Slate puso cifras concretas sobre la mesa para su primera camioneta eléctrica: un precio base de USD $24.950 antes del cargo de destino, una batería mayor a la prevista y 205 millas de autonomía. El anuncio busca reforzar la tesis de un vehículo eléctrico asequible, justo cuando la empresa asegura contar con 180.000 reservas y prepara entregas para el cuarto trimestre.
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- Slate confirmó un precio base de USD $24.950 para su pickup eléctrica, sin incluir el cargo de destino y entrega.
- La batería creció a 63 kWh y ahora ofrece 205 millas de autonomía, con carga mediante puerto NACS.
- La empresa asegura tener 180.000 reservas y prevé iniciar entregas en el cuarto trimestre de este año.
Slate oficializó el precio base de su primera camioneta eléctrica en USD $24.950, una cifra que coincide con rumores previos pero que todavía no incluye el cargo de destino y entrega. La compañía realizó el anuncio en su nuevo centro de diseño ubicado en Gardena, California.
Ese detalle importa porque el precio final para el comprador será ligeramente superior una vez se sume esa tarifa. Aun así, representantes de la marca dijeron que el cargo de destino será mínimo y coherente con la estrategia de bajo costo del modelo.
La startup se refiere a esta pickup como la “Blank Slate”, una propuesta pensada para simplificar la oferta y reducir complejidad industrial. En un mercado de vehículos eléctricos donde muchos modelos han escalado en precio, Slate intenta posicionarse en el extremo opuesto.
Según reportó Car and Driver, la empresa también confirmó que venderá sus vehículos de forma directa al consumidor. Eso significa que no recurrirá al esquema tradicional de concesionarios para distribuir la pickup.
El anuncio llega en un momento clave para la compañía, porque las primeras entregas están previstas para el cuarto trimestre de este año. Slate afirma además que ya acumula 180.000 reservas, aunque todavía no está claro cuántas de ellas terminarán convirtiéndose en pedidos firmes.
Precio, versiones y estrategia comercial
La pickup base será comercializada con una configuración estandarizada, algo que también forma parte del esfuerzo por contener costos. Todas las unidades saldrán con el mismo color inicial y recibirán acabados al final de la línea de producción mediante envolturas.
Slate planea ofrecer 100 colores desde el lanzamiento. De ese total, cerca de 40 tendrán un precio de apenas USD $499, lo que sugiere una fuerte apuesta por la personalización estética sin alterar demasiado el proceso de fabricación.
La firma también detalló los precios de las variantes con carrocería SUV. La versión SUV convencional, que añade un asiento trasero, partirá desde USD $29.950 antes del cargo de destino.
Para quienes prefieran una silueta distinta, Slate tendrá una versión SUV fastback. En ese caso, el techo inclinado eleva el precio inicial hasta USD $31.950 antes de sumar destino y entrega.
No se anunciaron otros precios adicionales. Entre los elementos pendientes figuran, por ejemplo, el kit de elevación de dos pulgadas y el kit de descenso que podrá instalarse en el vehículo.
La ausencia de concesionarios tradicionales puede verse como una jugada relevante dentro de la nueva economía automotriz. El modelo directo al consumidor busca eliminar intermediarios, pero también obliga a la empresa a ejecutar con precisión la logística, el servicio y la atención posventa.
Más batería y una autonomía mayor a la prevista
Uno de los cambios más importantes frente a los planes iniciales está en la batería. Cuando la pickup fue presentada por primera vez, su autonomía estimada era de 150 millas.
Desde entonces, Slate desarrolló una nueva química de batería LFP. Gracias a ese ajuste, la capacidad subió a 63 kWh y la autonomía pasó a 205 millas.
Ese salto mejora de forma material el atractivo del vehículo, sobre todo para quienes temían que el rango original resultara demasiado limitado incluso para usos urbanos ampliados. En términos de percepción de valor, una mejora de autonomía puede pesar tanto como el precio de entrada.
La carga se realizará a través de un puerto NACS ubicado en el guardabarros trasero izquierdo. Eso hará a la pickup totalmente compatible con la amplia red de Supercargadores de Tesla.
En carga rápida, el vehículo podrá alcanzar hasta 120 kW. Slate también indicó que el cargador de corriente alterna de 11 kW a bordo puede llevar una batería descargada al 100% en unas cuatro horas si se conecta a equipo de Nivel 2.
Para un público nuevo en movilidad eléctrica, estos datos son centrales porque la experiencia de uso depende no solo del precio, sino también del tiempo de recarga y del acceso a infraestructura. En ese punto, adoptar NACS ofrece una ventaja práctica al reducir fricciones para usuarios en Estados Unidos.
Motorización, desempeño y sensaciones de manejo
La camioneta se ofrecerá con tracción trasera. Su motor eléctrico genera 181 caballos de fuerza y 195 libras-pie de torque.
Slate no la presenta como una máquina enfocada en altas prestaciones. Aun así, asegura que esa potencia basta para acelerar de 0 a 60 mph en 8,0 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 90 mph.
Durante un breve recorrido, el vehículo se movió sin problemas en el tráfico gracias al torque instantáneo característico de la propulsión eléctrica. Ese rasgo sigue siendo una de las ventajas más visibles de los EV incluso en modelos de perfil económico.
La suspensión delantera es tipo McPherson. En la parte trasera, Slate optó por un eje De Dion, una decisión poco común que despertó interés por sus implicaciones técnicas.
Ese sistema permite que un motor montado de forma rígida entregue un eje sólido mediante ejes semirrígidos. El dato curioso es que se trata del mismo esquema empleado en la parte trasera del Mercedes-Benz G-wagen eléctrico.
En la vuelta alrededor de la cuadra, la pickup se percibió suave y agradable sobre calles con baches. Parte de ese comportamiento podría explicarse por la distancia entre ejes relativamente larga del modelo, que se ubica en 108,9 pulgadas.
En conjunto, las cifras dejan claro que Slate prioriza utilidad, simplicidad y costo por encima del rendimiento extremo. Esa receta puede parecer modesta, pero también encaja con la idea de un vehículo eléctrico funcional para compradores sensibles al precio.
Carga, remolque y espacio interior
La capacidad de carga útil mejoró respecto de estimaciones previas. Ahora, la pickup alcanza un máximo de 1.550 libras, mientras que la SUV se queda en 1.263 libras.
La diferencia entre ambas versiones es de 287 libras. Según la compañía, ese peso adicional corresponde a los componentes propios de la configuración SUV.
La caja de carga tiene una longitud de poco más de cinco pies. De acuerdo con la descripción disponible, sus dimensiones son notablemente parecidas a las que podrían encontrarse en una pickup mediana de cabina de cuatro puertas.
En remolque, la capacidad máxima ahora es de 2.000 libras para la pickup. Aun con ese dato, la recomendación expuesta en la cobertura original es reservar ese uso para remolque local.
Uno de los problemas típicos de las camionetas de cabina simple es la falta de almacenamiento seguro en el interior. Slate intenta resolver parte de esa limitación aprovechando la arquitectura EV de tracción trasera para incorporar un maletero delantero de 7 pies cúbicos.
En pruebas básicas de espacio, ese compartimiento pudo alojar dos maletas pequeñas con algo de espacio adicional. Es un detalle práctico que podría resultar valioso para usuarios que mezclen trabajo diario con desplazamientos personales.
La variante SUV añade más versatilidad en carga interior. Ofrece 34 pies cúbicos detrás de los asientos y 58 pies cúbicos con los asientos plegados.
El acceso al asiento trasero también fue descrito como sorprendentemente sencillo a través de la puerta delantera. Además, el espacio disponible en esa zona fue calificado como mejor de lo esperado.
Reservas, producción y el reto de convertir interés en ventas
Slate planea iniciar entregas en el cuarto trimestre de este año. Ese calendario será determinante para medir si la propuesta de bajo costo logra sostenerse al pasar del discurso a la ejecución industrial.
La empresa sostiene que ya suma 180.000 reservas. Sin embargo, ese número no equivale necesariamente a ventas cerradas y todavía queda por ver cuántos potenciales clientes completarán la compra cuando llegue el momento.
En el sector automotor, las reservas suelen ser una señal útil de demanda temprana, pero no siempre reflejan intención definitiva. Factores como precio final, tiempos de espera y condiciones del mercado pueden alterar de forma importante la conversión real.
Representantes del área de manufactura dijeron que la empresa podrá producir 150.000 unidades al año una vez alcance plena capacidad. Ese nivel, según indicaron, se conseguiría hacia finales del próximo año.
Si Slate logra acercarse a esa meta, entrará en una escala relevante para una firma emergente del segmento eléctrico. También enfrentará un desafío operativo considerable, porque fabricar a gran volumen vehículos baratos exige disciplina de costos y una cadena de suministro muy afinada.
El caso de Slate resulta interesante incluso para lectores enfocados en innovación y mercados, porque combina varios temas conocidos en industrias disruptivas. Hay una promesa de producto accesible, un modelo de distribución directa, una apuesta por estandarización y una carrera por probar que la demanda inicial puede traducirse en negocio sostenible.
Por ahora, la propuesta conserva un atractivo claro sobre el papel: precio de entrada contenido, autonomía mejorada, compatibilidad con NACS y una hoja de ruta de producción ambiciosa. El verdadero examen comenzará cuando las primeras unidades lleguen a manos de clientes y el mercado verifique si la camioneta cumple lo que promete.
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