Por Canuto  

El fin del soporte para Windows 10 está dejando a millones de computadoras funcionales fuera del mapa oficial de Microsoft. Sin embargo, una prueba con una ThinkPad de 2017 muestra que Linux puede extender la vida útil de estos equipos, reducir residuos electrónicos y evitar un gasto innecesario para muchos usuarios.
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  • Una Lenovo ThinkPad X1 Carbon Gen 5 de 2017, comprada usada por USD $250, siguió funcionando con soltura al migrar de Windows 10 a Linux Mint.
  • El principal bloqueo para Windows 11 no era la RAM ni el almacenamiento, sino un procesador Intel de séptima generación que quedó fuera de los requisitos de Microsoft.
  • Linux Mint ofreció buena compatibilidad para trabajo diario, navegación web y juegos ligeros, aunque persistieron límites en batería, lector de huellas y algunas apps.

 


El fin del soporte para Windows 10 ha reactivado un debate incómodo en la industria tecnológica. Millones de computadoras que siguen siendo útiles para tareas cotidianas quedaron fuera de la hoja de ruta de Microsoft, no porque hayan dejado de funcionar, sino porque no cumplen con ciertos requisitos para Windows 11.

En ese contexto, una experiencia relatada por The Verge con una Lenovo ThinkPad X1 Carbon Gen 5 de 2017 plantea una alternativa concreta. En vez de desechar el equipo o forzar una actualización incierta, la salida fue instalar Linux Mint y seguir usándolo para trabajar, navegar, chatear y hasta ejecutar algunos juegos ligeros.

La historia es relevante más allá del nicho técnico. También toca temas de sostenibilidad, obsolescencia programada de facto, costos de renovación de hardware y libertad del usuario frente a plataformas cerradas. Para muchos hogares y pequeñas oficinas, el problema no es solo tecnológico, sino económico.

La laptop usada en la prueba fue adquirida en eBay por apenas USD $250. Se trata de una máquina que, cuando salió al mercado en 2017, tenía un precio inicial de USD $1.100, y cuya configuración específica habría costado USD $2.100.

Una laptop plenamente funcional, pero fuera de Windows 11

La ThinkPad probada contaba con pantalla IPS FHD de 14 pulgadas, 16 GB de RAM, SSD de 512 GB y un procesador Intel Core i7-7600U de séptima generación. También incluía Wi-Fi, Bluetooth 4.1, dos puertos USB-C con Thunderbolt 3, dos USB-A, HDMI 1.4b, ranura microSD, bandeja para SIM y lector de huellas.

En la práctica, el equipo seguía rindiendo bien con Windows 10. La autora explicó que pudo navegar por la web, escribir en Google Docs, usar Slack con colegas y jugar un poco en Steam sin mayores inconvenientes. Incluso destacó que costaba recordar que se trataba de una laptop de casi una década.

El problema era otro. Aunque el equipo cumplía con memoria, almacenamiento, TPM 2.0, UEFI Secure Boot y procesador de 64 bits con al menos dos núcleos, el chip era una generación demasiado antigua para Windows 11. Microsoft exige procesadores Intel de octava generación o AMD Ryzen 2000 o superiores.

Eso deja a la máquina en una zona gris. Seguir con Windows 10 sin actualizaciones de seguridad implica riesgos, y el programa Extended Security Updates solo extiende el soporte por un año más, hasta el 13 de octubre de 2026. Desde esa perspectiva, el equipo pierde respaldo oficial aunque su hardware siga siendo válido para tareas comunes.

La publicación también menciona que existen herramientas como Rufus o FlyOOBE para instalar Windows 11 saltando restricciones. Sin embargo, esa vía solo aplaza el problema y puede generar complicaciones con futuras actualizaciones, especialmente si se omiten requisitos ligados a seguridad.

Linux Mint como vía de rescate

La solución elegida fue Linux Mint, una distribución orientada a usuarios principiantes. Según la experiencia recogida, su instalación resultó simple, con instrucciones claras y un proceso de unos 10 minutos para reemplazar completamente Windows 10.

Mint se presentó con Cinnamon, un entorno de escritorio que recuerda visualmente a Windows 10. Ese detalle no es menor, porque reduce la fricción inicial para quienes migran desde el ecosistema de Microsoft y no quieren enfrentarse de golpe a una interfaz completamente distinta.

El sistema incluía desde el inicio Firefox y la suite LibreOffice. Luego se añadieron Slack y Steam. En el caso de Steam, la instalación requirió usar la terminal con el comando sudo apt-get install steam, mientras que Slack pudo instalarse descargando un archivo .deb desde su sitio web y ejecutándolo con la herramienta gráfica integrada.

La autora remarca que Linux aún puede sentirse más complejo que Windows o macOS, sobre todo porque muchas aplicaciones se instalan mediante línea de comandos. Aun así, señaló que dejar todo listo tomó alrededor de una hora, incluyendo personalización de temas y ajustes del escritorio.

Este punto es clave para usuarios nuevos. Linux ha mejorado mucho en accesibilidad, pero no elimina por completo la curva de aprendizaje. La experiencia parece fluida si el usuario acepta cierto grado de exploración técnica y no depende de programas muy específicos del entorno Windows.

Rendimiento diario, puertos y juegos ligeros

Una vez migrada a Linux, la ThinkPad dejó de verse como un equipo obsoleto. La autora destacó su bajo peso, de 2,9 libras o 1,31 kg, muy cercano al de una MacBook Air M4 de 13 pulgadas, que pesa 2,7 libras. También valoró su construcción reforzada con fibra de carbono y la ausencia de flexión en el chasis.

Otro punto fuerte fueron los puertos. Frente a muchas laptops modernas, el equipo de 2017 ofrecía una combinación más generosa y práctica, con USB-C, USB-A, HDMI y conector de audífonos. Eso permitió usar directamente periféricos como el dongle USB-A de un mouse inalámbrico, sin necesidad de adaptadores.

El teclado recibió elogios especiales. La experiencia de escritura fue descrita como una de las mejores entre decenas de laptops probadas, gracias al recorrido de las teclas y al buen funcionamiento del clásico trackpoint de ThinkPad. También se indicó que las teclas multimedia funcionaron como se esperaba en Linux.

La webcam, el micrófono y los altavoces cumplieron, aunque delataron su edad. El video se percibió lavado y granulado, el micrófono captó más ruido de fondo del deseable y el sonido quedó lejos del de una MacBook moderna. Aun así, siguieron siendo suficientes para videollamadas y consumo casual de audio.

En juegos, la prueba incluyó títulos ligeros como Wildfrost, Dead Cells, Hollow Knight, Fields of Mistria y Rogue Heroes: Ruins of Tasos. Todos corrieron con fluidez razonable. La compatibilidad se apoyó en Proton, la capa integrada en Steam para ejecutar muchos juegos de Windows en Linux, salvo algunos que dependen de anti-cheat a nivel kernel.

Los límites siguen ahí: batería, huellas y compatibilidad

La experiencia no fue perfecta. La autonomía fue uno de los puntos débiles más claros. La ThinkPad duró cerca de cuatro horas por carga tanto en Linux como en Windows 10, con variaciones de alrededor de una hora. En su análisis original de 2017, la laptop había superado las ocho horas.

Esa caída sugiere un desgaste normal tras más de 400 ciclos de batería. La buena noticia es que el equipo sigue siendo reparable. La publicación señaló que pudo encontrarse una batería de reemplazo por unos USD $70, y que los tornillos de la base son accesibles para facilitar el cambio de batería, SSD o tarjeta Wi-Fi.

También surgieron problemas menores con el lector de huellas. Mint no lo reconoció de forma nativa, y la solución exigió seguir una guía y reemplazar drivers mediante terminal. Este tipo de detalles muestran que Linux puede extender la vida del hardware, pero no siempre ofrece compatibilidad perfecta desde el primer arranque.

Además, los tiempos de carga de juegos y aplicaciones fueron más lentos que en una MacBook actual. Con más de 10 pestañas abiertas en el navegador, la laptop empezaba a mostrar cierta lentitud, y la base del teclado se calentaba cuando el sistema era exigido al máximo.

A pesar de ello, la autora consideró que los sacrificios eran aceptables frente al beneficio de seguir usando una máquina funcional con un sistema operativo activo y mantenido. En otras palabras, el hardware tenía límites, pero no estaba inutilizado.

Obsolescencia, seguridad y alternativas reales

El trasfondo del caso es más amplio que una sola laptop. Microsoft ha defendido Windows 11 por sus mejoras en seguridad, incluidas funciones como virtualización, TPM obligatorio y UEFI Secure Boot. Son avances relevantes, pero la pregunta es si justifican el reemplazo masivo de equipos que aún sirven para estudiar, trabajar y navegar.

La autora sostiene que la interrupción del soporte para Windows 10 ha dejado a millones de dispositivos menos seguros que antes. También advierte que muchas personas quizá ni siquiera saben que su computadora, todavía funcional, pasó a convertirse en un riesgo de ciberseguridad al quedarse sin parches.

En ese escenario, Linux aparece como una salida práctica para una parte del mercado. No para todos. Quienes dependen de Adobe, versiones de escritorio de Microsoft Office, utilidades como Razer Synapse o aplicaciones tributarias específicas podrían encontrar barreras difíciles de resolver.

Existen rodeos, como Wine o el uso de versiones web de ciertas herramientas, además de alternativas como LibreOffice, GIMP, Darktable, RawTherapee, Kdenlive, Inkscape y LibreOffice Draw. Sin embargo, el rendimiento y la compatibilidad pueden variar según cada caso.

La recomendación general fue buscar distribuciones amigables para principiantes, como Mint, Ubuntu, Fedora, Zorin o Pop. También se sugirió priorizar laptops Lenovo, en especial equipos empresariales usados como ThinkPad, T14 o P14, además de algunas opciones corporativas de Dell y HP.

El valor económico de una laptop usada

La publicación también comparó el valor de una laptop antigua frente a equipos nuevos de bajo costo. Hay laptops con Windows 11 y Chromebooks por menos de USD $500, pero suelen venir con menos RAM y almacenamiento. En un contexto de alza en precios de memoria y unidades de almacenamiento, esto puede pesar más de lo que parece.

La ThinkPad analizada ofrecía 16 GB de RAM y 512 GB de SSD por un precio muy reducido en el mercado de segunda mano. Ese equilibrio puede resultar más atractivo que un equipo nuevo con CPU más reciente pero con la mitad de memoria o capacidad, sobre todo para tareas de oficina, navegación o estudio.

En pruebas de Geekbench 6, el Intel Core i7-7600U promedió 1.260 puntos en un solo núcleo y 2.322 en multinúcleo. The Verge comparó esos resultados con el Intel Core i3-N305 del Acer Spin 14, que marcó 1.142 en un núcleo y 4.192 en multinúcleo, y con el AMD Ryzen 5 7520U del Acer Aspire 3, que obtuvo 1.169 y 3.679, respectivamente.

La comparación muestra una lectura matizada. En rendimiento de un solo núcleo, la vieja ThinkPad todavía compite sorprendentemente bien con laptops económicas actuales. En multinúcleo, en cambio, queda claramente rezagada por su diseño de solo dos núcleos. Para navegación y documentos, eso quizá no importe demasiado. Para cargas más pesadas, sí.

En última instancia, el mensaje central es que viejo no siempre equivale a obsoleto. Si el software deja de acompañar al hardware, una distribución Linux puede devolverle utilidad real al equipo, reducir residuos y ahorrar dinero. Para muchos usuarios, esa combinación será suficiente para postergar varios años una compra nueva.


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