Por Canuto  

Un extenso trabajo académico de Eduardo C. Garrido-Merchán propone que la automatización total del trabajo ya no debe discutirse solo como un salto tecnológico, sino como una disputa por la propiedad y la gobernanza de la infraestructura productiva. Su tesis central es contundente: si la IA, la robótica y la energía barata quedan en manos de unas pocas corporaciones, el resultado sería una forma de tecnofeudalismo; si pasan a modelos descentralizados y de bienes comunes, podrían sostener una sociedad de cuidado con acceso universal a recursos.
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  • El autor sostiene que, en principio, todo trabajo humano, físico y cognitivo, puede ser automatizado.
  • El estudio propone un “Liberation Stack” de seis capas, desde energía y manufactura hasta comunicación, conocimiento y gobernanza.
  • La hoja de ruta plantea una transición gradual desde la renta básica universal hacia un sistema posmonetario de acceso universal a recursos.

La discusión sobre inteligencia artificial suele concentrarse en productividad, empleo o valoración bursátil de las grandes tecnológicas. Sin embargo, un nuevo trabajo lleva ese debate mucho más lejos y lo reubica en una pregunta política de fondo: quién controlará la capacidad productiva cuando buena parte del trabajo humano pueda ser reemplazado por máquinas.

En Peaceful Anarcho-Accelerationism: Decentralized Full Automation for a Society of Universal Care, Eduardo C. Garrido-Merchán propone un marco sociotécnico para evitar que la automatización total derive en una concentración extrema del poder económico. Su planteamiento combina teoría política anarquista, aprendizaje automático, gobernanza de comunes y una estrategia de transición no violenta.

El núcleo de la tesis es directo. Si robots y sistemas de IA quedan bajo control corporativo centralizado, el desenlace sería una versión tecnológica del feudalismo, marcada por vigilancia, dependencia y redundancia económica masiva. Si, por el contrario, esas herramientas se gobiernan como bienes comunes descentralizados, podrían habilitar una sociedad orientada al cuidado universal, con más tiempo para comunidad, arte, educación y ciencia.

Para una audiencia interesada en cripto, blockchain e infraestructura digital abierta, el punto es familiar. La disputa ya no sería solo por una moneda o un protocolo, sino por la propiedad de la producción automatizada, las redes de comunicación y la energía que alimentará todo ese sistema.

La automatización total como hipótesis central

El trabajo formula cinco hipótesis. La primera afirma que todo trabajo humano, tanto cognitivo como físico, es automatizable en principio. Garrido-Merchán basa esa idea en el teorema de aproximación universal y en resultados de convergencia del aprendizaje por refuerzo, aunque aclara que eso no implica facilidad práctica ni plazos garantizados.

El texto repasa hitos ya conocidos del sector. Menciona a DQN en 2015, AlphaGo en 2016, AlphaGo Zero en 2017, OpenAI Five en 2019, MuZero en 2020, RT-2 en 2023 y Figure 01 en 2024. La secuencia se presenta como evidencia de una aceleración desde entornos de juego hacia automatización del mundo físico.

También incorpora estimaciones de exposición laboral a la IA. Entre ellas aparecen Frey y Osborne con un 47% del empleo en Estados Unidos en alto riesgo de computarización, McKinsey Global Institute con un 50% de las actividades laborales técnicamente automatizables, la OECD con un 14% de empleos en alto riesgo y un 32% con cambios significativos, y Goldman Sachs con 300 millones de trabajos a tiempo completo expuestos globalmente.

La lectura del autor es que, si la automatización cognitiva y física converge, el sistema salarial que organizó las economías industriales entrará en crisis estructural. Desde esa premisa surge lo que llama “la bifurcación de la automatización”: una ruta lleva al tecnofeudalismo y otra a una sociedad de cuidado.

La segunda hipótesis sostiene que la gobernanza descentralizada de los sistemas automatizados produciría mejores resultados que la propiedad corporativa centralizada. El estudio propone medirlo con desigualdad, bienestar humano y huella ecológica. La tercera, en tanto, afirma que una movilización no violenta puede lograr la transición sin toma del Estado.

Del dinero al acceso universal a recursos

Uno de los conceptos más disruptivos del paper es el de Universal Desired Resources, o UDR. La idea es que, en un sistema de producción plenamente automatizado y gestionado como bien común, cada persona podría acceder directamente a bienes y servicios, siempre bajo límites ecológicos. En ese marco, el dinero perdería su papel central como mecanismo de asignación.

El esquema no aparece como salto inmediato, sino como tránsito. Primero habría etapas de renta básica universal financiada con impuestos a la producción automatizada. Luego, a medida que crezcan infraestructuras comunitarias de energía, manufactura, alimentación y redes, una parte mayor de las necesidades se cubriría fuera del mercado.

Finalmente, sostiene el autor, si los comunes robotizados pueden producir bienes materiales de forma autónoma, el UBI sería sustituido por UDR. En lugar de recibir efectivo para comprar en mercados, las personas pedirían directamente lo necesario al sistema productivo común.

Ese punto conecta con debates conocidos en Web3 y economías digitales. La diferencia es que aquí el centro no está en tokenizar acceso o crear incentivos monetarios más finos, sino en cuestionar la necesidad del dinero cuando el costo marginal de producir muchos bienes se acerca a cero y la automatización desplaza el trabajo humano.

El paper añade otra afirmación sensible. Sostiene que delegar trabajo instrumental a máquinas no conscientes sería moralmente preferible, porque libera a seres capaces de sufrir de tareas alienantes. Esa tesis se apoya en trabajos previos del mismo autor sobre la separación entre inteligencia computacional y conciencia fenomenológica.

El “Liberation Stack” y la arquitectura técnica del modelo

Para bajar la teoría a una arquitectura concreta, Garrido-Merchán propone un “Liberation Stack” de seis capas. La capa 0 es energía. La 1, manufactura. La 2, alimentación. La 3, comunicación. La 4, conocimiento. La 5, gobernanza. La idea es que una comunidad gana soberanía material e informacional al desplegar esas capas de forma composicional.

La capa energética incluye cooperativas solares, microredes y controladores abiertos como OpenEMS. El texto cita a Som Energia en España y al Brooklyn Microgrid como ejemplos de energía ciudadana. Para el autor, sin soberanía energética no puede existir autonomía real de las demás capas.

En manufactura aparecen fablabs, impresión 3D y WikiHouse. En alimentación, agroecología, FarmBot y Open Food Network. En comunicación, el modelo apuesta por redes mesh comunitarias, ActivityPub, Matrix, Mastodon, PeerTube, PixelFed, Lemmy y cifrado de extremo a extremo.

La capa de conocimiento se sostiene en repositorios abiertos, Wikipedia y modelos de IA abiertos. La de gobernanza incluye Decidim, Loomio, Pol.is y LiquidFeedback. En conjunto, el autor describe una infraestructura alternativa a la nube centralizada, los modelos extractivos y el software propietario.

Un elemento importante es el orden de dependencia. La energía es condición para las demás capas materiales. La comunicación habilita conocimiento y gobernanza. El estudio incluso propone “gate conditions” medibles. Por ejemplo, considera operativa la capa de energía cuando una comunidad supera el 50% de autogeneración renovable.

Desde la óptica cripto, este punto resuena con la lógica DePIN y con la vieja aspiración cypherpunk de infraestructura resistente a captura. Pero el texto va más allá de redes e identidad. Intenta diseñar un sistema civilizatorio donde la producción, la coordinación y la deliberación no dependan de monopolios digitales.

Tecnofeudalismo, fediverso y bienes comunes que ya escalan

El trabajo usa el término tecnofeudalismo para describir un escenario en el que plataformas y corporaciones concentran robots, IA, datos, energía y comunicación. Esa estructura produciría dependencia material y control algorítmico. En lugar de ciudadanos o trabajadores con poder de negociación, emergerían usuarios subordinados a propietarios de infraestructura.

Para contrapesar esa idea, el paper reúne una lista de casos que, según el autor, prueban que los bienes comunes pueden escalar. Entre ellos están Linux, Wikipedia, Mondragón, Rojava, guifi.net y el Fediverse. No se presentan como analogías perfectas, sino como demostraciones operativas de coordinación descentralizada a gran escala.

Linux aparece como ejemplo de producción colaborativa que sostiene el 96% de los principales servidores web del mundo, el 85% de los smartphones y el 100% de las supercomputadoras, según cifras citadas por la Linux Foundation. Wikipedia se destaca por sus más de 60 millones de artículos en más de 300 idiomas y cientos de miles de editores activos.

Mondragón figura como prueba de que la empresa democrática puede competir a escala industrial. El estudio le atribuye cerca de 70.000 socios trabajadores, más de EUR € 11.000 millones en ingresos anuales y una brecha salarial interna de 6:1, frente a 399:1 en grandes corporaciones estadounidenses citadas en el documento.

También resalta el Fediverse como experimento clave de comunicación federada. El texto lo describe como una red con más de 10 millones de usuarios repartidos en miles de servidores independientes, sin publicidad ni propiedad centralizada. Para lectores familiarizados con blockchain, la lección es clara: descentralización no significa necesariamente cadena de bloques, pero sí reglas abiertas, interoperabilidad y salida frente a capturas unilaterales.

Energía, ecología y la disputa con el degrowth

Otro frente importante del artículo es el ecológico. Garrido-Merchán defiende lo que llama “accelerationist ecologism”, una postura según la cual la sostenibilidad no exige frenar la actividad humana, sino redirigir la aceleración tecnológica hacia energía limpia, almacenamiento, manufactura eficiente y economía circular.

Para sostener esa visión, el paper cita la caída del costo de la solar utility-scale en torno a un 89% entre 2010 y 2022, datos de desacople entre crecimiento y emisiones en algunas economías desarrolladas, y avances en tecnologías como baterías de hierro-aire, geotermia mejorada, hidrógeno verde, captura directa de CO2 y células tándem perovskita-silicio.

El texto incluso incorpora fusión nuclear, biología sintética, fotosíntesis artificial, manufactura aditiva, nanotecnología y computación cuántica como frentes que podrían mover la frontera tecnológica hacia una abundancia material menos destructiva. No los presenta como hechos consumados, sino como espacios de investigación con potencial sistémico.

En ese contexto, el paper intenta conciliar aceleracionismo y degrowth. Su argumento es que ambas corrientes comparten una base ética de pacifismo anarquista y que difieren sobre cómo ponderar dos riesgos: el daño ecológico durante la transición y el sufrimiento humano derivado de la escasez persistente. El autor los ubica como puntos distintos dentro de una frontera de Pareto.

En lenguaje sencillo, el trabajo dice que no se trata de una guerra filosófica total entre menos consumo y más tecnología. Más bien sería una disputa sobre el ritmo y la composición de la transición, con la posibilidad de combinar prudencia ecológica y despliegue rápido de tecnologías limpias.

Transición no violenta y límites del marco

La estrategia política propuesta es explícitamente no violenta. El autor toma como referencia a Erica Chenoweth y Maria J. Stephan, quienes hallaron que las campañas no violentas triunfaron el 53% de las veces entre 1900 y 2006, frente a un 26% en campañas violentas. También usa el repertorio de 198 métodos de Gene Sharp.

En la práctica, la transición se apoyaría en educación, construcción de infraestructura útil y retiro progresivo de dependencias corporativas. Eso incluiría migrar a plataformas federadas, crear cooperativas energéticas, montar redes mesh, desplegar fablabs y adoptar gobernanza participativa. La lógica recuerda a construir la alternativa antes de intentar reemplazar al sistema dominante.

El paper no oculta sus límites. Reconoce que la cronología es especulativa, que la resistencia de corporaciones y Estados podría ser severa, que el concepto de UDR requiere modelado económico e institucional mucho más detallado y que la disolución progresiva del Estado depende de ventanas democráticas que podrían cerrarse.

También enumera supuestos fuertes: continuidad del progreso en IA y robótica, suficiente despliegue renovable, competitividad del código abierto frente a modelos propietarios, ausencia de guerras mayores o pandemias disruptivas, y que no ocurra un fallo catastrófico de alineación en sistemas avanzados de IA.

Aun así, el valor del texto está en otra parte. Pone sobre la mesa una pregunta que el mercado tiende a esquivar: si la automatización total llega, ¿quién se quedará con las máquinas, la energía, los datos y la infraestructura? Esa discusión importa tanto para el futuro del trabajo como para el de la soberanía digital, y cruza de lleno los intereses de quienes siguen de cerca IA, blockchain, protocolos abiertos y economías descentralizadas.


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