Por Canuto  

Cate Blanchett presentó en el Parlamento Europeo una herramienta gratuita que permite a cualquier persona indicar si autoriza, limita o prohíbe el uso de su nombre, voz, imagen y movimientos por sistemas de inteligencia artificial, en medio de una disputa creciente por los derechos sobre la identidad digital.

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  • La herramienta se llama Registro de Consentimiento Humano y es el primer producto público de RSL Media.
  • El sistema permite autorizar, condicionar o prohibir el uso de nombre, rostro, voz, semejanza y movimientos por IA.
  • Aunque el registro no puede obligar a las empresas a obedecerlo, busca crear un estándar claro y legible por máquinas.

 


Cate Blanchett presentó en Bruselas una nueva herramienta gratuita para que cualquier persona pueda definir cómo, o si, los sistemas de inteligencia artificial pueden usar su identidad. El lanzamiento tuvo lugar en el Parlamento Europeo, un espacio cargado de simbolismo por su papel en la aprobación de la Ley de IA de la Unión Europea.

La plataforma se llama Registro de Consentimiento Humano y constituye el primer producto público de RSL Media. La organización sin fines de lucro fue cofundada este año por Blanchett junto con Nikki Hexum, Doug Leeds y Eckart Walther.

El acto fue organizado por la eurodiputada búlgara Eva Maydell, integrante del Partido Popular Europeo. También estuvo presente el director Steven Soderbergh, en una señal de apoyo desde el sector creativo a una discusión que ya escaló desde Hollywood hasta las instituciones europeas.

La lógica de la herramienta es sencilla, pero su trasfondo es profundo. Parte de una idea central: el nombre, el rostro, la voz y otros rasgos de una persona pueden convertirse en activos explotables por la IA si no existen límites claros ni consentimiento verificable.

Blanchett resumió esa tesis con una frase directa durante la presentación. Según dijo, en la era de la IA la identidad de una persona es su propiedad intelectual, y por eso cada individuo debería poder decidir cómo puede o no puede ser usada por estas tecnologías.

Cómo funciona el Registro de Consentimiento Humano

El registro está alojado en rslmedia.org y opera con una mecánica parecida a la de un semáforo. Cada usuario puede elegir entre permitir el uso de su identidad por la IA, permitirlo con ciertas condiciones o prohibirlo de forma absoluta.

Las opciones abarcan varios elementos sensibles de la identidad personal. Entre ellos figuran el nombre, la imagen, la voz, la semejanza física y los movimientos, todos atributos que hoy pueden ser replicados o simulados con herramientas generativas cada vez más accesibles.

La inscripción es gratuita para individuos que actúan en su propio nombre. RSL Media también contempló la participación de terceros, como agentes, representantes, gremios y managers, mediante una vía aprobada para enviar solicitudes.

Ese detalle apunta a una realidad del mercado creativo y audiovisual. Muchas veces, la gestión de derechos sobre imagen, voz o interpretación no la lleva de forma directa la persona afectada, sino estructuras profesionales que negocian en su nombre.

La organización indicó además que el registro debería ampliarse con el tiempo a otros ámbitos. Entre las futuras extensiones mencionó obras creativas, personajes y marcas, lo que sugiere una ambición mayor que la mera defensa de rasgos biométricos personales.

Por ahora, la plataforma no actúa como un mecanismo coercitivo ni como una autoridad regulatoria. Su apuesta consiste en crear una base de datos legible por máquinas, clara y centralizada, para que los desarrolladores de IA tengan un punto único donde verificar permisos.

El contexto político y regulatorio en Europa

La elección del Parlamento Europeo como escenario del lanzamiento no fue accidental. Allí se debatió y adoptó la Ley de IA de la UE, considerada la primera legislación integral sobre inteligencia artificial a escala mundial.

Eva Maydell defendió la utilidad del nuevo registro como una herramienta que vuelve transparentes los derechos, escala la confianza y mantiene la creatividad humana en el centro del progreso tecnológico. Su apoyo conecta el proyecto con una línea política favorable a la innovación, pero con resguardos claros.

La discusión gira en torno a una tensión cada vez más visible. Las empresas de IA buscan grandes volúmenes de datos para entrenar modelos, mientras creadores, artistas y ciudadanos exigen control sobre lo que se extrae y cómo se reutiliza.

Ese choque no se limita al ámbito europeo ni a las celebridades. También afecta a profesionales comunes, locutores, actores de doblaje, músicos, periodistas y usuarios de internet, cuyos rastros digitales pueden alimentar sistemas capaces de imitar su estilo o apariencia.

En ese marco, el registro intenta introducir una capa previa de consentimiento explícito. No resuelve por sí solo la fiscalización ni la ejecución legal, pero busca ordenar un terreno donde el uso de datos identitarios suele producirse antes de que la persona siquiera se entere.

La presentación en Bruselas también sirvió para enviar una señal internacional. El mensaje es que la conversación sobre IA ya no trata solo de innovación y productividad, sino de propiedad, derechos, trazabilidad y capacidad real de decidir sobre la propia presencia digital.

La campaña de Blanchett y la presión desde el sector creativo

El lanzamiento del registro no surgió de forma aislada. Representa el paso más reciente en una campaña que Blanchett viene impulsando desde hace más de un año junto con otras figuras del cine y la música.

En marzo de 2025, la actriz se unió a Paul McCartney, Ben Stiller y más de 400 artistas en una carta abierta dirigida a la administración Trump. El objetivo era pedir que no se debilitaran las protecciones de copyright frente al avance de las compañías de IA.

La carta apuntó de forma directa a propuestas defendidas por OpenAI y Google. Ambas compañías argumentaron que la legislación de derechos de autor de Estados Unidos debería permitir el entrenamiento de sistemas de IA con obras protegidas sin permiso ni pago.

Esa postura intensificó un conflicto que ya venía creciendo en múltiples industrias. Para muchos creadores, permitir ese uso sin autorización equivaldría a convertir años de trabajo humano en insumo gratuito para modelos comerciales de gran escala.

Cuando RSL Media fue presentada en mayo, el proyecto ya había reunido respaldo de varios nombres de Hollywood. Entre ellos figuraron Javier Bardem, Viola Davis, Tom Hanks, Helen Mirren y Meryl Streep, lo que reforzó la visibilidad pública de la iniciativa.

En ese momento, Blanchett afirmó que las tecnologías de IA se estaban expandiendo de manera desenfrenada, esencialmente no controladas y no reguladas. También sostuvo que, para que los humanos sigan al frente de esas tecnologías, el consentimiento debe ser la primera consideración.

Un problema cada vez menos abstracto

La queja que intenta atender este registro dejó de ser una preocupación teórica. Casos recientes muestran que el uso de contenidos personales y creativos en entrenamientos de IA está ocurriendo a una escala que muchos artistas consideran abusiva.

Días antes del lanzamiento en Bruselas, la cantante SZA criticó con dureza a músicos que respaldaban lo que calificó como “esta basura degenerada”. Su reacción llegó tras descubrir que más de 200 de sus canciones habían sido incorporadas a conjuntos de entrenamiento de IA.

Ese dato ilustra por qué el debate se ha vuelto tan visceral. Para los artistas, no se trata solo de una discusión legal o técnica, sino de una posible expropiación silenciosa de estilo, repertorio, identidad y capacidad futura de negociación.

Otro ejemplo mencionado en la cobertura original es el de Matthew McConaughey. El actor llevó la idea de propiedad sobre la identidad a un terreno muy literal al registrar su imagen y su voz, incluida la frase “alright, alright, alright”.

En la práctica, estas medidas reflejan un cambio de mentalidad en la industria. Lo que antes se entendía como fama o reconocimiento ahora empieza a gestionarse también como un paquete de derechos explotables, transferibles o defendibles frente a sistemas automatizados.

La tendencia incluso dialoga con debates más amplios sobre identidad digital, activos intangibles y trazabilidad de derechos. Son temas cercanos a comunidades tecnológicas que siguen de cerca la evolución de la IA, la tokenización y las infraestructuras verificables de propiedad.

El principal límite de la herramienta

El Registro de Consentimiento Humano enfrenta un obstáculo evidente desde su nacimiento. No puede obligar por sí mismo a ninguna empresa a respetar las preferencias que una persona declare dentro del sistema.

Ese punto es crucial para evitar lecturas exageradas sobre su alcance inmediato. La herramienta no bloquea el scraping, no impide el entrenamiento de modelos ni sustituye a tribunales, reguladores o contratos formales de licencia.

Su valor potencial radica en otra función. Si logra consolidarse como un estándar legible por máquinas, podría reducir la ambigüedad sobre qué personas han consentido qué usos, bajo cuáles condiciones y con qué grado de restricción.

En términos prácticos, eso ofrecería a los desarrolladores una referencia centralizada que hoy no existe. La siguiente pregunta, como subraya la cobertura de The Next Web, es si las empresas realmente elegirán consultar esa fuente antes de usar datos identitarios.

La respuesta dependerá tanto de incentivos de mercado como de marcos regulatorios más fuertes. Si legisladores, tribunales o grandes plataformas comienzan a tratar estos registros como evidencia relevante, su utilidad podría crecer de manera importante.

Mientras tanto, el proyecto abre un nuevo frente en la discusión sobre gobernanza de la IA. Más que resolver el problema por completo, introduce un mecanismo visible para formalizar una demanda básica que gana fuerza global: sin consentimiento, no debería haber uso legítimo de la identidad humana.

Para una audiencia interesada en tecnología, mercados digitales e infraestructura de derechos, la iniciativa también deja una lección más amplia. A medida que la IA convierte atributos humanos en materia prima económica, el control sobre esos atributos se vuelve un asunto estratégico y no solo cultural.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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