Australia propone obligar a las plataformas sociales a ofrecer una opción para desactivar las recomendaciones algorítmicas, como parte de un proyecto de ley que también impondría un deber de cuidado a los servicios en línea. El plan busca dar más control a los usuarios, pero enfrenta dudas sobre su aplicación, la respuesta de las grandes tecnológicas y el equilibrio con la libertad de expresión.
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- La propuesta permitiría elegir un feed compuesto solo por publicaciones de cuentas seguidas, con reglas para que la opción sea visible y no pierda funciones.
- El proyecto de Deber Digital de Cuidado contempla multas de hasta AUD 100 millones por infracciones.
- Personas afectadas por contenido sobre trastornos alimenticios y la manosfera respaldan la posibilidad de elegir, aunque dudan de que la medida baste.
🇦🇺📱 Australia propone feeds sin recomendaciones algorítmicas
La opción mostraría solo publicaciones de cuentas seguidas y debería ser fácil de encontrar.
El proyecto también impondría un deber de cuidado a plataformas, con multas de hasta AUD 100 millones por infracciones. pic.twitter.com/bHrnhwxgDi
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 16, 2026
El gobierno australiano quiere que los usuarios puedan dejar de recibir recomendaciones automáticas y limitar sus feeds a las publicaciones de las cuentas que siguen. La iniciativa forma parte de un proyecto de Deber Digital de Cuidado, que también buscaría obligar a los servicios en línea a proteger a sus usuarios de determinados daños.
La propuesta responde a relatos de personas que aseguran haber quedado expuestas repetidamente a contenidos que no buscaban, entre ellos material sobre pérdida de peso y mensajes de la llamada manosfera. El gobierno de Anthony Albanese presenta el cambio como una forma de devolver capacidad de decisión a la gente, pero críticos cuestionan si Australia podrá exigirlo a las grandes plataformas sin afectar la libertad de expresión ni repetir dificultades de aplicación ya vistas en otras medidas.
Una opción para salir del feed recomendado
Varsha Yajman tenía 13 años cuando empezó a usar redes sociales y ya se sentía insegura sobre su apariencia. En sus feeds aparecían videos de ejercicio con promesas que consideraba imposibles, desafíos de calorías peligrosos y perfiles que exhibían la altura, el peso o las hospitalizaciones de sus autoras como si fueran parte de una competencia.
Yajman contó que, antes de dormir, veía a desconocidos documentar lo que habían comido durante el día y llegó a pensar que podía dejar de comer mientras observaba a otras personas hacerlo. Hoy tiene 24 años y se recupera de la anorexia, pero afirma que aún encuentra publicaciones sobre pérdida de peso pese a activar las herramientas de seguridad y bloquear numerosas palabras, detalla un reporte de la BBC.
Flynn Martin describe otra clase de espiral de recomendaciones. Hace unos cuatro años, cuando tenía 20 y atravesaba problemas de salud mental, comenzaron a aparecerle contenidos del influencer misógino Andrew Tate y de otras figuras de la manosfera; Martin, a quien posteriormente diagnosticaron trastorno bipolar, dice que terminó creyendo parte de esa retórica.
El joven de Melbourne se hizo viral en Australia con dos videos: uno cuestionaba si era aceptable ser un hombre blanco heterosexual y el otro criticaba el pedido de yogur helado de una cita. Martin contó que llegó a asumir la idea de vivir dentro de una matriz hostil y que la salida consistía en convertirse en un personaje de macho alfa; una psicosis y una hospitalización lo alejaron de ese entorno.
El proyecto de ley y sus límites
Las experiencias de Yajman y Martin no atribuyen todos sus problemas a las redes sociales, pero ambos consideran que los contenidos recomendados fueron un factor importante. El reportaje de BBC recoge investigaciones que vinculan el uso de estas plataformas con respuestas cerebrales similares a las asociadas con el juego y las adicciones, y estudios que advierten sobre recomendaciones perjudiciales para la salud mental, desinformación, polarización y violencia fuera de línea.
Las compañías tecnológicas sostienen que los riesgos potenciales se exageran y que ya ofrecen herramientas de seguridad, mientras que críticos y denunciantes han cuestionado si las empresas conocen los daños y priorizan la participación de los usuarios y sus ingresos. La activista Chanel Contos resumió la preocupación al señalar que los sistemas suelen promover contenidos capaces de provocar enojo, miedo, deseo o inseguridad, emociones que pueden mantener a las personas deslizando la pantalla.
Contos impulsó la campaña Fix Our Feeds, que pedía desactivar por defecto los sistemas de recomendación y dejar que los usuarios eligieran activarlos. Su ideal era recuperar una experiencia parecida a la de principios de la década de 2010, con feeds finitos compuestos por publicaciones de amistades y cuentas elegidas; la petición reunió más de 15.000 firmas y recibió apoyo de dos ex primeros ministros, legisladores, figuras públicas y especialistas.
En septiembre de 2026, el gobierno anunció una propuesta que obligaría a las grandes tecnológicas a ofrecer una opción para limitar el feed a las cuentas seguidas, pero no exige que venga activada desde el inicio. Albanese sostuvo que la medida busca dar control a las personas y que cada quien podría decidir si quiere seguir desplazándose por contenidos; la iniciativa quedó incluida en el proyecto de Deber Digital de Cuidado presentado al Parlamento en octubre.
Responsabilidad de las plataformas y dudas de aplicación
El proyecto exigiría a servicios en línea, incluidas redes sociales, sitios de juegos y chatbots, procurar un entorno seguro en la medida de lo razonablemente posible. Para los menores, contempla protección frente a material y diseños considerados dañinos, como pornografía o contenidos que fomenten trastornos alimenticios y actitudes perjudiciales hacia las mujeres; para los adultos, la categoría de daños graves es más limitada y se refiere a contenido ilegal.
La ministra de Comunicaciones, Anika Wells, dijo que el deber ampliaría el alcance de las protecciones al abarcar distintos servicios y trasladaríaparte de la responsabilidad desde las víctimas hacia los operadores que obtienen ingresos de los usuarios australianos. Las infracciones podrían acarrear multas de hasta AUD 100 millones, equivalentes según el texto de origen a GBP 52 millones o USD 70 millones.
Las principales plataformas han mantenido distancia pública frente a la propuesta: Meta, Snap, TikTok, X y Google, propietaria de YouTube, no respondieron a las solicitudes de comentarios de BBC ni emitieron declaraciones públicas sobre la legislación. En los días posteriores al anuncio, el jefe de Instagram, Adam Mosseri, defendió la utilidad de las recomendaciones y sostuvo que un feed sin ellas mostraría menos publicaciones de amistades; también dijo que no consideraba adictiva su aplicación y distinguió el uso coloquial de la palabra de la adicción clínica.
En Australia, sectores de derecha y la administración Trump han advertido que las reformas podrían conducir a una moderación excesiva y a censura. Wells respondió que las personas seguirían pudiendo escuchar podcasts de la manosfera, publicar opiniones sobre el gobierno, compartir memes o afirmar que el alunizaje fue falso; el punto de la propuesta, según la ministra, no sería restringir esas expresiones, sino ofrecer otra forma de ordenar el contenido.
La experiencia de otros países y el reto de la adopción
La puesta en práctica es una de las principales incógnitas, sobre todo porque Australia también ha tenido dificultades para implementar su prohibición de redes sociales para menores. Las encuestas citadas en el reportaje indican que la mayoría de los niños que ya usaban plataformas antes de la prohibición siguen en ellas y que todavía no se han emitido multas, un antecedente que alimenta dudas sobre la capacidad de hacer cumplir nuevas obligaciones.
La experiencia europea ofrece otra advertencia: después de que la Unión Europea introdujera controles de algoritmo en 2023, varias plataformas incorporaron feeds de publicaciones de cuentas seguidas, pero su adopción habría sido baja. El investigador Chris Zomer, del ARC Centre of Excellence for the Digital Child, argumentó que algunas empresas cumplen formalmente las reglas de una manera tan poco práctica que los usuarios terminan regresando a la experiencia algorítmica habitual.
En Instagram, por ejemplo, al desactivar las recomendaciones el usuario no puede consultar los mensajes directos ni acceder a su perfil y configuración, y la aplicación vuelve a mostrar un feed algorítmico al abrirse de nuevo. Los Países Bajos son la excepción señalada en el reportaje: allí, un tribunal concluyó el año pasado que Meta incumplía la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea, y la compañía perdió una apelación en marzo, por lo que los usuarios conservaron la elección sobre sus feeds de inicio.
El gobierno australiano afirma que su normativa evitará que la opción de seguir solo cuentas elegidas sea menos funcional o más difícil de encontrar, y exige que los ajustes sean visibles y no cambien sin una elección explícita, incluso después de cerrar la aplicación. Contos busca extender la campaña a otros países y considera que Canadá, Reino Unido y Australia podrían formar una masa crítica si adoptan medidas similares.
Aun así, Yajman duda de que Australia pueda imponerse a las grandes tecnológicas y no sabe si el proyecto funcionará; Martin pide realismo, pues las redes también se usan como entretenimiento. Una encuesta de principios de mes mostró que dos tercios de sus pares de la Generación Z conservarían sus algoritmos, aunque casi la mitad de los australianos en general los apagaría, y Yajman valora que exista la opción para los días en que se siente más vulnerable.
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