Por Canuto  

Una serie de muertes y desapariciones de científicos y exfuncionarios vinculados a investigaciones sensibles en Estados Unidos activó pesquisas del FBI, la Casa Blanca y el Congreso. Aunque las autoridades aún no han establecido conexiones formales entre los casos, el asunto ya escaló como una posible preocupación de seguridad nacional.
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  • El FBI dijo que lidera la búsqueda de posibles conexiones entre científicos desaparecidos y fallecidos.
  • El Comité de Supervisión de la Cámara solicitó informes al FBI, Departamento de Defensa, Departamento de Energía y NASA.
  • Familiares y autoridades advierten que varios casos podrían responder a problemas médicos, personales o hechos no relacionados.


Las autoridades federales de Estados Unidos investigan una serie de muertes y desapariciones de científicos, ingenieros y exfuncionarios ligados a trabajos sensibles en áreas como energía nuclear y aeroespacial. El caso ha ganado visibilidad tras la intervención del FBI y del Comité de Supervisión de la Cámara, que ahora busca determinar si existe algún patrón común entre al menos 10 incidentes ocurridos en los últimos años.

El tema ha captado atención nacional porque involucra a personas con acceso a información científica delicada. Sin embargo, hasta ahora no existe una conclusión oficial que establezca que los casos estén conectados, ni que detrás de ellos haya una operación coordinada.

Según reportó CNN, el FBI señaló que está encabezando los esfuerzos para buscar posibles vínculos entre científicos desaparecidos y fallecidos. La agencia añadió que trabaja junto al Departamento de Energía, el Departamento de Defensa y socios estatales y locales para tratar de encontrar respuestas.

En paralelo, el Comité de Supervisión de la Cámara, controlado por los republicanos, anunció el lunes una investigación propia. El comité afirmó que los reportes plantean interrogantes sobre una posible conexión siniestra entre las muertes y desapariciones, por lo que solicitó informes al FBI, al Departamento de Defensa, al Departamento de Energía y a la NASA.

El Departamento de Defensa indicó únicamente que responderá directamente al comité. El Departamento de Energía remitió las consultas a la Casa Blanca, mientras que la NASA afirmó que está coordinando y cooperando con las agencias pertinentes.

La portavoz de la NASA, Bethany Stevens, dijo que, por ahora, nada relacionado con la agencia indica una amenaza a la seguridad nacional. Esa precisión es importante, porque algunos de los casos se relacionan con personas que trabajaron durante años en proyectos espaciales o científicos de alta complejidad.

Casos distintos bajo una misma lupa federal

Las circunstancias de los expedientes son variadas. Algunos corresponden a homicidios aún no resueltos, mientras otros siguen abiertos como desapariciones en las que no hay señales de delito. En al menos dos casos, los familiares mencionaron condiciones médicas preexistentes o problemas personales como posibles explicaciones.

Aun así, la Casa Blanca dijo la semana pasada que también trabaja con agencias federales para revisar cualquier posible vínculo. El presidente Donald Trump calificó el asunto como algo bastante serio y expresó su esperanza de que todo se trate de hechos aleatorios.

Trump declaró a la prensa que esperaba saber más en la próxima semana y media, y señaló que recientemente sostuvo una reunión sobre el tema. La Casa Blanca no ofreció más detalles sobre ese encuentro.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, indicó que la administración trabaja activamente con todas las agencias relevantes y el FBI para revisar los casos de forma integral e identificar cualquier elemento en común. Añadió que no se dejará piedra sin remover.

El director del FBI, Kash Patel, afirmó que la revisión incluye la búsqueda de conexiones vinculadas con acceso clasificado, acceso a información clasificada y posibles actores extranjeros. También aseguró que, si aparecen indicios de conducta maliciosa o conspiración, la agencia procederá con los arrestos correspondientes.

Desde el Congreso, James Comer, presidente del Comité de Supervisión y legislador republicano, sostuvo que es muy poco probable que se trate de una coincidencia. Dijo que el comité ve el tema como una amenaza a la seguridad nacional y que lo ha convertido en una prioridad.

No todos en Washington comparten ese diagnóstico. El representante demócrata James Walkinshaw, también miembro del comité, coincidió en que una investigación está justificada, pero dijo que no está convencido de que exista un motivo coordinado detrás de los hechos.

Walkinshaw subrayó que Estados Unidos cuenta con miles de científicos y expertos nucleares, por lo que, en su opinión, un adversario extranjero no afectaría de forma significativa el programa nuclear del país atacando a 10 individuos. Su comentario refleja la tensión entre la cautela institucional y la especulación pública que rodea el caso.

Muertes y desapariciones que alimentaron la atención pública

Los legisladores sitúan el inicio de esta secuencia en 2023, con la muerte de Michael David Hicks, un científico que trabajó casi 25 años en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA. Hicks, de 59 años, murió el 30 de julio de 2023.

Durante su carrera en JPL, se especializó en cometas y asteroides. No se reveló públicamente la causa de su muerte.

Su hija, Julia Hicks, dijo que su padre enfrentaba problemas médicos conocidos y que la reciente especulación la tiene alterada. También sostuvo que, por lo que sabe de él, no existe una línea lógica que lo vincule con esta posible investigación federal.

Julia Hicks afirmó además que nadie en un cargo electo ni en alguna agencia federal se había comunicado con ella hasta la tarde del martes para preguntar sobre la muerte de su padre. Su reacción ilustra cómo las teorías que circulan en internet también afectan a las familias.

En los años posteriores, varios otros vinculados al JPL murieron o desaparecieron. Frank Maiwald, especialista en investigación espacial, murió en Los Ángeles en 2024 a los 61 años.

Monica Reza, una ingeniera aeroespacial de 60 años, desapareció mientras hacía senderismo en un bosque de Los Ángeles en junio de 2025. El Comité de Supervisión indicó que se desempeñó como directora del Grupo de Procesamiento de Materiales del laboratorio de la NASA.

Otro caso que recibió gran atención es el de William Neil McCasland, mayor general retirado de la Fuerza Aérea. No ha sido visto desde que salió caminando de su casa en Albuquerque, Nuevo México, el 27 de febrero, dejando atrás su teléfono, sus gafas graduadas y sus dispositivos electrónicos portátiles.

McCasland, de 68 años, estuvo vinculado a algunas de las investigaciones aeroespaciales más avanzadas del Pentágono y en el pasado comandó el Air Force Research Laboratory en la Base de la Fuerza Aérea Wright-Patterson. Meses después de su desaparición, los funcionarios aún no pueden explicar adónde fue, por qué se fue o si alguien más participó.

Su esposa, Susan McCasland Wilkerson, rechazó previamente las especulaciones que relacionan el caso con su trabajo en Wright-Patterson o con rumores históricos sobre Roswell. Dijo que su esposo tuvo una breve asociación con la comunidad ovni, pero que no poseía conocimiento especial sobre supuestos cuerpos extraterrestres o restos almacenados en la base.

También continúan desaparecidos Melissa Casias y Anthony Chavez, ambos vinculados al Laboratorio Nacional de Los Álamos, una instalación clave de investigación nuclear en Nuevo México. Casias, de 53 años, fue vista por última vez caminando por una autopista cerca de Talpa en junio de 2025.

Según las autoridades estatales, Casias dejó sus pertenencias en casa y un teléfono que había sido restablecido a la configuración de fábrica. El Departamento de Seguridad Pública de Nuevo México dijo que el caso sigue abierto como desaparición, aunque no sospecha de un acto delictivo.

Chavez, de 78 años y ya retirado, había trabajado como capataz supervisando construcción en el sitio de Los Álamos. Desapareció en mayo de 2025, y un detective señaló que no hay señales de delito, aunque las búsquedas exhaustivas tampoco han arrojado indicios de actividad o de que hubiera planeado irse.

Carl Buckland, amigo de Chavez, dijo que se alegra de que las autoridades estén investigando el caso y resumió su postura con una frase directa: ya era hora. Esa mezcla de angustia familiar y frustración pública ha sido una constante en la cobertura reciente.

Homicidios, antecedentes médicos y una corrección relevante

La lista también incluye muertes violentas de científicos reconocidos. Nuno F.G. Loureiro, profesor del Massachusetts Institute of Technology, murió baleado fuera de su residencia cerca de Boston en diciembre de 2025.

El atacante también abrió fuego en el campus de Brown University, donde mató a dos estudiantes. Loureiro, de 47 años, era físico, científico de fusión y había dirigido el Plasma Science and Fusion Center del MIT.

Otro caso es el de Carl Grillmair, astrofísico que trabajó en el California Institute of Technology y colaboró con la NASA. Murió baleado a los 67 años en su casa a las afueras de Los Ángeles en febrero, y las autoridades arrestaron a un sospechoso que, según creen, no conocía a la víctima.

El exoficial de inteligencia de la Fuerza Aérea Matthew James Sullivan, de 39 años, también murió en 2024 antes de poder testificar en un caso federal de denunciante sobre ovnis. Su obituario público no indicó la causa de muerte.

El representante Eric Burlison sostuvo que Sullivan murió por suicidio y consideró sospechoso el momento, ya que estaba programado para acudir a una entrevista dos semanas después. No obstante, la información pública citada no detalla cómo ocurrió su fallecimiento.

En días recientes también cobró atención la muerte en 2022 de Amy Eskridge, de 34 años, cofundadora del Institute for Exotic Science en Huntsville, Alabama. Su familia dijo que era una persona maravillosamente inteligente y que sufría de dolor crónico.

Los familiares de Eskridge pidieron no sobredimensionar el caso y recordaron que los científicos también mueren. Esa misma línea aparece en otras respuestas de allegados, que rechazan las teorías más extremas surgidas en redes y foros.

Al final de su reportaje, la fuente original también incluyó una corrección. En ella precisó que un titular anterior había caracterizado erróneamente la trayectoria profesional de al menos una de las personas mencionadas, por lo que fue actualizado.

Por ahora, la gran conclusión sigue siendo la ausencia de una conclusión definitiva. Hay una investigación federal en curso, un escrutinio legislativo creciente y una lista de casos con perfiles sensibles, pero las autoridades todavía no han establecido un vínculo formal entre ellos.

En ese contexto, el episodio se mueve entre dos planos. Por un lado, está la obligación institucional de descartar riesgos de seguridad nacional. Por otro, la necesidad de evitar que la incertidumbre se convierta en narrativa conspirativa antes de que existan pruebas sólidas.


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