Por Canuto  

Bernie Sanders presentó una ambiciosa propuesta para crear un fondo soberano de hasta USD $7 billones financiado con un impuesto único del 50% sobre acciones de grandes empresas de inteligencia artificial, una idea que busca repartir parte de la riqueza del sector entre los estadounidenses y darles voz directa sobre decisiones corporativas.
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  • La propuesta gravaría con un impuesto único del 50% a empresas de IA con al menos USD $200 millones en ventas anuales.
  • Sanders estima que el fondo podría alcanzar USD $7 billones y pagar más de USD $1.000 al año por persona en dividendos.
  • El plan también daría al público poder de voto para frenar decisiones corporativas que puedan perjudicar a la sociedad.


El senador Bernie Sanders presentó un plan de gran escala para redistribuir parte de la riqueza generada por la industria de la inteligencia artificial en Estados Unidos. La propuesta apunta a crear un fondo soberano valorado en hasta USD $7 billones.

La iniciativa sería financiada con un impuesto único del 50% sobre las acciones de las mayores compañías de IA del país. Según el resumen compartido por Sanders con AP News, la medida aplicaría a cualquier empresa con USD $200 millones en ventas anuales de IA.

Ese umbral también alcanzaría a nuevas empresas cuando lleguen a ese nivel de ingresos. Sanders sostiene que los beneficios extraordinarios del sector no deberían quedarse concentrados en un pequeño grupo de corporaciones y multimillonarios.

El senador afirmó que cada estadounidense podría recibir más de USD $1.000 al año mediante dividendos equivalentes al 5%. Además, dijo que el fondo también financiaría programas como salud, educación y vivienda.

En sus palabras, “los beneficios no pueden ir simplemente a un puñado de corporaciones adineradas”. También aseguró que esos recursos “serán compartidos por el pueblo estadounidense”.

Un plan para transferir riqueza y poder de decisión

La propuesta de Sanders no se limita al reparto de dividendos. También busca otorgar al público una influencia directa sobre la toma de decisiones corporativas dentro de la industria de la IA.

Para ello, la legislación contempla la creación de una Comisión Independiente Bipartidista para la IA Democrática. Ese organismo estaría integrado por siete miembros nominados por el presidente y confirmados por el Senado.

De acuerdo con el esquema descrito, la comisión supervisaría el fondo y usaría acciones con derecho a voto. Con ese instrumento podría bloquear decisiones empresariales que, a su juicio, perjudiquen al público.

Sanders explicó que el objetivo es que la ciudadanía tenga “un asiento significativo en la mesa”. Según dijo, eso ayudaría a evitar daños sobre trabajadores, comunidades y personas comunes en un momento de rápida expansión tecnológica.

El trasfondo del debate es más amplio que una simple reforma tributaria. En el centro aparece una pregunta que también inquieta a los mercados tecnológicos: quién capturará el valor económico de la IA si esta redefine industrias completas.

Para lectores menos familiarizados con el tema, la idea de un fondo soberano recuerda a vehículos estatales que administran riqueza pública y la convierten en ingresos a largo plazo. En este caso, Sanders quiere usar la propiedad accionaria de grandes firmas de IA como base de ese modelo.

Choque con las empresas de IA y con sus ejecutivos

La industria probablemente no reciba bien el plan. Aunque algunos ejecutivos del sector han mostrado apertura a compartir una porción de los beneficios de la IA con la sociedad, las propuestas conocidas hasta ahora han sido mucho más limitadas.

Entre esos ejecutivos aparecen Sam Altman, de OpenAI, y Dario Amodei, de Anthropic. Ambos han respaldado ciertas ideas de beneficio público derivado de la IA, pero no en una escala comparable a la sugerida por Sanders.

Durante una reunión con el senador, Altman se mantuvo “muy alejado” de Sanders en torno a cuánta participación debería tener el público estadounidense en OpenAI. Esa descripción fue atribuida a personas presentes en el encuentro.

Sanders, sin embargo, insiste en que su iniciativa transfiere una cantidad justa de riqueza. También la presenta como un mecanismo necesario para asegurar que la IA beneficie a la humanidad en vez de concentrar aún más poder económico.

En esa misma reunión, el senador criticó a las empresas de IA que plantean entregar mucho menos del 50%. Las calificó de codiciosas y marcó distancia frente a enfoques que, a su juicio, apenas buscan suavizar el rechazo social hacia la tecnología.

Sanders dijo que figuras como Sam Altman y Donald Trump podrían ser comprensivas con la ansiedad pública sobre la pérdida de empleos o el daño a comunidades. Pero también sostuvo que ofrecer solo una pequeña fracción de ganancias al gobierno es una propuesta muy distinta a la suya.

Según sus palabras, algunas tecnológicas parecen decir: estamos ganando miles de millones de dólares y quizá devolveremos el 5% de nuestras ganancias al gobierno. Para el senador, ese enfoque no aborda el problema de fondo sobre propiedad, poder y distribución.

El caso xAI y la presión sobre conglomerados tecnológicos

Otro punto sensible del plan es la exigencia de separar negocios no relacionados con IA de las operaciones de IA. Esa condición podría golpear estructuras corporativas cada vez más entrelazadas dentro del ecosistema tecnológico estadounidense.

Uno de los ejemplos más visibles sería xAI, la firma de Elon Musk. Según se indicó, esa empresa ya se ha fusionado con X y luego con SpaceX, en una integración que complica cualquier intento de delimitar claramente los activos vinculados a inteligencia artificial.

El reporte también señala que Musk podría estar considerando una megafusión entre SpaceX y Tesla. Si ese escenario avanza, una ley que obligue a separar unidades de IA de otros negocios se volvería aún más conflictiva.

Este detalle es importante porque muestra que la discusión no solo gira en torno a impuestos. También toca la arquitectura corporativa de firmas que hoy combinan datos, infraestructura, redes sociales, vehículos, espacio y modelos de IA bajo un mismo paraguas estratégico.

Para inversionistas y observadores del mercado, ese tipo de separación forzada podría alterar valoraciones, estructuras de control y sinergias internas. Por eso, aun sin aprobarse, la propuesta ya introduce una conversación incómoda para el capital tecnológico.

El factor Trump y la resistencia republicana

Aunque Donald Trump ha coqueteado con la idea de que el gobierno estadounidense tome una participación en grandes empresas de IA, su apoyo al plan de Sanders luce improbable. La distancia política y el alcance de la propuesta hacen difícil imaginar una convergencia rápida.

Además, David Sacks, exzar de IA de Trump, sigue teniendo influencia dentro de su administración. Antes de que se conocieran todos los detalles, Sacks criticó el proyecto y lo describió como una “confiscación directa de propiedad”.

También advirtió que una medida así sentaría “un terrible precedente”. Aun así, dijo sentir “simpatía” por el origen de las preocupaciones planteadas por Sanders, aunque se inclinó por esquemas voluntarios de alguna forma de propiedad pública.

Ese matiz es relevante porque revela que incluso entre sectores favorables a una mayor participación social en la riqueza de la IA persiste un fuerte rechazo a soluciones coercitivas. La disputa, por tanto, no es solo ideológica, sino también institucional y de diseño económico.

Con una mayoría republicana en el Congreso y un entorno político ampliamente favorable a la industria de IA, las probabilidades de aprobación son reducidas. Sin respaldo de Trump, la propuesta enfrenta una cuesta legislativa particularmente empinada.

El contexto político también importa por otra razón. Estados Unidos compite con otras potencias por liderazgo en inteligencia artificial, y muchos legisladores temen que cargas agresivas sobre las empresas nacionales debiliten esa carrera tecnológica.

Un punto de partida para el debate sobre la riqueza de la IA

Sanders no parece presentar su legislación como una solución final a todas las preguntas que rodean a la inteligencia artificial. Más bien, la plantea como una base para abrir una discusión más profunda sobre quién debe beneficiarse del cambio tecnológico.

El senador dijo que el país vive un aumento del sentimiento anti-IA. Esa inquietud pública se alimenta de temores sobre automatización, desplazamiento laboral, daños comunitarios y la acumulación de poder en manos de un pequeño grupo de empresas.

Desde esa perspectiva, el plan intenta responder a una preocupación que también aparece en otras industrias tecnológicas y financieras. Cuando una innovación genera ganancias descomunales, surge la presión política para repartir parte de ese excedente de forma más amplia.

En el caso de la IA, la discusión cobra más fuerza porque sus efectos podrían extenderse a casi toda la economía. Eso incluye empleo, educación, productividad, seguridad, medios, finanzas, defensa y plataformas digitales.

Sanders sostuvo que su propuesta es “lo mejor que podríamos hacer en este momento”. También la describió como “un paso grande, grande, grande hacia adelante” frente a la alternativa de entregar poder unilateral y total a un puñado de multimillonarios.

Más allá de sus escasas probabilidades inmediatas en el Congreso, la iniciativa ya cumple una función política. Obliga a ejecutivos, inversionistas, reguladores y votantes a pronunciarse sobre la propiedad del valor creado por la inteligencia artificial.

En momentos en que la IA domina la agenda de mercados, política industrial y poder corporativo, el plan de Sanders empuja una pregunta difícil de esquivar. Si la próxima gran ola de riqueza proviene de estas tecnologías, ¿quién debe sentarse en la mesa para decidir su destino?


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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