Por Canuto  

Bernie Sanders elevó el tono del debate sobre inteligencia artificial en Estados Unidos con una propuesta que combina una moratoria nacional a nuevos centros de datos y la creación de un fondo soberano de IA valorado en USD $7 billones. Su planteamiento apunta a arrebatar a las grandes tecnológicas el control exclusivo sobre la próxima ola de riqueza y decisión política.
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  • Sanders propone una moratoria nacional de al menos un año para nuevos centros de datos de IA.
  • Su proyecto plantea que el público posea 50% de las acciones con voto en las principales empresas de IA del país.
  • El fondo soberano estimado en USD $7 billones pagaría un dividendo anual de 5% directamente a la población.


El senador Bernie Sanders presentó una de las propuestas más agresivas hasta ahora en el debate estadounidense sobre inteligencia artificial. Su iniciativa combina una pausa temporal a la expansión física del sector con una arquitectura de propiedad pública sobre las grandes compañías de IA.

Según expuso en Sen. Bernie Sanders Proposes $7 Trillion AI Fund to Challenge Musk and Tech Billionaires | APT, su plan también busca redistribuir parte de la riqueza futura del sector mediante un fondo soberano estimado en USD $7 billones.

La propuesta llega en un momento de tensión política creciente alrededor de la IA, sobre todo por su impacto en consumo energético, uso de suelo, automatización laboral y concentración de poder corporativo. En ese contexto, Sanders enmarca el debate como una disputa entre interés público y control oligárquico.

El senador sostuvo que la expansión acelerada de la infraestructura de IA no debe continuar sin una revisión más profunda de sus efectos. Por eso defendió una moratoria nacional sobre la construcción de nuevos centros de datos de IA por al menos un año.

Su mensaje también se dirigió a la estructura de ganancias que podría emerger del auge de la IA. A su juicio, esa riqueza no debería quedar en manos de “menos de una docena” de oligarcas tecnológicos.

Moratoria a nuevos centros de datos y respaldo político creciente

Sanders recordó que, junto con la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, introdujo esa legislación hace tres meses. Dijo que la reacción inicial del establishment fue tratarla como una idea radical y descabellada.

Sin embargo, aseguró que el ambiente político cambió con rapidez. Citó una encuesta reciente de Data for Progress según la cual 63% de los estadounidenses respalda una moratoria nacional a nuevos centros de datos de IA durante al menos un año.

Ese apoyo, afirmó, cruza las líneas partidistas de forma poco habitual. De acuerdo con las cifras mencionadas, la medida reúne 67% entre demócratas, 66% entre independientes y 58% entre republicanos.

Sanders subrayó ese dato como prueba de un consenso más amplio de lo esperado. Incluso planteó que quien quiera bipartidismo debería mirar el nivel de apoyo a la pausa en la construcción de esta infraestructura.

También citó cifras de Gallup para reforzar el argumento local. Según ese sondeo, 71% de la población estadounidense se opone a la construcción de nuevos centros de datos de IA en sus propias comunidades.

El senador añadió que ya existen precedentes concretos sobre el terreno. Más de 50 ciudades, pueblos y comunidades locales han aprobado moratorias sobre nuevos centros de datos.

A escala estatal, dijo que las legislaturas de Maine y New York también han aprobado moratorias. Ese punto busca mostrar que la resistencia no se limita al debate federal ni a zonas aisladas.

Sanders sumó otro dato para ilustrar la magnitud del freno político y social. Señaló que al menos 75 proyectos de centros de datos, valorados en USD $130.000 millones, fueron bloqueados o retrasados en todo el país solo durante el primer trimestre de este año.

Con esa cadena de cifras, el senador sostuvo que la pausa ya no puede describirse como marginal. A su entender, se trata de una posición respaldada por una mayoría contundente del público estadounidense.

La justificación central de la moratoria, según su discurso, es ganar tiempo. Tiempo para entender los riesgos, proteger a las familias trabajadoras, defender la democracia y asegurar que la tecnología funcione para todos, no solo para sus dueños multimillonarios.

Un fondo soberano de IA con propiedad pública del 50%

Junto con la moratoria, Sanders presentó la semana pasada la American AI Sovereign Wealth Fund Act. El núcleo de esa legislación es otorgar al público una participación directa en las mayores empresas de inteligencia artificial de Estados Unidos.

El diseño es ambicioso y políticamente explosivo. La iniciativa permitiría que el pueblo estadounidense, a través de su gobierno, posea 50% de las acciones de las principales compañías de IA del país.

Para Sanders, ese cambio alteraría quién decide el rumbo de una tecnología con efectos transformadores sobre la vida humana. Dejaría de estar, según su planteamiento, bajo control exclusivo de un pequeño grupo de ejecutivos de grandes tecnológicas.

El senador explicó que una comisión independiente ejercería ese poder accionario. Esa comisión manejaría 50% de las acciones con voto en cada gran empresa de IA y podría bloquear decisiones que perjudiquen a la población.

Al mismo tiempo, la comisión tendría capacidad de impulsar políticas favorables al interés público. Sus integrantes serían nominados por el Congreso, seleccionados por el presidente y confirmados por el Senado.

Ese punto introduce una capa institucional pensada para separar el fondo de una administración directa de las compañías por parte del Ejecutivo. Aun así, la propuesta implicaría una expansión inédita del poder público sobre un sector tecnológico estratégico.

Sanders dijo que el proyecto tendría tres efectos principales. El primero sería precisamente otorgar a la ciudadanía una voz directa en la definición del futuro de la IA.

El segundo efecto consistiría en obligar a las grandes empresas con negocios de IA y no IA a separar esas actividades. La meta es garantizar que el público reciba una participación específica en la unidad de inteligencia artificial.

El tercer efecto, según el senador, sería asegurar que los beneficios económicos de la IA mejoren la vida de todos. No deberían, en su visión, limitarse a enriquecer aún más a las personas más ricas del planeta.

En términos de mercado, la propuesta toca dos fibras muy sensibles para inversionistas y tecnológicas. La primera es la gobernanza corporativa y la segunda es la estructura de propiedad de algunos de los negocios con mayor potencial de crecimiento de la década.

USD $7 billones, dividendos del 5% y la idea de riqueza compartida

Sanders estimó que el fondo soberano creado bajo esta legislación tendría un valor de USD $7 billones. Ese volumen lo colocaría entre los mayores vehículos de riqueza pública imaginados para una economía avanzada.

La propuesta no se limita a acumular participaciones accionarias. El senador planteó que el fondo esté obligado a pagar un dividendo anual de 5% directamente al pueblo estadounidense.

En su presentación, repitió varias veces la pregunta sobre qué hacer con esos USD $7 billones. La respuesta que ofreció fue convertir parte de esa riqueza en pagos directos a hombres, mujeres y niños en todo el país.

Sanders fue más allá al describir el horizonte político de ese capital. Sostuvo que, si estas empresas siguen creciendo tan rápido como esperan algunos analistas, la riqueza generada podría ayudar a garantizar un nivel de vida decente y digno.

Dentro de esa visión mencionó derechos como salud, educación, vivienda y un ambiente sano y habitable. Es decir, vincula el auge de la IA no solo con rentas financieras, sino con una agenda de bienestar social más amplia.

El senador también intentó anticipar una de las críticas más previsibles. Aclaró que si el valor de las compañías cae, las pérdidas recaerían sobre las empresas y no sobre el gobierno federal.

Insistió en que bajo ninguna circunstancia esas compañías recibirían un rescate con dinero de los contribuyentes. Esa precisión busca contener el temor a una socialización de pérdidas después de una captura pública de ganancias futuras.

Para sectores atentos a la intersección entre tecnología y mercados, la propuesta abre preguntas importantes. Entre ellas figuran la valuación de las compañías afectadas, el costo político de imponer participaciones públicas y el efecto sobre inversión privada en IA.

Aunque Sanders no desarrolló esos puntos en detalle, su diagnóstico es claro. Considera que la IA está creando una nueva base de riqueza nacional y que esa riqueza no debe privatizarse por completo.

Ese planteamiento tiene ecos de debates vistos en energía, telecomunicaciones y recursos naturales. La diferencia es que ahora el activo estratégico no es una materia prima física, sino capacidad computacional, modelos y datos construidos sobre conocimiento humano acumulado.

Noruega, Alaska y la batalla política por el control de la IA

Sanders subrayó que la idea de un fondo soberano no es original ni marginal en la práctica internacional. Afirmó que existen más de 100 fondos soberanos en distintas partes del mundo.

Como ejemplo principal mencionó a Noruega. Dijo que el mayor fondo soberano del mundo fue financiado con la abundancia petrolera del país y ahora vale más de USD $2 billones.

En ese caso, explicó, Noruega decidió que la riqueza producida por ese recurso nacional debía beneficiar a toda la población. Su argumento es que el modelo evitó que solo unos pocos ejecutivos petroleros capturaran el total de la renta.

También recordó un precedente dentro de Estados Unidos. Hace 50 años, el estado de Alaska creó un fondo soberano con ingresos derivados del petróleo estatal.

Ese fondo ha pagado dividendos directamente a los residentes de Alaska durante décadas. Sanders destacó que en 2022 ese cheque superó USD $3.000 por persona, aunque aclaró que la cifra ha subido y bajado con el tiempo.

Con esos ejemplos, el senador resumió el principio detrás de su legislación. Cuando un recurso público genera riqueza, el público debe participar de esa riqueza.

Su giro conceptual más fuerte consiste en definir la inteligencia artificial como un recurso público. A su juicio, la IA se construye sobre algo más valioso que el petróleo: el conocimiento acumulado, la creatividad y el trabajo de la humanidad a lo largo de la historia.

Esa formulación busca desplazar el debate desde la innovación privada hacia la legitimidad de origen de los modelos y sistemas de IA. Si la base del valor proviene del acervo humano colectivo, entonces el reparto de beneficios también debería ser colectivo.

En la parte final de su discurso, Sanders endureció el tono contra las élites tecnológicas. Dijo que el futuro de la IA y el destino de la humanidad no deben decidirse a puertas cerradas por un puñado de CEO de grandes tecnológicas.

También afirmó que ese futuro no puede ser dictado por multimillonarios interesados en maximizar poder y ganancias. En su lugar, sostuvo que deben decidirlo trabajadores, padres, docentes, artistas, científicos, comunidades y el pueblo estadounidense.

El senador reconoció que la oposición del sector será muy fuerte. Aun así, cerró con un llamado a que el Congreso se ponga del lado de la ciudadanía y no solo del lado de los multimillonarios y sus super PAC.

Más allá de sus posibilidades legislativas inmediatas, la propuesta ya marca un punto de inflexión en la conversación sobre IA en Estados Unidos. Lleva el debate desde la regulación de riesgos hacia la propiedad, la distribución de riqueza y el control democrático de una infraestructura que muchos consideran fundacional para la próxima economía digital.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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