Por Canuto  

Anthropic quedó atrapada en una dinámica que mezcla seguridad de IA, contratos militares, controles de exportación y lealtad política. Mientras otras tecnológicas se adaptaron al estilo de Washington bajo Donald Trump, la empresa de Dario Amodei optó por resistir y esa decisión ya le ha costado ataques públicos, sanciones inusuales y nuevos riesgos para su negocio.
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  • El gobierno de EE. UU. relajó los controles de exportación sobre Mythos, pero Anthropic aún no logra liberar por completo a Fable.
  • La administración Trump etiquetó antes a Anthropic como “riesgo en la cadena de suministro” y lanzó ataques directos contra Dario Amodei.
  • Según la fuente, el conflicto expone cómo la política de IA en Washington depende tanto de la técnica como de la cercanía con la Casa Blanca.


Anthropic atraviesa uno de los choques políticos más delicados que ha enfrentado una gran empresa de inteligencia artificial en Washington. La tensión con la administración de Donald Trump ya produjo controles de exportación, fricciones con el Pentágono y una campaña pública de ataques contra la empresa y su CEO, Dario Amodei.

El episodio más reciente comenzó cuando el Departamento de Comercio de Estados Unidos decidió relajar los controles impuestos sobre Mythos AI, el modelo más poderoso de Anthropic. Esa restricción había obligado a la compañía a desactivar el sistema para todos sus usuarios durante dos semanas.

Ese mismo viernes, OpenAI anunció que retenía la amplia liberación de GPT-5.6 a petición del gobierno estadounidense. A simple vista, ambos casos podrían parecer similares, pero la situación política de Anthropic en Washington es mucho más compleja.

Según reportó Fortune, la startup ha enfrentado ya dos acciones sin precedentes por parte de la administración Trump. La primera ocurrió en abril, cuando el Pentágono la etiquetó como un “riesgo en la cadena de suministro” tras negarse a aceptar cierto lenguaje contractual.

La segunda llegó hace dos semanas, cuando el gobierno aplicó controles de exportación sobre Mythos y también sobre Fable. Este último era una versión del mismo modelo diseñada para una liberación comercial más amplia.

El detonante fue el hallazgo de un jailbreak en Fable que, de acuerdo con las autoridades, podía permitir a usuarios eludir protecciones del sistema. El temor era que así pudieran acceder a capacidades cibernéticas completas de Mythos.

Una empresa de IA que no siguió el libreto político de Trump

En el centro del conflicto está una decisión estratégica de Anthropic. A diferencia de muchas grandes tecnológicas, la empresa se ha negado a adular o apaciguar a la Casa Blanca de Trump.

Ese contraste se vuelve más evidente al compararla con otros gigantes del sector. Meta, Amazon, Apple y OpenAI desplegaron tácticas de acercamiento político para evitar quedar en la mira del gobierno.

Mark Zuckerberg, por ejemplo, tenía incentivos claros para recomponer su relación con Trump tras haberlo suspendido de las plataformas de Meta luego del 6 de enero de 2021. También buscaba aliviar la presión de una importante causa antimonopolio federal.

Con ese fin, Zuckerberg nombró al aliado de Trump Dana White en la junta de Meta. También desmontó la moderación de contenido en favor de un sistema de “notas de la comunidad” y promovió al republicano Joel Kaplan dentro del área de asuntos globales.

Además, donó personalmente USD $1 millón al fondo de inauguración de Trump. Meta también contribuyó a la construcción del salón de baile del ala este de la Casa Blanca, una obra valorada en USD $300 millones.

La compañía incorporó igualmente a Dina Powell McCormick para ayudar a dirigir su estrategia de IA. Ella había sido asesora adjunta de seguridad nacional durante el primer mandato de Trump.

Ese manual de halagos, donaciones y nombramientos afines también fue seguido por otros líderes tecnológicos. Jeff Bezos y Tim Cook figuran entre los ejecutivos que intentaron acercarse políticamente al entorno de Trump.

OpenAI tampoco quedó fuera de esa lógica. Chris Lehane, su jefe de políticas, se hizo conocido por actuar como operador eficaz para industrias tecnológicas y cripto en sus batallas contra regulaciones.

Eso le ganó admiración dentro de sectores del círculo de Trump, donde abundan inversores en cripto y referentes libertarios de Silicon Valley. Allí, la regulación suele verse como un freno a la innovación.

Otro punto sensible es Greg Brockman, cofundador y presidente de OpenAI. Según la historia, emergió como el mayor donante individual del Super PAC MAGA Inc. de Trump.

Anthropic empezó con desventaja y luego profundizó el choque

Anthropic partió desde una posición mucho más incómoda. Dario Amodei habría llamado a Trump “un señor feudal” en una publicación de Facebook ya eliminada, además de instar a sus contactos a votar por Kamala Harris.

Su hermana y cofundadora, Daniela Amodei, también donó a la campaña de Harris. En una etapa anterior de su carrera, además, trabajó para Hillary Clinton.

El contexto político empeoró porque varias figuras que luego llegaron a la administración Trump ya eran críticas de los laboratorios de IA. Entre ellas estaban personas que rechazaban el enfoque regulatorio promovido por empresas como Anthropic y OpenAI.

En 2023, David Sacks criticó la política de IA de la administración de Joe Biden y advirtió que los principales laboratorios podrían impulsar reglas que solo ellos mismos estarían en capacidad de cumplir. Más adelante, trasladó esa acusación directamente contra Anthropic bajo la idea de una “captura regulatoria sofisticada”.

JD Vance también expresó preocupaciones parecidas en julio de 2024, cuando aún era senador. Dijo ante el Congreso que temía intentos de sobrerregulación preventiva que consolidaran a los incumbentes tecnológicos.

Sacks y Sriram Krishnan, luego asesor de política de IA en la Casa Blanca, también eran cercanos a Elon Musk. Musk había acusado desde antes a Claude, el asistente de Anthropic, de ser “IA woke”.

Anthropic, lejos de reducir tensiones, tomó decisiones que agravaron el malestar del equipo de Trump. Una de ellas fue contratar a varios funcionarios salientes de política de IA de la administración Biden.

Entre esos nombres estuvieron Ben Buchanan, Elizabeth Kelly y Tarun Chhabra. Buchanan ayudó a diseñar la “regla de difusión” de Biden, un esquema de controles de exportación sobre tecnología crítica de IA que Trump criticó y luego desmanteló.

En marzo de 2025, además, la empresa retiró trabajo legal a los bufetes Skadden y Latham & Watkins. Eso ocurrió después de que ambas firmas alcanzaran acuerdos legales con Trump.

Amodei habría dicho al personal que no trabajaría con despachos que, desde su perspectiva, estaban cediendo ante un asalto de Trump al estado de derecho. Esa postura reforzó la imagen de confrontación directa.

Del Pentágono a los controles de exportación

Anthropic no rompió por completo con la Casa Blanca. La empresa sostiene que Amodei asistió a un evento de energía con Trump en Pensilvania durante el verano de 2025 y también lo acompañó en un viaje a Japón en otoño de ese mismo año.

La compañía además expresó apoyo al Plan de Acción de IA de la Casa Blanca. También participó en la Fuerza de Tareas de Educación sobre IA y firmó el Compromiso de la Casa Blanca hacia la Juventud de América.

En octubre de 2025, Amodei declaró que Anthropic tenía “muchos amigos en la administración de Trump”. También aseguró que la empresa estaba más alineada con Trump de lo que algunos asesores, como Sacks, admitían.

Sin embargo, la relación seguía marcada por la distancia. Amodei no fue invitado a una cena en la Casa Blanca en septiembre a la que sí asistieron líderes de otras tecnológicas y laboratorios de IA.

Tampoco estuvo entre los CEO invitados por Trump en su visita estatal al Reino Unido ese mismo mes. Para muchos observadores, esas ausencias ilustraban un problema político ya instalado.

El punto de quiebre con el Pentágono llegó cuando Anthropic rechazó un contrato que no incluía prohibiciones explícitas sobre uso de sus modelos para armas autónomas o vigilancia masiva nacional. Esa negativa fue aplaudida por muchos investigadores de IA, incluso en laboratorios rivales como OpenAI y Google DeepMind.

La decisión también mejoró la imagen de la empresa frente aparte de los consumidores. El contraste se hizo más fuerte cuando OpenAI aceptó un contrato con lenguaje que daba al ejército estadounidense derecho a usar sus modelos para “cualquier propósito legal”.

Aunque OpenAI aclaró que las leyes y políticas vigentes de Estados Unidos no permitían armas totalmente autónomas ni vigilancia masiva nacional, igual enfrentó rechazo. Muchos usuarios, según el relato, abandonaron ChatGPT y descargaron Claude.

En un mensaje interno filtrado a la prensa, Amodei reaccionó con dureza tras la designación del Pentágono. Dijo que la verdadera razón del conflicto era que Anthropic no había donado a Trump, no había ofrecido alabanzas al presidente, había apoyado regulación de IA contraria a la agenda oficial y había mantenido sus líneas rojas con integridad.

Más tarde, Amodei se disculpó por el tono del mensaje. Aun así, el texto dejó al descubierto cuánto percibía el choque como un castigo político más que técnico.

La disputa por Fable y Mythos mostró que tener razón técnica no basta

La última disputa giró en torno al jailbreak hallado en Fable. Anthropic intentó restar dramatismo al problema al argumentar que no se trataba de un bypass universal de las protecciones del modelo.

La empresa sostuvo que el exploit solo desbloqueaba algunas de las potentes capacidades cibernéticas subyacentes de Mythos. Desde una visión estrictamente técnica, ese matiz era importante.

Más de 100 expertos independientes en ciberseguridad firmaron una carta abierta para pedir que se levantaran los controles sobre Fable y Mythos. Su argumento fue que el jailbreak no exponía capacidades que ya no estuvieran disponibles en otros modelos de IA.

Esos especialistas añadieron que la capacidad de escanear código en busca de vulnerabilidades es vital para defensores cibernéticos. En otras palabras, restringir demasiado esa clase de herramientas también podría dañar la seguridad.

Ese respaldo quizás llevó a Amodei a rechazar la petición del gobierno de retirar voluntariamente a Fable del mercado. Pero, incluso si la empresa tenía razón en términos técnicos, la jugada fue políticamente costosa.

Scott Bessent, secretario del Tesoro, le dijo a Amodei que estaba tomando “una mala decisión”. Esa frase resumió la frustración del gobierno con la respuesta de Anthropic.

Un funcionario de la administración lo expresó con mayor crudeza al señalar que no se puede decir a todos que un producto podría destruir el mundo y luego sorprenderse cuando el gobierno interviene. Esa crítica golpeó de lleno el discurso histórico de seguridad de Anthropic.

La empresa también cometió, a ojos del entorno de Trump, otro error político. Eligió a Katie Moussouris, fundadora y CEO de Luta Security, para vetar externamente la investigación sobre el jailbreak de Fable.

La designación fue atacada por Taylor Budowich, exjefe adjunto de personal de la Casa Blanca, quien señaló que Moussouris mostraba sus pronombres en su perfil y usaba una gorra de apoyo demócrata en su foto. El gesto reveló hasta qué punto la evaluación del caso se había contaminado con señales partidistas.

Tampoco ayudó que Chris Krebs alabara públicamente las capacidades de Moussouris. Trump había despedido a Krebs en noviembre de 2020 luego de que este contradijera sus denuncias sobre fraude electoral y manipulación de máquinas de votación.

Anthropic intenta recomponer el vínculo, pero llega tarde

Con el daño ya hecho, Anthropic empezó a recalibrar su estrategia de lobby. Después de la pelea contractual con el Pentágono, contrató a Ballard Partners, una firma cercana a círculos republicanos y con reputación para navegar el ecosistema político de Trump.

La empresa también fortaleció su equipo interno de políticas en Washington. Para ello, incorporó a varios republicanos y exfuncionarios de la primera administración Trump.

Entre esos nombres figuran Chris Liddell, exjefe de personal adjunto de la Casa Blanca, y Mary Croghan, quien trabajó en la Oficina de Asuntos del Gabinete. Anthony Cimino, ahora jefe de asuntos federales de Anthropic, sirvió en el personal republicano del Comité de Servicios Financieros de la Cámara.

La compañía incluso añadió a republicanos a su junta asesora de seguridad nacional. Entre ellos aparece el exsenador de Missouri Roy Blunt.

Aun así, varios pesos pesados de Washington creen que esos ajustes podrían ser insuficientes y tardíos. También sostienen que la marca comercial y cultural de Anthropic limita cuánto puede doblarse sin perder credibilidad interna y externa.

Brendan Steinhauser, CEO de la Alianza por una IA Segura, dijo a la fuente que la firma probablemente subestimó la necesidad de construir relaciones y el peso del dinero en Washington. Pero también señaló que el problema de fondo es que otras tecnológicas sí han estado dispuestas a hacer casi todo lo que la administración desea.

Steinhauser agregó que Anthropic posee una cultura muy definida y que Dario Amodei actúa en coherencia con ella. Cambiar radicalmente esa postura, según su análisis, podría alienar a empleados clave en un mercado donde el talento de IA es escaso y muy demandado.

También podría alejar a consumidores que valoraron la negativa de Anthropic a ceder frente a las exigencias del Pentágono. En ese sentido, el costo político podría ser el precio que la empresa está dispuesta a pagar por defender lo que considera correcto.

En las últimas dos semanas, Anthropic intentó además despersonalizar el conflicto y apartar a Amodei de la primera línea de las negociaciones. Tras las llamadas iniciales con funcionarios de Trump, otros ejecutivos asumieron el liderazgo del diálogo con la Casa Blanca.

La compañía envió primero a un equipo técnico a Washington compuesto por Nicholas Carlini, Logan Graham y Dave Orr. Su objetivo fue convencer a funcionarios de ciberseguridad de que flexibilizaran rápidamente los controles de exportación.

Según el relato, ese equipo trabajó en un marco compartido con el gobierno para evaluar cuánto riesgo plantea cada jailbreak en modelos de IA. Esa aproximación busca introducir criterios más precisos en futuras disputas regulatorias.

Más tarde, Anthropic puso al frente a Tom Brown, cofundador de la empresa, y a Sarah Heck, nueva jefa de políticas y exintegrante del Consejo de Seguridad Nacional durante el primer mandato de Trump. El movimiento parece reconocer que las objeciones del gobierno no eran solo técnicas, sino también políticas.

Las negociaciones ya produjeron un resultado parcial. El gobierno estadounidense relajó los controles sobre Mythos, aunque Anthropic todavía no consigue levantar los de Fable, un modelo del que esperaba obtener una porción importante de sus ingresos.

El episodio deja una lección más amplia para el negocio de la IA en Estados Unidos. En la Washington de Trump, tener razón desde el punto de vista técnico no siempre equivale a ganar la disputa política.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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