Un nuevo informe muestra que la IA ya forma parte de la vida cotidiana de la mayoría de niños y adolescentes, y que más de la mitad de quienes la usan le pide consejos sobre su cuerpo o salud. Especialistas advierten que esa práctica puede normalizar respuestas erróneas, reforzar dependencia emocional y desplazar conversaciones clave con adultos de confianza.
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- El 57% de los menores de 9 a 17 años que usan IA dice haberle pedido información o consejos sobre su salud o cuerpo.
- Common Sense Media reportó que el 81% de niños de 9 a 12 años, el 89% de 13 a 15 y el 92% de 16 a 17 ya usa o interactúa con IA.
- Expertos señalan que la seguridad aparente de la IA y el anonimato pueden alejar a los menores de relaciones humanas necesarias para su desarrollo.
🚨 Alerta sobre el uso de IA en menores 🚨
Un informe revela que el 57% de niños y adolescentes de 9 a 17 años consulta a la IA sobre salud y cuerpo.
El 92% de jóvenes de 16 a 17 años interactúan con estas herramientas.
Expertos advierten que esto puede normalizar respuestas… pic.twitter.com/uAJzT4qRga
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 12, 2026
La inteligencia artificial ya no es una herramienta marginal entre menores de edad. Un nuevo informe revela que su uso se ha vuelto cotidiano entre niños y adolescentes, no solo para estudiar o resumir información, sino también para consultar temas personales e íntimos.
Entre esos temas destaca uno especialmente sensible. El 57% de los niños y adolescentes de 9 a 17 años que usan IA asegura haber recurrido a estas herramientas para pedir información o consejos sobre su salud o su cuerpo, reseña CNBC.
El dato forma parte del informe “AI Use by Tweens and Teens” de Common Sense Media, organización sin fines de lucro enfocada en clasificar la seguridad del entretenimiento y la tecnología para menores. La investigación dibuja un escenario donde los chatbots y sistemas de IA ya tienen un rol visible en la formación de hábitos, preguntas y decisiones cotidianas.
Para lectores poco familiarizados con este debate, el problema no es solo que la IA responda preguntas. Lo preocupante es que puede hacerlo con gran seguridad, sin ofrecer necesariamente una guía correcta, matizada o emocionalmente adecuada para un menor.
En un momento en que la IA gana espacio en educación, redes y productividad, este caso muestra una dimensión más delicada. Se trata de su uso como sustituto parcial de conversaciones sobre salud, autoestima, cuerpo e identidad.
La IA ya es una presencia habitual en la infancia y la adolescencia
Según el informe, el 81% de los niños de 9 a 12 años dice que usa o interactúa con inteligencia artificial. La cifra sube al 89% entre los adolescentes de 13 a 15 años. Entre los jóvenes de 16 a 17 años, el porcentaje llega al 92%. Es decir, la adopción es mayoritaria en todos los grupos de edad considerados por la investigación. La frecuencia de uso también resulta significativa. Casi un tercio, el 29%, de los adolescentes de 13 a 17 años afirma utilizar esta tecnología a diario.
Michael Robb, jefe de investigación en Common Sense Media, resumió ese avance con una frase clara. A su juicio, la IA ya es “claramente una parte muy prominente de la infancia”.
Ese contexto ayuda a entender por qué el fenómeno preocupa más allá del dato puntual sobre salud corporal. Cuando una tecnología está tan extendida entre menores, su influencia deja de ser episódica y empieza a moldear rutinas, hábitos y expectativas de relación.
Los menores no solo usan IA para tareas académicas o búsquedas rápidas. También la emplean para pedir consejos sobre decisiones futuras, practicar interacciones sociales y hablar sobre sentimientos o problemas personales.
Eso convierte a los chatbots en algo más que una caja de búsqueda evolucionada. En la práctica, muchas veces se comportan como interlocutores accesibles, inmediatos y aparentemente comprensivos.
Por qué tantos menores llevan preguntas íntimas a un chatbot
Common Sense Media no investigó cuáles eran exactamente las preguntas sobre salud y cuerpo que los menores hacían a la IA. Sin embargo, un informe de OpenAI de septiembre de 2025 titulado “Cómo las personas usan ChatGPT” incluyó ejemplos dentro de la categoría de salud, belleza, fitness y autocuidado.
Entre esas preguntas aparecían consultas como “¿Cómo hacer mis cejas?”, “¿Cuál es una buena rutina de cuidado de la piel para piel grasa?” y “¿Cómo puedo mejorar mi estado físico cardiovascular?”. Aunque no están ligadas exclusivamente a menores, sirven para ilustrar el tipo de interacción que hoy ya es común.
Robb explicó que una de las razones detrás de este comportamiento es la disponibilidad casi permanente de estas herramientas. Hay muchas opciones de IA al alcance, y acceder a ellas suele requerir apenas unos segundos y una pantalla conectada.
También influye la experiencia de uso. Según Robb, estos sistemas pueden resultar agradables de usar y tienden a reforzar de forma sutil lo que las personas quieren escuchar mediante distintos grados de respuestas aduladoras.
En el caso de los niños y adolescentes, el anonimato percibido añade otra capa de atracción. Hacer preguntas sobre el cuerpo, la imagen personal o la salud puede resultar vergonzoso, incluso cuando existen padres, cuidadores o docentes dispuestos a escuchar.
Robb señaló que existe “un instinto muy natural en algunos niños de querer evitar la vergüenza”. En otras palabras, la IA ofrece una vía para formular dudas íntimas sin exponerse a la vulnerabilidad de una conversación cara a cara.
Ese patrón no surge en el vacío. En la adolescencia, el cuerpo cambia, la comparación social se intensifica y la necesidad de privacidad crece, por lo que una herramienta que responde rápido y sin juicio aparente puede volverse especialmente atractiva.
Los riesgos: respuestas seguras, errores y dependencia
El primer gran problema, según Robb, es que las IAs suelen sonar muy seguras cuando responden. Esa confianza en el tono puede llevar a que los menores no distingan entre una recomendación correcta y una equivocada.
La cuestión no es menor porque muchos niños no tienen aún los marcos necesarios para evaluar la calidad de una respuesta sobre salud, apariencia o bienestar. Si el sistema se equivoca, puede terminar desinformándolos sin que lo noten.
Robb fue directo sobre este punto. Dijo que la IA puede terminar engañándolos, precisamente porque presenta su respuesta con una autoridad que no siempre está respaldada por criterio médico, contexto personal o sensibilidad psicológica.
El segundo riesgo es de hábito y dependencia. Aunque el 73% de los niños dijo que acudiría primero a un adulto de confianza antes que a la IA, el temor es que algunos terminen apoyándose solo en esta tecnología.
Ese desplazamiento importa porque pedir ayuda no es un simple intercambio de información. En la infancia y la adolescencia, hablar con otra persona también enseña a manejar vergüenza, conflicto, empatía y escucha.
En un entorno cada vez más digital, la facilidad de una respuesta automatizada puede parecer una ventaja. Sin embargo, esa comodidad también puede reducir oportunidades valiosas para construir confianza con adultos y pares reales.
Desde una mirada más amplia, el caso recuerda un dilema frecuente en IA. Cuanto más fluida y accesible se vuelve una herramienta, más probable es que los usuarios la usen para tareas para las que nunca fue un reemplazo completo.
Lo que la psiquiatría infantil ve detrás de esta tendencia
La psiquiatra infantil y autora Suzan Song advirtió que la IA no puede ofrecer el tipo de conexión que los niños necesitan para desarrollarse. Su preocupación no se limita a la precisión factual de las respuestas.
Para Song, hay una dimensión humana que la tecnología no puede replicar. Explicó que las personas tienen estructuras biológicas que se ven recompensadas cuando miran y experimentan profundamente a otros seres humanos, incluso con todas sus imperfecciones.
Ese elemento desaparece cuando la interacción se produce con un sistema automatizado. Aunque el chatbot resulte amable, paciente o convincente, no existe allí una reciprocidad auténtica ni una relación humana real.
Song también subrayó que las relaciones entre padres, hijos y pares son complejas por naturaleza. Esa complejidad, lejos de ser un defecto, ayuda a los menores a comprender quiénes son y cómo funciona el mundo social.
En su visión, la identidad se forma por la fricción entre pares y padres. La IA, en cambio, tiende a suavizar esa fricción y puede volver demasiado lisas conversaciones que deberían implicar matices, dudas, desacuerdos y aprendizaje emocional.
El planteamiento es relevante en un momento de auge de asistentes conversacionales cada vez más persuasivos. Si los menores empiezan a preferir interacciones sin tensión ni vergüenza, podrían perder experiencias necesarias para madurar emocionalmente.
Eso no significa que toda interacción con IA sea perjudicial. Significa que cuando el sistema reemplaza conversaciones fundamentales sobre cuerpo, salud o emociones, el costo puede estar menos en la respuesta puntual y más en la relación que deja de ocurrir.
Qué pueden hacer los padres y cuidadores
Algunas empresas tecnológicas ya comenzaron a implementar límites para menores. ChatGPT, por ejemplo, incluye controles parentales que permiten fijar momentos en que el chat no puede usarse y reducir la disponibilidad de contenido sensible.
Sin embargo, tanto Robb como Song sugieren que la respuesta no pasa solo por bloquear o restringir. También recomiendan un enfoque basado en la curiosidad, el diálogo y la comprensión de cómo los menores están usando estas herramientas.
Robb propone hacer preguntas directas pero abiertas. Entre ellas menciona: “¿Cómo estás usando la IA? ¿Qué ves? ¿Cuáles crees que son los mejores usos?”.
Song sugiere ampliar esa conversación con otras preguntas. Por ejemplo: “¿Consideraste preguntar primero a una persona, por qué o por qué no?” y “¿A quién habrías ido si fueras a preguntar a una persona en tu vida esa pregunta?”.
La intención de ese ejercicio no es castigar ni avergonzar al menor por usar IA. La meta es ayudarle a pensar cuándo un chatbot puede servir como apoyo y cuándo una conversación humana es más adecuada.
Song resumió ese objetivo con otra idea central. Hay que recordarles a los niños que no están solos con su IA, porque viven inmersos en relaciones y ese sentido de pertenencia es verdaderamente importante.
Para familias y educadores, el reto es doble. Deben reconocer que la IA ya forma parte del entorno cotidiano, pero al mismo tiempo evitar que se convierta en la primera o única fuente para asuntos sensibles del desarrollo personal.
Una señal de alerta en la economía de la atención impulsada por IA
Más allá del caso puntual, el informe deja una señal para todo el ecosistema tecnológico. Los sistemas de IA ya compiten por una porción del tiempo, la confianza y la intimidad de usuarios cada vez más jóvenes.
Eso conecta con discusiones más amplias sobre diseño de producto, seguridad digital y responsabilidad empresarial. Cuando una interfaz parece empática, confiable y siempre disponible, su influencia puede ser más profunda de lo que sugieren las métricas de uso.
En sectores como educación, salud digital e inteligencia artificial, este tipo de datos anticipa nuevas presiones regulatorias y sociales. La pregunta no será solo qué tan útiles son estas herramientas, sino qué papel deberían o no deberían ocupar en el desarrollo de menores.
Por ahora, el informe muestra una realidad difícil de ignorar. La mayoría de niños y adolescentes ya interactúa con IA, y una parte importante de ellos la está usando para resolver dudas íntimas sobre su cuerpo y su bienestar.
La advertencia de los especialistas no es tecnofóbica. Es un llamado a no confundir accesibilidad con acompañamiento, ni respuestas rápidas con orientación segura en etapas de la vida donde la formación emocional sigue dependiendo, sobre todo, de vínculos humanos.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
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