucursales y no en toda la institución. El diseño permite a Washington enviar una señal contra determinadas operaciones sin castigar de inmediato a un banco egipcio de alcance nacional, pero también puede ser interpretado como una respuesta selectiva que ofrece a las entidades tiempo para ajustar sus estructuras.

La estrategia enfrenta además una pregunta central sobre sus límites: hasta dónde puede avanzar el Tesoro sin provocar el mismo desorden que pretende evitar. El analista Timothy E. Kaldas señaló que la administración estadounidense quiere parecer contundente tras su anuncio del Día D, pero dispone de opciones limitadas si no desea hacer explotar el sistema financiero global.

Los Emiratos Árabes Unidos también parecen ocupar, por ahora, una posición especialmente sensible dentro del cálculo de Washington. La ausencia de amenazas contra otros bancos del país sugiere que el Tesoro está procediendo con cautela, aunque los anuncios semanales podrían modificar rápidamente ese equilibrio si la primera ronda no produce el resultado esperado.

China, el factor que Washington aún no define

Otro elemento relevante es el silencio de la administración Trump sobre la posibilidad de sancionar a entidades chinas relacionadas con Irán. Pekín ha funcionado durante mucho tiempo como una línea de vida económica para Teherán, de modo que cualquier ofensiva capaz de afectar esos vínculos tendría consecuencias diplomáticas y comerciales mucho mayores que la medida contra las sucursales de Banque Misr.

La decisión de evitar, por ahora, un señalamiento directo a China podría reflejar el intento de limitar la escalada con una potencia económica de primer orden. También puede indicar que Washington todavía está definiendo cómo aplicar sanciones secundarias sin convertir una campaña contra Irán en un conflicto financiero más amplio entre Estados Unidos y Pekín.

Para los bancos y empresas internacionales, la promesa de anuncios semanales eleva la incertidumbre operativa. Las entidades que mantengan negocios con contrapartes iraníes deberán evaluar no solo sus transacciones directas, sino también las conexiones con intermediarios, sucursales y compañías que puedan quedar bajo escrutinio del Tesoro.

El desenlace sigue abierto porque la primera medida aún no entra plenamente en vigor y la administración estadounidense no ha detallado el calendario ni los objetivos de las próximas rondas. Washington busca persuadir a terceros países de que abandonen las redes financieras vinculadas con Irán, pero todavía debe demostrar que puede hacerlo sin provocar una dislocación internacional que contradiga su propia advertencia.


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