El politólogo Robert Pape sostuvo que la guerra con Irán ha entrado en una fase crítica en la que Washington enfrenta opciones cada vez peores: una costosa guerra terrestre o el ascenso de Teherán como nuevo polo de poder regional y global, con efectos directos sobre el petróleo, la inflación y la estabilidad geopolítica.
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- Robert Pape afirmó que los bombardeos de Estados Unidos e Israel no han debilitado a Irán, sino que podrían fortalecer su posición política y estratégica.
- El experto advirtió que el control del estrecho de Hormuz, los ataques con drones y la capacidad de enterramiento profundo de arsenales limitan la efectividad militar de Washington.
- También sostuvo que una retirada de EE. UU. podría acelerar el ascenso de Irán, elevar los riesgos nucleares y profundizar la crisis de la OTAN y de los mercados energéticos.
El profesor Robert Pape, académico de la Universidad de Chicago y especialista en campañas aéreas, sostuvo que la guerra con Irán atraviesa “la etapa más peligrosa” hasta ahora. Durante una conversación con Stephen Bartlett, aseguró que los ataques de Estados Unidos e Israel no están debilitando a Teherán en el mediano plazo, sino que podrían reforzar su cohesión política, su capacidad de disuasión y su peso regional.
La discusión apareció en URGENT UPDATE – The Iran War Expert: The Most Dangerous Stage Begins Now, publicado por The Diary Of A CEO el 13 de abril de 2026. Allí, Pape argumentó que la visión dominante en Washington habría subestimado de forma severa la resiliencia iraní y sobredimensionado la efectividad de una campaña de bombardeos contra sus instalaciones nucleares y militares.
El analista explicó que durante 21 años modeló, en clases y ejercicios académicos, un escenario de guerra aérea entre Estados Unidos e Irán. Según su relato, la conclusión fue consistente: los bombarderos podrían destruir instalaciones industriales, pero no necesariamente el material enriquecido ni las reservas estratégicas más valiosas. En sus palabras, se puede destruir la “batea”, pero no necesariamente el “oro”.
Ese punto es central para su diagnóstico. Pape dijo que los ataques pueden arrasar objetivos visibles y sobre superficie, pero no garantizan la eliminación del uranio enriquecido ni de los arsenales enterrados de drones y misiles. Por eso, a su juicio, el conflicto no resuelve el problema estratégico de fondo y abre la puerta a una escalada más profunda.
Por qué Pape cree que Irán sale fortalecido
Pape sostuvo que la experiencia histórica de Vietnam, y de otras campañas aéreas, muestra que los efectos políticos suelen superar a los resultados tácticos. Aunque una fuerza militar golpee infraestructura crítica, la población y el régimen atacado pueden responder con mayor cohesión y motivación. En ese marco, aseguró que Irán estaría concluyendo que Estados Unidos “no puede derrotarlo”.
El profesor agregó que Washington puede destruir lanzadores visibles, buques o instalaciones expuestas, pero no la totalidad de la capacidad iraní. Dijo que eso incluye drones, misiles y recursos enterrados a profundidad. También planteó que, al no poder eliminar ese último 10% o 20%, la campaña produce el efecto inverso: convence a Teherán de que puede resistir y seguir causando daño.
Según Pape, ese razonamiento se ve reflejado en los ataques de Irán cerca del estrecho de Hormuz. El experto afirmó que Estados Unidos no ha logrado detener esas acciones y que esa limitación está dando a Teherán más influencia sobre vecinos, aliados asiáticos de Washington y mercados energéticos. Desde su perspectiva, no se trata solo de una disputa militar, sino de una palanca geopolítica.
También rechazó la idea de que la estructura de mando iraní esté desorganizada o fuera de control. Dijo que puede existir descentralización operativa, pero eso no implica ausencia de conducción estratégica. Para él, la toma de decisiones caótica estaría más presente en la Casa Blanca que en Teherán, algo que consideró un signo del deterioro del poder político de Donald Trump.
Hormuz, petróleo y el reordenamiento del equilibrio global
Una de las tesis más fuertes de Pape fue que el estrecho de Hormuz se ha convertido en el corazón del conflicto. Allí pasa una gran parte del comercio energético que abastece a Asia. El analista explicó que, más que una discusión sobre precios, lo que está en juego es el suministro físico de petróleo, un factor que puede alterar decisiones de países como India y Japón.
Para ilustrarlo, mencionó que el 80% al 90% del tráfico marítimo por ese corredor iría hacia Asia. Si esa ruta queda limitada o bajo presión, India enfrentaría un costo mucho más grave que una simple suba del barril. En esa lectura, Japón e India tendrían incentivos para tomar distancia de Washington, lo que fortalecería el poder de negociación iraní.
Pape añadió que la crisis también erosiona la arquitectura de seguridad del Golfo. Señaló que las bases estadounidenses en Qatar, Bahréin, Kuwait y Arabia Saudita son “grandes blancos” expuestos a drones de precisión. A su juicio, esos activos ya no están funcionando como un ancla creíble de protección para las monarquías del Golfo, lo que acelera la fragmentación del bloque regional que servía de contrapeso a Irán.
En ese contexto, mencionó movimientos de Iraq, Omán, Qatar, Arabia Saudita y Pakistán. Sostuvo que Iraq se estaría distanciando de la presencia militar estadounidense, Omán se acercaría más a Teherán, Qatar trataría de reducir exposición, y Arabia Saudita exploraría con mayor interés sus lazos de seguridad con Pakistán. Todo eso, afirmó, debilita la posición estadounidense.
El impacto no sería solo regional. Pape advirtió que Irán controla cerca del 20% del petróleo mundial y Rusia alrededor del 11%. Según su razonamiento, una cooperación formal o tácita entre ambos podría retirar hasta el 30% del crudo del mercado global. Eso, dijo, provocaría consecuencias económicas de gran magnitud para Estados Unidos y Europa.
El experto remarcó que aunque Estados Unidos no dependa directamente del crudo que pasa por Hormuz, el petróleo es una materia prima fungible y global. Por tanto, un shock de oferta encarecería la gasolina, alimentaría la inflación y elevaría el costo del crédito. Puso como ejemplo el salto del combustible en Chicago, desde USD $3,10 por galón hasta USD $4,60.
El riesgo de una guerra terrestre
Pape explicó que el conflicto habría transitado ya por varias fases. En su descripción, primero llegó el bombardeo y la eliminación de líderes, luego la represalia horizontal iraní y el control selectivo de Hormuz, y después la preparación para una opción terrestre. Ahora, dijo, se abre una bifurcación entre una guerra de suelo o el ascenso de Irán como “cuarto centro de poder mundial”.
El académico insistió en que no ve una salida sencilla de vuelta al escenario previo al 27 de febrero. Aseguró que, tras 40 días de guerra, ya se destruyó el punto de equilibrio anterior. Por eso, afirmó, una retirada estadounidense no restauraría la situación previa, sino que podría dejar a Irán con más ingresos petroleros, más influencia estratégica y más incentivos para avanzar hacia un arma nuclear.
Sobre la opción militar, detalló que una entrada por Pakistán sería improbable, dado su vínculo con Irán y su arsenal nuclear. También consideró inviable un eje por Afganistán. Mencionó a Azerbaiyán como un punto que históricamente pudo haber sido visto como plataforma de acceso, pero dijo que Bakú no parece dispuesto a involucrarse. Eso devolvería la atención a operaciones anfibias en la costa iraní, cerca de Hormuz.
El profesor describió ese terreno como un “paisaje lunar” muy adverso para desembarcos. Aun así, sostuvo que si Washington decide actuar en tierra, probablemente buscaría primero una cabeza de playa y luego zonas vinculadas al petróleo. Relacionó esa posibilidad con comentarios de Trump sobre “tomar el petróleo” iraní, una idea que el presidente ha repetido públicamente.
Pape subrayó que una intervención así tendría una lógica política peligrosa. Si los marines sufrieran bajas, una parte del electorado podría redoblar su apoyo a la guerra bajo la premisa de que los soldados “no murieron en vano”. Según su análisis, eso volvería más difícil la retirada y abriría la puerta a una campaña terrestre de al menos seis meses.
Israel, diplomacia y el debate nuclear
En otro tramo de la conversación, Pape acusó a Israel de actuar como “saboteador diplomático”. Afirmó que en episodios previos, cuando Trump buscaba negociar con interlocutores iraníes, ataques israelíes mataron a figuras que podían haber servido de canal para una salida pactada. Puso como ejemplo el caso de Ali Larijani, presentado como contacto principal para una propuesta de paz de 10 puntos.
Según el análisis del profesor, Israel también habría contribuido a difundir la narrativa de que Irán era un “tigre de papel”, al borde del colapso. Esa premisa, dijo, ayudó a justificar una política de máxima presión y una lectura errónea sobre la capacidad de respuesta del régimen. Para Pape, esa subestimación es uno de los errores estratégicos más graves del conflicto.
El académico también abordó el debate sobre la bomba iraní. Sostuvo que, si Teherán decide avanzar, la opción más plausible no sería usar un arma nuclear de inmediato contra Tel Aviv o Nueva York, sino acumular varias y demostrar su capacidad con pruebas sucesivas. Comparó esa lógica con la de Corea del Norte: disuadir antes que atacar.
Desde su punto de vista, cada ronda de bombardeos y cada amenaza extrema de Trump aumenta los incentivos para que incluso sectores prodemocracia en Irán acepten la necesidad de un arsenal nuclear. Pape fue especialmente duro con la frase presidencial sobre destruir una civilización en una noche. La describió como la declaración más explícita de intención genocida que haya emitido un presidente estadounidense.
La población iraní y la advertencia sobre Europa
Más allá del cálculo militar, Pape y Bartlett dedicaron parte importante de la conversación a los 90 millones de personas que viven en Irán. El profesor argumentó que, si la guerra escala hacia infraestructura eléctrica, la expectativa de vida podría caer de forma medible. Explicó que destruir nodos clave de generación dejaría al país sin diálisis, cirugías críticas, refrigeración de alimentos y servicios básicos durante meses.
Ese escenario, dijo, produciría más hambre, más enfermedad y un deterioro social profundo. Según su descripción, no sería un simple apagón temporal, sino una disrupción capaz de alterar de forma masiva las condiciones de supervivencia. Bartlett, por su parte, remarcó el efecto psicológico de vivir bajo bombardeos y bajo amenazas de aniquilación nacional.
Hacia el final, Pape extendió su análisis a Europa y a la OTAN. Afirmó que la alianza está, para fines prácticos, “muerta”, porque su estructura depende de la confianza en el liderazgo militar estadounidense. Después del manejo de esta guerra, dijo, es difícil imaginar a países europeos siguiendo órdenes operativas de un general de Estados Unidos en una gran crisis futura.
En su visión, la presión de Trump para que aliados europeos ayuden a asegurar Hormuz solo incrementa el costo político para esos gobiernos. También consideró probable que el aumento del precio del petróleo y el daño económico disparen un sentimiento más antiestadounidense en Europa. Todo eso, concluyó, agrava una trampa de escalada que aún no muestra una salida clara.
Pese a la dureza del diagnóstico, Pape defendió una alternativa negociada. Dijo que el mejor camino seguiría siendo un acuerdo que combine concesiones a Irán con una contención militar verificable sobre Israel y un marco más equilibrado de supervisión nuclear. Reconoció que es una opción políticamente difícil, pero sostuvo que las rutas alternativas son peores.
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